lunes, 12 de enero de 2009

Gabriel García Márquez: Cien años de soledad ( el realismo mágico)

"Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de 20 casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos. El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo". Así comienza la célebre novela de García Márquez que vio la luz el 30 de mayo de 1967 en la Editorial Sudamericana de Buenos Aires. Cien años de soledad ha sido traducida a más de 35 idiomas y se calcula que en los 36 años que dura su leyenda se han vendido más de 30 millones de ejemplares. La novela está ambientada en el pueblo de Macondo, un lugar ficticio que refleja muchas de las costumbres y anécdotas vividas por García Márquez durante su infancia y juventud en su pueblo de Aracataca, Colombia. El sentido multifacético del tiempo que discurre entre lo eterno, lo lineal y lo cíclico y una prosa rítmica cercana a la tradición oral le confieren a la novela su carácter distintivo de mito críptico que llevó a los críticos a considerarla como una de las obras fundadoras del género literario conocido como realismo mágico. El título esta relacionado con la condena que tuvo que sufrir la familia Buendía de vivir 100 años de soledad, ya que ninguno de sus integrantes pudo nunca llegar a la completa felicidad, y solo logró la plenitud cuando nació la primer criatura de la familia fruto de verdadero amor. Cien años de soledad anunciaba el regreso de la literatura narrativa, era la apoteosis del arte de contar historias, unas historias tremendas y abracadabrantes en las que había personajes, como Remedios la bella, que ascendían en vida a los cielos, cual si fueran la Virgen, o en la que la sangre de un asesinado se echaba a correr por las calles, como dotada de vida propia, remontando cuestas y muros, para ir a dar cuenta de esa muerte. La descripción exuberante del mundo rural de la costa colombiana se convertía en una metáfora de una relación del hombre con el mundo cifrada todavía en clave de leyenda, de mito. La literatura latinoamericana se convertía en buque insignia de la literatura en lengua española y, gracias a ella, los lectores de España nos reencontrábamos con nuestra propia tradición literaria. Porque en la prosa de Gabriel García Márquez, además de la musicalidad del habla colombiana y de la presencia de una naturaleza ubérrima y tremenda, late la antigua sabiduría del Siglo de Oro, su música, su deslumbrante uso de la palabra. Con Cien años de soledad se pusieron en circulación dos conceptos que fueron acogidos con gran entusiasmo por la totalidad de la crítica. El primero fue el de «literatura del boom», que nombraba el conjunto de autores latinoamericanos que deslumbraban al mundo. El segundo era el «realismo mágico», con el que se pretendía definir la novedosa mezcla de fantasía y realismo que daba forma a buena parte de esa literatura y, en especial, a la de Gabriel García Márquez. Esta narración que parte de elementos realistas, se interna en una descripción pormenorizadora de los hechos, los personajes y la naturaleza de América, en la que "lo real" convive con "lo mágico". De esta conjunción nace el realismo mágico. El realismo mágico surge en uno de los extremos de lo real, y es allí donde se establece y edifica su narración. Ciertos hechos sorprendentes son tomados como naturales. Los autores de este movimiento eligen los procedimientos neobarrocos para su expresión literaria, ya que consideran que la desmesura de la realidad (reparar hasta en los detalles más insignificantes) y los acontecimientos de Latinoamérica encajan con precisión en los moldes de la artificiosidad y la parodia. Esta relación es tan estrecha que no existe manera de separar esta temática americana de los literarios. Uno de los recursos estilísticos mas usado por García Márquez en esta obra es la hipérbole o la exageración. Haciendo una mezcla entre lo fantástico y lo real utilizando a la hipérbole como nexo de un modo tan perfecto que ya nadie sabe donde están las fronteras de uno y el otro. Es el arte hiperbólico y distorsionado lo que hacen de Macondo un lugar fantástico, donde no cabe destruir la envoltura de su encantamiento y contar su historia así. En Macondo no se puede distinguir entre la realidad y la irrealidad, Macondo es un territorio mágico, donde cualquier cosa puede pasar por otra. Lo maravilloso convive con lo cotidiano y a través de un lenguaje evocador y preciso, es posible hacer vivir lo inverosímil. La construcción imaginaria tiene sus raíces profundas en la realidad americana. Algún tiempo atrás en una entrevista García Márquez reflexionó sobre la hiperbolizacion, y dijo que "lo mágico puede transformarse en lo real con la misma facilidad que lo real en lo mágico (...) no hay un lugar que sea mas real, o mágico, que otro, porque todo puede intercambiarse y todo es parte de la misma realidad total." La historia transcurre en un pueblo llamado Macondo, el cuál fue fundado por José Arcadio Buendía debido a que éste se marchó de Riohacha junto a su esposa, Úrsula Iguarán, por haber matado de duelo a un hombre. Ellos se habían casado a pesar de ser primos, un precedente indicaba que de un matrimonio en el cual hubieran vínculos familiares podía nacer un hijo con cola de cerdo, pero por suerte eso no ocurrió. Tuvieron tres hijos, y así empieza la historia de la familia Buendía, que es la primera generación que comienza por describir Márquez. Luego aparece un personaje llamado Melaquíades, un gitano de múltiples conocimientos intelectuales, y que afirmaba poseer las claves de Nostradamus, razón por la cual le deja escrito a José Arcadio un pergamino, el mismo pasa de por las seis generaciones sin haber sido podido descifrar.Solamente el último Aureliano, luego de que se cumpliera el mito de que el hijo de familiares nacería con cola de cerdo y se lo comieran las hormigas, pudo revelar las claves con que estaba escrito aquel pergamino. Éste contenía nada menos que la historia de la familia ordenada en tiempo y espacio, pero escrita cien años antes. En Cien años de soledad se utiliza una técnica narrativa que recurre a un tono, un espacio y un ritmo novelesco particulares. En conjunto, estos tres elementos permiten que el lector se familiarice con facilidad en la historia. El tono narrativo es claramente definido por una tercera persona o narrador pasivo heterodiegético (externo a la historia), el cual va relatando los acontecimientos sin formular juicios y sin marcar una diferencia entre lo real y lo fantástico. Desde el principio, el narrador conoce la historia y la cuenta en forma imperturbable y con naturalidad, incluso en aquellos episodios en los que se relatan sucesos trágicos. Esta distancia frente a los hechos permite mantener una objetividad del narrador a lo largo de la obra.El espacio novelesco es el universo mostrado por el narrador, en el cual transcurren los acontecimientos. Macondo nace y muere en la obra, en donde se incluyen los personajes y en el cual se observa que todo lo que ocurre externamente es menos denso y consistente dentro del relato.Cabe decir, que el mensaje de esta historia es muy claro pero a la vez complejo, el mundo en sus orígenes era un mundo de paz y tranquilidad pero, con el trascurso de los años se va destruyendo con la tecnología. Cuando el gobierno y la autoridad, quien antes era Jose Arcadio Buendía, tratan de organizar el pueblo traen consigo la destrucción de sí mismos y lo único que logran es que aquel pueblo que alguna vez era el paraíso y la tranquilidad de muchos se convierta en el infierno y ruinas de todos.Podemos afirmar esto, cuando se dice que nadie había muerto en Macondo pero desde que la disputa entre liberales y conservadores llega y la fuerza militar aparece Macondo se ve envuelto en un caos de matanza total.Finalmente el ritmo narrativo le imprime a la historia un dinamismo que se complementa con el tono. En pocas palabras el narrador cuenta muchas cosas, condensando la información y mostrando los detalles esenciales de la historia. Cien años de soledad puede ubicarse en la historia de Colombia entre mediados del siglo XIX y mediados del siglo XX, época claramente reconocida por las guerras civiles que enfrentaron a los nacientes partidos liberal y conservador que debatían las ideologías de régimen federalista y centralista en el país. Durante la Regeneración, el presidente Rafael Núñez promulga la constitución de 1886, la cual establece un régimen centralista en materias principalmente política y económica, iniciando por entonces la república conservadora (que se prolonga hasta 1930) y teniendo como principal detractor a Rafael Uribe Uribe, quien lidera la guerra civil de 1895 y la Guerra de los Mil Días entre 1899 y 1902, la cual se termina con la firma de los tratados de paz de Neerlandia y Wisconsin.

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