martes, 9 de agosto de 2016

Federico García Lorca y Manuel de Falla: un pequeño homenaje de la tertulia.

Al amanecer le vieron desfilar entre fusiles (IV)

El primer propietario del libro fue Manuel de Falla, quien había conocido a Federico en Granada, y pese a la diferencia de edad entablaron una amistad cimentada sobre las inquietudes compartidas. Federico amaba la música tanto como a Manuel le fascinaba la escritura. El poeta se plantó en casa de Manuel de Falla nada más llegar para darle la bienvenida, le presentó su grupo de amigos de la tertulia del Rinconcillo y se convirtió en su alumno preferido de piano. El empuje de García Lorca, su imaginación y su inagotable fantasía inspiraron a Falla, y al contrario la poesía de Federico quedó impregnada de la música de Falla. El músico fijó su residencia en el Carmen de la Antequeruela donde recibió frecuentes visitas del poeta. Ambos encontraron un fuerte punto en común en la pasión por el cante jondo en tanto que era la expresión más auténtica de la canción popular andaluza. Organizaron en 1922 el primer concurso de cante jondo en Granada que tuvo un éxito sorprendente. García Lorca compuso su poemario sobre el cante jondo un año antes en 1921, aunque no lo publicaría hasta diez años después. Los borradores de este poema fueron supervisados por Falla quien vio en Federico un potencial arrollador. Nada más publicar el libro Federico se acercó a la casa de Falla y se lo entregó con esa sonrisa alunada de niño grande. Maestro el primer ejemplar quiero que lo conserve usted, le dijo como si le brindara un trofeo, antes de que se fundieran en un abrazo. Manuel de Falla era un hombre muy austero y a pesar de que algunos malintencionados han desvirtuado esta amistad, lo cierto es que fue una relación de mutuo respeto y admiración. Para Falla Federico era el hijo que no tuvo, se preocupó por él hasta el final; animó a García Lorca en su carrera literaria y le apoyó para que marchara a Madrid a la Residencia de Estudiantes. Fue entonces cuando se cuajó en torno a Federico esa generación irrepetible de poetas que se conoció con el nombre de la generación del 27, si bien el  nexo de conexión que los aglutinaba era sin duda el espíritu emprendedor de Federico. Se tenían mucho aprecio, aunque Falla era muy conservador y le disgustaba mucho algunas amistades y sobre todo las excentricidades de Federico. Falla hizo un intento desesperado por salvar la vida de su amigo. Cuando los más lúgubres presagios llegaban sobre el paradero de Federico, Falla se personó en el gobierno civil de Granada implorando una audiencia con el gobernador Valdés. Lo zarandearon y echaron sin el más mínimo escrúpulo y lo atajaron con la amenaza de que podría correr la misma suerte. También fueron inútiles las gestiones de su amigo Luis Rosales que en vano removió todas sus influencias para rescatarlo. No hubo clemencia ni siquiera atisbo de alguna defensa. Se le acusó sin pruebas de masón, de rojo y de pervertido.
Federico había tomado la peor de las alternativas posibles; estando en Madrid en julio de 1936, ante el cariz que van tomando los acontecimientos, adopta una decisión más emocional que inspirada en la razón. El poeta elige irse con los suyos, con su familia a Granada, a la casa familiar de la huerta de San Vicente, donde ajenos a la tragedia que se avecinaba celebran la onomástica del padre y del hijo el día 18 de julio. Sin saberlo se había metido en la boca del lobo. Sobreviene el alzamiento de las tropas de África y la ciudad de Granada inmediatamente se suma a la rebelión. Después los acontecimientos se precipitan. Es detenido en su despacho de la alcadía su cuñado Manuel Montesinos, por una tropa de facinerosos compuesta de civiles armados que se lo llevan en volandas. De nuevo Federico toma otra decisión equivocada y en vez de huir a zona republicana o refugiarse en casa de Falla, donde tenía además la posibilidad de pedir asilo en el cercano consulado inglés, escoge quedarse en la casa de su íntimo amigo, el joven poeta Luis Rosales, falangista reconocido, esperando estar a cubierto de cualquier desmán y persuadido que sólo lo hacía por precaución. Estaba convencido que no había hecho nada, no militaba en ningún partido político y por tanto no tenía nada que temer. Pero de nuevo el destino parece que le tenía reservada la peor de las suertes. La casa de los Rosales de la calle Angulo es asaltada la tarde del 16 de agosto por un escuadrón de falangistas. Al frente de estos desalmados estaba un cedista, Ruíz Alonso, un fanático que ardía en deseos de desprestigiar a la familia Rosales y de paso dar un golpe de efecto que le encumbrara deteniendo a García Lorca. El gobernador Valdés se enrocó en su posición y se enfrentó con los hermanos Rosales que exigían la liberación inmediata del poeta. El 16 de agosto Federico es sacado del gobierno civil y conducido a un lugar entre la carretera de Viznar y Alfacar. Tras dos días de tortura la madrugada del 18 de agosto a las cuatro de la mañana lo llevan a una zanja donde primero lo golpean en la cabeza con la culata de un fúsil, lo insultan y vejan, y después lo acribillan. Junto a él mueren asesinados el maestro de escuela Galindo y los banderilleros Galadí y Arcollas. Ochenta años después aún se desconocen el lugar exacto donde se encuentran los restos de estos cuatro represaliados.
 Todos los crímenes tienen en común el horror que producen y el dolor desgarrador de las víctimas, pero cada asesinato tiene su particular sensación de repudio y hartazgo. Y es que las muertes que se ocasionaron con motivo de la guerra civil española, en cualquiera de sus bandos, fueron innecesarias y también inútiles; pero algunas muertes como la de Federico fueron además especialmente crueles, ni siquiera fue un acto de guerra, un bombardeo o una bala perdida en un enfrentamiento armado sino el asesinato premeditado de un inocente perpetrado por aquellos que envidiaban la notoriedad del poeta, incluido algunos parientes, y alentado por los intolerantes que lo despreciaban por su homosexualidad. A todos conmocionó la muerte del poeta, hasta el mismo general Queipo de Llano que al enterarse de la noticia propinó indignado un golpe en la mesa. Pero con seguridad unos de los más afectados, además de su familia, fue Manuel de Falla, quien no pudo perdonar nunca al régimen franquista el asesinato de su amigo. A pesar de sus ideas conservadoras y sus firmes creencias religiosas Manuel de Falla al terminar la guerra se exilió a Argentina.
De esta forma tan lamentable se malogró a uno de nuestros mejores poetas a la temprana edad de treinta y ocho años. Nos perdimos todo lo que le quedó por escribir, su madurez y el fulgor de su estrella. Eso sí mataron al poeta, pero no pudieron acabar con su poesía. Como decía Machado al amanecer se le vio caminar entre fusiles. Federico se fue con sangre en la frente y plomo en las entrañas, pero nos dejó la lúcida música callada de sus versos.

José María Sánchez-Ros

jueves, 2 de junio de 2016

El mundo de Juan Lobón: Luis Berenguer ( la prosa y la cartografía )

La propuesta de la tertulia para el mes de junio es El mundo de Juan Lobón de Luis Berenguer.

"... Luis Berenguer y Moreno de Guerra fue ingeniero naval y capitán de fragata, nacido en El Ferrol en 1923, se consideró siempre andaluz de la isla de San Fernando, ya que su nacimiento en Galicia fue accidental debido a que su padre estaba destinado como militar allí. Berenguer centró su admirable obra literaria principalmente en la bahía gaditana y en su entorno maravilloso, con cuyos personajes populares, campos y rincones supo compenetrarse hasta dejar sobre ellos jirones de su propia vida. Tuvo una fulgurante y corta carrera literaria. Nos dejó seis novelas excepcionales: «El mundo de Juan Lobón», «Marea Escorada», «Leña verde», «Sotavento», «La noche de Catalina Virgen» y «Tamatea». Se nos fue joven en 1979 con sólo 55 años de edad.

 El mundo de Juan Lobón publicada en 1967 fue la primera novela de Luis Berenguer, uno de los escritores más destacados del movimiento literario que a finales de los sesenta se llamó Narraluces o generación de narradores andaluces. Esta novela, que tiene su versión cinematográfica le valió a  Berenguer el premio de la Crítica de 1968, y al año siguiente obtuvo el Nacional con Marea escorada. La novela es la historia de José Ruiz, alias Juan Lobón, un histórico cazador furtivo de Alcalá de los Gazules. Narrada en una extraordinaria primera persona, el protagonista cuenta desde la cárcel el porqué de su historia y su encierro. Un estilo que recuerda al empleado por Cela en La familia de Pascual Duarte.  Es Juan Lobón un cazador que vive del y en el campo, precisamente en una lobera, o cueva, junto a sus perros junto a los cuales emplea la forma más primitiva de cazar, casi rozando el cuerpo a cuerpo con los animales.  La novela está ambientada entre los años 40 y 50, cuando la forma de vida de las personas que viven y se alimentan de la caza comienza a estar perseguida y Juan Lobón se convierte en un furtivo, situación que nunca llega a entender, ya que él caza pero también cuida el campo. De hecho nunca llega a cazar a ninguna hembra, mucho menos si está preñada. Es lógica esta forma de actuar por parte de la persona que tiene en la caza su forma de vida, sin embargo se queja amargamente de aquellos que comienzan a hacerlo por entretenimiento y disparan sin miramientos.   Constantemente perseguido por la justicia, los civiles, los terratenientes y los siervos de estos, Lobón se resiste a abandonar la caza. El relato está maravillosamente construido desde la óptica del protagonista. En este sentido el lenguaje rural está ampliamente conseguido, a la vez que la mentalidad del hombre que vive apartado de la sociedad en desacuerdo con las leyes y con una lógica aplastante contra éstas.

Entre los méritos literarios de la obra destaca que haya preservado "un vocabulario en vías de extinción y un fascinante universo verbal". "La sensación de realidad y vida que emana de esta novela se debe en gran medida a la hazaña de haber atrapado en sus páginas, como si de una mariposa se tratara, la fugacidad del lenguaje oral de la baja Andalucía antes de que fuera allanado por horas de televisión y contaminado por el turismo masivo", añade Parreño. 
El mundo de Juan Lobón es el relato de un cazador furtivo contado por él mismo desde la cárcel. El preso redacta su autobiografía para que todos, y en particular su hijo aún no nacido, sepan la verdad en cuanto a su oficio de cazador y las actividades y los acontecimientos que le han llevado a su encarcelamiento. A través de sus evocaciones, Juan Lobón hace lo posible para que quede un resquicio de verdad, de justicia y de honra en un mundo que se le desmorona. De ahí, la grandeza y la tragedia de este hombre sencillo y sincero, cuyo único temor es que su casta «se desnate», se extinga.

El cuerpo de El mundo de Juan Lobón se prologa por tres exordios: un mapa titulado «El mundo de Juan Lobón» una carta dedicatoria que Luis Berenguer escribe a su amigo, el doctor José Benavente Campos y, finalmente, una breve y difusa introducción redactada por Lobón que se llama «Cuatro Cosas Para Antes De Empezar». En la carta del novelista al médico, Berenguer hace constar que aprendió su «cuento de cazadores» de «los hombres y los ecos que van dando tumbos por esas serranías de Aljibe, Bermeja y Ronda» A renglón seguido, advierte que su historia tiene lugar «...en un sitio que no quiera usted localizar en el mapa porque no está allí: está, ...en la encrucijada de los que nunca perdieron fe en su destino». Queda claro que la novela se ambienta en la Baja Andalucía, más exactamente en la Sierra de Cádiz y Málaga, pero en una localidad indeterminada y ficticia. 
 La novela tiene, pues, una base y un trasfondo geográficos y sociohistóricos no exentos de autenticidad. Berenguer refuerza y mantiene esta carga objetiva hábilmente. Primero, levanta un mapa entre ficticio y real; y luego crea un protagonista cuasi histórico para criticar e ironizar la falsedad e injusticia sociohistóricas en su tierra adoptiva. El prólogo se divide en breves apartados en que el cazador resume para el lector las causas de sus desgracias. En el primero, Lobón repasa, con su lenguaje rústico encantador, las antiguas leyes de caza. La más importante de estas leyes, y la que rige su existencia, es ésta: «Los bichos montunos son de todos y nadie: del que los trinca. No hay castigo por matarlos»  A pesar de las dudas que Juan pueda suscitar en el lector como narrador fidedigno, el furtivo termina el apartado con una sentencia a todas luces fehaciente para el mundo, para la España del franquismo, en que se mueve: «Los papeles lo cambian todo si tienes influencia y convidas a éste y al otro que los escriben»
A lo largo de su relato Lobón nunca dejará los móviles de su comportamiento en el tintero y esta franqueza lo encariña con el lector. Más que confesiones, sus memorias forman una defensa de su conducta. Lo irónico de su condición proviene del hecho de que en «Cuatro Cosas» se reconozca un furtivo, pero, a la vez, está convencido de que su profesión debe considerarse tan honrada como cualquier otra. Son don Gumersindo y los demás señoritos que quieren monopolizar la caza con las nuevas leyes quienes han convertido a Lobón en un criminal. El furtivo es tan esquivo y ducho que al final «los del señorío» lo tienen que «cazar» con tejemanejes legales. Describe su extraña situación así: «Aquí me han traído por lo que no hice y aquí me tienen por lo que no saben».

Ante todo, el novelista se presenta como un testigo presencial que conoce a fondo el caso de Juan Lobón. Tanto es así que sus conocimientos e investigaciones personales le permiten levantar un mapa del lugar. Berenguer ha descubierto que Lobón es tremendamente fiel a sus principios. La rectitud y honradez profesionales y personales del furtivo han hecho mella en el amanuense porque compendian lo más auténtico del espíritu humano. A pesar de su oficio «ilegal», en «Cuatro Cosas» Juan comienza a alzarse como un genuino y verdadero hombre de bien, cuyos escritos y comportamiento, aparentemente fidedignos, desmentirán las «verdades oficiales» que le han privado de su libertad. 
Berenguer, que era marinero de profesión, y por tanto sabía mucho de la cartografía, prologó su novela con un mapa, una muestra de Andalucía, con el que esperaba representar y comunicarles de manera gráfica a sus lectores los temas -la honra, la corrupción, la destrucción del medio ambiente, etc.- que formarían la base ideológica de su obra. Muchos novelistas han utilizado un mapa con varios fines y por múltiples razones en sus obras. Por ejemplo, sólo después de inventar el mapa que preludia La isla del tesoro, concibió Robert Louis Stevenson la idea de escribir su novela (Wise, «Treasure Maps» 18). Al abrir el libro, la isla imaginaria intriga al lector despertando sus ansias de viaje y aventura. Tampoco tiene sentido buscar un tesoro pirata sin un mapa. William Faulkner se declara el «único dueño y propietario» del Cantón de Yoknapatawpha, y dibuja un mapa del norte del estado de Mississippi para crear un sitio entre literario y real en toda una serie de novelas y cuentos cuyos argumentos tienen lugar a lo largo de cien años (Zanger 789). En su mapa Faulkner hace hincapié en las relaciones entre hombre y tierra indicando los sitios donde ocurren los acontecimientos novelísticos (Post, «Cartographic Fantasy» 13). J. R. Tolkien crea mundos imaginarios e intenta ayudar la comprensión del lector agregando mapas fantásticos (no son representativos del mundo «real») a su obra. También intenta estimular el espíritu aventurero en el lector. Así, el novelista cartógrafo es un fenómeno recurrente en la historia de la literatura mundial. Algunos, sin duda, han querido hacer alarde de su sabiduría geográfica y habilidad cartográfica. Pero uno sospecha que todos estos novelistas se han dado cuenta de que el mapa es uno de los medios gráficos más expresivos que existe en el momento de impartir información. El mapa es un sistema de comunicación inmemorial, y esta misma antigüedad ayuda a Berenguer a simbolizar el atraso y estancamiento sociales en Andalucía. Por otra parte, no cabe duda que «El mundo de Juan Lobón» es un mapa cinegético que señala las querencias de los animales que Juan persigue. Su oficio es una manera de ser tan histórica en Andalucía como la del terrateniente. Por eso, el mapa cobra dimensiones y vertientes sociohistóricas que a su vez entran en el terreno de lo metafórico. A lo largo de la novela la caza causa y representa un continuo choque clasista. Pero este oficio también puede considerarse una fuerza niveladora, puesto que Juan se cree tan hombre y tan dueño de su porvenir como los caciques. Los personajes de Juan Lobón pueden dividirse en dos categorías generales: poseedores (latifundistas y aficionados a la caza) y poseídos (campesinos y guardias); y luego Juan, en entredicho, que se resiste a ser subyugado. Para penetrar y comprender el caos que lo rodea, y para dar norte a su vida y reconciliarse con su futuro, Juan se pone a escribir. Su enajenación y marginación se reducen (sicológicamente al menos) al levantar su mapa y redactar su historia. Gracias a sus escritos, puede que su soledad radical se comparta con otros.
Para realizar su proyecto Juan utiliza un discurso de dos cañones: la prosa y la cartografía. Quema sus últimos cartuchos a sabiendas que la palabra escrita, aunque un arma potente, es sintácticamente unidimensional: la prosa avanza paso a paso. Es más, sus anécdotas confusas pueden confundir a sus lectores. Por eso, crea un punto de referencia que orienta y polariza sus argumentos: el mapa. El mapa se convierte también en una escritura de propiedad que indica el apego y el afecto que Juan tiene para con su querencia. En otro sentido, Juan resulta ser un antropólogo, preocupado por la vida y la cultura de su comarca: las interacciones del hombre con la naturaleza y las consecuencias históricas de este proceso. Escribe: «Los venados valían poco, pero mucho más sin comparación, que los que los daban el tiro» (165). Existe una marcada y asombrosa reciprocidad explicativa entre el texto y su mapa. La analogía se va convirtiendo en una metáfora multidimensional.

La realidad, muchas veces, supera a la ficción. Y don Luis Berenguer se limitó a testimoniar esa realidad. Uno de sus personajes lo dijo: “La mentira que me trajo aquí, echó esta vedad que cuento”..."

Esta recensión es resumen y compendio de otras reseñas que se relacionan:
http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/hispania--1/html/p0000004.htm http://elpais.com/diario/2005/05/02/andalucia/1114986148_850215.html
http://www.librodearena.com/post/fontanerodelmar/el-mundo-de-juan-lobon-de-luis-berenguer/4390774/3880
http://www.islabahia.com/arenaycal/2001/09septiembre/quintin.htm
http://www.lecturalia.com/libro/10554/el-mundo-de-juan-lobon
http://www.diariodesevilla.es/article/ocio/520769/la/prodigiosa/mirada/cazador/furtivo/llamado/luis/berenguer.html
http://www.elcastillodesanfernando.es/2015/12/luis-berenguer-testigo-de-un-mundo-virgen/

viernes, 6 de mayo de 2016

La vida perra de Juanita Narboni de Ángel Vázquez (el último escritor maldito). La propuesta de la tertulia para el mes de Mayo.

Ángel Vázquez (Tánger, 1929- Madrid,1980) fue un escritor, autodidacta, políglota, apolítico, desclasado y un alcohólico solitario que vivió toda su vida en un continuo estado de precariedad. Hijo de Álvaro Vázquez, un camarero, de probable origen malagueño, de quien se sabe que maltrató a su hijo; y de Mariquita Molina, figura conocida en el Tánger de la época debido a su regencia de una sombrerería distinguida de la calle Siaghin, en la medina antigua de la ciudad. Parece ser que allí fue donde tanto ella como su hijo Ángel aprendieron la haquetía (o la yaquetía: una mezcla de hebreo, árabe y castellano) hablada entre los judíos de origen español en el norte de Marruecos. Abandonó sus estudios en 1947 a causa de problemas económicos, después de haber estudiado en tres escuelas: italiana, francesa y española. A partir de entonces se convierte en autodidacta. Trabajó en la oficina de un hebreo húngaro emigrado de Europa; pasó un tiempo como vendedor en la Librarie des Colonnes (aún hoy abierta, en el Boulevard Pasteur de Tánger); colaboró con el Diario España, que fue más tarde dirigido por Eduardo Haro Tecglen. Fue amigo de Emilio Sanz de Soto, con quien mantuvo amistad hasta su fallecimiento, de Paul Bowles y especialmente de la mujer de este, Jane Bowles. En las fiestas de los Bowles conoció a toda la intelectualidad que pululaba por la ciudad internacional. A la ciudad de Tánger acudieron Ginsberg y Kerouac, Beckett, Burroughs, Capote Tennessee Williams, Luis Buñuel y Juan Goytisolo, entre otros. Tánger era entonces una ciudad emblemática con un particular estatuto de ciudad libre donde circulaban sin demasiadas complicaciones las prostitutas, los homosexuales, los alcohólicos, los drogadictos, los expatriados, y al rebufo de todo esto una pléyade de artistas e intelectuales de todo fuste.
Ángel Vázquez o Antonio Vázquez, como también se le conoció, fue un tangerino que vivió el esplendor y la caída de una ciudad cosmopolita, que fue deteriorándose y perdiendo ese brillo que alcanzó Tánger como ciudad internacional. Su situación económica se agravó conforme se acercaba la independencia de Marruecos, que se impondría definitivamente en Tánger, sobre su estatuto previo internacional, en el año 1959. Los problemas económicos y su adicción al alcohol le obligaron a abandonar su casa. En 1962 recibió el Premio Planeta (después del cambio del primer fallo del jurado en favor de Concha Alos) por Se enciende y se apaga una luz, su primera obra publicada. Finalmente sólo publicaría nueve cuentos y dos novelas más (Fiesta para una mujer sola en 1964 y la vida perra de Juanita Narboni en 1976 ). En 1965, después de la muerte de su madre, se traslada a España y publica su mejor novela, La vida perra de Juanita Narboni en 1976. Despectivo consigo mismo y con su escritura, exigente hasta el límite del rechazo, un rato antes de morir de un ataque al corazón, el 25 de febrero de 1980, había estado quemando dos novelas que no había conseguido terminar. José Manuel Lara costearía los gastos de su entierro, en nombre de la editorial Planeta. Vázquez fue considerado entonces como «el último escritor maldito de España». Su obra fue elogiada por Juan Goytisolo y por Alejo Carpentier, entre otros. Durante mucho tiempo ha sido un escritor casi desconocido y sólo reivindicado por una minoría.

El escritor gaditano Eduardo Mendicutti, señaló que: "Ángel Vázquez reúne todos los elementos para ser un escritor de culto, tuvo una vida enormemente literaria, de héroe fracasado que unió su decadencia a la del Tánger como ciudad internacional que representó en sus novelas... pero ni como eso siquiera ha sido recordado". Algo "casi inexplicable" si se tiene en cuenta que escribió la que muchos consideran una de las grandes obras maestras de la literatura española del siglo XX, 'La vida perra de Juanita Narboni¡, relato en primera persona de la decadencia de aquel Tánger reflejado a través de un personaje que recuerda poderosamente a la madre del autor. Y, avisa Mendicutti, también "al propio Antonio Vázquez, que era su nombre real. Juanita está alcoholizada, es una solterona amargada que ve como todo su mundo desaparece sin poder hacer nada... Algo muy parecido a lo que vivía él mismo en sus carnes".

Escritor fuera de nómina se ha llamado a Ángel Vázquez alguna vez, un escritor marginal que nació en 1929 en esa tierra de nadie que fue Tánger desde la conferencia de Algeciras hasta la independencia de Marruecos, una ciudad internacional con un estatuto especial en la que pensó Michael Curtiz cuando rodó la película Casablanca, que en realidad tendría mucho más asiento y verosimilitud en Tánger que en Casablanca. Se le ha considerado como un escritor marginal por vocación y por destino, escritor a contracorriente e inclasificable, la literatura fue para él una forma de defenderse de las injurias de la vida. Era, lo decía el mismo, la evasión del prisionero, no la huida del desertor, y se instalaba más que en la tradición española, en la narrativa francesa o inglesa y en las novelas y relatos de Virginia Woolf, Katherine Mansfield o Chejov.

Su mejor obra fue, sin duda, La vida Perra de Juanita Narboni, que fue recuperada por Cátedra Letras Hispánicas hace pocos años, con un extenso prólogo y con notas esclarecedoras de Virginia Trueba La obra narra la vida de una mujer solterona, alcohólica y amargada llamada Juanita Narboni, apellido de origen sefardí que pudiera ser una derivación del apellido Narbona. La historia se desarrolla en Tánger, y todo ello a través de un  fantástico  e ininterrumpido monólogo interior enmarcado en un implacable presente. Es el soliloquio envolvente y arrollador de una mujer, Juanita Narboni, en la que no cuesta mucho ver un trasunto de la madre del propio Ángel Vázquez. Juanita vive con sus padres y su hermana, a la que de forma reiterada llama puta y dice no poder soportar. Su padre es alcohólico y probablemente acosa a las niñas marroquíes. Con su madre, la descansada, mantiene una relación que oscila entre el amor y el odio. Hay otro personaje, Hamruch, la criada de la casa, que jugará también un papel principal en la novela, pues sirve a Juanita para desahogarse y para atenuar sus desvelos. La pérdida de Hamruch será el golpe definitivo a su cordura. Con todos los personajes parece que dialoga, o mejor piensa en voz alta en un fluir contante que avanza y retrocede en el tiempo de forma libre. Juanita quejándose de su hermana: la otra, la moderna, la guarra. dialogando con su madre ausente para reprocharle que no la quiso lo suficiente y siempre tuvo debilidad por su hermana. Es una voz deslenguada y procaz que se abisma en ensoñaciones disparatadas. Una voz que se desgarra en lamentaciones sobre lo que pudo ser y no fue. La protagonista es un personaje plagado de matices, inolvidable, lleno de vitalidad y ganas de vivir, con sus preocupaciones cotidianas y sus problemas.

La lectura de la novela trae enseguida a la memoria a dos escritores, muy similares a Vázquez: Manuel Puig y Agustín Gómez Arcos. Las similitudes con el argentino son innegables, aunque no sean premeditadas. Se aprecia sobre todo en las voces de los personajes, muy locales, que emplean mucha jerga, y en la aparición de decenas de referencias a la cultura de masas. Ambos recurren a letras de boleros, de coplas o a pasajes de películas para ilustrar algunos de los episodios. Con Gómez Arcos tiene Ángel Vázquez en común la capacidad para crear el ambiente de la novela, para hacernos ver el espacio en el que se desarrolla cada escena sin que sea necesario describirla. Somos capaces de ver las calles de Tánger, la tienda de Marinita Medina (personaje que en realidad representaba a la madre de Vázquez) y podemos saborear algunas de las comidas que se mencionan a lo largo de la novela.

La vida perra de Juanita Narboni es una novela intensa y sorprendente, escrita bajo la influencia de sustrato de la memoria. Vázquez recrea la ciudad en la que nació y lo hace desde la mirada de una mujer que se va apagando a la vez que también en la ciudad se acaba la ocupación europea. La novela es magistral desde muchos puntos de vista. El principal aporte de la obra es el lenguaje que empleó Vázquez en su escritura. El monólogo de Juanita está plagado de palabras procedentes de la yaquetía, derivada de la lengua sefardí, y con la que se expresaban muchos de los tangerinos de origen español. La yaquetía era el castellano popular y meztizo que se hablaba en Tanger, salpicado de andalucismos, de palabras y expresiones francesas, inglesas y árabes, y, sobre todo, del habla de los judíos sefardíes. Es fascinante cómo suena en boca de Juanita, cómo se mezcla con los insultos clásicos del español y cómo de cuando en cuando aparece alguna frase en francés. Todo ello con frases cortas y vibrantes en las que se aprecia el mal genio de Juanita, pero también sus miedos y su angustia. Uno de los méritos del libro es haber reproducido muy bien el dialecto judeo-español de la yaquetía, que el autor aprendió oyendo hablar a su madre en la tienda que tenía con sus amigas judías. Vázquez fue capaz, a través de ese monólogo trepidante, de mostrarnos la vida de Tánger durante los años previos a su esplendor, cuando llegaron los extranjeros y lo ocuparon todo y cómo estos sólo se preocupaban de sus negocios e ignoraban a la población árabe a la que consideraban como un elemento exótico del paisaje. Después nos muestra a través de ese monólogo ininterrumpido cómo ese mundo ideal para los occidentales va poco a poco desapareciendo en la medida que los marroquíes fueron tomando el control de la ciudad. Pero Juanita nunca vivió esos años de esplendor en Tanger con un cierto desahogo. El estado de precariedad le acompañó siempre y fue acentuándose al final de su vida, como también sucedió con la vida del propio autor. El amor tampoco le correspondió. Los hombres que pasaron por su vida fueron todos homosexuales y desaparecieron de su vida igual que su familia. De ahí que una de las virtudes de esta novela sea esa desmitificación de Tánger como ciudad del amor y del pecado que crearon muchos de los ingleses y norteamericanos que se establecieron allí durante los años de bonanza. Esta obra es varias cosas a la vez, entre otras la crónica melancólica de un mundo tangerino que se acaba.

A pesar de ser una de las mejores novela que se ha publicado en español en el pasado siglo XX, es una gran desconocida. Se trata de una novela histórica, que describe como telón de fondo el Tánger de mediados de siglo y cómo se vivía por allí en esa época. Un Tánger colonial, cosmopolita y seductor, declarada en 1923 zona internacional administrada por ocho países. Tierra de nadie y de todos a la vez, engañosa y seductora. Esa mítica ciudad llena de libertad y encanto hasta 1959, en la que convivían franceses, españoles, estadounidenses e intelectuales de todos los rincones del mundo
La vida perra de Juanita Narboni es la novela de Tánger, de su protagonista-narradora femenina, Juanita Narboni, que muere cuando muere Tánger, y del lenguaje con el que se expresa en un soliloquio desgarrado más que en un monólogo interior. Esos tres elementos se funden en la única voz que habla en la novela, el mejor monólogo según Rafael Conte de la literatura española contemporánea. El monólogo crispado de una mujer que da rienda suelta en él a su amargura y a su fracaso, el soliloquio de una mujer vibrante, disparatada y cercada por la soledad como la ciudad declinante en la que sobrevive a su propia ruina:

“…Cada día me cuesta más trabajo ponerme las medias. Si tuviera ocasión y pudiera ir a Madrid, me compraría un abriguito de entretiempo. Estas cosas, indudablemente, son michelines. ¡Tócate bien, Juani! Michelines... ¡Quién te lo iba a decir! Yo que siempre creí que eso era un anuncio. ¡Y pensar que aún no hace diez años yo era una mujer delgada! Delgada, delgadísima. «Patas de alambre» me llamaban las niñas en la escuela. Sobre todo aquella hija de puta de la nieta de Madame Naudy. ¡Bien muerta está! Echo de menos los altavoces. Con este levante no creo que aparezca nadie por aquí. ¿Qué habrá sido de Rina Ketty? Cantaba «Sombreros y mantillas» de morir. Ése es el hijo de Cecilia. Parece mentira. ¡Y pensar que lo he visto nacer! Una prenda. Que Dios se lo conserve. Dicen que nada mejor que un delfín. ¡Qué guapo es! No se parece mucho a Cecilia, y para nada a Rodolfo. La Virgen del Carmen quiera que a Ricardito Atalaya no se le ocurra equivocarse de bandera. Y, ahora, este tonto viene a echarme. Si te conozco, niño. Tú eres el hijo de Isabel, aquella criada que mamá se trajo de Cartagena. Estuvo un tiempo sirviendo en casa y luego nos la quitó María Benet. No. No voy a comer, ni muchísimo menos. Con lo que cuesta aquí el cubierto yo tengo para una semana. Le preguntaré por la madre. Como la que no quiere la cosa. Eso le desconcertará. Lo que yo decía. Se ha quedado de piedra. ¡Cómo sonríe el cabrón! Me alegro de que Isabel esté bien, y que hayan puesto un chiringuito en Algeciras. ¡Claro que soy la señorita Narboni! Nada de por casualidad... Juani Narboni, para que te enteres…”

Hay una versión cinematográfica hispano-marroquí dirigida en el año 2005 por Farida Benlyazid. Es la segunda vez que La vida perra de Juanita Narboni, la novela que Vázquez publicó en 1976 y que acaba de ser reeditada por Cátedra, es adaptada al cine. Ya lo fue en 1982, en una película dirigida por Javier Aguirre e interpretada por Esperanza Roy, que con este papel ganó un premio en la Mostra de Venecia. En la versión de Farida Benlyazid, Tánger es, al igual que en la novela de Vázquez, tan protagonista como Juanita Narboni. Es el Tánger entre los años cuarenta y setenta del pasado siglo, el periodo de su cenit y su decadencia como ciudad cosmopolita…”

Esta reseña es en parte una recensión de otras que se extractan y compendian:

miércoles, 6 de enero de 2016

Leonardo Sciacia: Todo modo (la denuncia social a través de la ficción)

La tertulia ha propuesto para enero la novela Todo Modo de Leonardo Sciacia

"...Leonardo Sciascia (Racalmuto,1921- Palermo,1989) es un ejemplo más de esa ya larga serie de creadores que muestran y demuestran en sus obras la universalidad de lo local. Vinculado desde su nacimiento hasta su muerte a Sicilia, Sciascia desarrolló la mayor parte de su obra de ficción en torno al trágico pasado y presente de su isla de origen, en el que la corrupción que acarrea la vinculación del poder político con la Mafia ha sido una constante. Sciascia pasó toda la primera parte de su vida bajo el régimen de Mussoline y fue un antifascista convencido. Maestro durante más de veinte años, articulista, autor de falsas novelas negras o ejercicios literarios de ética laica, agudo observador de Sicilia e Italia, dedicó una parte importante de su vida a la lucha contra la injusticia social, la corrupción política y la mafia. 

Cuando Leonardo Sciascia publica Todo modo es un escritor consagrado, uno de los intelectuales de referencia en Italia. El libro es una denuncia sin ambages de la connivencia entre el poder político, en particular el que ejerce la Democracia Cristiana, con la jerarquía católica y la Mafia. El autor se inspiró en un suceso ocurrido en Sicilia en 1944. Poco años más tardes en marzo de 1981 la actualidad pareció darle replica a la ficción ya que comenzó el proceso contra la logia masónica Propaganda Dos, que bajo el control del empresario Licio Gelli se había convertido en una sociedad para conspirar y delinquir a los más altos niveles. En su seno se encontraban 30 generales, 38 diputados, 4 ministros, ex primeros ministros, jefes del espionaje italiano, redactores de diferentes medios de comunicación, ejecutivos de televisión, empresarios, banqueros, 58 profesores universitarios y 19 jueces. La logia fue vinculada con escándalos financieros y varios asesinatos. Sciacia había ficcionado la realidad con la precisión de un relojero. En 1978 publicó El caso Moro, sus reflexiones sobre el secuestro y asesinato del líder democristiano. Un año después, en 1979, fue elegido eurodiputado y congresista italiano en las listas del Partido Radical.  

     El argumento de la novela se desarrolla a través de un misterio. Un reconocido pintor italiano (no interesa el nombre) acaba encontrando por casualidad, durante un viaje en coche, un aislado y ascético lugar, mitad ermita mitad hotel, que despierta su interés. En ese lugar, que dirige un cura (el padre Gaetano) se reúnen los jerarcas de la política, la industria y la Iglesia italiana para meditar a la manera de los Ejercicios espirituales espirituales a los que San Ignacio de Loyola definía como «el todo modo… para hallar la voluntad divina». La mística que envuelve al lugar se hace añicos cuando se produce el asesinato de una de las personalidades notables. A partir de este momento Sciascia nos introduce en el género policíaco pero no para entretenernos, sino para explicar la verdadera naturaleza del poder en su faceta más oculta y corrupta. Todos son sospechos, pintor y cocinero incluidos. Pero realmente no importa la identidad del asesino más que en su aspecto más morboso. Descubrirlo es una mera formalidad, pura burocracia. El autor nos introduce en este universo de la mano de un artista que, accidentalmente, será el sorprendido testigo (trasunto del propio lector) de la hipocresía y el cinismo de la descarnada estructura de poder que guió los destinos de la República Italiana tras la Segunda Guerra Mundial. El núcleo de la crítica va dirigido, aunque no llegue a nombrarla en ningún momento, contra la Democracia Cristiana que hasta la crisis política de los años 1990 desempeñó el papel central de aquel régimen. Sciascia recurre a la novela policiaca para trazar una metáfora corrosiva del poder, un relato tenso e irónico que disecciona una dura verdad: la convivencia civil se corrompe cuando los intereses más turbios contaminan la gestión de lo público, cuando la frontera entre éste y los negocios privados se diluye favoreciendo la patrimonialización del Estado por parte de grupos de poder, cuando la injusticia se instala en el corazón del Estado de derecho.

Sciascia expone en Todo Modo su pensamiento y filosofía de la vida con un lenguaje comunicativo, directo, en el que todo lo que quiere expresar lo hace con claridad sin buscar complicaciones de estilo, describiendo lo esencial. Desnuda conceptos, desbroza formas y organizaciones oscuras, saca a la mirada pública los entresijos del poder y de la sociedad, no tanto para hacer una burda denuncia como un asalto más hábil que apasionado y establecer así esa inquietante unión con la literatura filosófico-política. Lanza una mirada que puede llegar a ser incómoda; cuestiona asuntos incuestionables, viene a plantear la poca solidez de los cimientos establecidos, de la mirada casi dogmática o demasiado parcial. Parece que Sciascia se divirtiera poniendo contra las cuerdas ciertas situaciones y ciertas realidades, haciéndolas visibles y desmantelando entuertos con sutileza e ironía, con una agudísima inteligencia. Pero quizá, más que poner él contra las cuerdas ciertas cosas, lo único que hace es mostrarlo, a la manera de un lúcido y ágil testimonio que evidencia el problema y se topa con lo difícil de hallar una solución, o, al menos, una solución justa. 

Contemporáneo de grandes y dispares autores como Vittorini, Pavese, Buzzati, Pasolini, Moravia, Bassani, Ottieri, Pratolini, Gadda o Calvino, entre otros, mantendrá, hasta sus últimos textos, Una historia sencilla (1989), la fortaleza de su mirada cívica, ética, ajena al egoísmo, sobre la vida comunitaria. Enemigo de la literatura como juego y punto de fuga, Sciascia nunca consideró su “estar en el mundo literario”, un refugio estético. Vertebrado por el racionalismo ilustrado, Sciascia denunciaba la esclerosis crítica y proponía una nueva mirada. La novela no es otra cosa que la propuesta de una mirada sobre la realidad reorganizada mediante las palabras”, escribió con acierto Vázquez Montalbán. La frase de Sciascia es precisa y natural. Se parece en esto a Bioy Casares. Esas oraciones diáfanas y seguras, a menudo concatenadas a través de punto y comas, arman un relato que atrae y da confianza. Su modelo podría ser Stendhal; el de las Crónicas italianas. Sabe mantener una perspicaz y entretenida distancia irónica. Su encanto reside, en buena medida, en su punto de vista frío y escéptico, pero nunca gravoso, nunca lejos de un humor suave, ligero y sagaz.

Sciacia es más un dibujante que un pintor. Delinea personajes y episodios con rapidez y vigor. Depura, estiliza. Consigue una fría belleza, una belleza “clara y distinta”. Admira a Manzoni, a Pirandello, a Lampedusa, a Diderot.  Contiene lo gris de Kafka, las paradojas de Borges y la combativa alegría de vivir de don Quijote. Ateo capaz de comprender (y soñar) el sentido de la trascendencia, moralista influido por la Enciclopedia francesa, Sciascia combinará los detallados estudios de carácter histórico, Muerte del inquisidor (1964) o Los apuñaladores (1976) con ensayos sobre Pirandello y la iconografía siciliana, pasando por susnouvelles noirs, la mafia al fondo, como El día de la lechuza (1961) o A cada cual lo suyo (1966). Todo género, la literatura, la palabra, le servirá para describir y analizar la deriva corrupta de las instituciones italianas hacia el caos y el fin de la política, entendida como el lugar de lo común, o la “historia de la larga derrota de la razón”.

Muerto en Palermo, noviembre de 1988, en plena y reflexiva madurez, sus libros, leídos hoy, luminosos y ácidos, son un aldabonazo ante el colapso general de la democracia de partidos.

   Esta recensión es compendio y extracto de otras reseñas que se relacionan:
http://elpais.com/diario/2003/12/12/cultura/1071183607_850215.html
http://www.letraslibres.com/revista/convivio/leonardo-sciascia-el-poder-de-la-mafia
http://www.eldiario.es/zonacritica/Sciascia-responsabilidad-ciudadana_6_128497154.html
http://bokdav.blogspot.com.es/2011/05/blog-post.html
http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/literatura/oficio/oficio87.htm
http://ignacio-german.blogspot.com.es/2015/02/todo-modo-de-leonardo-sciascia.html

sábado, 5 de diciembre de 2015

La cripta de los Capuchinos de Joseph Roth. Propuesta para el mes de diciembre.

Para terminar el año la Tertulia ha propuesto la lectura de La cripta de los Capuchinos de Joseph Roth.

“…Joseph Roth,  nació en 1894 en una pequeña ciudad de Galitzia situada en la frontera oriental en la última época del Imperio Austro – Húngaro, bajo el mandato del emperador Francisco José. Era judío, intelectual comprometido y tuvo que exiliarse con el advenimiento del Nacional Socialismo de Adof Hitler. Fue una de las principales figuras de la oposición intelectual en el exilio frente a los Nazis. A pesar de todo vivió como un refugiado, a menudo incapaz de encontrar a nadie que publicara sus libros y acosado por la pobreza, la soledad y la desesperación, murió como consecuencia de su acusado alcoholismo en 1939. A diferencia de su amigo el escritor Stefan Zweig no conoció la tragedia que se avecinaba pero si tuvo el amargo presentimiento de que su mundo estaba abocado a desaparecer con la desintegración no sólo fisica sino también moral del Imperio y la aparición de nuevas nacionalidades en Europa tras la I Guerra.  Roth es reconocido en la actualidad, junto con Thomas Mann, Proust y Joyce, como uno de los grandes escritores de la literatura moderna. 

La marcha Radetzky (1932), la obra maestra de Roth, y que es considerada como una precisa y brillante  crónica de la decadencia del Imperio Austro-Húngaro, tiene una segunda parte o secuela, La Cripta de los Capuchinos (1938), que continua la historia hasta llegar al Anschluss, la anexión de Austria por la Alemania de Hitler. La nostalgia e idealización del pasado como fuentes de inspiración literaria impregnan La Cripta de los Capuchinos. Publicada originalmente en 1938, la novela refleja el aura sombría de la época en que fue escrita y el pesimismo de su autor. Ambas novelas pueden leerse por separado, aunque confluyen en la misma época: La I Guerra Mundial. Los protagonistas son dos primos jóvenes, muy diferentes de temperamento y educación y en diferentes escenarios, pero con Viena como escenario común.

En La marcha Radetzky son tres los Trotta que intervienen. El primero es coetáneo del Emperador, a quien salva la vida espontáneamente en la batalla de Solferino. Este motivo lo convierte en el “Héroe de Soferino” y a partir de ese momento tiene los favores del Emperador. Esto lo hace vivir como un gran cortesano agradecido y orgulloso, sentimiento que hereda su hijo. Pero el nieto sobre el que recae el verdadero protagonismo de la historia lo vive como un gran peso. Su apellido es un lastre enorme, una losa, que no se puede quitar de encima, aunque él es incapaz de mostrar sus sentimientos. Muere en el frente, pero no heroicamente, como su padre habría deseado, sino simplemente por llevar agua a sus compañeros y por sorpresa, con un tiro perdido.
Las descripciones, minuciosas, de pequeños gestos o detalles en Roth, nos recuerdan a Proust. Todo es sugerido, al autor le gusta poco lo obvio y explícito. En ningún momento se mencionan escenas truculentas, cuando se menciona la guerra,  pero el horror está presente, así como el desencanto, las vidas desechas y el sinsentido. Y sobrevolando, el estrés postraumático.

 Si 'La marcha Radetzky es un escrito más bien sobrio, en tercera persona, 'La cripta de los Capuchinos', escrita en primera persona, emplea recursos desconcertantes. Se trata de una historia con bastante delirio. Francisco Fernando Trotta, primo de aquel Trotta que cierra el ciclo familiar de La marcha Radetzky, es el protagonista y narrador. Pero este Francisco Fernando es un descendiente indirecto y lejano de aquel Trotta ascendente. Son estos otros Trotta un poso restante de aquella otra historia, la misma demolición desde otra fachada.  Francisco Fernando Trotta, vive de las rentas de la fortuna heredada de su difunto padre y frecuenta, en la refinada Viena de los años previos a la Gran Guerra, un círculo de aristócratas y burgueses adinerados, todos ellos personas ociosas y displicentes. Un día es visitado por un desconocido pariente, cierto primo de nombre Joseph Branco, humilde campesino y comerciante esloveno que vende castañas a lo largo y ancho del Imperio Austro-húngaro. Por su intermedio conoce a un cochero judío, Manes Reisiger, oriundo de Galizia; con ambos llega a establecer una curiosa relación, parecida a la amistad. Desatada la conflagración de 1914, Trotta contrae apresurado matrimonio con la joven que ama y se incorpora al ejército con el grado de teniente. De inmediato solicita ser trasladado al regimiento galitziano en que han sido alistados sus dos nuevos amigos, su primo y el cochero. El capítulo bélico acaba de forma nada gloriosa, con los tres amigos cogidos prisioneros por los rusos. Internados en Siberia, Branco y Reisiger adelantan el retorno a la patria huyendo de sus captores mientras que Trotta sólo volverá en 1918. En Viena lo hallará todo trastocado y sumido en crisis, incluso su relación con su esposa Isabel.
La novela consta de una llamativa mixtura de ironía y liviandad, desparpajo y amargura. El protagonista está imbuido de la sensación de pertenecer a una generación marcada por el fin de una época, nacida para la guerra y la destrucción. Algunos de los miembros de esta generación, no necesariamente los mejores, han sobrevivido a la catástrofe sólo para asistir a la siguiente: el derrumbe de la doble monarquía y de los sueños de una convivencia multiétnica.
Antihéroe por excelencia, Francisco Fernando Trotta se deja estar, aplastado por la corriente histórica. Visita ocasionalmente la Cripta de los Capuchinos, en la iglesia de Santa María de los Ángeles  en cuyos sarcófagos de piedra reposan los restos de los emperadores; ¿dónde más si no podría ir un Trotta? Es entonces cuando se consuma y se nos revela en plenitud, al fin, el sentido último de la novela, pues es el momento en que confluyen los símbolos del fin de una era emplazados por Roth: el real, la cripta, y el ficticio, los Trotta concebidos por el novelista (representados por el narrador-protagonista). Sentido simbólico tanto más impactante cuanto más conscientes somos del ominoso destino que se cernía sobre Austria y sobre Europa.

Francisco Fernando Trotta, contiene el aura truncada de ese gran suicidio generacional. Cuando vuelve a Viena, su anciana madre, le espera donde la dejó, y su mujer, Isabel, se entiende con una lesbiana que se tiene por "artista industrial. La primera guerra mundial viene a hundirlo todo. Era otro mundo, un mundo basado en el honor. No en el dinero. Estallada la guerra, todos los nobles entregan todo su dinero al imperio, sin especular, esperando que tras la victoria, si llega, todo le sea devuelto. La derrota conduce a la miseria a todos ellos. Lo aceptan sin desesperación, hicieron lo correcto. El joven Trotta debe convivir con la nueva realidad surgida de la gran guerra. Caído el imperio, una retahila de nuevos paises surca la vieja Europa, entre todos ellos la vieja Alemania.
Fascinante e inquietante es el personaje de un Alemán amigo de su madre, nostálgica de otros tiempos. Este alemán chilla, no habla, y su lenguaje encierra gran beligerancia. Es fácil establecer la metáfora. De quién habla. El joven Trotta no entiende por qué su madre, símbolo del viejo mundo, está tan contenta de conversar con ese gritón insoportable, hasta que se da cuenta del por qué. Su madre – la vieja europa- estaba sorda, y sólo estaba ya preparada para oir gritos histéricos…”


Esta recensión es extracto y compendio de otras reseñas que se relacionan
http://www.clubdelectura.cl/joseph-roth-la-marcha-radetzky-y-la-cripta-de-los-capuchinos
http://ebiblioteca.org/?/ver/72977
http://melibro.com/la-cripta-de-los-capuchinos-de-joseph-roth/
http://www.elmundo.es/elmundo/2009/07/17/cultura/1247830503.html

http://www.hislibris.com/la-cripta-de-los-capuchinos-joseph-roth/

domingo, 18 de octubre de 2015

Julio Manuel de la Rosa: Las guerras de Etruria (nuestra propuesta para la sesión de noviembre)

Julio Manuel de la Rosa Herrera (Sevilla, 1935) es uno de los representantes más insignes de la narrativa andaluza de finales del siglo XX.  Junto a autores tan señalados como Alfonso Grosso, Jose Manuel Caballero Bonald, Manuel Halcón, Manuel Barrios, Aquilino Duque, José María Vaz de Soto, Luis Berenguer y Fernando Quiñones, entre otros, forman una generación, más que notable, de escritores que han sido agrupados por la critica como la generación de los "narraluces". Acertada o no esta denominación, lo cierto es que un grupo de autores andaluces eclosionaron en los años sesenta y setenta al mismo tiempo que lo hacía García Márquez, Cortazar o Vargas Llosa. Esta generación elaboró una literatura de una calidad extraordinaria, que ha sido algún tiempo silenciada por esa tendencia tan española de ignorar a los nuestros y lisonjear siempre a los autores extranjeros. Afortunadamente esta preterición ha terminado y los lectores, los editores y la crítica vuelven su mirada a esta generación.   

Julio Manuel de la Rosa es un prolífico autor de narrativa, con especial dedicación al relato y la novela. También ha cultivado el ensayo y el periodismo sobre la literatura contemporánea. Entre sus obras más reconocidas se encuentran: 'Fin de semana en Etruria' —1972, Premio Sésamo—,'El ermitaño del rey' —2007, Premio Andalucía de la Crítica—, y 'Guantes de seda' —2008—, además de 'Croquis a mano alzada' —1973— y 'Las campanas de Antoñita Cincodedos' —1987. Entre sus ensayos merecen especial mención su biografía sobre Alfonso Grosso y el ensayo sobre Cesar Pavese. En 2004 obtuvo el Premio Ateneo-Ciudad de Valladolid con su, hasta ahora, última novela Los círculos de noviembre, en la que recrea el último año de vida de Fernando Pessoa.

Amante de Proust, Joyce, Kafka y Faulkner, Julio Manuel de la Rosa es el primer sorprendido ante la vigencia de una obra sobre la soledad y las frustraciones del hombre contemporáneo. La argumentación de mis libros puede variar, nos dice, pero el alimento básico es el mismo: la soledad, el amor y el desamor, el morbo político. Lo que sí cambió en mí, después de tres años trabajando en El ermitaño del rey (una recreación de la biografía de Arias Montano) fue que me dije que no podía hacer tanta metaliteratura. Quiero hacer una literatura que venga directamente de la vida, de la existencia, de la realidad", se explica.

Croquis a mano alzada (1973), fue, nos dice el autor, una audaz novela donde se hace patente la influencia de James Joyce, y que supone un esfuerzo definitivo "por no caer bajo ningún concepto en el terrible pecado del costumbrismo, ni siquiera del realismo social, que tanto daño hizo a muchos escritores, entre ellos a mí",

Las campanas de Antoñita Cincodedos (1987), es el relato de una prostituta que tiene la misma edad que las campanas de la Catedral, y que rinde homenaje a Cervantes al tiempo que entronca con una tradición erótico-prostibularia que va de La Celestina y La lozana andaluza a Wenceslao Fernández Flórez, Cela y La Legionaria de Fernando Quiñones. "Fernando dijo que su Hortensia y mi Antoñita eran primas hermanas", recuerda De la Rosa.

En Las guerras de Etruria (2001), de la Rosa volvió a describir la desolación y el desastre de nuestra guerra civil. Dos familias enfrentadas Los Vargas y los Ansorena con el fondo de la guerra civil sirven a De la Rosa para retratar con maestría de orfebre los horrores y fantasmas de aquella guerra. El hilo conductor de la novela es la investigación que el joven Enrique Ayala va haciendo acerca de la muerte de su padre, Fidel Ayala. Los avatares de la investigación se van intercalando con avances y retrocesos en el relato del enfrentamiento entre una partida de partidarios de la república que se refugia en los montes de Etruria y  los intentos sucesivos de las tropas nacionales por acabar con la resistencia. El relato se hace a veces en tercera persona pero se combina tambien de forma magistral con una segunda persona. El propio Enrique Ayala va recibiendo del autor omnisciente las instrucciones que le hacen avanzar en la investigación. Y si con esto ya tuviera suficiente materia el autor, lo encuadra además con una dosificación medida de los acontecimientos de la guerra en el resto de España. 

Las Guerras de Etruria tiene su básico antecedente en Fin de semana en Etruria, que obtuvo en 1971 el Premio Sésamo, aunque ésta sufrió los efectos de la censura franquista. En Las guerras de Etruria, De la Rosa vuelve al mismo espacio, una geografía 'con mucho de real, pero con más de imaginado'. 'El nombre de Etruria es un juego irónico y simbólico para tratar de disimular mal una inmediatez geográfica perfectamente reconocible, que es Andalucía y más concretamente, la parte del Aljarafe', explica De la Rosa, que ha querido presentar dos tipos de guerras: la interior del protagonista, Enrique Ayala, un joven que, aunque no lo ha vivido, sufre 'las calamidades y las herencias terribles del conflicto', y una descripción objetiva de la guerra civil.
La historia arranca en la primera década del siglo pasado con la llegada del fundador de la saga de los Ayala a Etruria y se prolonga hasta los años ochenta, cuando el joven Enrique Ayala regresa al pueblo 'y lo encuentra convertido en un ámbito de muertos, fantasmas y sombras, una especie de Comala revisitada por el nieto del remoto Ayala', añade.
 “Etruria es el paisaje de mi infancia. Un condado como el Yoknapatawpha de William Faulkner en el que he ubicado casi todas mis novelas. Etruria es un pueblo que vive en un bosque sagrado, nunca conquistado y, sin embargo, vencido desde el punto de vista del mundo. Sus habitantes convierten esa derrota en victoria desde el punto de vista interior”, relata.

Esta reseña es recensión en parte de los siguientes enlaces:
https://lamemoriaviva.wordpress.com/2009/12/22/bellisima-mujer-sin-corazon-julio-manuel-de-la-rosa-publica-sin-cortes-una-novela-que-le-mutilo-la-censura/
http://www.literaturaandaluzaenred.com/es/julio-manuel-de-la-rosa/8
http://elpais.com/diario/2002/02/08/andalucia/1013124205_850215.html
http://elcorreoweb.es/julio-manuel-de-la-rosa-gana-el-premio-andalucia-de-la-critica-LFEC126278
http://www.mcnbiografias.com/app-bio/do/show?key=rosa-julio-manuel-de-la
http://elcorreoweb.es/julio-manuel-de-la-rosa-se-libra-para-siempre-de-la-censura-AEEC204765
http://www.20minutos.es/noticia/1066806/0/

lunes, 20 de abril de 2015

Danilo Kis: Salmo 44 ( la escritura sobre el horror y el recuerdo)

Para el mes de mayo la Tertulia ha propuesta la obra del serbio Danilo Kiss. 

“Nos entregas como ovejas al matadero, / Y nos has esparcido entre las naciones. / […] Despierta, ¿por qué duermes Señor? / […] ¿Por qué escondes tu rostro, / Y te olvidas de nuestra aflicción?”.

El escritor serbio Danilo Kis se inspiró en Salmos 44 para titular su debut literario, que incluyó otro libro titulado La buhardilla. Ambos aparecieron en 1962. Danilo Kiš (Subotica, 1935-1989), era hijo de un judío húngaro que era inspector de ferrocariles y de una mujer monetenegrina. Su familia se instaló en Novi Sad (Vojvodina) y en 1941 fue testigo de una matanza de serbios y judíos perpetrada por el ejército húngaro. En la Segunda Guerra Mundial perdió a su padre y a un buen número de familiares en varios campos de concentración. Salmo 44 ya contiene los rasgos estilísticos que se consolidarían con el tiempo: una prosa poética, profunda, reflexiva, minuciosa; unos personajes cuidadosamente construidos, humanos hasta lo intolerable, pues abarcan todos los comportamientos posibles, desde la crueldad hasta la inocencia; unas tramas que explotan, se dispersan y se recomponen, manteniendo la tensión narrativa hasta la última página. Estas cualidades formales, que reproducen los aspectos más creativos de la novela centroeuropea (Thomas Mann, Robert Musil, Joseph Roth), conviven con un profundo sentido ético y una firme determinación de comprender la violencia del siglo XX.

Su primer libro (1962), que incluye La Buhardilla y Salmo 44 contiene ya las obsesiones que desarrollará en sus novelas y cuentos, y desvela la profundidad estilística y complejidad filosófica de su escritura. De sus obras posteriores, destacan Penas precoces (1969), Reloj de Arena (1972), Una tumba para Boris Davidovich (1983)-cuya recepción en Yugoslavia le obliga a exiliarse a París- y La enciclopedia de los muertos(1983).

La literatura es, ante todo, la destrucción de uno mismo", reconoció el propio escritor serbio, siguiendo así la estela de Thomas Bernhard o Imre Kertész, cuya escritura y experiencia de la misma se sustentan precisamente en esa paradoja entre escritura y fracaso.

 Salmo 44, obra temprana en la producción de Danilo Kis, nos descubre una prosa de un lirismo y una espontaneidad insólitas, que nos persuaden de que la poesía es posible incluso después de Auschwitz. A través de personajes inspirados en prisioneros y guardias de los campos de concentración, Salmo 44 es una novela sobre la Shoah, que relata la peripecia de tres mujeres judías en los últimos días de Auschwitz: Polia, Zana y Marija. Polia agoniza en su litera y Marija espera un niño. Jakob, su marido, es médico y eso le ha salvado la vida, pues colabora con el doctor Nietzsche en sus experimentos médicos. Es indudable que Kis se basa en la historia real del médico húngaro Miklós Nyiszli, que colaboró con Josef Mengele, diseccionando cadáveres de enanos y gemelos. Marija alumbra a Jan, el único Dios al que reconoce y logra huir con Zana. La inminencia de la liberación transforma la muerte en una expectativa insoportable, pues la esperanza ya no es algo remoto, sino una posibilidad real. El doctor Nietzsche sabe que Alemania ha perdido la guerra, pero quiere preservar sus investigaciones. Piensa que el nazismo sobrevivirá a su propia extinción, ya que encarna la esencia de la cultura occidental y tal vez uno de los impulsos más destructivos del ser humano: “la pasión por el abuso y la humillación del otro”, incluso en su forma más cercana, como prójimo.

Kis no simpatiza con los sentimientos religiosos, pues allí donde se nombra a Dios brota el odio. El furor exterminador de los nazis, que reclutan a carniceros para degollar a judíos y gitanos, posee un carácter místico. La milicia ustacha fue la más cruel y despiadada. Nacionalistas croatas y fervientes católicos, su sadismo estremeció al mismísimo Heinrich Himmler, partidario de los fusilamientos rutinarios. Kis no sucumbe al pesimismo. Jan, el niño nacido en Auschwitz, lleva “el sello del martirio” y “el obelisco de la alegría”. Su existencia es la mejor impugnación del Übermensch de Zaratustra. Es difícil ser optimista en el siglo de los genocidios, pero Kis considera que la esperanza hay que inventarla, incluso en un universo sin Dios y lleno de injusticias. “El verdadero muerto es sólo un hombre sin esperanza”.

Salmo 44 cuenta la vida cotidiana de un grupo de personajes en un campo de concentración durante los días previos a la huida que planean. Un relato terrible, que comienza con la espeluznante explicación de qué es el «lamento babilónico», un tren lleno de pasajeros encerrados durante días, que piden simultáneamente agua en todos los idiomas. Los personajes del libro quieren escapar del campo y el escritor busca escaparse de la sombra, de la terrible memoria, del horror, escribiendo sobre ello.

Testimonio del horror y de la muerte la obra de Danilo Kis -conformada por novelas, cuentos y ensayos- gira alrededor de ese Auschwitz de después de Auschwitz, de un mundo, por lo tanto, habitado por el exilio, la desolación y la muerte……"

Esta reseña es extracto y compendio de las que siguen:
http://laantiguabiblos.blogspot.com.es/2014/11/salmo-44-danilo-kis.html
http://cultura.elpais.com/cultura/2015/03/05/babelia/1425552186_535382.html
http://www.elboomeran.com/obra/2474/salmo-44/
http://www.elcultural.com/revista/letras/Salmo-44/36105
https://www.lacentral.com/web/recorridos/?idr=272
http://www.letraslibres.com/revista/letrillas/danilo-kis-el-arpa-eolica




viernes, 3 de abril de 2015

14 de Jean Echenoz ( Un minimalismo de máximos)

La tertulia ha propuesto para el mes de abril la novela 14 de Jean Echenoz.
 14 es una novela magistral. Desprendida de sentimentalismos con una prosa elegante, fulgurante y breve. La gran guerra se convierte en una circunstancia crucial, perturbadora, en la que se concentra el horror en gestos mínimos, en ausencias concretas para contar lo absurdo y lo horrible de una guerra. Echenoz demuestra una voluntad de contar lo máximo con lo mínimo, que comienza desde el título. El resultado es una miniatura perfecta, demasiado incluso, un estilizado prólogo para todas las lecturas sobre la Gran Guerra. No hay sordidez en la descripción de la contienda, ni regodeo en escenas trágicas; por el contrario se impone la naturalidad descriptiva y realista de lo que se ve, sin adjetivaciones valorativas, con un uso flaubertiano de la gramática y el ritmo. Es el lector el que añade la valoración de la escena descrita. A través de Anthime y sus tres amigos, Padioleau, Bossis y Arcenel, Echenoz traza un retrato realista del horror de la guerra con ironía, crudeza y precisión. 14 es, sin duda, una muestra de que, a veces, con muy pocas palabras se puede captar la esencia de lo que queremos contar y transmitir un retrato audaz, sencillo pero intenso. Comienza la novela con la celebración de los jóvenes movilizados para la guerra, movilización con la que se encuentra el protagonista que ha salido a dar una vuelta en bici después de comer: “discusiones enfebrecidas, risas desmesuradas, himnos y fanfarrias, exclamaciones patrióticas entreveradas de relinchos”. Anthime ante el clamor de las campanas regresa a su pueblo y en uno de los baches cae al suelo su libro que se abre premonitoriamente por una página en la que se lee: “Aures habet, et non audiet” (Tienen oídos y no oyen), que queda boca abajo en el suelo. Acaba de estallar la Gran Guerra, la Primera Guerra Mundial. Una semana después subían al tren en Nantes y tres días más tarde llegaban a Las Ardenas y recibían sus primeras órdenes: “Si mueren hombres en las guerras será por falta de higiene. Lo que mata no son las balas, sino la falta de aseo, que es nefasta y que es lo primero que deben ustedes combatir. De modo que lávense, aféitense, péinense y nada tienen que temer”.
El lector asiste, de la mano de esos soldados, a la pérdida de la ingenuidad y a la materialización de la tragedia. La ropa comienza a ser insuficiente. La lluvia dobla el peso de las mochilas. Los soldados se entretienen observando el trazado de los aviones en el cielo. La dieta se reduce a latas de carne. Duermen en casas destruidas. Empiezan a oír el sonido del cañón. Y del mismo modo, es decir, sin saber cómo, se ven empuñando bayonetas de otro siglo, acurrucados en las trincheras que no resisten las explosiones, comidos por los piojos, envenenados por los gases. Y la orquesta, que marca el ritmo del combate como en tiempos de Napoleón, queda despedazada por las bombas. Echenoz se entretiene describiendo objetivamente todo aquello con lo que consigo un relato verista, tanto en la ciudad abandonada por los jóvenes soldados como en las trincheras y el campo de batalla. De esta manera conocemos exactamente las clases de zapatos que se fabrican en su ciudad natal, los objetos y útiles que dan lugar a los 35 kilogramos que pesan las mochilas de los soldados, las variadas acrobacias de los aviones “mosquito”, sus multiplicadas actividades en los días de “descanso”.
No hay sordidez en la descripción de la contienda, ni regodeo en escenas trágicas; por el contrario se impone la naturalidad descriptiva y realista de lo que se ve, sin adjetivaciones valorativas. Es el lector el que añade la valoración de la escena descrita. Sin embargo estas descripciones son impresionantes. Así leemos y casi podemos oler el ambiente corrompido por los caballos descompuestos, la putrefacción de los hombres caídos, el olor a orines, mierda, sudor y vómitos. El relato que nos presenta Echenoz no se pierde en la alabanza de lo épico ni tampoco construye un discurso antimilitarista. Le basta con exhibir con sobriedad ante nuestros ojos la realidad cruda de la guerra. El propio Echenoz dice en uno de los más brillantes pasajes: “Habiéndose descrito mil veces, puede ser que no valga la pena demorarse más en esa ópera sórdida y pestilente. Puede ser, incluso, que no sea útil ni pertinente comparar la guerra a una ópera, y menos aún si no nos gusta la ópera y si, como es, es grandiosa, enfática, excesiva, llena de esperas penosas que hacen mucho ruido, y a menudo, a la larga, son bastante aburridas”.
Esta reseña es extracto y compendio de otras que se relacionan:
http://cultura.elpais.com/cultura/2012/10/04/actualidad/1349343927_501981.html
http://garcileon-sinirmaslejos.blogspot.com.es/2014/07/14-de-jean-echenoz-resena.html http://www.elimparcial.es/noticia/131867/Los-Lunes-de-El-Imparcial/Jean-Echenoz:-14.html http://www.valenciaplaza.com/ver/113813/-14---jean-echenoz---la-elegancia-del-apocalipsis--.html https://encuentosydesencuentos.wordpress.com/2014/06/03/14-de-jean-echenoz-anagrama/

viernes, 6 de marzo de 2015

El guardian entre el centeno de Jerome David Salinger

Para el mes de marzo la tertulia ha propuesto la novela el Guardián entre el centeno de Salinger. “… El guardián entre el centeno (The Catcher in the Rye), también traducido como El cazador oculto o El ingenuo seductor, es una novela de Jerome David Salinger (Nueva York, 1919- New Hampshire 2010), que se convirtió en un clásico de la literatura moderna estadounidense casi desde el mismo momento de su publicación, producida en 1951. La novela provocó numerosas controversias por su lenguaje provocador y por retratar de forma directa la sexualidad de un adolescente. Esta novela, sin dejar de ofrecer una visión despiadada del mundo, nos reconcilia con él a través de la actitud de un personaje tan crítico como entrañable. Construida alrededor de una trama que bien pudiera calificarse de trivial, se sirve de una serie de acontecimientos de escasa relevancia para dar un repaso completo a los defectos de la condición humana y a la hipocresía inherente a la dimensión social del hombre. Las mentes poderosas de hombres perturbados por una realidad que los intimida y la capacidad redentora que los niños tienen en las vidas de éstos es tema principal en las obras de Salinger. En verdad, la novela se reduce a un hallazgo genial: la creación de un personaje inolvidable, Holden Caulfield, un joven de 17 años, un tipo imprevisible y a la vez coherente, impío y al tiempo tierno, candoroso y sin embargo lúcido, divertido y trágico al mismo tiempo Holden, después de evadirse de su claustrofóbica escuela, recorre una Nueva York helada y hostil, intentando encontrar un sentido a su vida. Salinger muestra un adolescente algo grosero, con pésimos hábitos y sin rumbo fijo, pese a formar parte de una próspera y estable familia, cuestionando valores y creencias dogmáticas. Crítico, contradictorio, mentiroso, apasionado, impulsivo, solitario, melancólico, Holden Caulfield muestra un manifiesto desprecio hacia el sistema y sus rígidas reglas, imitando patrones de conducta que él mismo repudia. Por otro lado, el protagonista de El guardián entre en el centeno muestra una completa devoción hacia sus hermanos y hacia los niños pequeños en general, tratando por todos los medios de proteger esa inocencia infantil que él está empezando a perder. Una forma de entender la anormalidad de Holden es mirar los eventos traumáticos de su niñez, y más aún, la muerte de su hermano Allie. La confesión que hace Holden de haber roto todas las ventanas la noche en que murió Allie es importante; nos dice inmediatamente que la muerte de su hermano ha dejado un gran impacto en su vida. El hecho de que Allie salga una y otra vez durante toda la narración lo confirma. Igualmente, la muerte de su compañero de estudios James Castle parece ser significativa, ya que fue la segunda vez que Holden tuvo un encuentro personal cercano con la muerte. En cuanto al estilo, el lenguaje es directo y sencillo. El lector tiene la sensación de que el protagonista le explica sus pensamientos, de forma espontánea, por lo que es fácil la empatía con el joven muchacho. Es una narración lineal, con muy pocos saltos hacia el pasado, pero con frases interesantes y, en general, cargada de muchos simbolismos, comenzando con el título escogido para la obra, que sólo se explica hacia el final y que, aún así, admite diversas interpretaciones. De hecho la traducción inicial del nombre de la novela en español fue El cazador oculto. El título de la novela está inspirado en un poema de Roger Burns y sólo puede entenderse si se sabe el papel que desempeña en el béisbol el catcher. El guardián es el jugador que en el béisbol corre para atrapar la pelota; si ese jugador se encuentra, de manera figurada, en un campo casi idéntico a un trigal, estará evidentemente oculto y fuera del alcance del bateador. En suma, «cazaría» la pelota desde una guarida y se comportaría como un cazador oculto. Ésa es la idea que inspiró el título de Salinger, sólo que en inglés, y en los Estados Unidos, bastaba con la literalidad para establecer la metáfora. En realidad el título hace referencia a que al protagonista lo único que le gustaría ser es un "guardián entre el centeno", y "evitar que los niños caigan en el precipicio, vigilarles todo el tiempo...". El protagonista, lo único que busca es proteger ese mundo infantil donde la felicidad es plena y absoluta, y quiere protegerlo de encontrarse con un mundo hipócrita de los adultos. Al igual que Holden, Salinger también fue un niño problemático que fue expulsado de diferentes escuelas. Nacido en Nueva York en 1919, en el seno de una familia acomodada, su adolescencia estuvo marcada por cierta falta de rumbo similar al del protagonista de El guardián entre el centeno. Durante la Segunda Guerra Mundial se alistó en el ejército y sirvió como suboficial de inteligencia. Esta experiencia le afectó significativamente, como refleja en varios de sus relatos cortos como fueron Un día perfecto para el pez banana, sobre un ex soldado suicida, y también Para Esmé, con amor y sordidez, narrado por un soldado traumatizado. Luego del éxito de El guardián entre el centeno J.D. Salinger se convirtió en un verdadero ermitaño, mudándose a un pequeño pueblo de New Hampshire. Posteriormente Salinger publicó las colecciones de relatos Nueve cuentos en 1953; Franny y Zooey, en 1961; y Levantad, carpinteros, la viga del tejado y Seymour: una introducción publicados juntos en 1963, estos últimos protagonizados por la disfuncional familia Glass. Murió voluntariamente aislado del mundo exterior el 27 de enero de 2010, con 91 años, y con mucha obra que espera su publicación póstuma. Salinger intentó por todos los medios escapar de la exposición al público y de la atención del mismo ("Los sentimientos de anonimato y oscuridad de un escritor constituyen la segunda propiedad más valiosa que le es concedida", declaró él mismo). Cuando supo de la intención del escritor británico Iam Hamilton de publicar J. D. Salinger: A writing life, una biografía que incluía cartas que Salinger había escrito a amigos y a otros escritores, Salinger interpuso una demanda para detener la publicación del libro. El libro apareció finalmente con los contenidos de las cartas parafraseados. El juez determinó que aunque es posible que una persona sea el propietario de una carta físicamente, lo que está escrito en ella pertenece al autor. Uno de los resultados no intencionados de este juicio fue que muchos de los detalles de la vida privada de Salinger, incluyendo el hecho de haber escrito dos novelas y muchos relatos que no habían sido publicados, salieron a la luz pública a través de las transcripciones del juzgado. En 2000, su hija, Margaret Salinger, publicó El guardián de los sueños. En su libro de “confesiones”, la señorita Salinger afirma que su padre vivía en estado de semireclusión consagrado a su obra y que adoptaba una actitud tiránica con sus familiares. Describe a su padre como un maniático obsesionado con la religión (primero al budismo, luego a la Cienciología y después a la Ciencia Cristiana) que se bebía su propia orina, y llega incluso a decir que su padre abusó de su segunda mujer, Claire Douglas, a la que mantuvo como una "virtual prisionera". En 2002, se publicaron más de ochenta cartas a Salinger escritas por escritores, críticos y admiradores, bajo el título: Letters to J. D. Salinger. La película Descubriendo a Forrester, protagonizada por Sean Connery está basada en Salinger. Además, ha sido notable la influencia ejercida en escritores como Lemony Snicket y su Una Serie de Catastróficas Desdichas, habiendo numerosas alusiones a él en los libros. Salinger ha influido sobre una generación entera de escritores, entre los que se cuentan señaladamente John Updike, Harold Brodkey y Philip Roth. ..” Esta reseña es un extracto y compendio de otras mejores y más fundadas: http://mundoliteratura.portalmundos.com/el-guardian-entre-el-centeno-de-jerome-david-salinger/ http://es.wikipedia.org/wiki/J._D._Salinger http://www.leergratis.com/libros-gratis/el-guardian-entre-el-centeno-j-d-salinger.html http://www.laopinion.es/secciones/noticia.jsp?pRef=2008123000_8_190622__Cultura-y-comunicacion-Guardian-entre-centeno-cumple http://www.el-mundo.es/esfera/ficha.html?27/esf924264815 http://generacionreader.blogspot.com.es/2012/09/resena-el-guardian-entre-el-centeno.html http://es.wikipedia.org/wiki/The_Catcher_in_the_Rye http://tertuliaporvenirxxi.blogspot.com.es/2008/12/jd-salinger-el-guardin-entre-el-centeno.html http://www.shmoop.com/el-guardian-entre-el-centeno/holden-caulfield.html http://lenguayliteraturaensecundaria.blogspot.com.es/2011/04/salinger-el-guardian-entre-el-centeno.html http://libros.linkara.com/libro/el_guardian_entre_el_centeno/critica/250771/maldita_sociedad/

martes, 3 de febrero de 2015

Jack Kerouac: En el camino (Descubriendo a la generación beat)

Para el mes de febrero nos disponemos a leer en la tertulia la novela emblemática de Kerouac. En el Camino.

"... En el camino (On the Road) fue escrita por Jack Kerouac en 1951 y publicada por primera vez en 1957 en la editorial estadounidense Viking Press. Es una novela de corte autobiográfico escrita con la técnica del monólogo interior y que cuenta los viajes que Kerouac y sus amigos hicieron por los Estados Unidos y México entre 1947 y 1950. Está considerada como la obra definitiva de la generación beat y recibe su inspiración del jazz, la poesía y las drogas. El personaje de la novela llamado Dean Moriarty, está claramente inspirado en el amigo del escritor, Neal Cassady. La locura por la que parece abocado a “vivir rápido y morir joven”, ejerce una extraña fascinación en el narrador que representa a Jack y tiene el significativo nombre de Sal Paradise. Su hambre del Paraíso le lleva a buscar nuevas experiencias, ansiando la libertad e intensidad de una vida plena. Kerouac hizo que la escritura pareciera algo apasionante. Sacó la literatura de bibliotecas polvorientas y premios académicos, para unirla a la música, la carretera y la búsqueda de sentido a la vida. Si el cine de los cincuenta tenía a James Dean y Marlon Brando, o la música popular a Elvis Presley, la literatura encontró en Jack Kerouac el símbolo de una nueva generación. No es el autor más importante de aquel tiempo, pero representa la agitada incertidumbre de la época de post-guerra, que sembró la semilla de la revolución social de los sesenta. La mítica ruta 66 debe mucho a este libro, que en buena medida contribuyó a acrecentar las leyendas relacionadas con ella. Hasta nuestros días, la popularidad de la obra y la aceptación de la crítica la han convertido en uno de los libros más importantes del siglo XX, y fue considerada por la revista Time como una de las mejores novelas del idioma inglés publicada desde la fundación de la revista. La historia, en gran parte autobiográfica, cuenta las peripecias que Kerouac y sus amigos (Allen Ginsberg, Neil Cassady, William S. Burroughs y otros) atraviesan entre los años 1947 y 1950 mientras recorren Estados Unidos. El viaje comienza cuando uno de los amigos del grupo, el siempre emprendedor y aventurero Moriarty, decide lanzarse a la carretera, llevando con él a su fiel conjunto de seguidores que lo admiraban profundamente. En el camino fue la explosión creativa que catapultó al autor, quien llegó a ser comparado con Charlie Parker por el frenético estilo de improvisación con que desarrolla los hechos, y con Jackson Pollock por la línea irracional del expresionismo abstracto que parece seguir Kerouac con el uso de la repetición y los términos coloquiales como recursos estilísticos para crear los efectos semánticos de aceleración, espontaneidad y vértigo Con esta novela Kerouac fue calificado como el nuevo Charlie Parker y su estilo fue denominado como prosa espontánea y comparado con el Be Bop debido a su ritmo frenético e improvisado. En el camino fue escrita en sólo tres semanas, mientras Kerouac vivía con su segunda esposa Jane Haverty en un apartamento en el número 454 de la calle 20 oeste de Manhattan y fue mecanografiada sin márgenes ni párrafos diferenciados en un largo rollo de papel al que Kerouac llamaba simplemente el rollo. Contrariamente a la leyenda. Kerouac no utilizó más drogas que el café para escribir la novela. La generación beat –como el propio Kerouac la denominó– hizo de San Francisco y el Greenwich Village de Nueva York, el centro neurálgico de un movimiento, cuyas inquietudes revolucionaron el mundo. Convertido en icono de la cultura popular, “Kerouac abrió millones de cafés y vendió millones de Levis”, dice William Burroughs. Su tumba es un centro de peregrinación, desde que el poeta Allen Ginsberg apareciera en una película y unas fotos conBob Dylan, visitando su lápida. Un compañero de John Lennon, cuando estudiaba arte en una academia de Liverpool, Bill Harry, recuerda al músico leyendo En el camino. “Estábamos siempre hablando de la generación beat”, dice. El poeta Royston Ellis afirma que fue por sugerencia suya que en 1960 cambiaron la forma de escribir Beetles por Beatles. De cualquier forma, dieron a conocer este nombre en todo el mundo. Los hippies compartían también la pasión de los beat por San Francisco, las drogas y las religiones orientales. Idealizados por la cultura rock, todavía hoy músicos como Bruce Springsteen, no sólo llevan las camisas y vaqueros de Kerouac, sino que basan en él toda su fascinación por el origen trabajador, la educación católica, los coches rápidos y los paisajes abiertos. La pregunta que se hace el evangélico Steve Turner en su apasionante biografía del escritor, es si ellos nos salvaron de la hipocresía y el materialismo, o nos llevaron a la autoindulgencia y la irresponsabilidad. El personaje de Sal Paradise cree, como Jack, que América ha perdido el alma con su materialismo. Tiene profundas inquietudes espirituales y “espera que Dios le muestre su rostro” –como explicó el escritor a un periodista, que le preguntó qué era lo que buscaban los beat–. En su famoso artículo para la revista Playboy, Kerouac dice que casi todos sus libros tienen que ver con la antigua pregunta: ¿Qué debo hacer para ser salvo?”. La filosofía de la generación beat se suele asociar con el orientalismo, pero Kerouac dice que “En el camino” es “una historia de dos amigos católicos en busca de Dios”. Fue Ginsberg quien introdujo a Kerouac en el budismo. El autor de Aullido (1956) piensa que “la espiritualidad era lo primero”, para los beat, “porque todos teníamos algún tipo de experiencia visionaria, que nos empujaba fuera de una mera noción del arte como carrera o comercio”. La Generacion beat surgió en los Estados Unidos tras la ll Guerra Mundial como un movimiento no articulado en torno a un manifiesto y permaneció subterránea hasta 1956-57, coincidiendo con la aparición de "En el camino". Es en este momento, en que los jóvenes no tienen que preocuparse por sobrevivir por primera vez en la historia, cuando afloran las necesidades espirituales como una urgencia nueva y vital a la que la generación anterior no supo dar respuesta. A partir de entonces miles de jóvenes se vieron identificados con el espíritu del libro, manifestándose un sentir que habia permanecido reprimido o marginado durante muchos años. Nuevos artistas -músicos, poetas, cineastas- se vieron arrastrados por la libertad en las formas y la abierta ruptura con los convencionalismos heredados de la generación anterior que proponían los beats y que culminó con la explosión del hippismo como perversión del movimiento beat. Nadie permanece indiferente a los textos de Kerouac. Despues de 50 años de la aparición de "En el Camino" el espíritu del libro está presente, aunque de manera no reconocida en muchos casos, en las generaciones posteriores a los beatniks en todo el mundo. Escapar y buscar sea a través de los viajes, alcohol, drogas, jazz , sexo o budismo, buscar más alla de lo material, encontrarse o huir de uno -es lo mismo- y vivir improvisadamente se convirtieron en las señas de una generación de artistas cuyo mayor legado es la forma de vida al margen de lo establecido que nos mostraron. Aunque la leyenda asegura que Kerouac, inflado de café y benzedrina, había escrito la novela en tres desquiciadas semanas de abril de 1951, los expertos matizan que el libro ya rondaba la cabeza y los cuadernos de notas del escritor desde que, acompañado por Neal Cassady, empezó sus viajes por Estados Unidos y México en 1948. Pero solo tras sucesivas correcciones y enmiendas -sugeridas o sutilmente impuestas por amigos, editores e incluso abogados- la obra vio la luz, en septiembre de 1957. Medio siglo después, Kerouac vuelve a la carretera con la edición en Estados Unidos del manuscrito original, inédito hasta la fecha. Pese a las pegas de la familia del autor, que se mostraba reacia a publicar el texto íntegro por entender que exhibía una imagen todavía más cruda de las andanzas de Jack Kerouac y sus compinches beat , el sello Viking ha logrado finalmente poner en el mercado anglosajón lo que ha titulado como On the road. The original scroll ( En el camino. El rollo original ), en referencia a ese legendario rollo en el que el autor había mecanografiado su narración. Un manuscrito, por cierto, al que un perro arrancó a dentelladas sus últimas páginas, que aquí se añaden como apéndice según un borrador de 1951. Para publicar En el camino en 1957, Kerouac tuvo que podar el texto primitivo al gusto de la época. Los dos principales protagonistas del volumen, Jack Kerouac y Neal Cassady, se camuflaron bajo los nombres de Sal Paradise y Dean Moriarty. Allen Ginsberg se convirtió en Carlo Marx, nada menos. Y así se disfrazó, con apellidos postizos, a toda la banda de la generación beat . Además, el autor tuvo que eliminar varias escenas en las que el sexo cobraba un aspecto demasiado explícito para la América de los años cincuenta, todavía algo suspicaz ante la contundente receta de jazz, drogas, poesía, alcohol, viajes y sexo que había acuñado la contracultura. En las mesas de los editores se quedaron, por ejemplo, pasajes con minuciosos detalles sobre relaciones homosexuales y un escabroso episodio protagonizado por un mono sodomita en un prostíbulo de Los Ángeles.Otro cambio significativo que experimentó la obra fue la introducción de signos de puntuación (el autor se quejaba de que le forzaban a sembrar de comas innecesarias sus párrafos). La novela, tal y como había salido de la baqueteada Underwood de Kerouac, consistía en un único párrafo de unas 125.000 palabras posadas sobre un larguísimo rollo de papel que, abierto sobre el suelo, imitaba el camino del título. Ese mismo rollo de 300 páginas sin puntos y aparte se extiende ahora ante el lector en forma de libro. Los protagonistas se llaman por sus auténticos nombres y el sexo ha sobrevivido a las tijeras del editor...."