miércoles, 23 de junio de 2010

Zadie Smith: Dientes blancos.

"... Con la influencia reconocida de Foster, Carver, Makepeace, Thakeray y Nabokov la británica Zadie Smith (1975) ha sabida traspasar las fronteras con sus galordanas historias de interaccion multicultural. Smith no es una escritora de larga trayectoria, pero no necesita sumar experiencia para ganar reconocimiento porque, a fuerza de talento y brillo literario, ya ha logrado imponerse como una de las novelistas más talentosas del panorama literario que se puede apreciar hoy en día en su país. “Dientes blancos”,“El cazador de autógrafos” y “Sobre la belleza” (obra distinguida con el V Premio Novela Europea Casino de Santiago y el Premio Orange 2006) son, hasta el momento, los títulos que conforman la exitosa y prometedora carrera literaria de esta joven mujer que supo desempeñarse como escritora residente en el Instituto de Artes Contemporáneas de Londres. Sin duda uno de los autores jóvenes más importantes que han surgido en la literatura anglosajona de los últimos años, la británica Zadie Smith asombró a la crítica y al público lector cuando, con apenas veintidós años, reveló con Dientes Blancos, su primera y excepcional novela, una inaudita capacidad para registrar las grandezas y miserias humanas con un ojo observador y distante, pleno de humor y sabia ironía. Galardonada con los premios Whitbread y Guardian, además de quedar finalista en todos los demás concursos literarios importantes de Gran Bretaña.
El libro relata las aventuras y desventuras de una familia musulmana de la India y otra anglojamaicana en un barrio multicultural londinense desde los setenta hasta la actualidad en una sucesión de enredos étnicos y generacionales. La narrativa de Smith destila ritmo, frescura, grandes dosis de humor y fina ecuanimidad a la hora de tratar a sus personajes y las situaciones en que se ven envueltos. Un fantástico retrato del Londres multirracial de fin de siglo y la preocupación de sus habitantes por la idea de ser británicos. Entre la resistencia de sus mujeres y la rebelión de sus hijos se van desgranando innumerables historias que giran en torno a la identidad, los orígenes, y el desasosiego de enfrentarse a un pasado insulso y un futuro incierto.En definitiva, Dientes Blancos es un recorrido esperanzador sobre las relaciones entre generaciones, culturas, credos y razas en el que las palabras huecas, los estereotipos y las utopías no tienen cabida. Y es que, para Zadie Smith, los ingleses «nuevos» y los de toda la vida sufren por igual miserias, preocupaciones y prejuicios. Situado en un barrio londinense de inmigrantes, el inmenso fresco humano que dibuja la autora tiene como epicentro las familias de Archie Jones y Samad Iqbal, dos ex combatientes de la Segunda Guerra Mundial que vuelven a encontrarse después de treinta años sin verse. Archie está casado con una jamaicana exuberante que ha perdido los dientes frontales, y Samad con Alsana, bengalí como él, y con las ideas muy claras. Uno trabaja en un taller de manipulados de papel y el otro se gana el sustento de camarero en un restaurante, pero su mayor problema no ha sido la guerra, ni la falta de dinero, ni el hecho de estar casados con mujeres jóvenes de carácter endemoniado. No, la prueba más dura que les ha deparado la vida es la relación con sus hijos. Éstos, que deberían llevar a cabo los proyectos fracasados de sus padres, se rebelan. Se rebelan contra el racismo británico, contra su propia clase social, incluso contra sus orígenes, su historia y su barrio. Así, cada uno a su manera, son la prueba viviente de lo difícil que resulta escapar del propio destino.
Con una acertada mezcla de sátira extravagante y humor corrosivo, y una profusión de personajes y situaciones que mantienen en vilo al lector, Zadie Smith exhibe una consumada habilidad de novelista, como si tuviera años de experiencia en el oficio. La extraordinaria energía que desprende la narración hace que la lectura de Dientes blancos perdure en la memoria de quienes entienden que una novela puede ser tan entretenida como fiel testigo de la realidad de su tiempo. Zadie Smith toma a un puñado de personas inolvidables y cruza sus vidas en un barrio londinense donde se mezclan las culturas, los acentos, las religiones. La vida de inmigrantes bengalíes y jamaicanos, cómo llegan hasta Inglaterra, su forma de sobrevivir, de acomodarse a su nuevo país y sus costumbres, las raíces y el pasado, las leyendas e historias familiares, todo un pasado que arrastran con ellos, que confrontan con su vida actual fuera de su tierra natal..."
Es extracto y compendio de otras reseñas:.

domingo, 20 de junio de 2010

José Saramago: O ano da morte de Ricardo Reis ( “ Y me dieron el premio nobel….¿y qué? ”) .


“… El año de la muerte de Ricardo Reis es una de las novelas más famosas y mejor consideradas del Nobel portugués José Saramago (1922-2010), una obra al mismo tiempo tierna y estremecedora, que inmortaliza la ciudad de Lisboa y pone en pie la figura de uno de los grandes poetas portugueses: Fernando Pessoa, también conocido como Ricardo Reis o Bernardo Soares, que murió a causa de problemas hepáticos el 30 de noviembre de 1935. Ademas de la natural intertextualidad con la obra pessoana, ya sugerida en el titulo del libro, que anuncia que la historia versara sobre uno de los heteronimos de Fernando Pessoa, en la novela de Jose Saramago tenemos el dialogo explicito, no solo con importantes escritores de la lengua portuguesa, sino tambien con diversos nombres de la literatura universal, como el intertexto de la Biblia y de la Historia y los cuentos de Ficciones de Borges, en especial el "Examen de la obra de Herbert Quain", con su recurrente laberinto
Saramago recoge uno de los cabos sueltos que dejó Pessoa con su muerte y lo pone en movimiento. Podría parecer una osadía por su parte atreverse a encarnar a un ser inventado por otro artista. Sin embargo, Saramago consigue tender un puente invisible entre el poeta soñado por Pessoa y el personaje que recorre, bajo la lluvia, las calles lisboetas de la novela. Saca a Ricardo Reis de su estado de heteronimia latente, le da vida corno personaje en una continuidad sin fisuras y cierra el ciclo con su muerte, permitiendo que descanse, al fin, en paz.
Lisboa es una ciudad en la que todo se distancia, incluso ella misma. Quizá por ese distanciamiento, capaz de articular en torno a ella una sugestión de misterio, la Lisboa de Saramago, reinventando la de Pessoa, nos parece más real que la misma ciudad vivida, habitada. En esta novela se enlazan, con asombrosa habilidad, la sombra de un heterónimo, una "persona" cuya esencia misma es ser precisamente una sombra, y el fondo irreal de un mundo agitado por sacudidas brutales de autoritarismo y crueldad. El amor a la palabra, y el afán de trabajarla en el límite extremo de su expresividad, aproxima la narrativa de Saramago a la poesía. Una búsqueda que despliega ante el lector múltiples posibilidades de interpretación y que da a la prosa un encanto que linda con el misterio de la palabra creadora."
Ricardo Reis, médico de profesión, regresa a Lisboa tras dieciséis años de ausencia. Se ha enterado de la muerte de Fernando Pessoa. Se instala en el hotel Bragança durante aproximadamente tres meses y allí concoce a Lidia, una camarera con la que sostendrá una relación íntima. En el mismo lugar se encuentra Marcenda, una aristócrata que llega, junto con su padre, mensualmente a Lisboa para seguir un tratamiento médico debido a que su brazo izquierdo se encuentra paralizado. Entre estas dos mujeres se mueve Ricardo Reis. Esta novela tiene una característica especial frente a muchas otras de su tiempo: está narrada en todo momento utilizando el presente, salvo quizás en alguna pequeña alusión al pasado histórico. Cuenta también con la ambientación, aunque más bien indirecta, en la Guerra Civil española, pero no es la historia del mundo lo que a José Saramago le interesa plasmar en una novela que está dedicada exclusivamente a dos asuntos: la inmortalidad y descripción mágica de Lisboa, y la inmortalidad de Fernando Pessoa.
 El personaje de Saramago desamarra Lisboa, la sufre húmeda, la recorre inundada, la pasea entumecido para comprobar si sus recuerdos se corresponden con la realidad, y no como "un grabado a buril reconstruido por la imaginación". Reis va y viene, de un recuerdo a un olvido, de una añoranza a una constatación, para acudir a la cita que un destino común le había deparado con el fantasma de su álter ego Fernando Pessoa. Anduvo calles medievales que no han perdido su encanto, puentes nuevos y viejos, contemplando como siempre y como nunca el castillo de San Jorge, el monasterio de los Jerónimos, la Torre de Belém, la Casa de los Picos, las iglesias de la Concepción Vieja y la de Santa Catalina, el hospital de San Luis, donde falleció el poeta, y el cementerio de Prazeres, donde reposan sus restos. Encuentros de vivos y muertos en una ciudad "donde se pierde el Sur y el Norte, el Este y el Oeste, donde el único camino abierto es hacia abajo". Y es justamente hacia allí hacia abajo, fue donde se dirigió Ricardo Reis comprometiendo su vida en amoríos incomprensibles: uno, lujurioso, con una camarera del hotel; otro, platónico, con una doncella lisiada. Pero si la soledad es triste e inevitable, mucho más lo es el olvido. Con esa sabiduría despojada de intereses y prejuicios, que se adquiere cuando ya la experiencia y la madurez no importa porque la muerte se adueñó de todo, Pessoa le comenta a Reis que sabe a ciencia cierta cuanto es el tiempo requerido para que los muertos pasen al olvido: "Son nueve meses, los mismos que pasamos en la barriga de nuestras madres; cada día que pasa nos van olvidando un poco más, y salvo casos excepcionales nueve meses bastan para el olvido total". ..”
Es extracto y compendio de otras reseñas:
 

viernes, 11 de junio de 2010

Amin Maalouf: León el Africano. ( Premio Príncipe de Asturias)

" A mí, Hasan, hijo de Mohamed el alamín, a mí, Juan León de Médicis, circuncidado por la mano de un barbero y bautizado por la mano de un papa, me llaman hoy el Africano, pero ni de África, ni de Europa, ni de Arabia soy. Me llaman también el Granadino, el Fesí, el Zayyati, pero no procedo de ningún país, de ninguna ciudad, de ninguna tribu. Soy hijo del camino, caravana es mi patria y mi vida la más inesperada travesía. Mis muñecas han sabido a veces de las caricias de la seda y a veces de las injurias de la lana, del oro de los príncipes y de las cadenas de los esclavos. Mis dedos han levantado mil velos, mis labios han sonrojado a mil vírgenes, mis ojos han visto agonizar ciudades y caer imperios. Por boca mía oirás el árabe, el turco, el castellano, el beréber, el hebreo, el latín y el italiano vulgar, pues todas las lenguas, todas las plegarias me pertenecen. Mas yo no pertenezco a ninguna. No soy sino de Dios y de la tierra, y a ellos retornaré un día no lejano. Y tú permanecerás después de mí, hijo mío. Y guardarás mi recuerdo. Y leerás mis libros. Y entonces volverás a ver esta escena: tu padre, ataviado a la napolitana, en esta galera que lo devuelve a la costa africana, garrapateando como mercader que hace balance al final de un largo periplo. Pero no es esto, en cierto modo, lo que estoy haciendo: qué he ganado, qué he perdido, qué he de decirle al supremo Acreedor? Me ha prestado cuarenta años que he ido dispersando a merced de los viajes: mi sabiduría ha vivido en Roma, mi pasión en el Cairo, mi angustia en Fez, y en Granada vive aún mi inocencia. "
(León el Africano fragmento)
"... De esta sugerente manera comienza el periodista y escritor libanés Amin Maalouf su novela “León el Africano”, en la que relata la vida de ese misterioso personaje de origen andaluz que en la primera mitad del siglo XVI viajó por buena parte del Sahara, llegando incluso hasta la ciudad de Tombuctú, capital del reino de los negros, y que fue capturado por un pirata siciliano y ofrecido como regalo al papa León X. Durante su estancia en Roma, Hasan bin Muhammed al-Wazzan al-Fasi, que es como se llamaba en realidad, demostró con creces su sabiduría, lo que le valió ser pronto liberado y bautizado como Giovanni Leone di Medici, aunque pronto todos comenzaron a llamarle León el Africano. Poco después, el propio Papa le encargaría la redacción de una obra en la que volcara todo su conocimiento y experiencias sobre África, que tituló “Descripción de África y de las cosas notables que en ella se encuentran”. Precisamente fue entre las líneas de este libro donde, 450 años después, hurgaría Amin Maalouf para dar cuerpo a su novela. Y es que, salvo las notas autobiográficas de la “Descripción de África”, poco más se sabe de León el Africano, de quien se cree que tras residir unos años en Bolonia, Nápoles y Florencia, volvió a Túnez donde se convirtió de nuevo al Islam.
Maalouf, él mismo a caballo entre lo occidental y lo oriental, conocedor del árabe pero que escribe en francés, era la persona más indicada para escribir este libro en 1986, en cuya introducción hay toda una declaración de intenciones: “Por boca mía oirás el árabe, el turco, el castellano, el beréber, el hebreo, el latín y el italiano vulgar, pues todas las lenguas, todas las plegarias me pertenecen. Mas yo no pertenezco a ninguna. No soy sino de Dios y de la tierra, y a ellos retornaré un día no lejano”. El novelista y ensayista libanés afincado en Francia Amin Maalouf, una de las voces más importantes de la literatura árabe, que antes que escritor fue periodista, es autor de obras como "León el africano", "Samarkanda" o "Los jardines de luz" y está en posesión de numerosos premios, entre ellos el Goncourt o el Maison de Presse y el reciente premio Príncipe de Asturias. Es uno de los escritores que más atención ha prestado a la cultura mediterránea. Entre sus últimos trabajos figura "El desajuste del mundo. Cuando nuestras civilizaciones se agotan", un ensayo en el que aboga por la universalidad de los valores y el respeto a la diversidad de las culturas.
Amin Amin Maalouf (Beirut, 1949), nos presenta a León el Africano como el símbolo de una etapa de coexistencia y como arquetipo de identidad heterogénea "por la forma serena de vivir sus diferentes vínculos, de navegar sin odio entre los distintos países, religiones y lenguas, así como por su voluntad de servir de lazo de unión entre el norte y el sur del Mediterráneo, de ser un "traductor" en el sentido más completo del término, es decir: un transmisor de conocimientos". Durante la época de crisis en que dos grandes imperios pugnan por la supremacía en el Mediterráneo, un hombre nacido en Granada poco antes de la caída de la ciudad en manos cristianas vive una aventura extraordinaria, uniendo en su experiencia Oriente y Occidente, el mundo cristiano y el islam. La fecunda imaginación de Amin Maalouf nos guía a través del portentoso periplo que entonces inicia quien acabará siendo conocido como "León elAfricano": exiliado en Fez, como tantos árabes andaluces, Hasan, hijo de Mohamed el alamín, conocerá la misteriosa ciudad de Tombuctú y los quince reinos negros que separan el Níger y el Nilo, El Cairo y Constantinopla, y, finalmente, la fascinante Roma del Renacimiento,antes de encontrar sosiego, después de numerosos avatares, de regreso en su continente natal...".

Es extracto y compendio de otras reseñas:
html/colecciones/memoria/leon.htm+leon+el+africano+amin+maalouf&cd=16&hl=es&ct=clnk&gl=es

miércoles, 9 de junio de 2010

Raymon Carver: Tres rosas amarillas. (homenaje a Chejov)

“... Tres rosas amarillas” fue el último libro publicado por el escritor estadounidense Raymond Carver (1939-1988), compuesto por seis cuentos entre los que destaca el que da título a éste volumen y que narra las últimas horas de vida del gran cuentista y dramaturgo Antón Chejov, autor por el que Carver sentía una gran admiración. Carver tardó aproximadamente dos años en escribir y reescribir el relato mientras la muerte lo iba cercenando. La paradoja se hacia presente: Carver narraba la muerte de Chejov (1860 - 1904) al mismo tiempo que él se iba consumiendo lentamente. Así, en la medida que su propio personaje - escritor vivía su agonía: el autor del escritor moría su propia vida. La simbiosis literaria lograba su cometido: enlazar a dos maestros de la escritura en un mismo sentimiento.
Dotado de un apreciable escepticismo y resentimiento, el estadounidense Raymond Carver, publicó varios libros de cuentos y muchos de sus relatos aparecieron en periódicos y revistas. Fue un icono de la literatura norteamericana y considerado el padre del “realismo sucio” por los temas que trataba en sus historias, aparentemente triviales, y protagonizadas por personajes de las clases más desfavorecidas; siempre seres grises, perdedores, desesperanzados. Su estilo literario es considerado minimalista por la falta de adornos estilísticos y la economía en las palabras; es un narrador imparcial que “muestra” más que “cuenta”, por medio de frases breves, frías y cortantes que causan un gran impacto en el lector.
“Tres rosas amarillas” es un cuento diferente que se sale de su estilo habitual: es el único del libro escrito en tercera persona y el más emotivo. Carver , en ésta ocasión, se implica en la historia, quiere que la vivamos con él como si nos encontráramos en las habitaciones de Chejov en el balneario y fuésemos testigos de lo que allí ocurre. Se recrea en los sentimientos de los personajes y en los detalles hasta el punto de que el corcho de una botella de champagne o un jarrón con tres rosas amarillas se convierten en ideas obsesivas y tremendamente visuales que dejarán una huella duradera en la mente del lector. Da la sensación de que Carver se siente personalmente afectado por la muerte del célebre autor ruso y desea, con este cuento, rendirle un sentido homenaje. Para Carver, la muerte no estaba en los relojes que usaban aquellos comensales, amigos de Chejov, sino en la tinta, cuando él escribía sobre sus últimos días, era como si la vida le diera la oportunidad de escoger su propia muerte, una muerte eminentemente literaria: la mejor muerte para un escritor. Sin embargo, Carver pudo modificar la de su admirado amigo ¿Qué mejor muerte se puede ofrecer si no es bajo el sabor de las burbujas de una deliciosa copa de champaña?. Carver es capaz de aunar en unas pocas páginas la fuerza de la escena de la muerte de tan gran escritor con la importancia que el autor americano daba a las naderías, en este caso un tapón de botella de champán tirado por el suelo y un jarrón con tres rosas amarillas que no sabe dónde colocar el joven camarero al que Olga, esposa de Chejov, le habla de la muerte de su marido y le pide que vaya a la funeraria y encargue todo para el sepelio pero que lo haga con muchísima cautela pues no desea llamar la atención. El camarero, más preocupado por el corcho, o las rosas, no es capaz de entender la naturaleza del recado ni la importancia ni la grandeza del hombre que yace muerto en el cuarto contiguo..."
Es extracto y compendio de otras reseñas

lunes, 31 de mayo de 2010

Carmen Laforet: Nada.

"... Nada de Carmen Laforet (1921-2004) es una novela en forma autobiográfica que aparece en el panorama literario español en el año 1944, para ser galardonada, este mismo año, con el primer premio Nadal. Considerada tradicionalmente un ejemplo de tremendismo, fue analizada también dentro del marco de la novela existencialista, del llamado Bildungsroman (o novela de aprendizaje), o incluso del neorromance. Nada viene a ser la primera novela escrita por una mujer que constituye una antítesis de la literatura rosa. Empleando la técnica narrativa de la rememoración, la autora nos presenta una visión directa de la sórdida realidad de aquel momento, sin tratar de embellecerla. Andrea, la protagonista, llega a Barcelona para estudiar Letras. Las ilusiones que conserva acerca de esta ciudad chocan inmediatamente con el ambiente de tensión y de emociones violentas que reinan en la casa de su abuela. La imagen de este sórdido microcosmos familiar, poblado de seres extraños y apasionantes, despierta claras alusiones, tanto al conflicto mismo, como a las secuelas que este ha dejado en la sociedad española. Cualesquiera hubiesen sido los aspectos que influyeron en Carmen Laforet a la hora de escribir Nada, lo que presenta allí es un retrato complejísimo de una adolescente a la que le tocó entrar en la madurez en las circunstancias difíciles e inestables de la España de aquel momento. El elemento de rebeldía y la preocupación por mostrar el interior femenino en toda su complejidad sitúa a Carmen Laforet en la tendencia trazada por autoras como George Sand, Gertrude Stein, Simone de Beauvoir o Virginia Woolf. Ramón Sender, en su articulo titulado "Carmen Laforet en inglés", escrito con ocasión de la publicación de la primera traducción de Nada al inglés nos dice que la novela, nos muestra su jardín secreto sin impudicia y sin falso recato. Nos muestra la sutil complejidad de un alma femenina que pasa por la vida con su sensibilidad alerta y una enorme curiosidad intelectual. Y nos cuenta lo que siente y lo que piensa. Y también (antes que nada) lo que ve. Otro rasgo con el que describe Ramón Sender la narración en Nada es el lirismo, tradicionalmente considerado algo propio de toda literatura escrita por mujeres. El sentido lírico en la novela se manifiesta, como argumenta Sender, en las descripciones del paisaje que llegan a ser una proyección del estado de ánimo de la protagonista.
 Nada es una novela de carácter existencialista en la que Carmen Laforet refleja el estancamiento y la pobreza en la que se encontraba la España de la posguerra. La escritora supo transmitir con esta obra, escrita con un estilo literario que supuso una renovación en la prosa de la época, la lenta desaparición de la pequeña burguesía tras la Guerra Civil. La novela de Carmen Laforet, galardonada con el primer premio Nadal, suscitó un enorme entusiasmo en una gran parte de la crítica literaria de aquel momento. Autores del rango de Azorín o Juan Ramón Jiménez mostraban su asombro tanto por la calidad del libro, como por la escasa edad de su autora. Parecía increíble que una muchacha de tan sólo 23 años lograse expresarse con tanta madurez. Se destacaban tanto el valor de la novela como testimonio de la difícil realidad de aquella época, como la extraordinaria sensibilidad de la joven autora en la recreación de una voz femenina, hecho por el que se la llegó a comparar con Emily Brontë en Cumbres Borrascosas.
La novela llega a crear una atmósfera tan asfixiante que consigue traspasar el papel y llegar al lector. Cuando en el ambiente opresivo de esta casa oscura, cerrada, sucia y maloliente, en esta especie de microcosmos, a alguno de los personajes se le pregunta qué le pasa, qué piensa, qué siente, con frecuencia se obtiene la misma respuesta: "nada". Carmen Laforet se adelanta a su tiempo con una prosa intimista y fotográfica, en la que se describe perfectamente la Barcelona de la época. La autora utiliza para ello recursos propios del impresionismo. Como muestra de estos recursos impresionistas, en Nada predomina la descripción. La protagonista se fija en todo aquello que le rodea a su llegada a Barcelona; transmite una visión totalmente subjetiva, ya que no describe los objetos tal y como son, sino que lo hace como ella los percibe, aportándonos sus sensaciones y emociones. Afirma Rosa Navarro, catedrática de literatura, que es representativo el gran número de veces que la autora utiliza el verbo "parecer". También, sintagmas como "tener la impresión" , "tener la sensación" o similares aparecen abundantemente en la novela. Además, una de las formas retóricas más repetidas en la obra es la comparación.
La obra se desarrolla en Barcelona, lugar donde la joven Andrea, de tan sólo 18 años, entusiasta, inocente y con gran afán de superación, decide que transcurra su próximo año en la Universidad. Pero lo que para ella supone un cambio de vida excitante resulta un completo desengaño, ya que a partir de entonces habrá de sufrir angustiosas situaciones que la conducirán a su madurez. Andrea hubo de enfrentarse a la sociedad burguesa y conservadora de los primeros años de la posguerra, sometida al franquismo y cargada de hambruna, en la cual las mujeres no tenían derecho a desear, ni tan siquiera a superarse, sino que habían de reconocerse como puros objetos destinados únicamente a la maternidad. Lucir luto tras la muerte de un ser querido era la norma entre las mujeres, y el suicidio estaba considerado como un acto despreciable, ya que era impropio de un cristiano atentar contra su vida. Andrea vivía alternando diariamente dos espacios razonablemente dispares: por un lado, la casa familiar en la calle de Aribau, en la cual reinaban la violencia y el hambre; por otro, la Universidad, plena de entretenimiento, compañerismo y gozo, necesarios para evadir y reducir su angustia.
En cuanto al estilo la crítica elogió en “Nada” el estilo sobrio y sencillo de su prosa, asociándolo a la juventud de la autora. Sin embargo conviene matizar el aserto anterior, ya que hay numerosas imágenes que muestran una deliberada voluntad de conseguir un efecto estético. Hay unas imágenes de índole impresionista para presentar la ciudad, sus calles, edificios, que deslumbran a Andrea; pero cuando se describe el interior de Aribau se recurre a técnicas expresionistas, de distorsión de la realidad. La estética del feísmo permite a la escritora construir una atmósfera asfixiante que simboliza el empobrecimiento de la familia y su degradación moral y su nula esperanza de futuro. Miguel Delibes en su artículo “Una interpretación de “Nada” dice: “Nada” es pesimista, pero no desesperanzada y señala como principal mérito de la novela: “la experiencia de incorporar al lector a la creación(…) y continúa: es, quizá el primer chispazo de renovación formal ofrecido por la novela española..."

Es extracto y compendio de otras reseñas:

miércoles, 26 de mayo de 2010

Alberto Manguel: Una historia de la lectura.

"... Lector apasionado y reconocido ensayista y novelista, Alberto Manguel ( Buenos Aires, 1948) ha escrito un libro único en su tipo, que combina una sólida investigación con todo el sabor de los grandes relatos. ‘A History of Reading’ es una obra compuesta por 22 capítulos distribuidos en cuatro bloques. Con convincentes y reveladores argumentos nos muestra la importancia del lector y su acto de leer, pues considera que en toda creación escrita (literaria o no) el lector es el destino y la vez su origen. Nos invita a ser lectores , comprometidos y reivindica la acción privada de leer, no sólo como herramienta de saber, sino sobre todo como acto de poder y rebeldía. De hecho, en el primer capítulo del libro Manguel manifiesta qué supone para él la lectura con una afirmación tajante: "Quizá pudiese vivir sin escribir. No creo que pudiera vivir sin leer". Además, el autor bonaerense recorre toda la historia de la lectura: desde las primigenias tablillas de arcilla sumerias hasta el CD-Rom, pasando por los antiguos escribas, los monjes de la Edad Media o la revolución Gutemberg. Lectores de todos los tiempos nos guían a través de estas páginas: san Ambrosio, que fue uno de los primeros en aprender a leer en silencio; Diderot, que creía en los poderes terapéuticos de las novelas 'picantes'; las damas de la corte japonesa del siglo xi, que escribían ellas mismas los textos que querían leer; Colette, que leía en la cama para protegerse del bullicio social; Stevenson, que no quería aprender a leer para no privarse del placer que le producían las lecturas de su niñera; Borges y su gusto por convertir a cualquiera persona cercana en su herramienta de lectura. ‘Una historia de la lectura’ no es sólo un ensayo. También se trata, en parte, de una historia novelada y un compendio de saber al que acudir como obra de referencia. Alberto Manguel une la historia, la psicología, las ciencias sociales, la autobiografía y el saber popular para ofrecer un retrato a través del tiempo y el espacio de esa figura elusiva y cambiante que ha contribuido a dar forma a nuestra civilización. En su recorrido aparecen lectores imaginarios (Don Quijote, Madame Bovary), ilustres (Séneca, Voltaire, Benjamín), anónimos; están los que, como Borges y Stevenson, se hacían leer por otros; los que leen para vivir y los que roban para leer; los que buscan la salvación en la lectura y los que se pierden por ella.
Manguel proclama los valores de la lectura como algo trascendente y reflexiona profundamente sobre la relación casi misteriosa entre el lector y el libro. Por eso inserta afirmaciones como estas : "El que lee no está solo nunca"; "Leer es una manera para el alma de zambullirse en la vida"; "Leer es casi tanto como respirar, es nuestra función esencial" . "El acto de leer. nos dice, establece una relación íntima, física, en la que participan todos los sentidos: los ojos que extraen las palabras de la página, los oídos que se hacen eco de los sonidos leídos, la nariz que aspira el aroma familiar de papel, goma, tinta, cartón o cuero, el tacto que advierte la aspereza o suavidad de la página, la flexibilidad o dureza de la encuadernación, incluso el gusto, en ocasiones, cuando el lector se lleva los dedos a la lengua ”. "Pronto aprendí que la lectura es acumulativa y que procede por progresión geométrica: cada nueva lectura edifica sobre lo que el lector ha leído previamente" .
No cuestiona Manguel la naturaleza creativa del acto de leer, y pone como ejemplo La metamorfosis de Kafka. Mi hija, dice, la leyó a los trece años y le pareció un obra cómica; Gustav Janouch, el amigo de Kafka, la leyó como una parábola religiosa y ética; Bertolt Brecht la leyó como la obra del “único escritor verdaderamente bolchevique”; el crítico húngaro György Lukács, como un producto típico de una burguesía decadente; Borges como una nueva versión de las paradojas de Zenón; la estudiosa francesa Marthe Robert la leyó como un ejemplo del idioma alemán llevado al grado más alto de claridad; y Vladimir Nabokov la leyó (en parte) como una alegoría sobre el Angst adolescente.
Alberto Manguel es, antes que nada, un gran lector. Más allá de sus novelas, ensayos, traducciones y antologías, lo que sorprende de sus textos es una capacidad incalculable para poner en palabras la experiencia de la lectura. Nos dice que leer no es buscar respuestas sino develar preguntas. Descubrir una y otra vez los límites de nuestras interpretaciones al vernos siempre, nuevamente, reflejados en lo que vemos. Cada historia de la lectura debería ser, la historia de cada una de las personas que leen. Porque leer es leerse, relatarse, encontrar en palabras ajenas la descripción de experiencias propias. La lectura se descubre así como una vocación, pero es, a la vez, un deber y una necesidad; un imperativo que se hace cada vez más obligatorio allí donde la autoridad, los discursos arbitrarios y el silencio generalizado le quitan día a día el espacio a la crítica, a la interpretación y a la denuncia. La lectura es un acto subversivo porque invita a leer entre líneas. Y leer entre líneas es lo que necesitamos si queremos conservar el derecho a seguir leyendo.  Leer, dice Manguel, es traducir, descifrar, desmenuzar y examinar, erigirse en inventor, creador, alquimista y adivino de imágenes y palabras frente a las que no deberíamos nunca ser indiferentes.
Alberto Manguel, nació en Buenos Aires en 1948 y se trasladó a Canadá en 1982, donde se hizo ciudadano de ese país tres años después. Ha sido distinguido con numerosos galardones como el título de Caballero de la Orden de las Artes y las Letras (Francia, 1996), el McKitterick First Novel (Reino Unido, 1992), el premio de la Asociación de Escritores Canadienses y el premio Roger Callois (Francia, 2004), entre otros. Actualmente reside en Mondion, Francia, junto a su biblioteca en la que alberga cerca de 50.000 volúmenes . Ha publicado novelas como ‘Stevenson bajo las palmeras’ o ‘La Puerta de Marfil’ y ensayos como ‘Nuevo elogio de la locura’, ‘El diccionario de lugares imaginarios’ y, Una historia de la lectura publicada en inglés en 1996.
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miércoles, 19 de mayo de 2010

Julio Ramón Ribeyro: Los gallinazos sin plumas.


"... Julio Ramón Ribeyro (1929-1994) es un narrador perteneciente a la Generación del 50, un grupo de escritores que buscó una renovación en la narrativa peruana, y que tuvo como tema preferente la descripción de los cambios producidos en la sociedad limeña, que comenzaba a sufrir por esos años un acelerado proceso de modernización. Considerado uno de los mejores cuentistas hispanoamericanos, entre los volúmenes de cuentos que publicó destacan Los gallinazos sin pluma (1955), Cuentos de circunstancias (1958), Las botellas y los hombres (1964), Tres historias sublevantes (1964), La juventud en la otra ribera (1973) y Sólo para fumadores (1987), que fueron reunidos en las recopilaciones La palabra del mudo (4 vols., 1973-92) y Cuentos completos (1994).
Fue en 1955 cuando, gracias al mecenazgo de parientes y amigos en Lima, se publicó el primer libro de Ribeyro: Los gallinazos sin plumas, en una edición económica. Los ocho cuentos de ese libro transcurren en Lima, retratan a las clases populares y se desenvuelven en ambientes sórdidos. Sus protagonistas son seres marginales: recogedores de basura, albañiles, pescadores, empleadas domésticas. El cuento inaugural y que da título al volumen narra el oscuro drama de dos muchachos, Efraín y Enrique, que, explotados brutalmente por su abuelo, don Santos, se dedican a recoger basura de un barrio residencial de Lima para alimentar a un cerdo. Su autor confesó, alguna vez, que mientras escribía este cuento en París, en 1954, él mismo, en su cargo de conserje de hotel, se ocupaba de sacar los cubos de basura a la calle. Es probablemente la obra más conocida de este autor y uno de los hitos en el desarrollo de la narrativa del realismo urbano en el Perú. El cuento retrata la pobreza y la explotación de los niños en Latinoamérica.
Entre las notas destacables del primer libro de Ribeyro, apuntamos su estética realista, la sólida estructura de sus cuentos, y su lenguaje diáfano, fluido y armonioso. Su estilo acusaba influencias de los maestros del género cuentístico como Chéjov y Maupassant. Las fuentes literarias de Ribeyro se encuentran en los cauces del realismo del siglo XIX . A eso se debe, probablemente, que nunca se haya esforzado en ocultar una abierta preferencia por la concepción tradicional de la estructura y el lenguaje narrativos. Dueño de un estilo austero, calificado como tradicional por su afinidad con los modelos clásicos, evitó las técnicas experimentales de la novela moderna. Sin embargo, pese a este aparente conservadurismo formal, sus cuentos fueron una contribución decisiva para consolidar el paso de la narrativa indigenista a la narrativa urbana en el Perú.
Con esta obra, su autor inauguró, junto con otros escritores de su generación (Enrique Congrains Martín, Oswaldo Reynoso, Eleodoro Vargas Vicuña y Carlos Eduardo Zavaleta), la moderna narrativa peruana. Hasta la década precedente había predominado la novela realista, cuyos temas centrales fueron: el mundo andino, la vida del campesino y los problemas agrarios. Surgía ahora una narrativa de temática diferente, que incorporó nuevas técnicas, y cuyo escenario era lo urbano. Ribeyro acostumbra a colocar a sus personajes en situación, primero, de inaprensible desconcierto y, luego, de inevitable asombro. Lo fantástico se desliza casi desapercibido por detrás de escenarios y circunstancias que suelen pertenecer a la vida cotidiana, a una existencia en principio sin sorpresas pero que, en realidad, parece asentarse sobre inesperadas tierras movedizas que la condenan a un permanente, aunque latente, estado de inquietud. Nada es lo que aparenta ser, y lo que es puede dejar de serlo en cualquier instante, por cualquier capricho del azar —o del escritor, quien incita así al lector a jugar con las piruetas de su propia imaginación.
R ibeyro, el más clásico de los contemporáneos, jamás se considero un artista de vanguardia, sino mas bien de retaguardia, no carecía de elementos experimentales y talento rupturista y sin embargo, pese a ser contemporáneo del boom y encontrarse produciendo gran literatura en Francia, durante esa época de efervescencia europea hacia nuestros creadores, se mantuvo al margen, haciendo gala de su timidez y el escepticismo que lo caracterizó. Probablemente ese temperamento escurridizo y esquivo ante la figuración, lo llevo a convertirse con los años, más que en un divo e ídolo dorado, en un consecuente y sencillo hombre dedicado de manera vital, a su quehacer literario. Lector ferviente de Maupassant y Chejov logro como Joyce lo hiciese con Dublín, dar a la Lima de los años cincuenta, un rostro que aún se mantiene vigente, podríamos definir la mirada del peruano hacia sus compatriotas como neorrealista, casi rozando el naturalismo, debido a que sin tapujos, de manera cruda y comprometida, desnudo las problemáticas de aquellos mudos, apaleados por una desmedida e improvisada urbanización: hacinamiento, pobreza extrema en la periferia y abuso de poder, son los ingredientes que sazonan los relatos, Los Gallinazos sin plumas (1954), y Al pie del acantilado (1959), Interior “L” o Mar afuera, sin embargo allí no termina la versatilidad de su voz, observador y estudioso del maestro expresionista Kafka, Julio Ramón añade a sus historias elementos que el Checo plasmo certeramente, al dar inicio a la explotación del absurdo, en contraste con lo anodino de burdas existencias. Además de los grandiosos cuentos, se cuentan tres novelas, un diario y lo más extraño para la critica especializada, dos libros inclasificables o al menos desconcertantes, Los dichos de Luder (1989) colección de frases obviamente dichas por Luder y el llamado Prosas Apátridas (1975). Síntesis de una personalidad esquiva y escéptica, amalgama de ensayo, retórica, poesía en prosa y cuento, todo a la par… sin duda una personalidad basta que merece nuevas y constantes lecturas, diálogos y como él dijese, un compromiso ético, no moralista sino de reflexión con nuestro actuar y pensar. Tajante afirmaba a los cuatro vientos sobre su posición como creador: "Lo importante no es ser cuentista, novelista, ensayista o dramaturgo, sino simplemente escritor" ..."
Es compendio y extracto de otras reseñas:

domingo, 16 de mayo de 2010

Ryszard Kapuscinki: Viajes con Heredoto (literatura de viajes)

“… En Viajes con Heródoto, el reconocido periodista de origen polaco Ryszard Kapuscinki (1932 – 2007), entrega al lector una verdadera clase magistral acerca del sentido y significado del concepto historia. A través de un agudo contrapunto entre los hechos contados por Heródoto en sus escritos del siglo IV A.C. –libro cabecera del periodista- y lo observado de primera mano por el propio Kapuscinski durante sus viajes por el mundo, sumerge al lector en profundas reflexiones relacionadas con el tema de la conservación de la memoria.
 Heródoto sigue las pistas de hechos de gran trascendencia que acaecieron entre cien y doscientos años antes del apogeo de Atenas. Nos narrará la ascensión del imperio de los persas bajo el paso de Ciro, Darío, y su hijo Jerjes que finalmente se enfrentará contra los griegos en el desfiladero de Termópilas, la costa de Salamina y finalmente en Platea. Pero Heródoto no se conforma con narrar batallas, también nos acercará a la cultura de estos pueblos, señalando tanto las diferencias como las semejanzas. Heródoto, para llevar a cabo sus investigaciones, se desplaza allá donde es necesario, habla con personas diversas, compara lo que dicen, y en la medida de sus posibilidades comprueba por si mismo los hechos. Heródoto aunque se forma una opinión y nos la muestra, no juzga si no que se plantea preguntas, las plantea a los lectores, a su auditorio, para que éste debata y reflexione. Este método tan sencillo es el que Kapuscinski pone en práctica 2500 años después para ejercer su labor de reportero.
  Viajes con Heródoto de Ryszard Kapuscinski es un extraño libro en el que las realidades y los tiempos se superponen y narra un viaje, el del aprendizaje de Kapuscinski alrededor del mundo de la segunda mitad del siglo XX, un mundo dividido en Este y Oeste, un mundo difícil de entender y al mismo tiempo, superpuesto a ese viaje, el que realiza el mismo autor de la mano de Heródoto por las épocas más antiguas de las que se tiene constancia. Kapuscinski a lo largo de sus años como reportero a veces requiere evadirse de los hechos repetitivos, sanguinarios, y hasta absurdos que contempla. Necesita una huida de ese provincianismo espacial y temporal. En esos momentos echa mano a las páginas de Historia de Heródoto, mantiene por así decirlo una amistad intemporal con el viejo griego de Halicarnaso, con el cual creé compartir cierta mirada del mundo. Tal como él dice, probablemente Heródoto es el primer globalista de la historia. Pero su propia naturaleza de hombre que se hace preguntas le hace cuestionarse el sentido de la vida de éste viejo y su propio refugio en la historia. La idea de cruzar la frontera alcanza también un sentido alegórico en el libro. Cruzar la frontera es salir al encuentro con la llamada otredad, con el conocimiento y reconocimiento del otro, en tanto realidad latente, palpable, inevitable. Herodoto quiere saber quienes son en definitiva los persas, esos otros con quienes las guerras se sucederán durante cincuenta años, en las llamadas Guerras Médicas. Kapuscinki, proveniente de un mundo también cerrado, la Polonia comunista, también ansía descubrir a esos otros que bordean los contornos de su nación. Esta idea de Kapuscinki alcanza el nivel metafórico, y por eso el libro supera en mucho las expectativas de un simple libro de reportajes
Viajes con Heródoto’ es un estupendo homenaje a uno de los padres de la historiografía.  Kapuscinski, siempre preocupado por el tema de la comprensión y la tolerancia de lo diverso, no puede sino entusiasmarse ante la receptividad del historiador. Así cita frecuentemente al griego, lo comenta, se pregunta por lo que ha omitido en su narración, se sorprende ante eventuales incongruencias. Sus glosas rebosan admiración pero también curiosidad e inquietud. Entremezclados con los comentarios al clásico helénico van algunas de las experiencias del reportero. El texto, último de los compuestos por Kapuscinski, se adelanta y retrocede en el tiempo según el diapasón de los recuerdos de su autor.
Desde su atalaya, Kapuscinski nos va contando lo que ve, como Heródoto, y lo que le cuentan, pero sobre todo, las sensaciones que le produce la inmensa India, en donde se encuentra varado porque en esas fechas Nasser había cerrado el Canal de Suez; los atuendos igualitarios y tristes de la China de Mao, la comparación entre Pekín y Shangai (lo viejo y lo nuevo), la espectacular Gran Muralla, símbolo del aislamiento chino ante Occidente; las miradas de las mujeres tras el chador en el Irán de Jomeini; el increíble concierto de Louis Armstrong ante una multitud silenciosa en Uganda; el Congo, recorrido con el recuerdo de Conrad; su maravillado descubrimiento de un amanecer ante una Persépolis vacía, silenciosa, inmensa, mientras recordaba las palabras de Heródoto sobre los persas e imaginaba lo que puda sentir Alejandro en aquel mismo lugar. Pero a la vez, Kapuscinski nos lee a Heródoto. Nos traslada fragmentos de las guerras de griegos contra persas, los conflictos de los griegos entre sí, las distintas dinastías persas y todo tipo de anécdotas, algunas terribles, verdaderamente dramáticas. Y nos hace ver la actualidad de las reflexiones del griego, que ve el mundo, ya entonces, dividido en dos: Oriente (Persia, Asia) y Occidente (Grecia, Europa)..."
Es extracto y compendio de otras reseñas:

lunes, 10 de mayo de 2010

Gioconda Belli: Apogeo. (literatura feminista)

DESAFÍO A LA VEJEZ


CUANDO YO LLEGUE A VIEJA
-SI ES QUE LLEGO-
Y ME MIRE AL ESPEJO
Y ME CUENTE LAS ARRUGAS
COMO UNA DELICADA OROGRAFÍA
DE DISTENDIDA PIEL.
CUANDO PUEDA CONTAR LAS MARCAS
QUE HAN DEJADO LAS LÁGRIMAS
Y LAS PREOCUPACIONES,
Y YA MI CUERPO RESPONDA DESPACIO
A MIS DESEOS,
CUANDO VEA MI VIDA ENVUELTA
EN VENAS AZULES,
EN PROFUNDAS OJERAS,
Y SUELTE BLANCA MI CABELLERA
PARA DORMIRME TEMPRANO
-COMO CORRESPONDE-
SÉ QUE TODAVÍA MI CORAZÓN
ESTARÁ -REBELDE- TICTAQUEANDO
Y LAS DUDAS Y LOS ANCHOS HORIZONTES
TAMBIÉN SALUDARÁN
MIS MAÑANAS.

Gioconda Belli es sinn duda la escritora mas completa de Nicaragua en las últimas décadas. Considerada junto con Ana Ilse Gómez, Claribel Alegría, Vidaluz Meneses, Michèle Najlis y Daisy Zamora (poetas de su generación) como una de las voces femeninas de la literatura nicaragüense pioneras de la poesía revolucionaria. La poesía de Gioconda, ha recibido influencias de José Coronel Urtecho (1906-1994), quien dijo de su poesía ser una versificación sin género definible. Ha sido, a la vez, comparada con Ernesto Cardenal, Ha publicado los siguientes libros de poesía: Sobre la Grama (1974); Línea de fuego (1978); Truenos y arco iris (1982); Amor insurrecto (1984); De la costilla de Eva (1986); El ojo de la mujer (1991); From the Eve´s Rib (1989). Y dos novelas: La mujer habitada (1988) y Sofía de los presagios (1990).
Gioconda pertenece a la generación de poetas que crearon un nuevo estilo de expresión en Nicaragua, un estilo revolucionario de rompimiento con estructuras míticas y creación de otras, gestadas a través de su realidad social. Decidida a rescatar el lugar de la mujer, su obra plasma la incesante búsqueda de la identidad femenina y el encuentro con la conciencia social, a través de la actitud revolucionaria. Con Ernesto Cardenal y Claribel Alegría, inició la renovación de la poesía en su país. Un marcado acento erótico impregna buena parte de su obra, aunque la última producción denota una gran preocupación por los cambios políticos de su patria. Entre los libros más reconocidos, se destacan «La Mujer Habitada» y «El país bajo mi piel».
En un lapso de 28 años, desde los poemas de amor adolescente llenos de sentimentalismo de Sobre la grama, (1970), hasta los de madurez de Apogeo, (1998), la poesía de Gioconda Belli permite ver una identidad femenina en su proceso de concientización. La poesía de "Resistencia" de Belli, escrita dentro del contexto histórico de la revolución nicaragüense, puso gran énfasis en la unión de los nicaragüenses contra la tiranía de Somoza. Sus tres primeros poemarios, Sobre la grama (1970), Línea de fuego (1978) y Truenos y arco iris (1982) mostraban un elemento en común, que era la conceptualización del amor de pareja como una metáfora multivalente que representaba la unidad socio-política y de género en oposición a la tiranía. El énfasis que tuvo la revolución política en los poemarios anteriores se desplazó en La costilla de Eva al de la revolución necesaria en las relaciones de género. Esta nueva 'revolución' se inició con una autocrítica del yo femenino, por la cual reconocía problemática la óptica de excesivo idealismo con el que hasta ahora había contemplado las relaciones de amor. Otro elemento novedoso dentro de La costilla de Eva, por el cual Belli modificó el modelo tradicional "Mujer" fue la reconceptualización del papel de la madre, para quien ella ensanchó el espacio tradicional estrictamente doméstico, al más amplio de la solidaridad con otros en las calles y ciudades. Esta madre estaba lista para luchar y también para sacrificar lo más valioso para ella, respondiendo a "ese griterío del pueblo que la llama / y [que] le arranca hasta a sus propios hijos de los brazos." Apogeo, publicado en 1998, once años después de La costilla de Eva, se diferencia de los poemarios anteriores desde su mismo propósito, que es celebrar la etapa madura de la vida de las mujeres. Por lo tanto, se concentra en lo femenino, identificándose la voz con otras mujeres como grupo social en sí. Dentro de estos poemas de madurez, el cuestionamiento del concepto "Mujer" es fuerte y a menudo se da a través de un tono irónico y humorístico, no conocido en la poesía anterior de Belli, y contestatario de ciertas cosas: de la cultura de la juventud que rechaza a las mujeres menopáusicas, --como en "Sabor de Vendimia" y "Menopausia"--; y contestatario de poemas masculinos que tratan cuestiones de amor y de lo femenino, como "Receta de Varón", "Ideal del eterno masculino" y "Nueva teoría sobre el Big Bang."
Apogeo representa la culminación de la concientización feminista del yo poético de Belli por varios aspectos predominantes: por su evaluación y confrontación del modelo "Mujer," y por la posición de Sujeto lograda por el cambio en su relación de poder con lo masculino. El resultado es un yo femenino más libre que se da licencia para el humor, la auto-burla, y que ya no se representa servil por propósitos políticos, eróticos, o de ninguna otra índole.
La poesía de Belli, vista en su totalidad, es un registro fascinante de la trayectoria del yo femenino, con sus conflictos y contradicciones de identidad, hacia una conciencia feminista que partió desde el compromiso e identificación con el proyecto patriarcal de la revolución nicaragüense y que evolucionó para encontrarse a sí misma como mujer independiente de ideologías políticas y de expectativas sociales que antes la limitaban. La trayectoria feminista plasmada en la poseía de Belli puede interpretarse como un retrato bastante genuino de las latinoamericanas de carne y hueso de finales del siglo XX y comienzos del XXI, con sus logros y también con su incansable negociación con lo tradicional y lo moderno de su cultura..."
 Esta recensión es extracto y compendio de otras reseñas que se relacionan:

domingo, 2 de mayo de 2010

Luis Vélez de Guevara: El diablo Cojuelo. (literatura faústica)

" Daban en Madrid, por los fines de julio, las once de la noche en punto, hora menguada para las calles y, por faltar la luna, jurisdicción y término redondo de todo requiebro lechuzo y patarata de la muerte. El Prado boqueaba coches en la última jornada de su paseo, y en los baños de Manzanares los Adanes y las Evas de la Corte, fregados más de la arena que limpios del agua, decían el Ite, rio es, cuando don Cleofás Leandro Pérez Zambullo, hidalgo a cuatro vientos, caballero huracán y encrucijada de apellidos, galán de noviciado y estudiante de profesión, con un broquel y una espada, aprendía a gato por el caballete de un tejado, huyendo de la justicia, que le venía a los alcances por un estupro que no lo había comido ni bebido, que en el pleito de acreedores de una doncella al uso estaba graduado en el lugar veintidoseno, pretendiendo que el pobre licenciado escotase solo lo que tantos habían merendado."


Así comienza el Diablo Cojuelo del sevillano Luis Vélez de Guevara (1579-1664). En esta novela, estructurada en trancos, el hidalgo empobrecido don Cleofás Pérez Zambullo huye de la justicia. Intentando ocultarse acaba en el desván de un astrólogo y nigromante que practica la adivinación y que retiene al diablillo Asmodeo en una de sus redomas. Cleofás libera al diablo y este, agradecido, lo lleva por los cielos levantando los tejados de Madrid, Sevilla y otros lugares, para que el estudiante aprenda las miserias, engaños y nunca dichas verdades de sus conciudadanos: “Y levantando a los techos de los edificios, por arte diabólica, lo hojaldrado, se descubrió la carne del pastelón de Madrid como entonces estaba, patentemente, que por el mucho calor estivo estaba con menos celosías, y tanta variedad de sabandijas racionales en esta arca del mundo, que la del diluvio, comparada con ella, fue de capas y gorras.”
El diablo cojuelo" su única obra en prosa publicada en 1641, puede ser encuadrada dentro del género fantástico, como un eslabón más de la literatura faústica, de la que destacan el Fausto de Goethe y el Maestro y la margarita de Bulkakov. Parangonable al género de la novela picaresca por su temática satírica, ofrece un estilo acusadamente conceptista. Esta simpática e imaginativa trama sirve de apoyo a Vélez de Guevara para dibujar una sátira de la decadente España imperial. El diablo cojuelo inicia la senda de esa deformación cómica o esperpentica de España que tantos escritores cultivaron después. La novela participa plena y claramente del barroco español. En el contenido, porque refleja el desengaño del sueño imperial promovido en el siglo anterior. En la forma, por sus largas frases cuajadas de subordinaciones y paréntesis, neologismos, anfibologías, dobles sentidos, retruécanos, juegos de palabras, elipsis y referencias míticas y culturales.
El «pastelón de Madrid», con su relleno de «sabandijas racionales» desnudas y grotescas, visto por los protagonistas desde lo alto de la torre de San Salvador, al levantar el diablillo el hojaldre de los techos, es una de las imágenes más inolvidables del barroco español. La visión de esa «pepitoria humana de manos, pies y cabeza» va indisociablemente unida a un estilo que explota al límite las posibilidades de la palabra y cuyo desbordamiento de equívocos, símiles y metáforas violentas constituye uno de los grandes atractivos de la novela.
El diablo cojuelo tuvo una versión francesa en Le Diable Boiteux (1707), de Alain-René Le Sage, conocido también por su Gil Blas de Santillana. En los países anglosajones también ha sido conocido Asmodeo como the limping devil. En una de sus primeras manifestaciones periodísticas, la figura del diablo cojuelo sería adaptada por Joseph Addison y Richard Steele en el Tatler (1711) bajo la denominación de Pacolet, demonio ayudante del astrólogo Bickerstaff. Por su parte, Arthur Conan Doyle utilizó el motivo del levantamiento de los techos en la novela de Sherlock Holmes Un caso de identidad. Y así el levantar los techos se utilizó en el discurso literario decimonónico como metáfora de mostrar o exponer.
Al final, el Diablo Cojuelo, perseguido por otro diablo que tiene la orden de devolverle al infierno, es acorralado y se mete de un salto por la boca de un escribano que bostezaba. El perseguidor se lleva consigo a escribano y diablo. .."
Es extracto y compendio de los enlaces que siguen: