viernes, 9 de enero de 2009

Henry James: Otra vuelta de tuerca (el narrador como sujeto y objeto de la narración)

La crítica inicial de 1898, cuando “Otra vuelta de tuerca” se publica, no percibió los excelentes aciertos literarios de la obra. Sin embargo, la escritura de Henry James (1843-1916), que ofrece aquí al lector una intensa descripción psicológica de los personajes, aseguró la vigencia de la obra en épocas posteriores y hoy se acepta unánimemente como una obra de indiscutible valor. Flora y Miles, dos encantadores niños que han sufrido la muerte de sus padres, crecen aparentemente felices en Bly, la propiedad pertenenciente a su rico tío. La llegada de la nueva institutriz, una joven contratada para cuidar de los dos niños, coincide con las inquietantes apariciones de antiguos personajes, fallecidos tiempo atrás en circunstancias extrañas. En la institutriz surge un intenso sentimiento de protección con que se opondrá valientemente a aquellos espíritus fantasmales, que parecen atraer a los niños hacia su extraño mundo. No es una casualidad que carezca de nombre este interesante personaje, penetrado por el misterio y la ambigüedad. La ausencia de un nombre con que referir a la institutriz de Bly en el índice de mitos literarios contribuye a confundir al lector de “Otra vuelta de tuerca”, ayuda a dificultar la decisiones de interpretación de la obra. Innominada, la institutriz parece menos real aún. La decisión del autor se muestra congruente con su propósito: la vida de la institutriz emerge ante la narración como otra realidad incorpórea similar a la de los fantasmas que aparecen en Bly. Otra vuelta de tuerca" supone un giro de 360 º respecto de cuanto se había publicado hasta entonces en materia de fantasmas. Para empezar, porque lo que parece evidente no lo es y lo que resulta inconcebible y alarmante puede ser más cierto que lo estrictamente razonable. Todo depende de quién lea el libro. Esta aseveración es menos baladí de lo que se piensa: James era un crítico literario de enorme prestigio, cuyos ensayos y teorías dotaron de un nuevo prisma a cuanto, desde la literatura, se ponía en marcha. En 1872, había escrito una obra capital, "El punto de vista", en la que argumentaba que el "narrador no sólo es el sujeto, sino también el objeto de la narración". El relato se estructura de manera que el lector pueda llegar a creer o incluso a rechazar la visión de la protagonista, única y unívoca versión de los hechos. La importancia de este dato es realmente crucial, porque determina el verdadero papel de la protagonista en el drama, pasando de víctima perseguida a verdugo involuntario. Como en otros títulos de James (Retrato de una dama, Washington Square, En la Jaula, Las alas de la paloma...) el autor realiza un profundo análisis de una personalidad femenina, en este caso la joven institutriz. Todo lo que leemos - excepto el episodio inicial - está narrado a través de sus ojos. De esto modo, la ambigüedad está servida. La segunda cualidad de la narración enlaza inevitablemente con la anterior: la posibilidad de múltiples lecturas. Imaginemos por un instante el relato narrado desde el punto de vista de los niños. Posiblemente, la trama habría sido distinta y en vez de encontrarnos con una presunta historia de fantasmas, tendríamos un drama en el que unos pobres infantes son torturados por la inconsciente crueldad de una mujer desequilibrada y fantasiosa. Un último apunte interesante: el hecho que James no vuelva al final del relato de nuevo a la sala en donde presuntamente Douglas lee a todos los asistentes el relato de la joven constituye una muestra más de su habilidad cómo narrador. Lo más normal habría sido volver a la casa y que cada uno de los presentes dialogará o polemizará sobre lo escuchado esa noche. Pero James prefiere que sea el lector quién tenga la última palabra. El diálogo en todo caso debe producirse entre los distintos lectores de la obra una vez concluida. http://es.wikipedia.org/wiki/Henry_Jameshttp:/ www.fantasymundo.com/articulo.php?articulo=813 http://www.bibliotecasvirtuales.com/biblioteca/otrosautoresdelaliteraturauniversal/HenryJames/otravueltadetuerca.asp http://www.vidasdelibro.com/Personajes/LB_009_Bly.html http://www.literalia.es/article87.html

Giorgio Manganelli: Centuria. Cien breves novelas- ríos ( la técnica del microrelato)

Para Jorge Herralde el primero de los cuatro libros de Manganelli publicados en la editorial fue uno de los más accesibles, Centuria (PN 16), con un subtítulo memorable y engañoso: Cien breves novelas-río. Pero que el lector no se confunda: no encontrarán ahí cien miniaturas, cien novelas bonsái o cien barquitos dentro de una botella, sino cien historias a menudo enigmáticas y esquivas. Eso sí, breves. Y fulgurantes. Literatura en estado puro. Efectivamente los cien microtextos que configuran el libro (Anagrama) pueden considerarse novelas plenas, aun en su brevedad. Personajes anónimos se mezclan con relatos de una fantasía desbordante. Madres que paren esferas, un unicornio en una parada de autobús, etc...Se trata de un libro de lectura lenta porque cuesta desconectar de una novela a otra. La técnica es envidiable. Así como el sinfín de retratos humanos que corren a lo largo de las páginas. Realmente lo considero de una influencia devastadora; demostración palpable de la infinitud de la literatura. Fernando Valls pondera que es una colección de argumentos y a la vez una formidable colección de relatos breves. O una propuesta de novelas-río. Y se pregunta: ¿Cuántos caracteres, cuántas líneas, debe tener un microrrelato? Quizá sea ésta la pregunta que más veces me hayan formulado en los últimos años, en las clases, en conferencias y ahora aquí, en el blog. Valls opina que la cuestión no habría de plantearse en esos términos, y -sobre todo- se trata de una pregunta que un narrador no debería hacerse nunca. Opino que los autores urden sus textos al calor de sus necesidades, y buscan adoptar la forma más adecuada, sea poema, aforismo o microrrelato, en relación con lo que deseen contar. Hallar esa forma precisa, esa dimensión adecuada, para desarrollar su historia, constituye, pues, una de las diversas tareas a las que se enfrenta y que habrá de solventar de la mejor manera posible. Sin embargo, el microrrelato, al igual que el cuento, no se define a partir de su brevedad, que también (no existen microrrelatos de cinco páginas, ni cuentos de ochenta, se diga lo que se diga), sino por medio de la radical intensidad y precisión con que se cuenta la historia. De todas formas, y como mera indicación caprichosa, sin más valor, a mí me gusta decir- señala Valls- que el microrrelato debería ocupar, como máximo, la extensión de una página, para poder visualizarse de un solo vistazo, como si mantuviera ciertos rasgos de la poesía visual. No en vano, quizá sea el poema el género del que más cerca se halle, al compartir ambos numerosos efectos y procedimientos retóricos. http://www.epdlp.com/escritor.php?id=2695 http://es.wikipedia.org/wiki/Giorgio_Manganelli http://209.85.229.132/search?q=cache:O3Srea2vDfsJ:ladoctaignorancia.blogspot.com/2007/04/centuria-giorgio-manganelli.html+manganelli+novelas+rio&hl=es&ct=clnk&cd=9&gl=es&lr=lang_es http://www.elpais.com/articulo/cultura/MANGANELLI/_GIORGIO/ITALIA/Fallece/escritor/Giorgio/Manganelli/autor/B/elpepicul/19900529elpepicul_8/Tes/
http://209.85.229.132/search?q=cache:tlfkSgXn91QJ:elojoenlapaja.blogspot.com/2008_02_01_archive.html+manganelli+novelas+rio&hl=es&ct=clnk&cd=91&gl=es&lr=lang_eshttp://209.85.229.132/search?q=cache:IESDCYjHlIkJ:antoncastro.blogia.com/2008/081401-las-dimensiones-del-microrrelato.-por-fernando-valls.php+manganelli+novelas+centuria+rio&hl=es&ct=clnk&cd=14&gl=es&lr=lang_es

jueves, 8 de enero de 2009

John Dos Passos: Manhattan Transfer (la técnica del collage)

"... John Dos Passos, novelista y periodista estadounidense, alcanzó relieve internacional con su novela “Manhattan Transfer” (1925), en la que utiliza la técnica de secuencias breves, en las que yuxtapone las historias de decenas de personajes. Es un mosaico de las gentes del New York de la época en que escribe. Es un claro testimonio de la influencia de la narración disociativa, recombinatoria, fragmentaria, que define la técnica cinematográfica de aquellos años.
Manhattan Transfer narra fragmentos de la vida de una amplísima galería de personajes que tienen como denominador común el espacio y el tiempo en el que se mueven, el Nueva York de los años veinte. El hecho de que los personajes representen las más diversas capas sociales (trabajadores portuarios, camareros de grandes hoteles, prostitutas, traficantes de alcohol, abogados, sindicalistas...) y las más alejadas procedencias (franceses, irlandeses, caribeños, etc.) confieren a esta obra el carácter monumental retrato de una ciudad. La técnica literaria de collage, que en su momento fue un auténtico hallazgo, sigue funcionando a la perfección y es una de las causas principales de que se considere ésta como la mejor de las novelas de Dos Passos.
Al igual que La Colmena (1951) de Camilo José Cela, la obra de Dos Passos destaca por yuxtaponer las historias de decenas de personajes y por ser la primera novela en sustituir la duración lineal clásica por la duración múltiple con lo que consigue así dar cuenta del mencionado efecto de simultaneidad. En esta línea, Darío Villanueva ha señalado la novedad que supone la distribución del relato en secuencias. De tal forma, «mediante una meticulosa labor de montaje que nos recuerda la técnica fílmica, al intercalar breves narraciones de lo que va sucediendo al mismo tiempo a personajes diversos en lugares diferentes, se nos sugiere con eficacia que lo que leemos obligadamente en progresión corresponde en realidad a un mismo instante. Entre las distintas manifestaciones artísticas que permiten dar respuesta a esa simultaneidad aparece el Expresionismo, uno de los hallazgos más importantes de toda la estética moderna . Los nuevos movimientos de vanguardia surgen precisamente para dar respuesta formal al cambio de actitud que vive el primer cuarto de siglo. Así, como la experiencia artística es compartida, es posible encontrar indudables elementos en común entre las literaturas que encarnan autores como Valle-Inclán y Dos Passos. En este sentido, obras tan afines a Manhattan Transfer como The Waste Land de Eliot19, los Cantos de Pound o Tirano Banderas de Valle-Inclán, también dan testimonio de la señalada influencia de la narración disociativa y recombinatoria que define la técnica cinematográfica de aquellos años. Paralelamente, este cambio estético plantea a su vez la necesidad de romper con las unidades tradicionales para dejar -avant la lettre- la obra abierta, de tal modo que al escritor que siente el fluir de esa nueva sensibilidad ya no le importa que las historias tengan principio ni final, pues ello significaría falsificar la realidad. Ahora bien, esta «profunda modificación en la óptica del escritor de nuestro siglo»20 que señala Umbral muestra distintas realizaciones formales. Valle-Inclán opta por la creación de un recurso que le permita dar cuenta del período que le ha tocado vivir, esto es, el Esperpento. Dos Passos prefiere, en cambio, la creación de un espacio único como escenario que muestre el mencionado signo de los tiempos, o dicho en otras palabras, la novela sin protagonista único. No obstante, ambas comparten por entero dos de sus características fundamentales como son, por un lado, el Expresionismo (esperpento o visión deformada y caricaturizada del mundo vista desde un plano superior); y por otro, la técnica cinematográfica (simultaneidad, descripciones y punto de vista fílmicos). A su vez, se observa cómo impregnan sus obras con la voz del pueblo, de tal forma que se hace imposible no hablar del profundo coloquialismo de su lenguaje. Valle-Inclán, sentado en una de las plazoletas del Retiro donde escribía sus esperpentos, encontró las expresiones que le han caracterizado. Dos Passos opta por el ambiente y jerga portuarios que adopta en la creación de Manhattan Transfer. En este sentido, su importancia es fundamental; muestra de ello es la reflexión de Cesare Pavese, traductor de Dos Passos al italiano, donde apunta que «para escribir la verdadera historia de la lengua norteamericana vulgar hay que detenerse en nombres como los de Walt Whitman, Mark Twain, O. Henry, Sherwood Anderson y John Dos Passos». " Es extracto y compendio de otras reseñas:

miércoles, 7 de enero de 2009

Ricardo Piglia: El último lector. (una reflexión sobre la lectura)

¿Qué es un lector? pregunta Piglia, y él mismo nos responde: "La pregunta qué es un lector es, en difinitiva, la pregunta de la literatura".Ricardo Piglia parece ser un escritor para escritores y esto puede ser cierto, pero creer que es un escritor que escribe sólo para y sobre escritores es cometer un error. Tal como sostener que Piglia es un crítico. Quizás lo es, pero es de aquellos pocos que entienden la crítica como un acto creativo y, sobre todo, autobiográfico. Y por eso El último lector, su último libro, es, como dice al final, "acaso el más personal y el más íntimo de todos los que he escrito". Piglia incluye en su entretenidísima novela-crónica-memoria "que parece un ensayo" a personajes-lectores como el Quijote, el detective Phillip Marlowe o Anna Karenina. Escribe sobre el acto de leer en vez del acto sobre escribir. Piglia explora lo que le ocurre al lector, ya sea este real (como aquel que lee El último lector) o aquel que lee "una novela inglesa" arriba de un tren (como sucede con Anna Karenina). Piglia se detiene en el tipo de mirada, en los pensamientos que se tiene mientras se lee y descubre que, para la mayoría de estos personajes, y para algunos de estos escritores (como Kafka), leer no es más que una adicción. Una adicción que te ayuda a escapar, a evadirte, a sentirte más acompañado. La cuestión final para el autor de Respiración artificial es simple, pero no es menor: ¿qué se siente cuando se lee?. En apariencia el mismo título, El último lector, induce a un cierto equívoco, porque parece inducirnos a la extinción de la lectura, de la que se salva la novela. Piglia, en efecto, es novelista. Apenas si utilizará modelos poéticos o teatrales, pese a que el título procede de un poema de Oliver Wendell Holmes y en una ocasión especula sobre una actriz decimonónica raptada por los indios en la frontera argentina que probablemente recordaría en su cautiverio parte del repertorio en el que figuraría el Otelo shakesperiano. El prólogo mismo puede entenderse como un relato creativo y simbólico. Un hombre del barrio bonaerense de Flores ha construido en tamaño reducido la capital y muestra su obra, aunque siempre a un solo espectador. Respondería al arte como “una forma sintética del universo, un microcosmos que reproduce la especificidad del mundo”. Parece una fórmula borgeana, pero es que el libro de Piglia sería inconcebible sin un Borges previo, al que alude y del que se sirve a lo largo del libro.La materialización de esta idea tiene que ver con al realidad y su reproducción (no con el realismo) y con la ciencia-ficción (se trata de una máquina sinóptica en la que “lo real no es el objeto de la representación sino el espacio donde un mundo fantástico tiene lugar”). A continuación, partiendo de una lógica cartesiana, Piglia se pregunta por la naturaleza del lector y recuerda una fotografía de Borges “que intenta descifrar las letras de un libro que tiene pegado a la cara”. Kafka y Joyce le permiten analizar el significado actual de la lectura. De hecho, la descubre en Cervantes, dispuesto a leer cualquier papel que encontraba en la calle. Lo fragmentario acaba convirtiéndose en una experiencia compartida en Finnegans Wake, el texto de Joyce que alcanza el límite del lenguaje.También la lectura puede entenderse como droga, enfermedad (Proust, Artl, Flaubert). El último lector no es una obra de sociología literaria, sino que analiza, desde los textos, cómo se enfrenta cada uno a la lectura, y cómo el lector aparece en el seno de la misma evolución literaria. En El Quijote sólo una vez contemplamos a su protagonista leyendo. Está enfrascado en el de Avellaneda cuando Cervantes, posiblemente, ya andaba escribiendo su Segunda Parte. El primer ensayo trata de la obra de Borges que permite variados modelos de lector y finaliza en el “caso Hamlet”, donde se descubre “la interioridad”. Sigue Kafka, el de las cartas a Felice Bauer, que rastrea. Hay una lectura oral, otra copista (“Pierre Menard”). Nos introduce más tarde en la novela policíaca. Será célibe, libre, excluido. De este modo “puede ver la perturbación social, detectar el mal y lanzarse a actuar”. El siguiente capítulo trata de Che Guevara, quien descubre en uno de los personajes de London “el modelo de cómo se debe morir”. La lectura en Anna Karenina, el penúltimo capítulo, está en función del ferrocarril, el progreso tecnológico. “Frente al malestar de sus propias vidas, las mujeres que leen (Anna Karenina, Madame Bovary, Molly Bloom) encuentran otra vida posible en la infidelidad”. La lectura interrumpida es otro tema que le permitirá enlazar a Tolstoi con Cortázar. Brillante es el análisis de Robinson Crusoe, “la inversa de don Quijote”. El último de los “ensayos” se centra en el Ulysses.Quien se aventure en el libro de Piglia no va a perderse. Andará por insospechables caminos, acompañado de un lector lúcido, atento, imprevisible. Convierte el análisis crítico en una emocionante aventura, en otra forma narrativa. Porque “el último lector” somos nosotros. http://74.125.77.132/search?http://laarquitecturadetushuesos.wordpress.com/2008/07/27/el-ultimo-lector-ricardo-piglia/q=cache:wHvVX_cro7AJ:www.clarin.com/suplementos/cultura/2005/06/04/u-988852.htm+piglia+el+ultimo+lector&hl=es&ct=clnk&cd=1&gl=es

martes, 6 de enero de 2009

Bohumil Rhabal: Yo que he servido al rey de Inglaterra

Obra maestra checa de Bohumil Hrabal (1914-1997), digno heredero de quien se puede considerar el fundador de la narrativa checa moderna, Jaroslav Hašek (1883-1923). El narrador es un camarero cuyo jefe sirvió en su momento al rey de Inglaterra. El texto es de una frescura sorprendente y espectacular. Cada capítulo comienza con una frase como: "Prestad atención a lo que os voy a contar". Como todos los pícaros, Ditie es un personaje con el que el lector no tarda en identificarse; pero no sólo se trata de un Buscón clásico, sino que conserva una inocencia y un modo poético de enfrentarse a la vida, tanto a los reveses como a los golpes de buena suerte, que es el gran hallazgo de esta novela, por lo demás originalísima. Sobre el aspecto formal, es de destacar la longitud de las oraciones para dar más dinamismo a la narración y tal vez para dar la sensación de desorden en el que tienen lugar los acontecimientos, esas enumeraciones de acciones que parecen sucederse de manera atropellada y absurda en medio de una orgía de lujo, placeres y servidumbre. Cuando este tipo de composición se domina, el resultado es espectacular. Y Hrabal es un maestro, de modo que el lector jamás se arrepentirá ni tendrá la sensación de haber perdido el tiempo en algo sin sentido. Los recursos de que se vale el autor para crear una situación cómica basada en el absurdo y el ambiente de intoxicación etílica en que se desenvuelven los personajes hacen evidentes los puntos de contacto con Las aventuras del bravo soldado Svejk, de Jaroslav Hasek. La transgresión de las reglas de comportamiento tiene en ambos un toque carnavalesco.

lunes, 5 de enero de 2009

Franz Werfel: Una letra femenina de azul pálido

"... Tras el sugerente título de Una letra femenina azul pálido, surge la pluma del escritor centroeuropeo Franz Werfel (1890-1945). Como S. Zweig, como T. Mann, o S. Marai estamos ante una prosa contenida, un ritmo narrativo deliberadamente lento, frenado; un tempo propio, que piano, piano, sin prisa y sin pausa, va desgajando las novedades que nos depara página a página. El mérito reside en saber dosificar la información.Corre el año 1936 cuando León, rutilante y educadísimo alto funcionario ministerial, recibe una carta Reconoce la letra azul pálido del sobre. Y esa caligrafía se hunde en su vida rutilante como la hoja de un cuchillo y la disloca de inmediato. En unas pocas líneas sumamente formales, la firmante solicita ayuda del poderoso funcionario para trasladar a una escuela vienesa a un muchacho alemán de dieciocho años. Sin embargo, para el destinatario, en esas líneas cifradas aflora un amor de muchos años, un amor enterrado con sumo cuidado. Y ese muchacho desconocido, ¿no será quizás un hijo ignorado? Las tremendas presiones a la hora de conjugar la propia vida con las exigencias de la sociedad, han alejado a este hombre, al elegante, impecable y cortés León de todos los elementos auténticos de su existencia, tanto de sus humildes orígenes como de aquella pasión inaceptable. Werfel consigue que confluyan el estudio psicológico y el análisis social de un modo perturbador de puro preciso, en este libro que se lee hoy como un amargo gesto de despedida de Viena y de toda la civilización centroeuropea Esta breve novela, escrita en tercera persona, deja que el protagonista nos cuente sus inquietudes y tribulaciones por lo que se cambia sutilmente a la primera persona para dejar oír a esa voz interior por la que el personaje masculino, Leónidas,se interroga y nos interroga. Son casi veinticuatro horas en la vida de un señor acomodado, un jefe de sección del ministro (algo así como un Director General actual), que tambalea en su seguridad, como si navegara por aguas turbulentas." Es extracto y compendio: http://www.lacoctelera.com/liber/post/2007/05/07/una-letra-femenina-azul-palido-franz-werfel http://www.elmundo.es/papel/hemeroteca/1994/09/10/esfera/2187.html http://es.wikipedia.org/wiki/Franz_Werfel

domingo, 4 de enero de 2009

José Cardoso Pires: Balada de la playa de los perros

Para Azofar Balada da praia dos cães (1982, Balada de la playa de los perros), la obra más celebrada de José Cardoso Pires (1925-1998), forma parte de un conjunto compuesto por novelas tan interesantes como O Delfim (1968) o Alexandra Alpha (de 1987, es su mejor novela), así como la pieza de teatro Corpo-delito na sala de espelhos (1980) o los relatos de O burro em pé (1979), además de ensayos y artículos. En toda la producción de Cardoso Pires son temas importantes la dictadura de Salazar (de la que fue disidente), el poder autoritario, la vida canalla y los bajos fondos lisboetas.Al hilo de un crimen real ocurrido en 1960, y sobre el cual el autor tuvo información privilegiada de manos de uno de sus autores, arranca esta novela que relata la investigación del asesinato del mayor Dantas Castro (en la ficción; en la realidad fue el capitán Almeida Santos) a manos de sus cómplices (Mena, amante de la víctima, el joven arquitecto Fontenova y el cabo Barroca) en una supuesta trama conspirativa contra el régimen de Salazar. El jefe de brigada Elias Santana (apodado Covas, un funcionario solitario, lúbrico y cínico) es el hilo conductor de una historia referida por un narrador omnisciente en tercena persona que describe y cuenta con un tono mordaz, a menudo cediendo la voz al personaje de Elias y a otros. Transcurre en diversos momentos de 1960 que se mezclan al hilo de la investigación, en forma de recuerdos y testimonios entrelazados con la narración lineal (si bien hay alusiones a una mirada del propio autor desde el presente de la publicación: 1982), principalmente en Lisboa, además de en Elvas, en la llamada Casa da Vereda (cerca de la sierra de Sintra) y en la Praia do Mastro. Junto al narrador y a las voces de los personajes, el autor añade noticias y fragmentos de la prensa, así como materiales del proceso adaptados a la ficción, de modo que es el lector quien ha de articular y ordenarlo todo en una lectura participativa.Balada da praia dos cães es una excelente novela, sobre todo por su estructura y por la forma magistral de jugar con la realidad y la ficción, creando una verdadera metaficción, reflexión sobre una realidad que ya es diferente de la que supuestamente representa en el plano de la novela, puesto que no se lleva a cabo una simple transposición de hechos, sino que se construye otra realidad. Y en esa realidad nueva, Cardoso Pires juega y trastoca las reglas del género policial, apenas ofrece respuestas, mientras se multiplican las preguntas y los enigmas. Así, el crimen y su investigación no son sino un pretexto para trazar un excelente retrato de los años más grises de la dictadura salazarista, y en particular de la forma de trabajar de la Policía Judicial y de la temible PIDE, de la represión, de la vida en un régimen de miedo y sumisión, y con alusiones a la censura, al imperialismo portugués de la época (la independencia de las colonias en la India)… Resta un vago tono de sucio erotismo, de calles vacías en la noche de una Lisboa provinciana y ahogada por el fascismo, de calabozo y de interrogatorio prolongado por el propio placer sádico del jefe Covas, y el extraño cuarteto de conspiradores comandado por un mayor impotente, en todos los sentidos de la palabra: ante la torturada Mena y ante la dictadura. La publicación en 1982 de BALADA DE LA PLAYA DE LOS PERROS -que recibió inmediatamente el Gran Premio de Novela, el más importante de la literatura escrita en portugués, y ha conocido desde entonces numerosas reimpresiones- fue saludada como la consagración definitiva de JOSÉ CARDOSO PIRES.

Chantal Maillard: Matar a Platón.



"... Chantal Maillard, doctora en Filosofía y poeta de nuevos textos sagrados, nos presenta en su libro Matar a Platón las dimensiones de un instante. Porque en un instante cabe un universo entero. Nos hace reflexionar sobre la importancia de un suceso, que es como es, que se vive como es, que se observa como es. Sin abstracciones. Matando nuestra estructura de pensamiento. Observando la realidad sin mentiras. Todo puede confluir en un mismo suceso que da realidad a lo real, sin concesiones, sin pretensiones. “Matar a Platón”, de Chantal Maillard, es un libro sorprendente. Editado en Tusquets, en el 2004, incluye dos poemas extensos. Uno lleva el título de la obra seguido de otro, denominado “Escribir”. En ambos, aunque distintos, Chantal Maillard plantea de modo descarnado y original los límites del lenguaje: la incapacidad y posibilidades de la escritura para un acercamiento a lo real. Una crítica al engaño de las palabras que cuentan los acontecimientos en la misma medida en que ocultan lo expresado en lo que acontece y nos hace señas y muecas. La sumisión de lo que ocurre a una lógica que pone orden mientras estrangula, conteniéndolo, todo lo que escapa a la mirada escrita. Pares de ojos que construyen textos y eligen tonos, escenarios, perspectivas. En un contexto de fuga hacia concepciones abstractas sustentadas en un pensamiento heredado que Chantal Maillard pretende “matar”. De ahí el título del libro, “Matar a Platón”, intento de recuperar el instante “abierto, atemporal, intenso, dilatado, sólido” donde en él “un gesto se hace eterno”. El propósito de escribir de otra manera, “para no mentir/ para dejar de mentir con palabras abstractas/ para poder decir tan sólo lo que cuenta”. Percibiendo, rondando y atrapando el instante para que hable, aunque toda escritura sea siempre en parte invención.
  Matar a Platón se compone de 28 poemas, en métrica y rima libre, que oscila entre los 4 versos del poema 17 hasta los 32 del poema 19. En total, 493 versos de la historia principal, puesto que se añade una secundaria que discurre paralela, impresa en distinta letra y en la parte inferior de las páginas, con un total de 64 versos. La composición visual cobra importancia relevante. Los versos aparecen alineados a la izquierda en el poema principal, y centrados en el secundario. Asimismo, en el poema principal, siete versos se desplazan hacia la derecha: 2.4 ,12.29, 16.21, 20.24, 25.6, 27.10, 27.18, de los cuales cinco son los finales del poema (12.29, 16.21, 20.24, 25.6, 27.18)
  En Matar a Platón, Chantal Maillard parte de un hecho trágico, el aplastamiento contra la pared de un hombre por un vehículo. El editor lo define así en la solapa del libro: ...gira en torno a un instante estremecedor, un suceso lleno de color y muerte en el que confluyen diversas vidas, y que quiere relatarse sin encubrimientos ni traiciones, evitando cualquier evasión en conceptos o consideraciones abstractas, 'matando' esa tradición del pensamiento. Un trailer ha atropellado a un hombre que iba de la mano con una niña. Lo ha aplastado contra una pared en la esquina de una ciudad. Este hecho convoca a muchos curiosos, a través de los cuales, unas veces tratados como masa y otras tomados individualmente, la obra nos introduce en la escena hasta en el último detalle.Paso a paso, cada poema nos lleva a través de descripciones, reflexiones, críticas... que se entremezclan entre los poemas, con saltos claramente concebidos para ir dejando huella en el lector
 Chantal se atiene crudamente a la realidad de los hechos, con una descripción minuciosa, casi puntillista. La emoción que provoca es el desgarro, el miedo, la desestabilización ante una desgracia, expuesta con toda su crudeza, incluso podría decirse que sin autocensura. Rompe todas las reglas del pudor para contar el hecho y para introducirse en los personajes que nos van transmitiendo sus reacciones..."
 Esta recensión es extracto y compendio de otras:
http://amediavoz.com/maillard.htm
http://www.libros.ciberanika.com/arti78.htm
http://bruto.muzaidin.com/2005/matar-a-platon/
http://lou-bouvoir.espacioblog.com/post/2009/01/23/matar-plat-n-y-chantal-maillard

sábado, 3 de enero de 2009

El ritmo y el tiempo en la narración: Algunas nociones

           
       
El ritmo y el tiempo en la narración: Algunas nociones


 La narración puede tener un desarrollo lento o adquirir un rápido devenir en función de la mayor o menor celeridad en la ordenación temporal de los hechos narrados. A esta velocidad del discurso narrativo se conoce en la narratología con el nombre de ritmo narrativo. Así para agilizar el relato o pausarlo se puede apretar el acelerador o tocar el freno mediante el uso de las conjugaciones verbales y la representación del tiempo. Uno de los grandes maestros en la utilización del ritmo narrativo fue sin duda Marcel Proust, capaz de detenerse a lo largo de muchas páginas en una minuciosa descripción; y en cambio despachar en muy pocas, años de la vida de sus protagonistas. Su ritmo cansino, premioso, evocativo, traspasa el texto desde el principio hasta el final. Proust recupera el tiempo a través de la memoria mediante una dosificación equilibrada de los tiempos verbales.
  
     Uno de los problemas fundamentales de la narración es el del uso armónico de los tiempos verbales. Basta pues con reflexionar acerca de los modos verbales para entender su influencia en el ritmo de la narración. Así en el modo subjuntivo las acciones nunca aparecen con contundencia absoluta ya que evocan una probabilidad o expectativa, haciendo la narración más lenta. Por el contrario, el modo indicativo nos enfrenta a una acción concreta pasada, actual o futura consolidada que permite dar dinamismo a la acción. Este dinamismo puede ser más o menos intenso según que se utilice uno u otro tiempo del indicativo. La mayor celeridad en la narración es la que imprime el uso del pretérito perfecto simple o pretérito indefinido pues nos remite a un hecho pasado cierto ya concluido; su uso es característico de la narrativa clásica, da a la narración una gran agilidad. En este tiempo suele relatarse la complicación de los acontecimientos. El uso del pretérito indefinido implica que la acción se sitúa en un tiempo ya concluido. Veni, vidi, vinci, dijo Julio Cesar. Es por tanto la forma más rápida de contar una historia, no hay ninguna concesión a la reflexión ni pábulo a la descripción. El autor se desliza veloz por la pendiente de la historia en línea recta. Por el contrario el pretérito imperfecto nos remite a un pasado no concluido que se repite y que evoca el tiempo psicológico de lo acaecido ralentizando la velocidad de la narración. No es lo mismo decir yo amé, que yo amaba; pues en el segundo caso hay un matiz abierto que nos dispone a la reflexión mientras que en el primero nos remite a una acción cerrada y terminada que no se presta a ninguna ponderación.
     
     El pretérito imperfecto nos lanza a un pasado más lejano que el que nos plantea el pretérito perfecto, y por otro nos habla de acciones repetitivas, rutinarias. Es el tiempo psicológico de la acción que nos permite obtener textos de una enorme densidad y peso psicológico, y al mismo tiempo indagar en el pasado más lejano de los personajes. El uso desmedido de éste tiempo verbal logra inmovilizar al texto que parece adquirir un desarrollo a cámara lenta. La narración que comienzan con el pretérito imperfecto y se alargan sin la interposición del indefinido dan la sensación de ingravidez, sólo cuando el narrador salta al indefinido comenzará realmente el nudo del relato. (La lluvia caía con fuerza sobre el tejado de zinc, con un repiqueteo que evocaba el fragor previo de una batalla, mientras la luz oblicua de la lámpara arrojaba una luz tenue sobre el zaguán de la entrada. Yo me perdía en interminables elucubraciones hasta que alguien llamó a la puerta). La morosidad del imperfecto termina cuando irrumpe el indefinido. El ideal de una narración es saber equilibrar el uso de los dos pretérito del indicativo como la sístole y la diástole del discurso narrativo.

     En realidad toda narración evoca un hecho pasado, pero también se puede utilizar el presente del indicativo siquiera sea como artificio o convención sobre todo si el protagonista está ejecutando acciones de movimiento. (Cruzo la calle, el semáforo está en rojo, el policía me llama, yo no le oigo y sigo). El presente del modo indicativo nos remite a la inmediatez de la historia desprovista de reflexión propia de relatos intensos, ágiles, pero de escasa profundidad. La historia se narra al mismo tiempo que ocurre, en tiempo real; el narrador no tiene tiempo de procesar los hechos, nada más los cuenta al momento que suceden. Las narraciones en presente tienen un vértigo que otras no logran, el lector es avasallado por los hechos narrados, ni el narrador ni el lector, tienen tiempo de pensar que sucede, simplemente sucede. No es una conjugación de la que convenga exagerar en su uso, la agilidad del texto se paga con la pobreza psicológica de los personajes. Ideal para cuentos breves o micro relatos, en los que es importante el efecto; también funciona perfecto en textos de corte experimental. En tiempo presente están escritas las novelas de la Sonrisa etrusca, de J.L. Sampedro, y Las cenizas de Ángela, de F. McCourt.

          Los pretéritos perfecto compuesto (he amado, has amado...) pluscuamperfecto (había amado, habías amado...) y anterior (hube amado, hubiste amado...) nos permiten mayor profundidad en el pasado, pero su uso nunca puede ser excesivo pues suele ralentizar la acción, dejándola como una mera estampa reflexiva del pasado. Estas tres formas de pretéritos dan la mayor profundización en el tiempo pasado de la acción. Son los tiempos adecuados para los flashbacks, y la indagación psicológica. Las narraciones en tiempo futuro son más escasas, y casi siempre reviste un carácter adivinatorio, apocalíptico o de admonición. El uso del futuro simple, futuro perfecto y condicional perfecto al igual que los pretéritos compuestos inmovilizan la masa narrativa, además de crear una cierta inestabilidad en el texto. No sólo es poco común su uso, también es desaconsejable en el narrador; los personajes, en un diálogo pueden usarlos sin problemas. Las oraciones simples, los verbos de acción y el tiempo verbal presente dan sensación de vértigo en la narración mientras que las oraciones largas, subordinadas y el tiempo verbal pasado, por el contrario denotan un ritmo aletargado en la narración.

   Para Roulet los tiempos narrativos serían el imperfecto, el pluscuamperfecto, el condicional, el indefinido y el pretérito anterior, mientras que el perfecto, el presente y el futuro serían más propios del texto deliberativo. Es el cambio atinado del tiempo verbal lo que hace que la narración avance o se detenga. La narración en un solo tiempo verbal sería como la orquesta con un solo instrumento. La armonía es esencial y se corresponde con la utilización simultánea de varios tiempos verbales. Así, los giros que le damos a las conjugaciones verbales acentuarán los cambios de profundidad psicológica y de acción en un relato. El ritmo de la acción está íntimamente ligado a los tiempos y modos verbales, pues estos aceleran o ralentizan la acción tanto como privilegian la reflexión y la evocación de la misma.

   La ordenación del tiempo en el discurso narrativo es también un factor determinante en el ritmo de la narración. Una historia para ser narrada tiene que ser convertida en palabra escrita y al ser plasmada en un discurso narrativo puede que el tiempo de la historia coincida o no con el tiempo de la narración. En el tiempo de la historia se presentan las acciones en un orden lógico y causal, a través de una sucesión cronológica de acciones relacionadas según causa y efecto. Y en el tiempo del relato lo que hay es una disposición estética del acontecer de la narración. Shókel nos dice que el relato es siempre temporal en tanto representa algo sucedido en el tiempo. El relato es, por tanto, también una acotación temporal de una historia. El tiempo de la historia es exterior, objetivo y mensurable por el calendario mientras que el tiempo del relato es interior, subjetivo y no mensurable.
  
    Así el narrador que quiera que coincida el tiempo de la narración con el tiempo de la historia es un narrador exterior que da predominio a los hechos, a las acciones, a la narración lineal. Mientras que el narrador que quiere romper la coincidencia temporal del discurso narrativo con el tiempo de la historia es un narrador interior que acude a la alteración de la secuencia de los acontecimientos y que da preponderancia a la emoción Si el tiempo de la narración coincide en su desarrollo con el tiempo de la historia el discurso narrativo es lineal o cronológico. Pero esta coincidencia es la excepción, ya que lo normal es la ruptura temporal entre la historia y el relato.

  Toda subversión del orden temporal recibe el nombre de anacronía. Las anacronías narrativas aparecen porque no es posible una coincidencia del orden temporal entre el tiempo de la historia que es una sucesión de acontecimientos y el tiempo del relato que es discordante en cuanto a la organización de los acontecimientos. La anacronía puede ser un movimiento hacia adelante o hacia atrás en el tiempo con respecto al presente de la narración. Si el movimiento es hacia el pasado la anacronía se llama analepsis: que es una retrospección narrativas al pasado desde un tiempo presente o futuro. El amor en los tiempos del cólera es un texto analéptico, pues García Márquez lleva a cabo una retrospección para informar de lo sucedido en el pasado. Se suele distinguir entre flashback, donde se da un breve "salto atrás", y el racconto, de mayor extensión.

  En cambio si el movimiento es hacia el futuro la anacronía recibe el nombre de prolepsis: que es una anticipación al futuro desde un tiempo presente o pasado. Es un movimiento de prospección. Narra acontecimientos futuros, anticipaciones con respecto al presente de la historia. Igualmente, la prospección puede darse de dos formas: El flashforward, que corresponde a la proyección hacia el futuro de forma breve. Y la premonición, un amplio salto en el futuro de la historia, para regresar a la narración inicial. Ejemplo de texto proléptico es la Crónica de una muerte anunciada de García Márquez.

    En el discurso narrativo se utilizan estrategias que afectan la relación de duración como son las elipsis (no se menciona algo porque se supone que ya se ha dado el referente anteriormente), las pausas descriptivas y comentarios del autor, las escenas dialogadas y el relato sumario También es frecuente empezar el relato in media res (expresión latina “en medio del asunto”): El relato empieza en medio de la narración, sin previa aclaración de la historia. Se trata de un comienzo abrupto empleado para captar la atención del lector. Otras técnicas de ruptura temporal más frecuentes son las siguientes:
 1.- La narración que invierte totalmente la secuencia lógica temporal: consiste en presentar los hechos sin una orientación sucesiva, como el caso de crónica de una muerte anunciada de García Márquez, que empieza como cuando la acción ha concluido, es decir, la obra inicia con el desenlace, pues lo que interesa no es el qué si no el cómo.
2.- La narración sin desenlace o de ciclo incompleto: Técnica empleada por García Márquez en la mala hora y el coronel no tiene quien le escriba. Esta actitud filosófica – literaria fue defendida por Sartre que decía que la obra literaria no puede proponer un fin, pues ella misma no es un fin en sí.
 3.- La narración sin hilo cronológico: imposible de referir con una enumeración de hechos enlazados causalmente. Esta técnica se puede ver la novela “Al faro” de Virginia Wolf. Corresponde a una contraposición del tiempo físico con el tiempo psíquico.
 4.- La narración del desorden temporal: donde lo pasado, lo presente y lo futuro se suceden en una secuencia ilógica. Por ejemplo, Faulkner en Absalon Absalon, Carlos Fuentes con la muerte Artemio Cruz y Vargas Llosa con la casa verde.
5.- La narración de tiempo circular: aquella en la cual los hechos, por carecer de enlace causal, posibilitan el comienzo de la lectura en cualquier parte el texto. Esta técnica corresponde a la completa especialización del factor temporal. Así Rayuela de Cortazar o el obsceno pájaro de la noche de J. Donoso.
 6.- La narración de tiempo lento: se presenta cuando un acto se descompone, por análisis, en una serie de actos sucesivos. El mejor ejemplo es Proust. Esta técnica obedece al afán de recrear la realidad como historia interior del narrador.
7.- La narración del contrapunto temporal: varias acciones diferentes se presentan en un sucesivo paralelismo, relacionándose, entrecruzándose, marchando hacia atrás unas y otras hacia delante, alcanzando a veces hasta cuatro direcciones distintas. Mirar André Gide con los monederos falsos.
8.- Narración simultanea: Muchas acciones narradas sólo están ligadas por un leve apoyo temporal, espacial o temático. Así Manhattan Transfer de J. Dos Pasos.

  En la novela moderna del siglo XX se observa una reducción del tiempo exterior o tiempo de la historia en beneficio de una intensificación del tiempo interior o tiempo del relato. Shókel señala que con independencia de que el tiempo de la historia se prolongue durante años o se comprima en una horas como sucede respectivamente en la novela Los años de V. Wolf y el Ulises de Joyce, el tiempo interior se condensa se vuelve lento bien porque las escenas o secuencias narradas se amplifican para adquirir una extensión desmesurada o bien porque la obra queda reducida a poco tiempo exterior mientras que el tiempo interior adopta un ritmo desesperadamente lento. Baste como muestra: Por quien doblan las campanas de E. Hemingway, cuyo protagonista rememora durante tres días el tiempo de la narración; Bajo el volcán, de M Lowry que relata toda la existencia de un hombre a lo largo de doce horas que preceden a su muerte; La muerte de Virgilio, de H. Broch cuyo tiempo de narración se concentra en las últimas horas del poeta; Pedro Páramo, de J. Rulfo; La muerte de Artemio Cruz, de C. Fuentes; Cinco horas con Mario, de M. Delibes; y El jinete polaco, de A Muñoz Molina.
  
     Para Shóekel la razón de esta reducción temporal de la novelística moderna es la idea proustiana de hacer posible la ilusión de la recuperación del tiempo pasado.

Este comentario ha sido elaborado por José María Sánchez-Ros Gómez con la siguiente bibliografía: El Estilo Literario (arte y artesanía) de Luis Alonso Shökel. Manual de técnicas narrativas de Enrique Páez. Asímismo se ha consultado y extraido datos de los siguientes enlaces:.

jueves, 1 de enero de 2009

LOS INOCENTES EN EL EXTRANJERO, DE MARK TWAIN: Reseña de Francisco Granados.

Puestos a hablar de Mark Twain, ¿por qué elijo este libro? Porque me pilló por sorpresa y me alegró una semana de verano. En mi edición se titulaba “Un yanqui por Europa camino de Tierra Santa”. Lo más atractivo del libro era el propio narrador, un tipo franco, auténtico como la tierra, algo bocazas, masculino y alegremente ingenuo. Quizás personificaba como nadie la salud de Norteamérica cuando aquel país era joven. A mí me parecía estar leyendo a un Tom Sawyer que se hubiera hecho adulto. ¿Y qué otra cosa es Mark Twain? Los inocentes en el extranjero es el primer libro donde Clemens nos da a “Mark Twain” en plenitud. Una voz que suena única, inconfundible. Pero ese hallazgo que el periodista había ido tallando a lo largo de sus aventuras en el Oeste, iba a resultar altamente inestable. Clemens sólo lograría aislarlo del resto de su producción durante unos años, porque luego se fue diluyendo en su propia personalidad, cohibido por el espíritu de la época y de su círculo más íntimo, donde se menospreciaba a los humoristas. Pero entonces todo estaba empezando. Era 1867. Mark Twain tenía 31 años y había ganado fama nacional con el cuento “La célebre rana saltarina del Condado de Calaveras”. Seguía siendo un periodista del “Alta” de San Francisco y el periódico lo embarcó en un viaje desde Nueva York a Tierra Santa para que redactara artículos, como ya hizo en Hawai. Era la primera travesía de placer que se organizaba en un trasatlántico y durante cuatro meses visitaría Azores, Gibraltar, Tánger, París, Italia, Atenas, Estambul, Sebastopol, Yalta, Palestina y Egipto. Concluía con una semana en Andalucía a la vuelta. El viaje era caro y sólo podían permitírselo personas devotas de mediana edad y sacerdotes, todos acomodados. Mark Twain recordaría al pasaje como “el rebaño más detestable, el más inculto, ignorante, ordinario y cantante de salmos que pudo reunirse en 17 estados”. El espíritu de la excursión lo describió como “funeral sin cadáver”. Aun así, había algunos jóvenes y pudo hacer amistad con algunas personas de cierta cultura que no se escandalizaban con sus costumbres. Era desaliñado, mal hablado, desplegaba tal imaginación al maldecir que, en el Oeste, sus amigos le escondían cosas para desternillarse oyéndolo despotricar. Además fumaba sin parar, hasta en la cama. Pero trabajaba mucho. Durante el periplo escribió 53 cartas al Alta y media docena al Tribune de Nueva York. Un amigo de a bordo lo recordaba “siempre escribiendo. Pero gozaba hasta el último minuto del viaje”. Tuvo ocasión de ver a Napoleón III en París y conocer al Zar en Yalta. En esa ocasión lo designaron a él para escribir un discurso de saludo al Zar, aunque en el libro no se lo atribuyó, un poco avergonzado. Tampoco cuenta otro incidente en Damasco, cuando algunos hombres decidieron realizar en camello el camino hasta Jerusalén. Un pasajero enfermó de cólera y sus compañeros decidieron continuar sin él. Mark Twain protestó contra semejante abandono y se quedó con el enfermo hasta que pudo volver a montar. El diácono que contó esto al cabo de los años, escribió: “era el peor de los hombres que yo he conocido. Y también el mejor.” Tenía su propio criterio y no le importaba demostrarlo. Cuando supo los precios de alquiler de las barcas en el Mar de Galilea, comentó: “No me extraña que Jesús caminara sobre las aguas”. Y al ver la desolación de los campos de Galilea anunció: “No habrá segundo Adviento. Habiendo estado Cristo aquí una vez, no deseará volver más”. A partir de Egipto estaba exhausto y durante el regreso dejó de escribir. De vuelta en Nueva York, una editorial de ventas por suscripción le propuso escribir un libro de 500 páginas sobre el viaje, en 6 meses. Le ofrecían el 5 % de los ingresos brutos. La venta por suscripción colocaba libros en manos de gente que jamás iba a una librería. Un ejército de agentes recogía los pedidos de puerta en puerta, entre comerciantes, empleados y granjeros. De modo que el libro se colocaba entre la Biblia, biografías compiladas, diccionarios, libros de consulta o manuales de medicina. En semejante compañía, la novela de Twain constituía un placer casi prohibido, “una brisa de primavera en medio de un desierto literario”, lo calificó Bret Harte. En dos años se habían vendido 100.000 ejemplares y hasta la fecha es el libro norteamericano de viajes más famoso. Escribirlo no fue fácil. Twain ni siquiera guardaba las cartas del Alta y le pidió a su madre que se las enviara por correo. También pidió a sus amigos del viaje datos e información que no recordaba. Para transformar aquellos artículos ocurrentes en un libro aceptable para el americano medio tuvo que pulir su escepticismo. Y elaborar pasajes de continuidad, además de componer nuevos artículos sobre Egipto y París. Pero sobre todo trató de darle una forma, un sentido de la composición. Hizo el relato más subjetivo para destacar la figura del narrador. Es la primera vez que el público tenía ante sí a “Mark Twain” de cuerpo entero. El libro sugiere al americano medio cómo vería él mismo Europa con sus propios ojos, en lugar de con los de otros. Uno se pregunta qué hará o dirá Twain en Roma o en las pirámides. Por supuesto nada es como le habían anunciado, ni los barberos de Sevilla, ni los caballos árabes ni Tierra Santa. El autor es victima de su propia ingenuidad. De ahí el título. Se pinta a sí mismo como el inocente honesto que está listo para convertirse en el escéptico, el demócrata iconoclasta y, en el peor de los casos, el ignorante. Su buen humor le permite mantener la aprobación del lector y la lectura nunca pierde su carácter de juego, siendo el estilo su mejor arma, como la descripción de una matanza romana tal como la habrían redactado los periódicos de San Francisco. Su manuscrito lo revisó Bret Harte. También le ayudó una chica a la que había conocido de vuelta en América. Durante la travesía un joven pasajero le había mostrado el retrato de su hermana y él recordaba que se enamoró de esa imagen en el mismo camarote, aunque esa es otra historia. La Autobiografía cuenta todos los detalles del cortejo y la boda en unos capítulos deliciosos. Ella corregiría todos sus libros a partir de entonces.