miércoles, 26 de marzo de 2014

Guy de Maupassant: Bel Ami: El manual del perfecto arribista.



Para el mes de abril la tertulia ha escogido la novela Bel Ami de Guy de Maupassant ( 1850- 1893).

"... Maupassant, hijo de liberales, recibió una educación religiosa, ingresando incluso en un seminario del que sería expulsado en 1.868 iniciando entonces sus estudios de derecho. Tras la guerra comenzó a trabajar de funcionario hasta que, tras publicar Bola de sebo y aprovechando su notoriedad se dedicó enteramente a la literatura. Publicó libros bajo distintos seudónimos tales como Prunier o Valmont y se codeó con autores como Flaubert, Zola y Turgueniev, cultivando el naturalismo. No obstante, su vida estuvo marcada por su endeble salud psicológica, con serios problemas nervioso y ataques de pánico. Intentó suicidarse en varias ocasiones,  hasta que fue encerrado en un la clínica del Dr. Blanche, en la que moriría al año de su ingreso.  

La novela Bel Ami de género realista naturalista está dividida en dos partes y dieciocho capítulos. El autor se limita como narrador omnisciente a informarnos de lo que piensan los protagonistas, que intenciones tienen, y cuales son sus acciones o movimientos con el detalle justo sin entrar en su psicología ni dar su opinión sobre la ética de su comportamiento. Maupassant  armoniza brillantemente elementos de apariencia contrapuesta. Por un lado, escritura sencilla,escueta sin digresiones y sin  enredarse en descripciones innecesarias. Por otro lado, una sensibilidad extraordinaria que se pone de manifiesto en el desarrollo de la trama a través de los dialógos y de la profunda humanidad de los personajes. Sin sostener principios estéticos ni morales, el autor, —considerado el último naturalista—, se preciaba de no emplear la imaginación en sus obras y por el contrario realizarlas describiendo sólo lo que había observado.
Cuenta el libro la trayectoria profesional y amorosa de un joven normando: el ambicioso, apuesto y poco escrupuloso Jorge Duroy, conocido como Bel Ami. Hijo de taberneros, después de cumplir el servicio militar en África regresa a París sin dinero pero con el firme propósito de de ascender en la vida. Bel amic es la historia del perfecto arribista que para lograr sus propósitos no dudara en  aprovecharse de sus amigos, manipular los sentimientos y mentir utilizando su atractivo y métodos despreciables. Guy Maupassant quiso retratar con Bel Ami a la sociedad parisina de finales del siglo XIX, mostrando la corrupción, el egoísmo y tretas que movían a las personas. Duroy o Bel Ami comienza para ello trabajando como reportero y, siendo un hombre sin talento ni inteligencia, no duda en utilizar su atractivo físico para forjarse un porvenir, y tras unas cuantas dificultades comienza a conseguirlo en el mundillo periodístico, apoyándose para ello en sus brillantes dotes para las relaciones sociales, en sus amoríos y en su manifiesta falta de escrúpulos. Georges Duroy el protagonista, es listo y hábil, va siempre justo de dinero, es vividor, acierta unas veces, se equivoca otras, miente, engaña, y siempre con el sentido y la lógica que dicta su egoísmo llegando a la abyección más fría y calculadora.   

Con el protagonista de su novela Bel Ami Maupassant recrea los periodistas de la Francia de finales del siglo XIX y retrata a los jóvenes «hambrientos de dinero y privados de conciencia» que buscan el éxito a cualquier precio en la gran ciudad. Interesado y calculador, Bel Ami es producto de la imaginación del escritor,pero también consecuencia de la sociedad ambiciosa y frívola de su tiempo.A través de este personaje, que cobra vida en el París de 1881 a 1883, el autor revela la mentalidad corrupta del gobierno oportunista de Jules Grevy, Jules Ferry y Leon Gambetta, que tanto desprecio le provocó. La imagen frívola y calculadora que Maupassant ofrece de los periodistas en Bel Ami no dejó indiferentes a los hombres de prensa de su tiempo, que pronto se dividieron en detractores o defensores de la novela. Si bien para un gran número de periodistas esta obra falsificaba o revelaba con indiscreción lo que en realidad ocurría en las salas de redacción, para otros redactores Bel Ami representaba con fidelidad a los reporteros del momento y no dudaron en considerarla como un importante documento informativo sobre los diarios franceses de finales de siglo.
Sin embargo, una de las críticas más interesantes que se escribió a propósito de Bel Ami estuvo firmada por el propio autor de la novela, Maupassant, que el 7 de junio de 1885 publicó en Le Gil Blas un artículo titulado «Aux critiques de Bel Ami: Un réponse». En este texto el autor se defendió de las duras críticas que su obra suscitó entre los periodistas, y aclaró que su personaje no era en realidad un hombre de prensa, sino uno de los muchos jóvenes que llegaban a París en busca de fortuna, y que era posible encontrar en cualquiera de las profesiones existentes. Maupassant afirmó que Bel Ami era en realidad un arribista al que poco le importaba el periodismo y no ocultó a los lectores de su artículo la opinión que le inspiraban las salas de redacción de su tiempo.Para el escritor la prensa era una suerte de inmensa república en la que era posible encontrar de todo, hombres honestos y bribones como su personaje,y el periódico se presentaba como el escenario más adecuado para representar la ascensión del ambicioso y calculador Bel Ami. 
 Maupassant acompaña a su protagonista desde sus comienzos hasta la realización de sus sueños. Y de la misma forma que en la literatura de Balzac se presta atención a los personajes mientras éstos cumplen el destino mercantil que se les encomienda, Maupassant sigue a Bel Ami en el transcurso de la ambiciosa misión para la que es concebido. Esta proximidad que el escritor mantiene con el protagonista de la novela no supone ninguna excepción en el conjunto de su obra. Por lo general, Maupassant elige un personaje para identificarse con él, acompañarle, mostrar los rasgos de su personalidad, y presentar el resto de personajes a través de su mirada. En esta obra Bel Ami desempeña este papel protagonista, por lo que todas las páginas y escenas cuentan con su presencia y sólo él conduce el hilo de la narración. El escritor coloca a su protagonista en un periódico porque sabe que en este lugar caótico Bel Ami puede escapar de su mediocre vida y ascender en la sociedad. Animado por su amigo Forestier, el protagonista llega a La Vie Française con la ambición de triunfar pero lleno de temores y carencias. Apenas lee los periódicos. No tiene el título de bachiller. No dispone de un traje de etiqueta con el que asistir a las reuniones sociales. Y no cuenta con una formación adecuada como periodista, pero esto no supone ninguna excepción en las redacciones de finales del XIX, porque antes de trabajar en los periódicos los hombres de prensa han sido por lo general profesores, militares, empleados de comercio o estudiantes fracasados de medicina y derecho. En poco tiempo el joven Bel Ami aprende el oficio y se convierte en un «reportero notable, seguro de sus informaciones, astuto, rápido y sutil. La calle es para Bel Ami su escuela más importante porque en ella el redactor aprende una de las lecciones más importantes del periodismo: la elección y el tratamiento de las fuentes. Bel Ami se rodea de ministros, conserjes, generales, agentes de policía, príncipes y cortesanas que le suministran la información que necesita para sus noticias y artículos, y de ellos se hace amigo interesadoe indiferente. Su formación se completa a golpe de errores —en alguna ocasión, sus textos son rechazados por el director—, y también de momentos de desesperación ante la página en blanco, en los que recurre a la ayuda de Magdalena Forestier. De ella Bel Ami aprende a elegir el punto de vista, seleccionar y convertir una serie de recuerdos e impresiones en chispeantes y agudas crónicas.

Cada línea transforma la existencia del protagonista y lo superfluo desaparece en esta obra en la que la acción no se detiene. Desde el 28 de junio de 1880, fecha en la que da comienzo la obra, hasta el 20 de octubre de 1883, momento en el que Maupassant pone fin a su relato, el ascenso de Bel Ami es imparable. En las primeras páginas el protagonista es un anónimo caminante de París que apenas cuenta con tres francos con cuarenta céntimos en el bolsillo. Desempeña un aburrido trabajo de burócrata en las oficinas de los Ferrocarriles del Norte y cobra un vulgar sueldo de 1.500 francos al año. Tres años más tarde, en las últimas páginas Bel Ami ostenta el título de Barón Du Roy de Cantel, y ha alcanzado su propósito de enriquecerse al casarse con una de las fortunas más importantes de la ciudad. En esta rápida carrera hacia el poder que emprende el personaje se pueden distinguir dos etapas: Una primera parte que comprende del 28 de junio de 1880 hasta abril de 1881. En este periodo Bel Ami deja su puesto en las oficinas de los Ferrocarriles del Norte y, recomendado por su amigo Forestier, comienza como redactor en La Vie Française el 30 de junio de 1880. La presencia de Bel Ami no pasa inadvertida al director del periódico, el señor Walter, que pronto le nombra jefe de Los Ecos. Considerada como la médula del periódico, en esta sección el personaje hace uso de su tacto y buen olfato y firma sus informaciones con el nombre de Duroy. En la segunda parte, que comprende desde abril de 1881 al 20 de octubre de 1883, la vida de Bel Ami sufre cambios más lentos que en la primera parte, pero se coloca en una situación de poder absoluto. En junio de 1882 el redactor cambia la sección de Los Ecos por la información política. En este nuevo papel, el protagonista hace uso de su astucia y conoce el poder y alcance de sus crónicas parlamentarias, que firma como D. de Cantel. Por ejemplo, en abril de 1883 hace caer al ministro de Exteriores Laroche Mathieu con un mordaz artículo en La Vie Française, tras sorprenderle en delito de adulterio con su esposa Magdalena. El final de esta segunda parte, y de la novela, llega el 20 de octubre de 1883, fecha en la que Bel Ami contrae matrimonio con Susana Walter, hija del señor Walter, que posee una de las fortunas más importantes de París..."
Es recensión de otras reseñas que se relacionan:     
http://www.sopadelibros.com/review/1763

lunes, 24 de marzo de 2014

Richard Ford: Canadá.Una novela sobre la pérdida de la inocencia

 

Para el mes de marzo la Tertulia propuso la novela de Canadá de norteamericano Richar Ford (Jakson, Mississipi 1944). "...La voz que narra «Canadá», de Richard Ford, conecta con la del Huckleberry Finn de Marc Twain.  Pocos comienzos más rotundos y redondos y poderosos que el de«Canadá»:
«Primero contaré lo del atraco que cometieron nuestros padres. Y luego lo de los asesinatos, que vinieron después. El atraco es la parte más importante, ya que nos puso a mi hermana y a mí en la senda que acabarían tomando nuestras vidas. Nada tendría sentido si no contase esto antes que nada».
«Que la vida puede cambiar en un segundo es algo que nunca se piensa seriamente antes de cumplir cuarenta años. Mucho menos durante la niñez, ese territorio en el que nos creemos inmortales. Dell Parsons, el protagonista de “Canadá“, apuraba sus quince años con las preocupaciones propias de un adolescente: empezar en un nuevo colegio, ir a la feria o aprender a jugar al ajedrez. Pero un día sus padres deciden robar un banco. Y les pillan. Y de repente, en ese segundo que parece un agujero negro, la vida de Dell estalla en pedazos. Su mundo y el de su hermana gemela Berner se desmorona en ese momento. Con los padres en la cárcel, Berner decide huir de la casa familiar en Montana. A Dell, una amigo de la familia le ayudará a cruzar la frontera canadiense con la esperanza de que allí pueda reiniciar su vida en mejores condiciones. En Canadá se hará cargo de él Arthur Remlinger, un americano enigmático cuya frialdad oculta un carácter sombrío y violento. Y en ese nuevo entorno, Dell reconducirá su vida y se enfrentará al mundo de los adultos.

Una bellísima y profunda novela sobre la pérdida de la inocencia, sobre los lazos familiares y sobre el camino que uno recorre para alcanzar la madurez. Richard Ford juega con los tiempos de la novela acelerando y calmando la narración con maestría, alternando partes rotundas con otras delicadas, hasta conseguir una historia poderosa en la que el lector se hace cómplice desde la primera página. Esta es una novela de crecimiento en el sentido más positivo: lejos de rebelarse contra la imposición del destierro y la nueva vida, tan distinta, y lejos también de recrearse en su mala suerte, Dell Parsons decide construir una nueva vida, mejor, más sólida. Una nueva vida en la que pronto descubrirá que él no es el único que guarda un secreto que pesa como una losa. Una vida en la que no dejará que los actos de sus padres, recibidos como una herencia inoportuna, sean más importantes que los suyos propios. La responsabilidad personal y las consecuencias de nuestras acciones son los verdaderos temas centrales de la novela, más allá de las relaciones familiares o de la pérdida de la inocencia.
Sobre todo en su segunda parte, “Canadá” es una novela contra la urgencia, una reivindicación de la literatura que es capaz de detenerse a narrar con detalle un sentimiento o un estado de ánimo sin cansar ni aburrir, que no necesita recurrir a artificios para hacer atractiva su lectura. “Canadá” es uno de esos libros que recuerdan al lector que leer es un placer. Ford vuelve al lenguaje áspero y despojado como el paisaje de Montana; el derrumbe del amor y la construcción de los siempre frágiles puentes que unen a padres con hijos; el reflejo casi automático que empuja a huir del pasado pero al mismo tiempo a extrañar lo que se deja atrás; el trabajo o la falta de trabajo como disparador; el exquisito arte y talento para tomar todas las malas decisiones y los caminos equivocados, y el movimiento perpetuo y el fantasma verdadero del poder volver a empezar.
Dell parece, como nosotros, ir encontrándole cierto sentido a su historia a medida que nos la cuenta. El elemento criminal es presentado con un arrollador lirismo. Ninguna duda perturba su relato o nos perturba a nosotros hasta las últimas páginas, cuando un Dell sexagenario y profesor de literatura nos habla de la lectura y del estudio de grandes ficciones como del «cruzar una frontera» y de la vida como algo a lo que debe intentarse sobrevivir. El texto se divide en tres partes, cada una centrada en sus condicionantes propios y separada de la otras por el trazado fronterizo con Canadá, que ha de atravesar el joven Dell para escapar de los servicios de protección de menores. La primera es la de la presentación de la familia, un padre  exmilitar, una madre profesora y de sensibilidad poética estragada y una hermana melliza con fuerte carácter. La lentitud y el recrearse en las estrategias narrativas es como una de esas pausadas partidas de ajedrez a las que se aficiona Dell; una partida que acaba en desastre.
Es una primera parte en la que poco a poco las ligazones familiares se van desatando, casi sin sentirlo, hasta llegar al tempo demorado, objetivo, con que la pluma de Ford presenta la detención del matrimonio, ello da al lector una visión casi al segundo y le conduce asimismo a que tome el arresto como algo personal. Es fascinante como se recrean las conversaciones –a partir del diario de la madre–, como se apunta cierto nerviosismo en casa y como al final se resuelve todo si no de forma atropellada, sí diligentemente activa. Se quedan los hermanos definitivamente solos en cinco minutos. En la segunda parte, una amiga de la familia –Mildred– lleva a Dell a Canadá para que viva con su hermano, que regenta un hotel en Fort Royal, no muy lejos de la frontera. Allí conoce a Charley Quarters, quien organiza batidas para los cazadores de gansos que se alojan en el hotel y a quien ayuda en la preparación de puestos Y sobre todo a Arthur Remlinger, el hermano de Mildred. En la segunda parte, Dell ha de buscar una posible integración, todo su  pasado ha desaparecido y su presente resulta irresolublemente desubicado, allí recibe noticias de su hermana y continúa los certeros análisis psicológicos que lo engloban a él mismo y a los que lo rodean para intentar explicar su estado. Pero en la última parte, quizás demasiado sentimental, para dejar la estructura bien cerrada, se enfrenta Dell a su hermana Berger y con ello detectamos dos contrafiguras que desde un mismo hecho han logrado superarse o estamparse. Es entonces cuando el lector percibe que Ford ha conseguido que estemos de parte de Dell, que sintamos parte de su aflicción, pero al mismo tiempo entendamos que definitivamente se ha salvado..."
Esta reseña es recensión de otras que se relacionan:

jueves, 9 de enero de 2014

Los emigrados de W.G. Sebald: La recuperación de la dignidad a través de la memoria



Para la sesión de enero hemos seleccionado Los emigrados de W.G. Sebald. La novela traza la biografía de cuatro desarraigados: Henry Selwyn, su amigo y casero en Inglaterra, Paul Bereyter, su maestro de escuela primaria, Ambros Adelwarth, su tío abuelo y Max Ferber, amigo y pintor, y lo hace con una prosa poética lúcida, con largos párrafos de oraciones subordinadas mediante testimonios de los propios protagonistas o de familiares y amigos, escritos en forma de diarios o memorias cuajados de referencias y alusiones, conformando un texto heterogéneo, ecléptico,que mecla el rigor del ensayo y la balsámica ficción de crónica de un viaje interior, biográfico o autobiográfico, que se va hilvanando con fotografías en blanco y negro, con  tarjetas de visita, recortes de periódicos, mapas y fragmentos de cartas y en la que late como un impulso contante la recuperación de la dignidad a través de la memoria.  

“… Los personajes protagonistas tienen algunas cosas en común, son judíos, alemanes y han emigrado de su país natal a Inglaterra o Estados Unidos en vísperas de la segunda gran guerra. Casi todos estos personajes comparten ese destino trágico: el protagonista del primer relato, el doctor Henry Selwyn, se pega un tiro en la cabeza con una escopeta que no ha usado en 25 años, y que ensaya como quien no quiere la cosa un par de semanas antes. Henry Selwyn, melancólico y tierno que nunca estuvo más a gusto en ningún sitio ni con ninguna persona que con su amigo Johannes Naegeli, que muere al precipitarse en la grieta de un glacial, cuyo cadáver reaparecerá al final del relato, como símbolo de una realidad de la que los personajes, Sebald o nosotros, pretendemos emigrar, huir o acaso también lo contrario: recuperar un lugar ya perdido adonde regresarEl profesor Paul Bereyter,se recuesta en la vía del tren… Todos ellos están escindidos, rotos.  En Ambros Adelwarth –emigrado a EEUU- asistimos a la mente genial que termina sus días ingresado en un psiquiátrico por propia voluntad (quizás evocando la figura del escritor suizo Robert Walser. Ambros Adelwarth; emigrado a Estados Unidos, toda la vida trabajó como mayordomo de familias riquísimas y por eso mismo mostró siempre una compostura desusada. Tanto que el médico que lo atendió en un sanatorio donde pasó los últimos años dijo de él que “cada una de las palabras que dejaba caer, cada uno de sus gestos, todo su porte erguido hasta el final equivalían en realidad a una petición continuamente reiterada para ausentarse” (p. 134); para otro tío de Sebald, “En lo que respecta a Adelwarth, lo único que puedo decir es que me daba pena porque durante toda su vida nunca pudo permitir que nada lo sacara de quicio” (p. 107), o “Retrospectivamente se diría que no existió como persona privada, que todo él ya no era más que mera corrección” (p. 119). Ambros se entregó, al final de su vida, a recios tratamientos con electrochoques que lo dejaron convertido en un vegetal con cefalea.
Pueden pasar por anecdóticas sutilezas como que Sebald se hospede en la misma casa en la que en 1908 residiera Wittgenstein –recordemos que Wittgenstein es una de las grandes referencias de Thomas Bernhard. Sebald nació en Baviera, Alemania y vivió más de 30 años en Inglaterra, principalmente en la región de East Anglia donde era catedrático de literatura europea en la universidad del mismo nombre. Fue también fundador del British Centre for Literary Translation (Centro Británico para la Traducción Literaria).Poco autores han tenido tanto impacto en tan poco tiempo. En los últimos 13 años de su vida fueron publicados siete libros (incluyendo dos de poesía), y dos después de su muerte. La mayoría están en español: Los Emigrados, Vértigo, Los Anillos de Saturno, Austerlitz, Del natural, Campo Santo, Sobre la historia natural de la destrucción y Sin contar.


La erudición, asombrosa cuando Sebald se refiere a otros escritores, al paisaje o a hechos de la historia, ya tiene un antecedente en Borges. El lenguaje de las narraciones, melancólico y de largos párrafos envolventes, recuerda la música de Proust y también la de Thomas Bernhard, que influyeron sobre Sebald tanto como Calvino, Kafka y Primo Levi. El uso de fotos, recortes y mapas es un recurso empleado en tres libros de Julio Cortázar: La vuelta al día en ochenta mundos, Último round y Los autonautas de la cosmopista, aunque con una diferencia sustancial: los textos de Cortázar aluden a hechos reales, verificables; las obras de Sebald incluyen esos fragmentos de realidad para ilustrar ficciones.

    A propósito de Proust (con quien Sebald ha sido comparado a menudo por su sintaxis ondulante) Walter Benjamin afirmó que "todas las grandes obras literarias fundan un género o lo deshacen". El género de Sebald no es definitivamente el testimonio, pero tampoco podemos encerrarlo en la fascinación proustiana por la mémoire involontaire, el modo en que ciertas asociaciones sensoriales convocan azarosamente el pasado. En este caso, los recuerdos afloran por medio de un evidente trabajo ("minería y dragado", dice algún crítico) en las tinieblas, un esfuerzo que atraviesa los dominios morales o políticos para regresar siempre al oficio de Penélope, el tejido ficcional del recuerdo inventado.
       
    Es curioso que los lectores más agudos de Sebald (Susan Sontag, John Banville, Pietro Citati) sean también escritores, gente del gremio, que reconocen en su obra una vía de escape a la llamada "crisis de la novela". Más que una tendencia hacia la autobiografía, el ensayo o el libro de viajes, o hacia la mezcla de todos estos géneros, los libros de Sebald constituirían algo así como un género aparte (¿exile-fiction?) que aportaría una forma de supervivencia al laberinto de la narrativa actual. Libros como El Danubio, de Claudio Magris, las novelas de Roberto Calasso, las memorias noveladas de Naipaul y las "piezas narrativas" de Pascal Quignard o Giorgio Manganelli, por poner sólo algunos ejemplos más o menos recientes, se colocan bastante al margen de los estancos genéricos. ¿Hasta qué punto estas obras son renovadoras o cuán definitiva será su influencia? La respuesta es una moneda todavía en el aire. Por lo pronto, llama la atención que Banville se refiera a un autor tan poco vanguardista como Sebald como "la culminación triunfante de un proceso de cambio y experimentación" o un "nuevo comienzo", o que otros críticos lamenten su reciente muerte en un accidente automovilístico como el sombrío agujero que nos impide conocer hacia dónde se dirigiría ahora un narrador que, en pocas palabras, no ha hecho otra cosa que dar vueltas sobre el mismo punto.
  
     Sebald es un autor que ejemplifica como nadie el alcance de la onda expansiva del trauma del Holocausto en el siglo XX, tanto en la manera en que le afecta personalmente como en la percepción de las oscuras huellas transferidas al mundo cultural o a las vidas públicas y privadas de los que lo sufrieron directa o indirectamente. Si Godard decía que el gran fracaso del cine fue no dar al mundo una imagen del Holocausto, no podemos negar que todas las manifestaciones artísticas del siglo XX nos hicieron replantearnos, a partir de estos hechos atroces, una nueva forma de mirar la Historia y de abordar con cautela el fervor de los acontecimientos.
A Sebald no le interesa mostrarnos directamente el impacto del Holocausto.Lo que interesa al autor alemán, y le interesa porque, moralmente, es lo que él debe contar, lo que es capaz de contar, son las huellas de aquella desgracia, la manera en que las vidas anónimas manifiestan unos determinados signos, el modo en que la gran Historia abandona la teoría y se refleja en los márgenes de la intrahistoria, poblada de códigos, señales y ecos de unos acontecimientos que tienen un alcance mucho mayor que el que a simple vista puede parecer.
  
     La relación entre exilio, memoria y culpa es inmediata, y todo se articula a través de la Historia. Sebald parece decir que sólo un análisis distanciado permite la supervivencia, pero que en ocasiones es necesario dirigir una crítica más aguda hacia todo lo que, poco a poco, va cayendo en la autocomplacencia. Se hace imprescindible la lucha contra el olvido. Precisamente contra este olvido se dirige buena parte la labor formal de la obra del autor alemán. La evocación del pasado no es en Sebald un efectista artilugio de nostalgia; todo lo contrario, las evocaciones surgen de los detalles inaprensibles de la vida cotidiana, de la observación pormenorizada de la realidad y su relación con el pasado íntimo del autor o con una cultura occidental global. Por esta razón es justo situar a Sebald como heredero postmoderno de Proust (referencia tan inmediata para él como puedan ser Borges o Bernhard), haciendo convivir la evocación íntima del maestro con la referencia y el pastiche.…”


 Es extracto y compendio de otras reseñas que se relacionan
sterrados".



miércoles, 4 de diciembre de 2013

Comentario de Susana Jákfalvi : El insólito viaje del samurái Hasekura de José María Sánchez-Ros.


                                                                   
Añadir leyenda

El punto de partida de esta obra de ficción-no ficción es un manuscrito sobre el samurái Hasekura que le dejó al narrador -Mauro Caro- su amigo Fernando Japón antes de morir, junto con el encargo de que la concluyera. Mauro Caro reflexionará a lo largo de la novela sobre el complejo proceso de escritura.
La otra punta del hilo que recorre el texto son unos hechos históricos "insólitos": dos misiones: la Misión Tesho y la Misión Keisho, y el malogrado propósito de los españoles de evangelizar el Japón a finales del siglo XVI y comienzos del XVII. Hay que destacar la minuciosa documentación que aparece resemantizada por el narrador.

Muchos de los temas que aborda Mauro Caro han sido tratados en la novela contemporánea, especialmente la reflexión sobre la escritura y el proceso de escribir; con ello es ineludible pensar en la memoria y los efectos del olvido, tanto en un individuo como en una colectividad. Uno de los problemas que enfrenta el narrador son las imposturas de la historia oficial así como el papel de los responsables de esos engaños y de los que contribuyeron, voluntaria o involuntariamente, al fracaso del viaje de Hasekura en una frustrada embajada a Europa. Sanchez Ros menciona causas posibles a la hora de presentar los hechos, unos hechos casi olvidados: causas que pudieron ser la negligencia, los intereses encubiertos, o la ignorancia.
Sánchez Ros también relata historias locales, en las que el escritor hace hablar a los protagonistas o a los testigos - reales o inventados- de los hechos. Este gesto revela el intento de ir más allá de lo que uno puede encontrar en la historiografía conocida. Los temas se encuentran relacionados entre sí debido, sin duda, a la riqueza que contienen. Algunos detalles temáticos aparecen como insólitos, otros son viajes de la mente humana que intentan  comprender la ambición de algunos, la violencia de otros, el odio y el mal.

Aunque podría ser definida como novela histórica, sin embargo la ficción y la no-ficción se suceden y superponen. Por ello, no podemos decir que estamos ante una novela histórica convencional. La verdad se presenta contrapuesta a la paradójica condición del ser humano.
El narrador continuamente se cuestiona y reflexiona sobre el pasado en el presente. Surgen recuerdos, proyectos, anécdotas - no sin una pizca de ironía paródica.
Estructuralmente se fusionan los borradores de Fernando Japón con viejos documentos, y fundamentalmente con las premuras del escritor.

Se revelan historias de otra época, costumbres de otras culturas. El relato recoge, en un movimiento zigzagueante, objetos portadores de una historia desconocida, recupera saberes antiguos. Conecta, ficcionalmente, historias actuales personales con hechos antiguos, como si quisiera demostrarnos que todos es un presente continuo.
El resultado es un texto heterogéneo: una combinación de Historia, con mayúscula, crónica de viajes, escenas de ciencia ficción, biografías, reflexiones sobre el sentido de la vida y de la muerte. La historia de Hasekura no tiene una sola versión, hay tantas versiones como puntos de vista de los personajes. Los grandes eventos son reales, pero los detalles son producto de la fecunda, incontenible imaginación del autor. Así aparece la narración fantástica, o el texto epistolar, unido al discurso historiográfico.
Narración y ensayo. Ficción y realidad. Dos planos narrativos en constante movimiento. Por un lado, los hechos de una compleja historia de conquista del poder, con una exhaustiva documentación. Y por el otro, la búsqueda de la voz personal, la voz de Mauro-alter-ego del autor, quien por momentos está desorientado en medio de ese laberinto al que desea entrar. Laberinto donde se confunden la historia y la ficción, y que sólo puede resolver el narrador tachando, borrando, reescribiendo. Al final de cuentas, el cuaderno de Fernando resulta ser solo un pretexto. Lo importante es el descubrimiento de la energía creadora en el que se ve envuelto Mauro Caro después de haber enfrentado al "otro".

 El estilo, meticuloso, cuida hasta el más mínimo detalle, valiéndose de una gran riqueza de recursos. La reescritura se profundiza con la invención; el espacio y el tiempo se prolongan y recrean mediante extrapolaciones, yuxtaposiciones; las imágenes fluyen desde la contraposición o la contigüidad entre tiempos históricos, territorios geográficos; a veces surge el asombro, la parodia o la ironía.
El homenaje literario se explaya con referencias a Kafka, al Bartleby de Melville, a Flaubert.
También aparece Borges y su magisterio, y fugazmente Vargas Llosa, Cortázar, Carpentier, Nabokov, Thomas Mann, o Bioy Casares, entre otros.
Cervantes, Quevedo y Lope de Vega serán invocados en varios episodios de la novela.

Se trata de desenmascarar (y revestir) a los muchos personajes que estuvieron involucrados en el fracaso de la embajada de Hasekura.
Para ello es necesario el desplazamiento incesante del narrador a otras realidades, otros tiempos, ir y venir de Occidente a Oriente.
Los viajes referidos son reales, pero ellos dan lugar a los viajes soñados, inventados.
Sánchez Ros se embarca en una búsqueda de los nexos secretos entre cosas, personajes, historias: porque tiene la convicción de que el mundo es un inmenso tejido de semejanzas y contrastes.
Y ante todo tratar de encontrar una respuesta a la pregunta central: por qué fue que eso que pasó ocurrió de aquella manera.
Es evidente que al narrador no le interesaba un relato en el que la sucesión de páginas sólo tuviera como objetivo hacer avanzar la acción.
Sus dudas reflejan esa tensión entre realidad, memoria y ficción.
El viaje del Mauro Caro, físico y mental, tiene la forma de círculos que producen finalmente espirales, antes que indescifrables laberintos. Este diseño estructural le permite volver a lo inconcluso y poder ponerse en el lugar que ocupa el otro.
La memoria tiene un papel relevante: son memorias ajenas tomadas en préstamo, memorias inventadas o memorias recontadas desde otro punto de vista. El conjunto, dentro del que hay que destacar los monólogos, los monólogos interiores, todo está cargado de esa intención de suplementar el sentimiento de aquel que se ha marchado de un territorio con una esperanza o con una decepción.
Al comienzo de la novela, Mauro parece estar duplicando no solo la escritura de los borradores de Fernando Japón sino también su reticencia, su intención de no escribir. En los cuadernos y notas que le deja su amigo aparece esa intención superpuesta a vacilaciones, interrupciones, miedos y tachones. Después de la muerte del amigo, todo eso desaparece porque el escritor se autoriza ahora a ser él mismo.
Entre otras acciones literarias, Mauro Caro copia e interpola, compara, o se emociona, recrea libremente, y también líricamente, sus ideas y sentimientos. Y sobre todo medita, medita sobre las conexiones entre el pasado y el presente, entre Oriente y Occidente, entre el poder y la ambición, el bien y el mal, la vida y la muerte.
En conclusión, es una admirable novela sobre la escritura, el escritor, y la historia.
                                           
                                                          Susana Jákfalvi
                                      
Nota: La novela El insólito viaje del samurái Hasekura fue presentada en Sevilla el 15 de noviembre de 2013. Actuaron como introductores el notario de Sevilla Javier Feás y la profesora y crítica literaria Susana Jákfalvi.
Puede verse la presentación en el siguiente enlace:
http://www.youtube.com/watch?v=Jq6uBYs2Yzw

               


jueves, 14 de noviembre de 2013

El insólito viaje del samurái Hasekura: Una novela de José María Sánchez-Ros Gómez

  •   El insólito viaje del samurái Hasekura es una novela que tiene un fondo histórico evidente:  En 1614, una embajada japonesa llega a Sevilla enviada por Date Masamune, señor de Sendai. El samurái Hasekura dirige la expedición a la que acompaña un sevillano, el franciscano Luis Sotelo. El propósito de la embajada era abrir una ruta de comercio entre Japón y España, y conseguir para los franciscanos un segundo obispado. Cuando la embajada se encuentra en Europa arrecia la persecución de los cristianos en Japón. Hasekura se bautiza en Madrid en presencia del rey Felipe III y es recibido en Roma por el papa Paulo V. No obstante, la poca representatividad de la embajada y los informes desfavorables que llegan al Consejo de Indias obligan a Hasekura y a Sotelo a un difícil regreso, sin haber conseguido nada. Alrededor de una docena de samuráis se quedan en la villa de Coria del Río y sus descendientes adoptan el apellido Japón.
  • La embajada Keisho tuvo una inesperada consecuencia. Y es que, algunos de aquellos samuráis se quedaron en Coria del Río y sus descendientes cuando se acristianaron adoptaron el apellido Japón. En efecto, cerca de mil personas en la provincia de Sevilla tiene como primer o segundo apellido el de Japón. Este fue el punto de partida, pero pronto me llamó poderosamente la atención la contraposición que había en los dos personajes principales de esta historia: por una parte, el disciplinado Hasekura, samurai de Date Masamune, y el incansable y vehemente padre fray Luis Sotelo. La mezcla me pareció explosiva.
    Mi maestro Ángel Leiva me había enseñado que el principal engarce de la ficción con la realidad se encuentra en el juego de las semejanzas y de las contradicciones y que si una historia avanza es por la pugna que se deriva de la asociación libre de ideas, unas veces el impulso salta por lo que se parece y otras en cambio por aquello que le diferencia. ¿Había algo más dispar que un samurái y un franciscano que compartieran un mismo destino atravesando tres continentes y dos océanos? El desafío de poder comprender el punto de vista del japonés y del franciscano me colocaba en ese punto intermedio del observador imparcial. Occidente frente a Oriente. O mejor Oriente junto a Occidente A esta diferencia de carácter y pensamiento  se añadía que la historia tenía un escenario muy sugerente y variado, pues iba desde Filipinas y Japón a España e Italia pasando por México, y me permitía poner en contacto dos mundos tan descompasados como fueron el Japón feudal de los Tokugawa con la España de los Austrias de nuestro siglo de oro.
       La presencia ibérica, españoles y portugueses, en Japón es una circunstancia poco conocida, pero que perduró casi un siglo desde 1549 en el que el padre jesuita Francisco Javier llegó a Japón hasta 1624 cuando cesaron por completo. La embajada de Hasekura podría haber cambiado el curso de la historia, ya que si hubiera prosperado Japón se hubiera abierto a Occidente en el siglo XVII y no a finales del siglo XIX como sucedió después. Pero el esfuerzo no fue en vano. Lo prueba el hecho de que se conmemore el cuarto centenario de la embajada Hasekura en España y Japón. Hace poco nos visito el heredero al trono de Japón el príncipe Naruhito. Tuve la oportunidad de asistir en junio de este año a esta visita en Coria del Río, donde el representante de la casa real más antigua del mundo fue recibida por el grito enfervorizado de los locales, que le saludaban con ese gracejo andaluz como Marujito, Marujito, diciendo algunos, a  continuación, un tanto admirados ¡pero que chequitito es! También tuve la suerte de conocer al décimo tercer descendiente directo del samurai Hasekura. Hasekura Tsunetaka, que entrañable y vestido con su kimono ceremonial recorrió sorprendido las calles de Coria.
    Para organizar la historia de Hasekura se me ocurrió acudir a dos voces. La de Fernando Japón, uno de aquellos descendientes que cuenta la historia de su antepasado, y la Mauro Caro que ayuda a su amigo Fernando a concluir el relato que el primero no pudo terminar. La historia contada por dos narradores, a veces sucesivos y otras, simultáneos, forma parte imprescindible de la novela sobre Hasekura. Hay por tanto dos relatos: el relato histórico de los personajes reales y el relato ficiticio de los narradores que cuentan la historia. Para mi tan relevante era el qué se contaba como el modo en que se desgranaba la historia. Para intentar esta unión entre los personajes reales y los de ficción introduje en la novela de manera reiterada puentes a través de la metaficción. La cita y la continua referencia a autores clásicos y modernos es lo que permite que la novela vaya tomando impulso y pueda culminar su final en la que la historia de Hasekura y Luis Sotelo se acopla con la propia peripecia personal de los narradores Fernando Japón y Mauro Caro.                                                                                               
  •                                             José María Sánchez-Ros Gómez

  •                                         
El autor despliega una replica de la carta que Hasekura trajo a Sevilla en 1614.


La novela el insólito viaje del samurai Hasejura fue presentada en Sevilla el día 15 de noviembre de 2013 en la Biblioteca Infanta Elena. Oficiaron de introductores el notario de Sevilla Javier Feás Costilla y la profesora y crítica literaria Susana Jákfalvi. 

El libro puede adquirirse en Sevilla en la librería Palas en la calle Asunción 51 tfn 954276538. En la librería Cefiro en la calle de los Buenos Libros, 1 tfn 954215883, mail cefiro@cefiro-libros.com. Y en la librería Repiso en la calle Cerrajería 4 tfn 9542225335 mail repisolibros@gmail.com. También en las librerías Beta de Sevilla. Si desea que se le envíe por correo puede hacer la petición a la dirección de correo electrónico: jmsanchezros@yahoo.es

La edición digital  puede encontrarse en amazon :


martes, 10 de septiembre de 2013

Bullet Park de John Cheever (Todo clavo que resalta tiene que ser amartillado)

Todo Clavo que sobresale se expone al Martillazo

John Cheever (1912-1982) escritor conocido como el “Chéjov de los suburbios” publicó su tercera novela en 1969: Bullet Park. Una auténtica obra maestra, escrita con una prosa poética que hace fluir el relato con la magia del titiritero. El lirismo y la fuerza de su estilo han hecho de Cheever uno de los exponentes máximos de la literatura moderna. La novela pasa por ser un excelente retrato del fin del sueño americano, que consagró al autor como uno de los referentes de la novela del siglo XX. Atormentado por el alcoholismo y la depresión durante largos períodos de su vida, John Cheever consiguió, sin embargo, producir una de las obras más originales y sólidas de la narrativa contemporánea. En 1979 le concedieron el premio Pulitzer.

A Cheever le gustaba ahondar en la vida detrás de las fachadas de bienestar de la clase media norteamericana, quizás porque allí había algo que aún no había sido contado, o porque había aún mucho más por contar. Cheever pone al descubierto la bajeza y sordidez que se oculta al ras de los céspedes bien segados de las urbanizaciones del extrarradio, con sus fachadas idénticas y su normalidad desesperante. Realismo de clase media, así nombran la mayoría de críticos la obra de John Cheever. Con sus relatos solo pueden compararse los más logrados cuentos de John Updike o las mejores breves tragedias de Raymond Carver.

Bullet Park es una novela peculiar en su fondo y en su forma. Presenta una estructura sencilla, dividida en tres partes: una por cada uno de los dos protagonistas y una tercera dedicada a la interrelación entre ambos. Su prosa es, asimismo, directa, depurada de todo artificio al margen de poderosas imágenes muy del gusto del autor. Sin embargo, el carácter parlante de los nombres de los protagonistas (Nailles /nails/ ‘clavos’ // Hammer, ‘martillo’), convenientemente subrayado por la traductora Claudia Conde, prefigura el simbolismo de toda la pieza y nos hace sospechar desde un principio que la sencillez es solo aparente. Nailles y Hammer (que suenan como clavos y martillo) parecían que estaban destinados a encontrarse. En ese ambiente asfixiante, John Cheever narra la azarosa intersección de las vidas de dos hombres: Eliot Nailles, un buen hombre que ama con devoción a su mujer ya su hijo, y Paul Hammer, el hijo bastardo que, tras años de rodar, se establece en Bullet Park con un objetivo: asesinar al hijo de Nailles.

El libro empieza cuando Hammer se traslada a un barrio de los suburbios llamado Bullet Park, que es descrito por Cheever de una forma muy particular, entre mítica e irónica, consciente perfectamente de que en buena parte han sido sus obras las que han cimentado los tópicos de estos escenarios suburbanos, como las fiestas con alcohol a raudales, los monótonos viajes en tren para ir a trabajar a la ciudad y la insatisfacción reprimida.

Pero no es el estilo lo único por resaltar en Bullet Park, sino también la trama. Bullet Park se puede leer como la historia del triunfo agónico del hombre sobre la depresión. Los tres personajes principales de Bullet Park, Eliot y Tony Nailles, y Paul Hammer son personajes deprimidos, conducidos por una inercia que se hace patente a través de las drogas, la enfermedad o el alcoholismo. La historia de Eliot Nailles tiene algo de la historia del Sueco de Pastoral Americana de Richard Ford. Bullet Park alcanza la trascendencia, es tan sublime como Pastoral Americana. Si la familia Americana tiene como eje a los hijos, es natural que todo se caiga a pedazos si ellos se caen a pedazos. Eliot Nailles se desmorona como la fe católica bajo el descubrimiento de pederastia. Además de vecindario, Nailles y Hammer comparten un cuadro parecido de ansiedad y depresión.

Para Nailles todo empieza el día en que Tony, su hijo adolescente, sin aparentemente ninguna razón, no se levanta de la cama. A partir de entonces desfilarán por la habitación de Tony una serie de médicos, especialistas e incluso un curandero, para tratar de “curarlo”. Nailles, avergonzado, dirá a todo el que se lo pregunte que lo que tiene su hijo es mononucleosis. Pero además de avergonzado, Nailles se sentirá sobre todo culpable e impotente por no poder hacer nada para ayudar a su hijo. Su ansiedad irá en aumento y ya ni el alcohol será suficiente para calmarlo, de modo que acudirá a un doctor que le recetará unas pastillas que le harán flotar en una nube de inconsciencia. Hammer, por su parte, se ha pasado media vida viajando por el mundo para huir de la desesperación, pero esta siempre ha acabado para alcanzarlo. Un día verá a través de una ventana una habitación con las paredes pintadas de amarillo y quedará convencido de que para encontrar la paz debe encontrar una habitación como aquélla. La encontrará, pero aquello no será suficiente, así que luego se convencerá de que para encontrar la paz tiene que optar por una solución mucho más radical. Y es ahí cuando decidirá ir al encuentro de Nailles, porque es el perfecto espécimen de hombre suburbano. Del sacrificio saldrá la redención porque todo clavo que resalta tiene que ser amartillado.

‘Bullet Park’ es una novela que en cierto modo parece una fábula alegórica, en ocasiones particularmente sórdida e inquietante, pero también con un punto de humor absurdo y extraño. En este sentido, no es nada gratuito que el clímax final suceda en el altar de la iglesia, donde Nailles y Hammer vuelven a encontrarse. Es entonces cuando el mal que había aparecido de improviso, sin avisar y sin nada que hubiera podido predecir su entrada en escena, es derrotado, pero aún así el final es extrañamente agridulce; las cosas volverán a ser como eran antes, sólo que en realidad ya no volverán a serlo…”

Es extracto y compendio de otras reseñas que se relacionan:

http://loslibrosdepepe.blogspot.com.es/2012/07/bullet-park-john-cheever.html
http://bugseatbooks.blogspot.com.es/2010/12/bullet-park-de-john-cheever.html
http://librosmorrocotudos.com/2012/11/22/bullet-park-john-cheever/
http://eljardindelmanicomio.wordpress.com/2013/02/24/bullet-park-de-john-cheever-la-depresion-y-sus-formas/
http://lasvacacionesdeholden.blogspot.com.es/2013/02/bullet-park-john-cheever.html
http://www.lecturalia.com/comunidad/libro-comentado/25556/15754/bullet-park
http://es.globedia.com/bullet-park-john-cheever
http://www.sopadelibros.com/book/bullet-park-john-cheever




martes, 28 de mayo de 2013

Intemperie de Jesús Carrasco: Una novela rural


“…Fue sacando los enseres de las aguaderas y los fue dejando junto al viejo. Cuando terminó, desmontó los serones y fue metiendo de nuevo las pertenencias del pastor dentro de ellos. El viejo le pidió la albarda para usarla como respaldo (...) Buscó en los serones una trenza de albardín que había sobrado del redil y la ató a la retranca. Luego fijó el otro extremo a una piedra caída del castillo y tiró del ronzal. El animal se movió, y la albarda se deslizó por sus cachas hasta caer al suelo...”.

Intemperie (fragmento)

Es extraño sorprenderse con la lectura de un libro. Intemperie, de Jesús Carrasco (Badajoz, 1971), es una novela distinta. Podrán decir que es una novela rural, que bajo un sol de justicia recrea un episodio de violencia en la España interior de la primera mitad del siglo veinte. Pero es mucho más. Carrasco ha omitido todos los nombres de los personajes y de los lugares para que la atención del lector se circunscriba a la historia. La propuesta estética es recrear un entorno indefinido, brumoso que inquietara al lector y que a la vez le diera a la historia un tono poético. El autor desbroza en línea recta, no hace digresiones. La novela se cuenta en tercera persona a través de los ojos de un niño. El lenguaje es preciso, a veces con palabras que sólo intuimos, pero que le dotan de un gran lirismo. Carrasco nos dice que lo poético es la forma más sublime de la escritura porque emplea los mínimos recursos para producir el mayor impacto. Su concepto de lo poético, tiene que ver con lo que se desliza entre líneas y no se nombra, con lo que se alude y sobreentiende.

 La novela tiene un ritmo que hace que el libro se te agarre a la manos, y que se acentúa con el uso reiterado del pretérito indefinido, sólo interrumpido por diálogos vivos y escuetos. Sólo al final da tregua Carrasco a la emociones del niño, en el momento en que sobre su cara caen unas gotas de lluvias, cuando dice que Dios aflojaba por un rato la tuercas de su tormento.

La novela tiene un mensaje de dignidad. A pesar de la violencia, de la humillación, de esa intemperie que castiga de forma tan inmisericorde, el niño y el cabrero tiene intactas su dignidad. Carrasco nos dice que: “Escribo de la manera más natural que puedo, lo que en mi caso implica la presencia de lo rural y de las relaciones humanas básicas, como las que se puedan establecer entre un padre y un hijo o, en este caso, entre un aprendiz y un maestro”.

Reseñas consultadas:
http://www.elplacerdelalectura.com/2013/01/intemperie-de-jesus-carrasco.html
http://programalaesfera.blogspot.com.es/2013/04/intemperie-jesus-carrasco-critica.html
http://www.elnortedecastilla.es/20130504/mas-actualidad/jesus-carrasco-narrador-sobrio-201305042142.html
http://mariocrespo.blogspot.com.es/2013/04/intemperie-de-jesus-carrasco.html
http://www.lapiedradesisifo.com/2013/05/07/intemperie-de-jes%C3%BAs-carrasco/
http://www.ruralc.com/2013/03/jesus-carrasco-intemperie.html

“EL VIENTO DE LA LUNA”, de Antonio Muñoz Molina. Reseña de Emilio Piqueras Gómez

Interiores de un adolescente
EL VIENTO DE LA LUNA
DE ANTONIO MUÑOZ MOLINA
Reseña Emilio Piquera Gómez

Llevaba tiempo deseando volver a toparme con una novela del autor y por unas circunstancias o por otras, he de decir que para desgracia mía, todavía no había puesto en los primeros puestos de mis prioridades lectoras otra de sus obras.

El viento de la luna es una novela bastante bien ambientada alrededor del momento en que el hombre pone por primera vez los pies en nuestro satélite. En ella, el autor nos permite introducirnos en las interioridades de un adolescente, el cual, y mediante la técnica del fluir de conciencia nos va mostrando la vida rural de la España de la época, a la vez que nos descubre las expectativas del muchacho y sus sucesivos descubrimientos sobre la vida.

Neil Amstrong, va a ser el primer hombre que pise El mar de la Tranquilidad, ese polvo lunar virgen durante tantos miles de años, pues nadie lo ha removido, ni tan siquiera el inexistente viento del que, en aquella atmósfera, se carece. Alrededor de las noticias del despegue del cohete espacial, viaje, y amerizaje de la nave en la superficie lunar va a irse desarrollando la historia, mediante la narración a través de los pensamientos que se van produciendo en la mente del adolescente protagonista.

El tema se podría definir como una novela de iniciación o construcción, una Bildungsroman peculiar, pues el formato que escoge es una especie de reclusión que el protagonista elige para sí mismo. Pero los capítulos no dejan de lado la exploración del cuerpo, la vivencia de los cambios adolescentes, el descubrimiento de los placeres con todas sus pulsiones eróticas. Y a la vez, el progresivo distanciamiento del ámbito familiar, la aparición de una cierta jactancia sobre conocimientos que le sitúen por encima de sus progenitores o del entorno próximo. O la rebeldía y la experimental desobediencia, o la crítica hacia distintos estamentos, así como los súbitos cambios de carácter.

La trama que se nos propone es un triple argumento: por una parte la expectativas sobre la vida que se van despertando en el muchacho, en segundo lugar se refleja el retraso sociológico de una vida congelada por la dictadura franquista, y en tercero, una especie de tinte idílico hacía la población de Mágina, en donde destacan algunas de sus figuras familiares como su padre o la tía Lola. El acontecimiento de la llegada a la luna está muy bien ambientado y documentado mediante variados y singulares detalles, siempre narrados mediante el fluir de conciencia del protagonista. Aunque este acontecimiento no sirve sino como excusa para ir desgajando, al unísono, el cómo va abriendo los ojos a la vida el personaje adolescente.

En la narración predomina la primera persona, excepto cuando su pensamiento se traslada hacia alguno de los astronautas, en cuyas escenas narra en segunda. El tiempo cronológico de duración de la novela no va más allá de lo que dura el viaje de ida y posterior alunizaje. El estilo es muy particular, utilizando el curso normal del viaje, mediante el paso lineal del tiempo, y saliendo y entrando en una parte u otra de la vida que le rodea en aquellos momentos o recuerdos de épocas anteriores que surgen a través del pensamiento sobre alguno de los personajes protagonistas. Utiliza pocos diálogos, y quizás por ello se sobrecargue demasiado la novela en largos párrafos de monologados pensamientos. Sin embargo, en otras ocasiones se vuelve más ameno mediante unas acciones descritas acompañados de unos diálogos.

Puede recordarnos otras obras suyas como El jinete polaco o Beatus Ille. Y asimismo, nos puede sugerir estilos de escritores como Salinger, con El guardián entre el centeno, demostrando que también es capaz de conciliar las contradicciones de un adolescente; o asimismo puede recordarnos el estilo de Philip Roth.

La construcción de personajes logra un buen nivel, sobre todo en el joven protagonista, el padre, la tía Lola o el cura progre del seminario. La prosa está muy bien conseguida y se plasman variados detalles en los que se demuestra que el autor o ha vivido los episodios o los siente muy cercanos.

En fin, una historia muy bien llevada. En ella se disfruta de una lectura lograda y bien construida a través del difícil juego de los recuerdos entremezclados con el discurrir de la cotidianeidad. Pero, sobre todo, es meritoria porque el autor pasa con nota el experimento que supone, para todo escritor, el realizar una novela configurada en su totalidad sobre la técnica del pensamiento libre del protagonista.

EMILIO PIQUERAS

jueves, 2 de mayo de 2013

Leonardo Padura: Máscaras.

"...La novela Máscaras del autor cubano Leonardo Padura ( La Habana, 1955) es la tercera entrega de la tetralogía “Las cuatro estaciones” protagonizada por el teniente detective Mario Conde, también es conocida como “El cuarteto de la Habana”. El resto de la serie lo forman Pasado perfecto, Vientos de cuaresma y Paisaje de otoño. Cada libro está ambientado en una estación diferente. En Máscaras estamos en verano. “El calor es una plaga maligna que lo invade todo”. Al igual que en el resto del cuarteto la acción se desarrolla en el 1989. Durante los últimos tres meses, Mario Conde ha estado llevando a cabo tareas burocráticas. Fue suspendido por seis meses tras una pelea con el teniente Fabricio. Para entonces su caso será revisado de nuevo para decidir si va a poder regresar al servicio activo. Debido a la escasez de personal, su superior, el mayor Antonio Rangel, levanta temporalmente la sanción a Conde y lo manda a investigar la muerte de un travesti en el Bosque de La Habana, junto con el sargento Manuel Palacios

Las novelas policiacas de Padura tienen también elementos de crítica a la sociedad cubana. Al respecto, el escritor ha dicho: "Aprendí de Hammett, Chandler, Vázquez Montalbán y Sciascia que es posible una novela policial que tenga una relación real con el ambiente del país, que denuncie o toque realidades concretas y no sólo imaginarias". Su personaje Conde —desordenado, frecuentemente borracho, descontento y desencantado, "que arrastra una melancolía", según el mismo Padura— es un policía que hubiera querido ser escritor y que siente solidaridad por los escritores, locos y borrachos.

Pese a una obra narrativa y ensayística muy notable, ya reconocida no sólo en su país sino también en Hispanoamérica, sólo ahora llega a los lectores españoles Máscaras, la cuarta novela de Leonardo Padura, galardonada con el Premio Café Gijón de Novela 1995. Máscaras forma parte de una tetralogía de novelas policiacas, protagonizadas por el mismo personaje, el teniente de policía Conde, hombre solitario y desencantado, sancionado en la Central por una antigua insubordinación, y a quien vuelven a llamar para investigar los casos más extraños y menos lucidos. Este entrañable personaje, y el género novelesco en el que se enmarca, le sirven a Padura para abrirse a un horizonte más amplio: sus historias trazan, de hecho, un fresco a la vez risueño y sombrío de las pequeñas grandezas y grandes miserias de la vida cotidiana en la Cuba actual y las someten, como de pasada, a una brillante y profunda reflexión. En la tupida arboleda del Bosque de La Habana aparece un 6 de agosto, día en que la Iglesia celebra la transfiguración de Jesús, el cuerpo de un travesti con el lazo de seda roja de la muerte aún al cuello. Para mayor zozobra del Conde, aquella mujer «sin los beneficios de la naturaleza», vestida de rojo, resulta ser Alexis Arayán, hijo de un respetado diplomático del régimen cubano. La investigación se inicia con la visita del Conde al impresionante personaje del Marqués, hombre de letras y de teatro, homosexual desterrado en su propia tierra en una casona desvencijada, especie de excéntrico santo y brujo a la vez, culto, inteligente, astuto y dotado de la más refinada ironía. Poco a poco, el Conde va adentrándose en el mundo hosco en el que le introduce ladinamente el Marqués, poblado de seres que parecen todos portadores de la verdad de Alexis Arayán…

La víctima, Alexis Arayán, fue estrangulada con una cinta de seda roja. Lo más extraño es que fue asesinado de frente y no ofreció resistencia alguna. Incluso ni intentó escapar, a juzgar por las huellas encontradas. Alexis era hijo de Faustino Arayán, un diplomático de alto rango, el último representante de Cuba en la Unicef y con mucha influencia entre los altos funcionarios del régimen. El Mayor Rangel ha recibido instrucciones de no molestar a la familia y ha exigido la máxima discreción a sus subordinados. Como es habitual en Padura, la investigación policial es sólo una excusa para la crítica social. Los dos temas principales de este libro son la homosexualidad en Cuba y la llamada política de “parametrización” que se utilizó para excluir a muchos intelectuales de la vida cultural cubana, por razones ideológicas y religiosas o por preferencias sexuales. Uno de los aspectos más interesantes de este libro es la evolución de Mario Conde, que va desde una actitud abiertamente homofóba asta su aceptación de lo que sólo es una preferencia sexual diferente.

Como todas las novelas de la tetralogía, la acción de Máscaras transcurre durante 1989, el año del fusilamiento de Arnaldo Ochoa y otros altos funcionarios del gobierno, un año lleno de incertidumbre que Padura Fuentes ha llamado "muy significativo para los cambios que se han producido en Cuba" ("Entrevista" 58). La trama de la novela en sí es bastante tradicional y ofrece pocas sorpresas al nivel narrativo. El día 6 de agosto de 1989 – día de la fiesta de la Transfiguración, según explica el propio Conde – amanece muerto un homosexual llamado Alexis Arayán, hijo de Matilde y Faustino Arayán. El padre es el "último representante cubano en la Unicef, diplomático de largas misiones, personaje de altas esferas" que vive en una casa con vidrios "milagrosamente enteros en la ciudad de los vidrios rotos" (Máscaras 38). Mario Conde, a quien nunca le han gustado los homosexuales , es el policía encargado de resolver el misterio de la muerte de Alexis. A pesar de que Alexis nunca fue travesti, su cadáver se encuentra vestido con el traje de rojo vivo diseñado para el personaje de Electra Garrigó por Alberto Marqués, amigo de Alexis, para una representación de la obra teatral del mismo nombre escrita por Virgilio Piñera. Además de su curioso atuendo, hay otro dato sobre el cadáver que sale a relucir luego: alguien, presumiblemente el asesino, le introdujo dos monedas de oro por la vía rectal.

A través de varias conversaciones con Marqués, Conde se entera de cómo la construcción de una heterosexualidad normativa revolucionaria afectó a Marqués y a otros homosexuales. Marqués le revela a Conde los pormenores de la parametración de intelectuales a comienzos de los años setenta. Como señala Padura Fuentes, la parametración fue una especie de censura que surgió poco después del caso de Heberto Padilla, y fue aplicada a quien "no cumplía con determinados parámetros"; en algunos casos, la parametración también resultó en la persecución y el encarcelamiento de individuos. El culpable de la muerte de Alexis resulta ser no un parametrado, sin embargo, sino su propio padre, Faustino, quien es arrestado a pesar de su posición dentro del gobierno. Arrestado finalmente Arayán, Marqués le revela a Conde el motivo por el cual éste mató a Alexis: en 1959, Faustino Arayán falsificó documentos para aparentar que él había luchado contra Batista. "Así fue como Faustino", explica Marqués, "se montó en el carro de la Revolución, con un pasado que le garantizaba ser considerado un hombre de confianza que merecía su recompensa" (228).

Si bien al revelarse el hecho que el culpable no es ni nunca fue realmente un revolucionario se disminuye la acusación implícita a todos los revolucionarios que se había ido tejiendo a lo largo de la obra, se debe destacar que el propio personaje de Conde, a pesar de ser el encargado de la investigación, también mediatiza las críticas hechas al régimen castrista en la novela..."

Es extracto y compendio de otras reseñas que se relacionan

lunes, 15 de abril de 2013

Manuel Longares: Romanticismo

"...Madrid es un territorio literario cuya imagen se ha multiplicado en la mirada de grandes escritores. Sin remontarnos hasta Galdós, sólo en el último medio siglo este espacio plural ha dado materia para novelas importantes en nuestra historia literaria. Dos, al menos, son emblemáticas: La colmena (1951), con su lírica expresión de la incertidumbre existencial de los vencidos en aquel tierno acuario de desdichas en unos días de 1943; y Tiempo de silencio (1962), por su rabiosa interpretación intelectual y su barroca plasmación estilística del atraso y la injusticia en la sociedad de posguerra en 1949. Después Madrid y el franquismo han concitado la atención de escritores tan relevantes como García Hortelano, Umbral o Isaac Montero, que han explorado este territorio y aquel período en sus mejores, si bien con actitudes ideológicas y estéticas diferentes. También en la transición Madrid ha seguido dando un escenario fértil para novelar el cambio político y sus transformaciones en la sociedad española. Son muchas las novelas que han acometido este proceso, algunas con alcance generacional ideado por autores del 68. Dos muy recientes abordan, en su dimensión colectiva, aquel intenso periodo de la transición en distintos ámbitos de la sociedad madrileña: La caída de Madrid (2000), de Rafael Chirbes, atenta a diferentes sectores sociales en el día postrero de vida de Franco; y Romanticismo, de Manuel Longares (Madrid, 1943), centrada en la burguesía del barrio de Salamanca.

Romanticismo es una excelente novela que aborda con actitud lírica y mirada irónica el momento histórico del cambio de régimen de la ditadura a la democracia de aquella burguesía improductiva, poseída por el miedo a los cambios que se avecinan con la muerte del dictador. y dispuesta a abrir sus ojos a sectores de la clase media para acomodarse a los nuevos usos sociales, sin ceder ni un palmo en la defensa de sus intereses económicos. Al mismo tiempo los personajes de la clase media que por su trabajo entran en el reducto privilegiado del barrio de Salamanca comprenden que, a pesar de los cambios en las costumbres y en la moral de la burguesía adinerada, aquel territorio sigue siendo inexpugnable para los nacidos fuera de aquellas familias. Romanticismo descubre la inagotable capacidad de la burguesía para acomodarse a cada situación en defensa de sus privilegios.

Romanticismo comienza en los últimos días de vida del caudillo y termina con la victoria de la derecha en las elecciones de 1996 aunque, ocasionalmente, el narrador nos lleva a los años de posguerra, donde se enraízan muchos de los interrogantes que habrán de desvelarse en las páginas ulteriores.Longares teje una crónica de la Transición desde la óptica de un colectivo, los habitantes del barrio de Salamanca, pocas veces abordado en primera persona, y logra la proeza de rescatar el ambiente de aquellos años a través de las frases hechas, las cafeterías, restaurantes y costumbres de entonces. La historia novelada gira en torno a una familia del barrio de Salamanca a lo largo de tres generaciones, con especial hincapié en las tres mujeres más representativas de la casa en cada momento. Su estructura narrativa está organizada en tres partes que se corresponden con tres momentos de la historia y que, en buena medida, siguiendo una cronología lineal con muchas retrospecciones temporales, reproducen el clásico esquema de planteamiento, nudo y desenlace. La primera parte, “Sepulcro de la memoria”, se centra en los veinte días anteriores a la muerte de Franco en noviembre de 1975. La incertidumbre de aquella burguesía, lastrada por el peso inútil de su pasado y preocupada por su patrimonio, se manifiesta en estas páginas con ironía y humor aprendidos en Cervantes, hasta dar cabida a dosis bien controladas de parodia, caricatura y deformación esperpéntica, por ejemplo en el soberbio padre Altuna o en la grotesca sexualidad de Javo Chicheri y otros componentes de su comando fascista. En la segunda parte, “Desajustes”, se novelan más de dos años de rápidos cambios producidos entre 1975 y 1978. Si antes todo se circunscribía al barrio de Salamanca (“el cogollito” en el habla de Serrano), con sus tiendas, cafés y restaurantes, y unas vacaciones de tres meses entre el chalet de San Rafael (“Sanra”) y la playa de la Concha (Donosti), sin más contactos que los clandestinos con los rojos (“rogelios”), ahora en la transición los miembros de estas familias empiezan a moverse desconcertados por el aluvión de la democracia. Pero aprenden rápido y se adaptan incluso a las libertades sexuales de la nueva etapa, sin compartir de verdad ni su grandeza ni sus finanzas. La tercera parte, “Restauración”, más fragmentaria y elíptica, apura su resumen del paso de esta clase social por la travesía de los gobiernos socialistas hasta la victoria del PP en 1996. Muchas cosas cambiaron en el barrio, que sigue siendo inexpugnable porque el dinero está en las mismas manos. Y con el dibujo de sus transformaciones internas Longares ha dado cima a una espléndida novela de la vida cotidiana de la burguesía madrileña en la transición. En la intraliteratura de esta novela se encuentran secuencias magistrales como la del encuentro en Viena Capellanes o la muerte de Máxima.

Una novela que entra sin miedos en la realidad y en la emoción y además lo hace con un humor inteligente. Rafael Azcona ha dicho que Romanticismo es una novela que recuerda a Galdós, 'pero es mucho más divertida', y el novelista Luis Mateo Díez afirmó que Manuel Longares (Madrid, 1943) conecta con la gran tradición de la novela española del siglo XIX y demuestra a las puertas del siglo XXI que 'el mundo se puede contar de otra manera..."

Es extracto y compendio de otras reseñas que se relacionan:
http://jaimealejandre.blogspot.com.es/2012/04/manuel-longares-romanticismo.html