jueves, 1 de enero de 2015

Las crónicas del Sochantre de Álvaro Cunqueiro. Propuesta para el mes de enero

 

 
La tertulia ha propuesto para el mes de enero la lectura y debate de Las Crónicas del Sochantre de Álvaro Cunqueiro. Valgan estas notas como un intento, seguramente apresurado, de aproximación a la obra y a su autor.

“… Las Crónicas del Sochantre
En 1950 se publica en gallego la segunda novela de Álvaro Cunqueiro Las crónicas del Sochantre. La obra fue traducida al castellano en 1959, mismo año en el que recibió el Premio Nacional de la Crítica por su calidad y meritos literarios.

 Las crónicas del Sochantre es una obra fantástica y humorística  enmarcada en la Bretaña del siglo XVIII, poco después de la Revolución francesa de 1789, y que se inspira en una tradición bretona análoga a la Santa Compaña gallega: la de la carroza funeraria en que viajan las ánimas en pena. La obra relata el secuestro de un joven y timorato sochantre, Charles Anne de Crozón, por parte de una hueste fantasmal de gente recién ajusticiada, para que amenice un entierro con su canto. A partir de este momento, el joven se verá arrastrado a viajar por los caminos de la monárquica Bretaña con la fúnebre comitiva durante tres años colmados de aventuras y de relatos acerca de lo que llevó a la muerte a sus captores, quienes se definen a sí mismos como terroríficos, pero al mismo tiempo serenos. Desde un principio la trama nos envuelve con la descripción de Bretaña como una tierra en que los muertos y los vivos mantienen una sana convivencia. Estos condenados tendrán que redimir sus culpas por un tiempo asombrosamente determinado, antes de volver a sus tumbas y poder al fin descansar en paz. Son curiosísimas las reglas que tienen que seguir en esta especie de vida suspendida, en la que poseen un cuerpo durante varias horas del día mientras que, en otras, se ven reducidos a meros esqueletos (o a una lucecilla azul -a falta del mismo-, como en el caso de Guy Parbleu).
La novela reúne un caudal de invenciones, imaginaciones y lirismo para narrar la aventuras y desventuras, de Charles Anne de Cruzon, un músico experto en tocar el bombardino, haciéndolo sonar “humano y sumiso”, mientras recorre las tierras bretonas “viciosas de caminos que hieren los vientos y las noches”; caminos por los que “andan fáciles y vigilantes pasajeros, gente de soterradas alamedas, finados vespertinos, fantasmas, huestes caballeras y ánimas redimiéndose de penas”. Y será acompañando a la sobrecogedora mesnada - -el músico tendrá ocasión de escuchar las historias de amores contrariados, tratos con el diablo, muertes sin saldar y pecados pendientes que obligan a vagar a los espectros a la espera de poder descansar en sus tumbas. El músico descubrirá las virtudes de la guillotina, enredará en artes sobrenaturales, tendrá tratos con el diablo (de nombre Ismael Florito) y con el mismísimo Judío Errante, y participará en una representación delirada y delirante de Romeo y Julieta.

La obra esta dividida en un prólogo, tres partes, dos apéndices y un epílogo   El prologo, rotulado en el índice final con el nombre de Bretaña, hace mención a la existencia junto a la gente natural del sobremundo a las “gentes de soterradas alamedas, finados vespertinos, fantasmas, huestes caballeras y ánimas redimiéndose de penas; las más de ellas, gentes difuntas a las que alguna paulina niega descanso.” Y casi al final también con un tono poético dice: “Por los caminos de Bretaña va la danza macabra empujando vientos, y la más diminuta flor que nace en abril, a la vera del camino, ignora si va a ser llevada al cabello de una niña o pisada por el pie de un esqueleto que salta al frente de la hueste”.
La primera parte está intitulada La hueste viene por el sochantre.  Esta parte tiene a su vez una pequeña introducción en letra cursiva donde se nos cuenta quien es el protagonista de la historia: Charles Anne  Guenolé Mathieu de Crozon, el sochantre de Pontivy. Cunqueiro se autoficciona como narrador extradiegético cuando cuenta que son las libretitas con tapas de piel de conejo las que me sirven ahora para escribir estas crónicas ya que en ellas van puntualmente relatadas las aventuras que corrió Charles Anne, desde el año 1793 a 1797. Cunqueiro emplea el recurso cervantino del manuscrito encontrado al introducir en la novela una fuente documental hallada en casa de Madame Clementina Marot y escrita por el mismo protagonista. Con este recurso Cunqueiro se desdobla en copista y comentarista de lo leído en el manuscrito

El protagonista, Charles Anne, es un músico que toca el bombardino en el coro de los oficios divinos en la villa de Pontivy. Un bombardino es un instrumento que está a medio camino entre una trompeta y un trombón. Su maestría con el bombardino es reconocida y por eso le contratan de vez en cuando para funciones particulares, en este caso concreto, para el funeral del hidalgo de Quelven, quien le ha dejado en testamento un pequeño manzanal. El sorchantre emprende camino en un carruaje al que se van sumando los asistentes al entierro. Los pasajeros de la carroza son una hueste fantasmal de gentes recién ajusticiadas que en su periplo por la región de Betraña acaban por contar su propia historia personal. El libro es, fundamentalmente, las historias de los ajusticiados.
Las segunda parte, titulada “Las historias”, de Las crónicas del Sochantre abarca solo una noche, en la que los difuntos narran a su compañero de viaje, el bombardino, el porqué de su deambular por el mundo a la espera de la llegada del demonio, que les llevará raudo a los infiernos.

El primer relato corresponde a la fascinante madame Clarina de Saint-Vaast, de quien el sochantre, dentro de su inmensa vulgaridad, se enamoró, y, pasados los años, se acordaba de la verde vaguedad de sus ojos, y cuando se volvía súbitamente le parecía que ella estaba detrás, sonriéndole en la sombra. En esta historia la difunta Madame Clarina de Saint-Vaast se enamora de Pierre el Flautista y accede a que el novio deje embarazada a su hermana Ana Eloise con el fin de salvarla de una grave enfermedad; sin embargo, los dos se enamoran y se casan. Madame Clarina corroída por los celos, envenena a su hermana y luego se suicida. Le siguen en el turno la historia del desdichado escribano de Dorne. El escribano mata por avaricia con una pica a dos Guardias Montados, que le sorprenden buscando dinero en el castillo de Villiers de Flers. La tercera narración presenta una escena de violencia brutal con el saqueo de la ciudad de Brisach. Los soldados del regimiento de Normandía entran cantando Tonnerre, Tonnerre de France, matan a los hombres, pisan a sus cabezas, violan a las mujeres. A la postre, al coronel Coulaincourt de Bayeux le fusilan en el patio de armas de Sedan por violar a una niña de doce años. El difunto podrá ir al infierno sólo después de doce años de peregrinaje en el mundo de los vivos. En el siguiente cuento, el verdugo de Lorena monsieur De Nancy se deja corromper por dinero, y en lugar de ahorcar al diablo Ashevero decapita a un viejo bohemio. El verdugo está también a la espera que el demonio, que anda en búsqueda del Judío Errante, le recoja en Roma para el año que viene. El verdugo que en vida se reía de los ahorcados, ahora que es difunto la risa le está vedada. El tema central de la penúltima historia es nuevamente el asesinato por avaricia. El médico Sabat se convierte en un envenenador compulsivo que acaba ahogado en un pozo. En un año, el médico bajará al infierno con el diablo. El punto central de la última historia es la muerte en la hoguera de Guy Parbleau, secretario del diablo Ismael Florito. Todas estas historias son recogidas como hemos referido en una memoria que escribe el sorchantre, y que encuentra el narrador y que no es más que una manera de volvérselas a contar al lector.
La tercera parte de la Crónicas lleva por título Viajes y Aventuras. El bombardino es testigo en esta tercera parte de otras acciones criminales donde él participa sólo como músico y artista. La primera aventura del Sochantre con la hueste es la emboscada capitaneada por el Coronel Coulaincourt de Bayeux contra dos cañones republicanos. La hueste derrota a los republicanos y el verdugo de Nancy trae como botín de guerra la “masa sanguinolenta de una oficial de la República”  mientras Charles Anne estaba en la retaguardia y acompaña a la escaramuza con una marcha cazadora. La segunda aventura transcurre en la plaza de la guillotina de Dinan donde se quiere ajusticiar a un ciego, al que se oyó en Saint-Malo cantar unas coplas realistas”. El cadalso “va cubierto con la bandera tricolor y guardada por un pelotón de fusileros” En ambos ejemplos está claro el trasfondo bélico de la Revolución Francesa entre los partidarios de la corona y de la bandera  tricolor. Parece que hay una velada alusión a la guerra civil española, donde el bando realista sería el ejército franquista y el bando republicano el ejército rojo.

La tercera y última aventura de la hueste presenta un recurso característico de Cunqueiro como es la intertextualidad. El autor nos sorprende con la intercalación en el texto de una parodia de la célebre tragedia de Romeo y Julieta (1597) de William Shakespeare. La pieza titulada “Romeo y Julieta, famosos enamorados recrea de forma original la trágica belleza de un amor fantasmal. El transcriptor del manuscrito, el propio Cunqueiro como narrador extradiegético,  halla de nuevo  entre los papeles del Sochantre, puesto como pieza de teatro, el argumento que urdieran el coronel Coulaincourt de Bayeux y madame Clarina de Saint-Vaast. En el teatro, la Santa Compaña se hace pasar por una compañía de cómicos italianos, que pone en escena en la ciudad de Comfront la obra del dramaturgo inglés. El tono es farsesco y los personajes sobreactúan en su esfuerzo para aparentar un carácter trágico. La pieza posee una dimensión carnavalesca; por una única vez, los esqueletos ocultan su verdadera personalidad, y a través del teatro y de la máscara son otros. No obstante, ni la parodia de los famosos enamorados ni el carnaval son las notas sobresalientes de la función. Aquí, Cunqueiro ejemplifica la conciencia de la ficción por medio del recurso barroco del teatro dentro del teatro. La noche convierte los actores de la farsa en esqueletos. Por el susto, los espectadores cruzan el arco del proscenio y entran en la escena. En lugar de la carta de amor, de las ciudades literarias de Siena, de Verona o de la misma Venecia, lo que ha llegado a la ciudad es la peste negra. En una entrevista de 1981, Álvaro Cunqueiro reconoce la influencia de la estética del esperpento de Ramón del Valle-Inclán sobre Las crónicas del Sochantre.

En la última aventura el sorchantre acompaña al hidalgo de Quelven a cortejar a una dama. El músico debía limitarse a tocar el bombardino pero se excede en su cometido al besar la mano de la dama y tiene que salir huyendo perseguido por el esqueleto del Hidalgo de Quelven que intenta traspasarlo con su estoque. Esta tercera parte de las Crónicas nos recuerda también la técnica episódica utilizada por Dickens en los Pickwick Papers.
La última parte de la Crónica se compone de tres secciones. Un final, dos apéndices y un epílogo. En la sección final Cunqueiro cierra las aventuras con el regreso del sorchantre a Pontivy. Tras transcurrir tres años con la hueste de fantasmas, el Sochantre vuelve a casa. En su ausencia, el tío de Mamers el Cojo hace de interino como director de coro en los oficios divinos, y lo convierte en un clérigo pervertido y revolucionario. A lo largo de los tres años ocurre un cambio de personalidad. El difunto que lo sustituye cambia los gustos del Sochantre en la cocina, con las mujeres y en la política. Ahora frecuenta el lupanar de la villa de Pontivy y lleva el sombrero con una faja tricolor, estandarte de los republicanos. Antón Risco reconoce en la transformación del bombardino un guiño irónico a la visión oficial de la posguerra española.

El primer apéndice es el reparto dramático de la obra, donde se amplia y glosa los distintos personajes que han ido apareciendo a lo largo de la historia. El segundo apéndice incorpora otro relato acerca del diablo Ismael Florito. En este segundo apéndice está también el recurso de la autoficcion ya que se apunta en la entrada que en una de las pequeñas libretas que dejó el sochantre está la noticia de Ismael Florito. Este particular demonio se reconvierte en sastre y viaja al mundo de los vivos para poder vestir a los demonios que necesitaban que en sus faldones no se les viera el rabo. En estos dos apéndices en los que se retoma a los personajes, se confirma la idea de que la intención de Cunqueiro no era redondearlos demasiado, sino acumular situaciones y anécdotas que enriquecieran la trama por encima de las caracterizaciones

El “Epílogo para Bretones” clausura la novela, y se relaciona con el prologo “Bretaña” creando así una composición circular.
Cunqueiro escribió esta novela en los años cincuenta, tiempo en que casi todos los escritores en España estaban centrados en escribir sobre lo cotidiano y en hacerlo desde su compromiso político. Esta no es ese tipo de novelas, sino más bien de lo que posteriormente se denominó realismo fantástico. Varios críticos han comentado con innegable acierto la influencia de la narrativa medieval, y en concreto de los Cuentos de Canterbury, en la técnica de historias encuadradas y encadenadas. La novedad de las Crónicas respecto de la tradición cuentística medieval, ejemplificada por Bocaccio o Chaucer, está en el uso de los narradores de ultratumba, que cuentan las historias de sus vidas. Cunqueiro reúne a su grupo de difuntos en las ruinas del monasterio de St. Efflam-la-Terre alrededor de una jarra de cerveza y un jamón impregnado de pimienta, en una vieja cabaña en la selva de Goulic, o en la posada medio derruida de Guingamp.

Lo más destacable del índice en castellano es el carácter misceláneo o diverso de los géneros empleados y la técnica de las cajas chinas. El contenido de las historias de Las crónicas se desarrolla a través del cuento tradicional en prosa, como se ven en las tres primeras partes, donde hay una historia principal, marco de otras historias. El apéndice nos recuerda el género ensayístico, mientras que la tragedia shakesperiana y el dramatis personae corresponden al género teatral. Además, hay que subrayar el engarce del drama de Romeo y Julieta en la forma narrativa de la tercera parte, “Viajes y aventuras”. La heterogeneidad de las modalidades discursivas empleadas por Cunqueiro disgrega la estructura del relato en sentido tradicional. Esta descomposición y la mezcla de géneros remiten a la literatura cultivada por los movimientos de las Vanguardias, de los cuales nuestro autor es heredero. En efecto, la fragmentación de la obra no es una mera yuxtaposición de piezas y géneros sino una clara muestra de la estética cunqueiriana, que revindica una estructura textual abierta en continua expansión y evolución y que se contrapone a la novela realista a la que parodia y critica.
Las novelas de Cunqueiro son muy fragmentarias. Nada impide imaginar que, incorporando nuevos cuentos, crecieran hasta el infinito como las Mil y una noches. La indeterminación de espacio, tiempo, sucesos, personajes, es característica básica de sus relatos y también un medio para apelar al asombro y a la sonrisa del lector. Su historia podría ser barroca pero no evasiva, pues el hecho de ser una poética fuera de la realidad cotidiana, no es sino, por antítesis, un poderoso testimonio de la cotidianeidad trágica de sus personajes.

Cunqueiro parodia también las novelas fantásticas, sobre todo de los siglos XVIII y XIX, el terror gótico de los relatos de Anne Radcliffe, de Horace Walpole o de Mary Shelley. En Las crónicas del Sochantre, lo irracional se transforma en burla socarrona de la Santa Compaña, de sus manías humanas y extravagantes costumbres de muertos vivientes. La risa desautoriza la seriedad y el miedo a lo extraordinario. Los fantasmas comparecen en la historia como seres normales y simpáticos, próximos a los mortales corrientes

1.- El presunto escapismo
En 1959 Álvaro Cunqueiro recibía el Premio Nacional de la Crítica por su versión al castellano de Las crónicas del Sochantre. Diez años más tarde sería su novela Un hombre que se parecía a Orestes la galardonada con el Premio Nadal. Sin embargo, y a pesar de ser reconocida con dos premios tan importantes, la obra del escritor mindoniense no fue suficientemente valorada en su época. No encuadrarse en las corrientes en boga entonces como era la novela real o social podía suponer el olvido o la incomprensión.  Cunqueiro no consiguió permanecer al margen de este criterio selectivo y su obra fue tachada de “escapista”, simplemente porque no cumplía las expectativas de las pautas socio-culturales o sociopolíticas del momento.

Paco Umbral decía que no interesó su novelística, en los cuarenta/cincuenta, porque no era realista, o mejor socialrealista. Pero luego, decía, vino García Márquez arrasando con algo muy cercano a Cunqueiro. Y por supuesto Borges. Es decir, la fantasía literaria, la invención de un mundo otro, el milagro de la prosa y los beneficios de la imaginación. Si los criterios fueran solamente políticos nos dice Umbral, Borges no sobreviviría, y en cambio es universal. Los criterios son peor que políticos. Son caprichos de modisto sarasate. Y a eso le llaman el canon. En la angosta España de la posguerra Cunqueiro era un escritor falangista que practicaba el escapismo por olvidar su militancia, porque le olvidasen y por olvidarse. Pero ocurre que ese escapismo era deslumbrante, la estrategia de un gran escritor.

No es difícil explicar el escaso eco que la trayectoria narrativa de Cunqueiro tuvo en los años 50 y 60 no solamente por la condición periférica del escritor mindoniense y su apartamiento de los centros de decisión literaria, sino también por el predominio casi absoluto que tenía entonces un modo determinado de entender el realismo que se compadecía muy mal con la naturaleza de la ficción cunqueiriana. En aquel periodo, el horizonte de expectativas proyectado hacia la narrativa se basaba en dos variedades de un auténtico “realismo genético”: la neorrealista, heredera del naturalismo, y la del realismo socialista, ensimismada en la teoría del reflejo. La obra de Álvaro Cunqueiro quedaba extramuros de ese horizonte; más aún, representaba una ruptura de su sistema, lo que la hacía incómoda. Consecuentemente, fue rechazada por el aparato institucionalizador de la literatura y desterrada al limbo ¿o quizás al infierno? del escapismo, del esteticismo, de la literatura fantástica para la que rolaban entonces malos vientos
Existe una no poco propalada teoría de que los verdaderos inventores del realismo mágico no nacieron ni en Macondo ni en Comala, sino en Mondoñedo y en Ferrol. El propio Cunqueiro dijo que el realismo fantástico» (así lo llamaba) lo había practicado además de él mismo Torrente en «El viaje del joven Tobías».

2.- La originalidad de Cunqueiro
Alfredo Rodríguez López Vázquez nos dice que es habitual referirse a Álvaro Cunqueiro Mora (Mondoñedo, 1911-Vigo, 1981) como el gran fabulador de las letras gallegas, y, por extensión, de las letras españolas del siglo XX. A partir del término «fabulador», la crítica suele añadir el remoquete de «inclasificable», para resumir la actividad de un talento literario que ha picoteado en terrenos líricos, dramáticos, narrativos, periodísticos y de crítica gastronómica, y en todos ellos se ha mostrado como un creador dotado de poderosa originalidad.

Su estilo mezcla fantasía y realidad, el ambiente gallego y el griego o bretón, donde habitan princesas encantadas y barbudas, sirenas doloridas y enlutadas, demonios enmascarados. Aparecen en sus obras personajes artúricos, carolingios o griegos mezclados con paisanos gallegos. Es asombroso ver cómo Cunqueiro dota a cada uno de esos personajes de una atmósfera completamente singular, una mezcla de fantasía y aliento doméstico que envuelve al lector y lo catapulta a un universo donde el tiempo no pasa. Todo ello tratado con ironía y desenfado. Esa habilidad suya le permite elaborar una prosa culta. Se trata de novelas en las que observamos una peculiar utilización del tiempo histórico y una estructura narrativa basada en el relato dentro del relato y en la tendencia a organizar los textos en pequeñas unidades con autonomía propia. El autor suele añadirles apéndices e índices onomásticos de personajes que prolongan el mundo de la fantasía con nuevos datos, historias y maravillas que invitan a pensar que, muerto el héroe, el sueño del narrador le sobrevive.
Su gran dominio del lenguaje con una precisa adjetivación, y su notable erudición le permitieron transitar por el filo de la realidad y la fantasía, y de este modo situar a sus personajes en una atmósfera original priorizada por la imaginación. La revalorización de ésta en su narrativa fue uno de sus principales aportes a partir de la década del sesenta, cuando el realismo y la novela social mostraban signos de evidente agotamiento en el ámbito español. Para él se hizo necesario no tanto cambiar los asuntos que trataba como la actitud creadora. Merced al empuje de la novelística hispanoamericana y, sobre todo, a la influencia de autores como Jorge Luis. Borges, la fantasía tomó carta de naturaleza en su narrativa, en la que, además, el humor también actuó como original elemento innovador. De este modo creó sobre el real un mundo poético con su propia geografía íntima, en cuyo mapa los personajes podían hallar “retazos de su perdida felicidad.

En toda la literatura de Cunqueiro, brilla una alta capacidad de sincretismo cultural y estilístico que le lleva a casar el mito y la fantasía con la realidad, y el reflejo genuino de las esencias del mundo gallego con las resonancias intertextuales de la Grecia Cláisca (Orestes, Ulises), de Bretaña (Merlín), de Las mil y una noches (Simbad) o de la Italia renacentista. Todo esto tratado con ironía y desenfado, sin evitar los anacronismos y el malabarismo de erudiciones fabulosas fruto de una “memoria deformante” asumida por el escritor, que hace de sus novelas y libros narrativos en general verdaderos romances, en el sentido anglosajón del concepto.

3.- Borges y Cunqueiro
 Hay entre Cunqueiro y Borges connivencias naturales que proceden de unos referentes culturales similares y de una cercanía cronológica y estética muy notable. Es decir, hay parentesco en la temática y en los materiales con que esa temática se elabora. A partir de aquí las diferencias son muy claras. La elaboración del texto borgiano se basa en las unidades de la tradición escrita, en la devoción por la sintaxis latinizante, por el vocablo culto, por la construcción intelectual neoclásica. El centro de gravedad de la obra de Borges es la crónica escrita; y su arquetipo espacial, la biblioteca que contiene las distintas variaciones de las crónicas, sus continuas reconversiones y resúmenes, sus posibles caleidoscopios. Cunqueiro, en cambio, es un autor enraizado en la oralidad. El término fabulador adquiere su pleno y cabal significado en la raíz etimológica,  fabulare, ‘hablar’. Y una visión conjunta, a la vez cronológica y analítica, nos confirma que la oralidad y la teatralización son los elementos característicos de su obra.

4.- La oralidad
La oralidad, rasgo característico de la estética cunqueiriana, implica a su vez la modulación de la voz y el gesto pero también la necesaria construcción del oyente por parte del hablante para poder elaborar ese discurso de acuerdo con los códigos de lo oral. En la biografía cunqueiriana hay por lo menos tres componentes que explican esta maestría como un quehacer constante, nacido de la práctica. La condición de hijo de un farmacéutico —o, más apropiadamente, boticario— coloca al pequeño Álvaro en el espacio fabulador de la rebotica de Mondoñedo. La segunda etapa, que podemos cifrar a partir del año 1947, con su retiro en Mondoñedo y sus colaboraciones periodísticas en los diarios La noche de Santiago de Compostela, y el Faro de Vigo, de Vigo, compagina el artículo de periódico con las charlas en diversos círculos culturales. El tercer rasgo, y nada banal, es su constante condición de hombre radiofónico, a través de sus comentarios semanales en Radio Nacional de España en La Coruña. El arte de la glosa, de la improvisación sobre una noticia, de la búsqueda de lo fantástico, insólito y maravilloso en la conversación hablada o en el guión radiofónico son una base esencial para entender la literatura de Álvaro Cunqueiro.

5.- La teatralización de la prosa
Lo teatral aparece también como uno de los grandes configuradores de la forma narrativa, a la que otorga profundidad y densidad de connotaciones. Fue Álvaro Cunqueiro un apasionado del teatro. Aficionado al espectáculo desde su niñez; a medida que fue conociendo el mundo teatral, más se sintió fascinado por la teoría del mismo, hasta llegar a escribir una obra que tratase en gran parte ese tema. Una buena parte de su teatro nos es dado a conocer a través de sus novelas, llenas de verdaderas representaciones teatrales dentro de su trama principal. Los lectores de su novela encontramos un lujo de referencias teatrales de todo tipo: notas a pie de página, citas eruditas, acotaciones, reflexiones metateatrales en su doble dimensión del teatro como género y como realidad escénica, indicación de los nombres de los personajes en los«índices onomásticos» que añade al final de cada obra. La habilidad escénica que maneja como novelista resalta la potencialidad visual y auditiva de los enunciados narrativos; esta tendencia a visualizar las escenas, y la intencionada oralidad de sus discursos son otros tantos elementos de procedencia teatral incorporados a la narración. Para explicar la presencia del teatro en la narrativa de Cunqueiro las argumentaciones que se han barajado han sido diversas: el entronque de su obra con la literatura oral, el interés tantas veces manifestado del autor por el teatro, el deseo de experimentar con los géneros literarios, la imposibilidad de llevar sus obras dramáticas a las tablas, y todas ellas son ciertas; los especialistas en la obra de Cunqueiro creen sin embargo, que la razón fundamental radica en la disconformidad del ser humano consigo y con su realidad, en la necesidad que tiene el hombre de soñarse otros y aparecer como otro. En este sentido es el teatro el marco más adecuado para una reflexión vital sobre los grandes interrogantes del hombre y de la vida; del hombre enfrentado con los grandes problemas de la existencia (el ser, el parecer, la ilusión, la máscara, la denegación, la verdad, el tiempo).

Concibe Cunqueiro el mundo de sus narraciones como un escenario, por él desfila la comedia, la tragedia, Shakespeare, Orestes, decorados, disfraces, atrezzos, actores a los que proporciona situaciones, vestidos y accesorios apropiados. Al igual que el autor del Barroco, debió pensar que nos hallamos ante «el GranTeatro del Mundo»; y es que en su escritura lo real es ficción, y el envés de la verdad no es la mentira, sino la vida hecha teatro
Esta teatralización de su obra puede verse claramente en la «Función de Romeo e Xulieta, famosos enamorados», que aparece entre las historias que le sobrevienen al Sochantre de Pontivy, y en donde se aúnan y articulan admirablemente tras grandes principios de organización teatral: lo epiteatral, que procede de la alusión al gran autor del teatro isabelino; lo hipoteatral, en tanto que la historia y su integración en el relato, son reflejo del sistema de construcción de los avatares del Sochantre; y lo metateatral, ya que el hecho contado, la anécdota fabulada y relatada en las crónicas, se desarrolla por medio de una representación teatral all’improviso de acuerdo con los cánones de representación de la Commedia dell’ Arte.

6.- La intertextualidad
Cunqueiro elabora a partir de la tradición, pero también, y en igual medida, aprovecha su amplia erudición: Sus novelas son una síntesis y un homenaje de evocaciones culturales, incorpora elementos procedentes de distintas fuentes, la literatura, la leyenda, la historia. El ciclo artúrico se halla presente en Merlín y familia y en El año del cometa; el bretón en Las crónicas del sochantre; Las mocedades de Ulises y Un hombre que se parecía a Orestes proceden del mundo clásico, del renacimiento italiano Vida y fuga de Fanto Fantini y del mundo oriental de Las mil y una noches, Cuando el viejo Sinbad vuelva a las islas. No son estas las únicas referencias culturales presentes en su obra; la intertextualidad, la metaliteratura, es uno de los grandes aciertos de su narrativa.

7.- El mito y el viaje
Una de las características de la literatura occidental en las últimas décadas esla asiduidad con que grandes escritores han recurrido al mito, buscando en ellos las raíces de su identidad. Toda literatura es un intento de explicar el universo por medio de los elementos que tiene a su alcance. Cunqueiro declaraba haber sido siempre un gran aficionado a la mitología. «Podríamos decir que de oficio soy mitógrafo». Hay que situar a Álvaro Cunqueiro en el contexto de autores a quienes la reelaboración de la tradición mítica correspondió a un esfuerzo de renovación del teatro y la novela. Se suma —como afirman Fernández Riego, y la profesora Pérez Bustamante—a la corriente de pensamiento que ha valorado las doctrinas arcaicas y orientales, y que ha entendido el mito, no como mero relato, sino como respuestas a los asuntos esenciales de la persona.

Casi todas las novelas de Cunqueiro se estructuran alrededor de un viaje,sea este real o imaginario. Este viaje lo emprenden personajes mitad realidad, mitad mitos, mitad invención, y tienen como único destino el gran mito que envuelve toda la obra de Cunqueiro: el mito del eterno retorno. Describe Mircea Eliade cómo los mitos de muchos pueblos hacen alusión a una época muy lejana, en la que los hombres no conocían ni la muerte, ni el trabajo, ni el sufrimiento. La tristeza por la fugacidad de la vida se instala en el sentir de todos los hombres que anhelan un eterno presente, la abolición del tiempo; y desde estos términos, la Edad de Oro sería repetible y recuperable. El viaje emprendido por Ulises, Orestes, Fanto, Paulos..., no sería más que la repetición de un mismo acto primordial: el que realiza cualquier hombre que emprende el mismo camino, y éste siempre se presentaría nuevo para cada viajante, porque en la repetición de un mismo acto se encuentra la abolición del tiempo histórico.
8.- La técnica del cuento dentro del cuento

La estructura de la narrativa más propiamente cunqueriana es la del cuento dentro del cuento; su novela se presenta como una compleja polifonía de voces, un continuo diálogo entre personajes narradores y un público que escucha. El que sus narraciones se estructuren a partir de cuentos engarzados, ha llevado a algunos críticos a negar su carácter de novela Cunqueiro dijo al respecto que desconocía exactamente lo que era una novela, porque bajo esta etiqueta cabía casi todo, y que en todo caso, siempre se consideró más un narrador de oficio que un novelista. Su producción supera ampliamente el valor canónico de la novela con la incorporación de otras modalidades genéricas, el cuento, la poesía y la dramática; no hay que olvidar su antigua adscripción a las vanguardias, y la resolución de las mismas de prescindir del viejo concepto de género. Elena Quiroga definió esta sucesión de relatos como «técnica de retablo mayor (...) Como en los retablos flamencos primitivos cada parte se completa en sí y se presenta un distinto paso o milagro, siempre con el nexo de la referencia a Cristo». Su manera de narrar decía Cunqueiro se debía a la tradición oral de Galicia pero además su obra es un rendido homenaje a la manera de contar de una amplia tradición literaria medieval, representada por Las mil y una noche, Chaucer y Boccaccio. El relato está a cargo de un narrador que envuelve los relatos de los personajes y aporta unidad a la fábula principal. Este narrador, oyente también ávido de historias, cede su condición a una multitud de personajes principales o secundarios, que nos deleitan con una floración de fabulosas narraciones; de manera que todos los personajes pueden actuar como simples espectadores o interrumpir la fábula precedente insertando una nueva.

Los finales de las novelas cunqueirianas son, si no tristes, sí melancólicos. Quizá por eso, y para compensar, el autor suele añadirles apéndices e índices onomásticos de personajes que prolongan el mundo de la fantasía con nuevos datos, historias y maravillas que invitan a pensar que, muerto el héroe, el sueño del narrador le sobrevive.
Del análisis de la obra del autor mindonense se deduce que, además de una narrativa de evocación, la de Cunqueiro es una literatura de imaginación, que se nutre del idealismo romántico y que se ancla en el símbolo estético (Kant) y en el imaginario colectivo (Jung, Risco, Eliade, Campbell, Durand). Cunqueiro rechaza el realismo de posguerra y, por el contrario, busca la identidad de la novela en un tipo de literatura maravillosa, que anticipa el “realismo mágico” hispanoamericano, afincándose ya sea en el Quijote y en el ámbito de la credibilidad y verosimilitud cervantinos o en los modernistas irlandeses de Abbey Theatre, o bien en los artistas vanguardistas Tzara, Unamuno, Pirandello, Azorín, que hacen chocar de manera humorística la realidad con la ficción. En este sentido, en la narrativa cunqueiriana comulgan tradición y modernidad, puesto que, heredero de la picaresca, del realismo grotesco rabelesiano, pero también del hedonismo prerrafaelita, el autor revitaliza los mitos clásicos, la tradición medieval árabe y occidental, el folclore oral de los pueblos atlánticos, los tópicos renacentistas y las obras cimeras del Siglo de Oro en un discurso que se puede leer hasta en clave postmoderna.

Biografía
Álvaro Cunqueiro (Mondoñedo, 1911- Vigo, 1981) ejerció en gallego y en castellano el periodismo y las artes literarias en sus más variadas formas: fue poeta, novelista, dramaturgo, guionista. Es, sin duda, uno de los mejores cultivadores del realismo fantástico en España.

Su obra se inserta en las tendencias renovadoras de la literatura española de posguerra. Hombre de gran cultura y sensibilidad, trabajó como periodista en los diarios ABC y El Faro de Vigo, de los cuales fue subdirector y director respectivamente.

Su producción poética se caracterizó inicialmente por su contacto con la corriente surrealista, pero no tardó en buscar un soporte constructivo en las métricas de la antigua poesía gallega para dar forma a contenidos contemporáneos, en los que prevalecen su fino sentido del humor y la exaltación de los aspectos gozosos de la vida. Su obra clave es Cantiga nueva que se llama rivera, cancionero que nace de las lecturas del primer Alberti y del encantamiento que produjeron en él los versos más populares de García Lorca.
Luego se decantó hacia la narrativa, con colecciones de cuentos líricos que recogería en Flores del año mil y pico de ave (1968). Su obra novelesca es copiosa y se desplaza por ámbitos geográficos y cronológicos lejanos, de Grecia a la materia de Bretaña y a las Mil y una noches, pero con resonancias también de su Galicia natal. Escribiría cuatro novelas directamente en español: Las mocedades de Ulises, Un hombre que se parecía a Orestes (Premio Nadal, 1969), Vida y fuga de Fanto Fantini della Gherardesca y El año del cometa con la batalla de los cuatro reyes. Ese mundo interior se plasma en Merlín y familia, la novela precursora del realismo mágico, donde mezcla fantasía y realidad, el ambiente gallego y el griego o bretón, donde habitan princesas encantadas y barbudas, sirenas doloridas y enlutadas, demonios enmascarados

Las primeras novelas de Cunqueiro, las de los años 50, se inspiran en mitos atlánticos afines a la cultura gallega y están protagonizadas por héroes más bien pasivos que reciben como un don gratuito la posibilidad de vivir un mundo maravilloso.
-         Merlín y familia, novela precursora del realismo mágico, ofrece las memorias de Felipe de Amancia, un viejo barquero (como Caronte) que consuela su vejez rememorando los días felices de su infancia, cuando fuera paje del famoso mago Merlín, que a la muerte del rey Arturo se mudó una temporada a un pazo de Galicia donde solucionaba (o no, según) los problemas de sus fantásticos visitantes: princesas encantadas y barbudas, sirenas doloridas y enlutadas, demonios enmascarados, o finos enamorados provenzales.

-         Las crónicas del Sochantre se inspiran en una tradición bretona análoga a la Santa Compaña gallega: la de la carroza funeraria en que viajan las ánimas en pena. El protagonista es el sochantre Charles Anne de Crozón, soñador pusilánime que un día es raptado por una hueste de difuntos para que les entretenga con música. Pasado el susto de convivir con unos muertos que de día parecen personas y de noche son sólo esqueletos, el Sochantre aprende a vivir intensamente sobre el telón de fondo de la revolución francesa.
-         En los años 60 Cunqueiro coloniza los espacios míticos mediterráneos. Las mocedades de Ulises es un relato de iniciación que se nutre de ecos homéricos (La Odisea, La Ilíada). El mozo Ulises aprende a vivir y a soñar a través de las historias que escucha y que él mismo aprende a contar y a representar, hasta que llega el momento de la verdad, el momento del amor, y tiene que aprender a no mentir y a esperar.

-         El reverso de este idilio es Cuando el viejo Simbad vuelva a las islas, mezcla, entre otras cosas, del relato de Las mil y una noches con el Quijote. Su protagonista es un viejo marino retirado que sueña con volver a los mares de su juventud y que recuerda e inventa para sus amigos lo que en ellos había. Hasta que un día se ve impelido a verificar sus sueños, a buscar una nave de antaño para volver a embarcar en ella. Entonces descubre que hubo esa nave, pero que partió sin él, y se le rompe el corazón. Tanto el Ulises como el Simbad ofrecen héroes activos que se adentran en la vertiente peligrosa de los sueños que no se corresponden con la realidad.
-         Un hombre que se parecía a Orestes es la crónica de una venganza imposible a partir del mito que versionó Esquilo. La novela comienza cuando, mucho tiempo después de la muerte de Agamenón, asesinado a su vuelta de Troya por su mujer, Clitemnestra, y el amante de ésta, Egisto, su hijo Orestes aún no ha regresado para cumplir la esperada venganza. Los lectores españoles pudieron leer en su día esta novela como una alegoría sobre la inutilidad de la venganza pasados tantos años de la guerra civil. De hecho, ésta es la única novela donde Cunqueiro parece dialogar con la circunstancia histórica colectiva, y quizá por ello fue este relato, y no otros suyos, el que obtuvo un premio tan prestigioso como el Nadal en 1968.

-         En los años 70 Cunqueiro se despega de los héroes heredados para construir sus mitos más personales. Vida y fugas de Fanto Fantini della Gherardesca nos lleva a la Italia del primer Renacimiento, donde el audaz condottiero Fanto Fantini, experto en increíbles fugas, representa el último reducto imaginativo cuando sobreviene la Edad Moderna, la época de la razón
       - En El año del cometa, Paulos es un rico y ocioso joven de provincias que encuentra su justificación vital en la invención de sueños que se materializan.

       - Tertulia de boticas y escuela de curanderos (1976), recreación del misterioso mundo de la farmacopea.

En los años setenta es precisamente cuando Cunqueiro (rechazado durante la hegemonía del realismo testimonial y social) empieza a ser considerado por la crítica como el solitario precursor en España del realismo mágico. Este realismo mágico también se trasladaría a los retratos o semblanzas de tipos populares gallegos, en obras como Escuela de curanderos y fábula de gente variada, La otra gente y Los otros feriantes (Premio Nacional de la Crítica, 1979). Retratos de costumbres populares llenos de  magia con una sorprendente y seductora mezcla, donde hay labradores y artesanos, de tierras de Lugo la mayoría de ellos, ocultamente empeñados en volar sobre el lodo del camino colgados de paraguas voladores.
La prosa de Cunqueiro está llena de gastronomía y cocina. Son tres los libros suyos eminentemente gastronómicos: La cocina gallega, La cocina cristiana de Occidente y Teatro venatorio y culinario gallego.

         - El Incierto señor don Hamlet, príncipe de Dinamarca, establece puentes entre tradiciones culturales, siguiendo la tendencia europea del teatro de mitos, adaptándose a la sociedad actual. Cunqueiro toma el mito de Hamlet (príncipe histórico-legendario de la Dinamarca del siglo I, que sería inmortalizado por Shakespeare) y hace de él una reinterpretación propia, mezclando el mito nórdico de Hamlet con el clásico de Edipo. Es un texto lírico, con ritmo, fuerza dramática y originalidad. teatro muy interesante que solo es comparable con el Teatro Imposible de Lorca", aseguró Paz Gago. Y añadió: "Hay muy poco teatro surrealista en el mundo, pero será el que le dará la clave de el incierto señor don Hamlet, príncipe de Dinamarca". En esta obra, según el catedrático de la UDC, se adelantó con sus versiones paródicas y absurdas de Shakespeare.
En 1964 ingresa en la Real Academia Gallega con su discurso Tesoros nuevos y viejos, y el 17 de mayo de 1991 se celebró en su honor el Día de las Letras Gallegas…”

Esta recensión es extracto y compendio de otras reseñas que se relacionan:



sábado, 8 de noviembre de 2014

El ruido y la furia de William Faulkner.

Para el mes de noviembre se ha propuesto la novela El ruido y la furia de William Faulkner

"... Publicada en 1929, su título lo toma Faulkner de un verso de Macbeth: "La vida no es mas que una sombra (...) un cuento narrado por un idiota, lleno de ruido y furia, que nada significa!" Suele decirse de esta gran novela que “refleja la decadencia de una familia sureña, los Compson, compuesta por un hermano suicida, una hermana desaparecida, un hermano idiota y otro solterón, violento, racista y avaricioso. Todos hijos de un padre alcohólico y una madre histérica e hipocondríaca”. Ese es el retrato que bien pudiéramos haber encontrado sobre la repisa de una consola decimonónica sobre la que aún permaneciera un búcaro de flores secas. No dice mucho más. Sólo si encontramos un narrador como William Faulkner, podríamos entender los rictus de tristeza, inocencia, desesperación… de los personajes allí retratados. Y aunque él nos dice que nunca pudo contar bien la historia, al final del relato los personajes del retrato, que son quienes se han puesto a hablar, se nos muestran despegados de su autor, mostrando sus diferentes puntos de vista y expresando sus sentimientos desde el desgarro de sus miserias.
En esta historia se nos presenta a los Compson, una familia tradicional del sur de Estados Unidos en los primeros treinta años del siglo XX ubicados en el estado imaginario de Yoknapatwpha . Los Compson no se llevan muy bien entre sí, y además el apellido parece haber sido marcado para siempre por las tragedias. El menor de los hermanos, Benjy, es un enfermo mental condenado a ser recluido en la casa y a quien sólo parecen cuidar los esclavos negros. La mayor, Caddy, tiene una hija de un padre desconocido y termina escapando del hogar. Quentin, eterno enamorado de Caddy, decide ahogarse en un río al no poder soportar la culpa de no haber cuidado de ella. Y Jason, el más brutal de todos, engaña y estafa a los de su propia sangre. Lo maravilloso es que Faulkner resume toda esta densa historia en solamente cuatro días.
La historia se estructura a través de cuatro grandes capítulos narrados en primera persona por tres de sus personajes y un último capítulo que se torna a la tercera persona pero enfocado hacia el personaje de Disley, criada negra de la familia. A los padres los iremos conociendo a través de las narraciones de los diversos personajes. Caroline, la madre vive atormentada por la realidad que le ha tocado vivir, por las apariencias que no puede guardar y que le avergüenzan profundamente, además es hipocondríaca y está constantemente enferma. Jason, padre de familia, tiene problemas con el alcohol y es una figura prácticamente ausente.

La narración se conforma a partir de grandes monólogos interiores mezclados con diálogos secos, bruscos, rápidos que con pocas palabras tienen la capacidad de decir mucho. Tras finalizar la novela, el propio autor en un apéndice nos revela algunos datos que han podido pasar desapercibidos por el lector a la vez que se puede tomar como una guía para situar en el espacio y tiempo todos los hechos narrados en la novela.

El primer capítulo –situado el 7 abril de 1928 - está narrado por Benji y comienza el día en que cumple 33 años de edad. Es el hijo menor y padece un retraso mental que avergüenza y castiga a toda la familia. Recluido en casa generalmente son los criados negros quien se ocupan de él. Así, hay una voz aparentemente caótica en lo que se refiere al tiempo, al orden de los acontecimientos, pero no en cuanto a los sentimientos. Es un ser dependiente de los olores, los colores: del fuego, de la hierba…, de las voces de las gentes que le rodean, gentes a quien ama; son impulsos primarios. Y a través de sus llantos, sus expresiones inconexas, sus visiones de una realidad que nos transmite cuarteada y difusa, pero tierna e inocente, se nos da con todo su primitivo patetismo. Esta es sin duda la parte más compleja de la novela que incluso resulta confusa en ciertos momentos. A pesar de ello se percibe claramente la visión limitada de un personaje que no lo comprende todo. Benji presenta problemas para comunicarse y cuando percibe una situación tensa o comprometida reacciona llorando y berreando, es la única forma que tiene de expresar sus sentimientos. Oímos sus pensamientos, sus recuerdos y todas las cosas que provocan ruido en su cabeza.  Es a través de las situaciones vividas y estos recuerdos inconexos asociados a ellas que vamos obteniendo una primera visión respecto a la familia que nos va concretando a cada uno de sus  personajes. Las relaciones que los definen y como todos ellos están marcados por la carga que representa Benji, salvo Caddy, la única persona que le trata con cariño y se preocupa realmente por él. Hay un único instante en la novela en la que Benjy intenta decir o comunicar algo que no llega a saberse qué es. Sucede cuando corre hasta la verja para ver pasar a las chicas del colegio, pero su mensaje nunca llegará a manifestarse. Esta parábola que alude a la insuficiencia del lenguaje para revelar el sentimiento humano marcará el ritmo de todo el resto de la novela.
La segunda parte, que se retrotrae 18 años y es narrada por Quentin, nos descubre su terrible secreto: el amor incestuoso que siente por Caddy y su sentimiento de culpa. A lo largo de un día que pasa deambulando por Cambridge -pues ha sido enviado a estudiar a Hardvard- nos desvela más claves sobre la historia. Quentin se suicida al final de esta jornada. La aproximación del proceso de expresión oral hacia un delineamiento del acto de pensamiento es la característica principal del monólogo de Quentin. El pensamiento está recogido en el mismo instante en que se produce, se intenta trasladar un pensamiento no mediatizado por los convencionalismos del lenguaje. Uno de los propósitos de la técnica del "fluir de la conciencia" es arribar al límite en donde el lenguaje comienza a intervenir en el pensamiento. La pretensión de salir del tiempo puede interpretarse como una intención de recuperar el paraíso perdido. Quentin es un ser atormentado, en cuya alma se esconde el pecado. Sin embargo, el lector le percibe como el depositario de la memoria histórica de la familia e incluso del Condado en donde viven.  Cuando Caddy se casa para Quentin su vida se torna tan angustiosa que se dirige inexorablemente hacia la tragedia absoluta.

El tercer capítulo lo narra Jason. Jason -para quien se reserva el 6 de abril de 1928- es visceral, irascible, y tan caótico como Benjuí, pero su caos es distinto, no se engendra en la ineptitud, sino en la ira. Jason es en quien recae la responsabilidad familiar. Debe trabajar para mantenerlos a todos una vez muerto el padre de familia y se siente encorsetado y explotado porque le gustaría explorar ciertas opciones que no ha tenido y que se ve impedido por la situación familiar. Es egoísta, malicioso y vuelca constantemente su rabia contra la familia, la única forma de sacar el resentimiento que le provoca sentir que la culpa de su males la tienen ellos. Una madre angustiada a quien manipula constantemente, un molesto hermano deficiente que no es más que una carga, y una hermana a quien odia pero a cuya hija debe mantener. Finalmente Jason decide para todos un futuro en el que él se libra de todas las complicaciones. El tercer capítulo lo narra Jason. Caddy ha tenido una niña ilegítima, que deciden llamar Quentin y que vive en la casa familiar con Jason y la madre de éste (el padre ha muerto). Caddy ha sido expulsada de la familia y ni siquiera se le permite ver a la hija. Jason trabaja en una tienda de provisiones y maneja la finanzas de su madre. En la narración refleja su simpleza y a la vez su frustración por su situación personal, quejándose de no haber sido enviado a Hardvard como su hermano mayor.Y el malhumorado, prejuicioso e inescrupuloso Jason Compson (que ya tenía la profesión de delator desde temprana edad) es el que tiene la misión de sostener o recuperar el prestigio de la familia, la tarea de evitar el inminente desmoronamiento de la posición familiar en la sociedad. Pero a Jason le importan muy poco las razones "familiares". Su intento reside en no limitarse a ver las cosas sino demostrar que tiene fe en sí mismo y actuar, pero con el egoísta objetivo de acumular dinero únicamente para él.
El cuarto periodo -8 de abril de 1928- corresponde al narrador omnisciente, es decir, el propio Faulkner. Es el único que tiene la voz narrativa en tercera persona pero está centrado en la criada negra Dilsey. Una mujer a la que consideran una más de la familia pero que desde su posición no se atreve a opinar a pesar de reprobar casi todo lo que ve en la familia. Es quizás el personaje más humano de la novela. Sus rasgos característicos son la humildad y la inocencia, posee la sencillez mental necesaria para no abrumarse ante el advenimiento de la vejez, reaccionando de manera positiva cuando tiene que redoblar su coraje y su energía para obtener lo que desea. Su defensa de Benjy ante las agresiones que sufre de los demás no es fruto de un acto de compasión sino de verdadero amor. Es fácil de percibirlo en aquel pasaje en el que ataca a los blancos por no admitirlo en la iglesia..

Existe consenso entre la crítica literaria en lo relativo a considerarla entre una de las grandes novelas norteamericanas. La fuerte aceptación de la novela esta debida en gran medida a la técnica de su construcción: la asombrosa habilidad de Faulkner de recrear literariamente los rasgos de la mente humana, incluso de las más anormales. En este sentido constituye un importante aporte al desarrollo de la técnica conocida como libre fluir de la conciencia. El tratamiento y representación que Faulkner dio al tiempo en esta novela fue saludado, en su tiempo como revolucionario. Faulkner sugiere que el tiempo no es una constante u objetivamente una entidad, y que los humanos pueden interactuar con él en una gran variedad de formas. Existen varios aspectos que hicieron de El ruido y la furia una obra revolucionaria desde el punto de vista literario en su época y que marcaron tendencia. Por una parte la forma de tratar el pasado, presente y futuro como uno solo, desprovisto de orden, y que se basa en la concepción de William Faulkner de que el tiempo es percibido por cada persona de una manera diferente, no necesariamente en forma cronológica.
En segundo lugar, la combinación de narraciones, en boca de diferentes protagonistas y, en consecuencia, con tonos distintos. Ello hace que la personalidad de aquellos se desvele de manera natural, sin que tenga que ser explicada por un narrador omnisciente. Así Benjy no tiene conciencia del tiempo y no puede distinguir entre pasado y presente. Quentin, en contraste está atrapado en el tiempo, incapaz de de moverse más allá de las evocaciones de ese pasado. En un intento por asir el tiempo fugitivo y los recuerdos de la filosofía de vida de su padre, rompe el reloj que ha heredado de aquel. A despecho de su hermano, Jason no se preocupa por el pasado. El está obsesionado por el presente y por el futuro inmediato. Para Jason el tiempo solo para usarlo en su provecho personal y no puede ser desperdiciado. Dilsey es quizás el único personaje que está en paz con el tiempo. A diferencia de los Compson quienes tratan de escapar del tiempo o de aprovecharlo en su beneficio, Dilsey comprende que su vida es sólo una partícula en el implacable transcurso del tiempo y de la historia..."

Esta recensión es extracto y compendio de otras reseñas que se relacionan en los vínculos que siguen:




domingo, 5 de octubre de 2014

Lawrence Durrell: El cuarteto de Alejandría.


Para octubre se ha propuesto en la tertulia Justine, el primer tomo del Cuarteto de Alejandría de Durrel. 

“… Lawrence George Durrell (1912-1990) nunca tuvo la nacionalidad británica. Era una de esos autores que se resistieron a que su biografía se encerrase en una sola frontera. Durrell es un novelista único en el siglo XX, con una personalidad literaria muy peculiar y con pocas similitudes con respecto a sus contemporáneos. De padre ingles y madre irlandesa nace en Jullundur (India), aunque regresa aún muy niño a Inglaterra (Bournemouth) donde se instala su familia y allí pasará su adolescencia. Ya en su juventud, comienza a escribir poemas y novelas y se va a Londres y a París donde tiene la oportunidad de mezclarse con los intelectuales de la época, algunos de los cuales, como Henry Miller, marcarían una indudable impronta en su devenir literario.
The Alexandria Quartet es el título global que Durrell otorgó a una edición publicada en un solo volumen en 1962 y que revisaba y reunía bajo un mismo título cuatro obras publicadas ya anteriormente: Justine (1957), Balthasar (1958), Mountolive (1958) y Clea (1960). Todos ellos están engarzados por la misma historia. Durrell ofreció a sus lectores cinco libros: cada una de las novelas, que pueden no depender una de otra, y las cuatro que, en conjunto, son una obra aparte. La tetralogía de Durrell  es una fiesta de fuegos artificiales en cuanto a recursos lingüísticos, el manejo de los personajes y las atmósferas; y al mismo tiempo una obra de excelente y propositiva factura formal. Todos ellos están engarzados por la misma historia. Los tres primeros cubren un período parecido y describen sucesos similares (principalmente la vida en la Alejandría de los años previos a la segunda guerra mundial), mientras que el cuarto avanza un poco en el tiempo (describe esa misma vida durante la guerra). Todos, no obstante, se integran en una temática común que gira en torno al amor, el arte, la vida y la muerte.
En varias ocasiones el autor ha descrito The Alexandria Quartet como un juego de espejos en los que la realidad se ve desde perspectivas muy diversas. El tiempo no parece moverse ni los acontecimientos parecen avanzar. En la obra aparecen prismas, espejos, reflejos y puntos de vista diferentes. El efecto es caleidoscópico, la realidad se fragmenta y se funde a retazos. El trueque del punto de vista reviste a la novela de un especial efecto caleidoscópico, en continuo desarrollo, favoreciendo el que el lector pueda juzgar una realidad en continuo proceso de desarrollo según los ojos que la contemplan, según el narrador que la interpreta o el personaje que la cuenta.
En diversos análisis de esta cuarteta de novelas se ha señalado la viveza que logra Durrell en la descripción de la ciudad de Alejandría –lugar donde se desarrolla la trama- hasta convertirla en una protagonista más de la obra: un sitio escurridizo y misterioso que no se deja atrapar. Usando un lenguaje de gran riqueza y lirismo, Durrell presenta Alejandría como hermosa y escuálida a la vez. La luz que se filtra “a través de la esencia de los limones” y “el caldo de terciopelo triste del canal” son yuxtapuestos a “barrios hacinados” y a casas de prostitución infantil. Alejandría proporciona el fondo sensual: la sensación del lugar permite una naturalidad en la expresión sexual que bordea la promiscuidad y, a un tiempo, evoca una sana liberación de las represiones puritanas
El lugar, como opuesto a la cronología, es también el principio organizativo de la estructura de la novela. En Justine, no hay referencias a fechas específicas, La narración se mueve hacia atrás y hacia delante en el tiempo, a menudo sin transiciones explícitas. En Justine podemos advertir ya algunos de sus planteamientos narrativos en germen: su interés por la estética modernista, su éxito en la exploración de nuevas doctrinas sobre focalización y perspectivas diegéticas, su preocupación por el tiempo y el espacio, su obsesión por la forma en que el novelista ha de enviar el mensaje. Todo ello demuestra que se siente profundamente atraído por la complejidad del arte narrativo tanto en su fondo como en su forma.
Justine, cuyo título alude a la novela del marqués de Sade del mismo nombre, intenta redefinir el amor o definirlo en términos modernos. A fin de cuentas parece flotar siempre sobre los personajes de la novela una ambición febril por explicar intelectual o emotivamente el amor. Tal vez por eso el aspecto más provocativo de Justine puede ser la crítica que hace Durrell, al igual que su maestro Henry Miller, del concepto puritano o victoriano del amor y su descripción de una clase de amor que es más liberado sexualmente, no posesivo e intelectualmente complejo. El narrador de esta obra tiene ribetes autobiográficos. L. G. Darley, además de tener las mismas iniciales del autor, se nos revela con una personalidad semejante a la del joven Durrell. Posee un espíritu abierto, inquisitivo, aventurero e interesado por el arte y las experiencias esotéricas. En Justine asistimos a los distintos devaneos amorosos de Darley, Melissa, Nessim y Justine, personajes todos ellos complejos, caprichosos, violentos, generosos a veces, egoístas otras, pero siempre fascinantes…”
Esta reseña es resumen y compendio de otras que se relacionan:


sábado, 6 de septiembre de 2014

En nombre de la tierra de Vergilio Ferreira


"... Vergilio Ferreira (1916-1996) es un escritor portugués que evolucionó de neorrealisno hacia el existencialismo, que le encaminaría  hacia la meditación acerca del hombre, de sus valores y su conciencia. De formación clásica escribió sus primeras novelas a comienzos de los años cuarenta consolidando su estilo con obras como «Mudanza» (1949) o«Una mañana perdida» (1954). Autor de varias colecciones de cuentos y una docena larga de novelas consideradas clásicas en el ámbito luso, llegó a su cima literaria con obras como «Para siempre» (1983) «En nombre de la tierra» (1990) y «Cartas a Sandra», publicada el año de su muerte.
 En nombre de la tierra (1990) podría ser una muestra representativa de la literatura moderna portuguesa tanto por lo que respecta a la utilización del monólogo como a la innegable ambición lírica de su prosa. El libro relata las últimas semanas de  João, un juez jubilado, mutilado y finalmente recluido por sus hijos en un asilo, donde la existencia queda reducida a la evocación del pasado. El personaje principal, João, se dirige a  su mujer fallecida Mónica a través de una larga y reflexiva carta que conforma una bella epístola de amor. La carta es el crisol donde se desarrolla un lúcido monólogo interior jalonado de apostrofes con una deliberada fractura de la sintaxis convencional. En el texto resalta el dominio técnico del autor con un estilo construido con fusión de distintos discursos, reiteraciones propias del habla oral, transcodificaciones, polisíndeton y recurrencias que marcan al texto con un singular estilo emocional.
   Es un libro sutil y demoledor sobre la vejez, el amor y la palabra. Ferreira invoca a la Tierra en el título porque concibe su libro como una oración que acepta el fracaso de la carne, pero también su efímero reinado. Sin embargo, lo que prevalece no es el pesimismo ni la autocompasión, sino la realidad del cuerpo, su esplendor. El amor está más allá de los amantes y las palabras apenas pueden expresar su esencia..."

 Es resumen y compendio de otras reseñas que se relacionan




jueves, 21 de agosto de 2014



Lista de autores (Seminario de literatura Susana Jákfalvi (1996-2008 y Tertulia Porvenir (2008-2018)

La Biblia (El Génesis).


Clásicos griegos y  latinos:
Homero (La Odisea)
Sófocles (Ayax)
Eurípides (Electra)
Esquilo (Agamenón)
Ciceron (Las catilinarias)
Plutarco (Vidas paralelas)

Clásicos modernos:

Cervantes Miguel (El Quijote)
Quevedo Francisco(Los sueños)
Lope de Vega (Fuenteobejuna)
Calderón (La vida es sueño)
Gracián Baltasar (El arte de la prudencia)
Góngora Luis (Soledades)
Dante (La divina comedia)
Shaskeaspeare W. ( Otelo, El rey Lear, Hamlet, La tempestad)
Rabelais F.(Gargantúa y Pantagruel)
Villon ( Testamento, Balada de los ahorcados)
Anónimo (El Mío Cid)
Sor Juana Inés ( Respuesta a Filomena)
Colón Cristobal ( Diario de a bordo)
Inca Garcilaso de la Vega (Comentario reales)


Autores en lengua francesa:

Lautreamont (Maldoror)
Flaubert (Madan Bovary, Boubard y Pecuchet, La educación sentimental)
Balzac H. (Papa Gorriot, Eugenia Grandet)
Stendhal (Rojo y Negro)
Proust M. (Por el camino de Swam)
Camus A. (El extranjero, El primer hombre)
Voltaire, (Micromegas, Candido o el Optimismo)
Rimbaud A.(Una temporada en el infierno)
Baudelaire (Las flores del mal)
Maupassant (Cuentos. Bel ami)
Celine (Viaje al fin de la noche)
France Anatol (La isla de los Pingüinos)
Houellebeck (Plataforma, Partículas elementales)
Yourcenar M. (Memorias de Adriano)
Schmitt Eric Emmanuel ( El Hijo de Noé, Nieve)
Zola Emile (La fortuna de los Rougon)
Gide A. (Los monederos falsos)
Schwob (Vidas imaginarias)
Jean Echenoz (14)

Autores en lengua rusa:
Dostoievski (Crimen y Castigo, Memorias del subsuelo).
Tolstoi L.(La muerte de Ivan Lich, Guerra y Paz, La sonata a Kreutzer)
Gogol (Historias de San Petersburgo, La nariz).
Chejov (Cuentos: La dama del perrito)
Bulgakov (El Maestro y Margarita)
Pushkin (La hija del Capitán)
Grossman (Vida y destino)
Turgeniev (Humo)

Autores en lengua alemana:
Novalis (Himnos a la noche)
Hofmannsthal Hugo von ( Carta de Lord Changos)
Mann T.(La montaña mágica, Muerte en Venecia)
Goethe (Fausto).
Hesse H. (Juegos de abalorios)
Kafka F.(La metamorfosis, América, Cuentos)
Rilke, (Elegías de Duino)
Döblin A. (Berlín Alexanderplatz).
Werfel F. (Una letra femenina de azul pálido)
Roth Joseph (Hotel Savoy)
Broch Hermann (Huguenau o el realismo)
Nietzche Friedric (Así habló Zaratrusta)
Musil Robert (Las tribulaciones del estudiante de T)
Canetti Elias (Juegos de Ojos)
Freud Sigmund (El malestar en la cultura)
Benjamín Walter: Historias y Relatos. Personajes alemanes
Sebald G.W. ( Los emigrados)
Zweig (Castellio contra Calvino)
Robert Walser (El paseo)
Joseph Roth (La cripta de los capuchinos)

Autores en lengua inglesa:
Dickens (Los papeles póstumos del club pickwick)
James H. (Otra vuelta de tuerca)
Joyce J. (Dublineses, Ulises, Retrato de un artista adol)
Wolf V. Las olas)
Lawrence D.H.(El amante de lady Chatterley, Hijos y amantes)
Collins W. (La piedra lunar).
Sterne L.( Tristán Shandy)
Eliot T. (Tierra baldía)
Beckett S. (Esperando a Godot)
Huxley A. (un mundo feliz)
Bradbury Ray (Fahrenheit 451)
Poe (Cuentos: La caída de la casa Usher)
Melville,( Bartleby el escribiente)
Hawthorne (Wakefield)
Conrad, (Cuentos. Los duelistas, El corazón de las tinieblas)
Capote T. (A sangre fría)
Scott Fitzgerald (El gran Gatsby) (Suave es la noche)
Hemingway E. (Adiós a las armas, El viejo y el mar).
Miller H. ( Trópico de Cáncer)
Dos Passos ( Manhattan Transfer)
Nabokov ( Lolita)
Lowry M.( Bajo el volcán)
Kennedy Toole (La conjura de los necios)
Dickison (Poemas)
Whitman (Hojas de Hierba)
Maccullers (Reflejos en un ojo dorado)
Ford Madox Ford (El buen soldado)
Faulnker W. (El ruido y la furia, Absalon, Absalon)
Pynchon T.(Uve, Vicio propio)
Delillo (Cosmópolis)
Auster P.(el Libro de las ilusiones)
Paley: Cuentos.
Coeetze (La edad del hierro, Foe, Isabel Costelo)
Hammet D. (El halcón maltés)
Chandler R. (Adiós muñeca)
Greene G. (El tercer hombre)
Chesterton (El Hombre que fue Jueves)
BelloW Saul (El Hombre en suspenso, Herzog)
Smith Zadie ( El cazador de autografos)
Mcewan Ian ( Amor perdurable)
Salter James (La última noche)
Sam Savage (Firmin)
Somermeset Maugham (El filo de la navaja)
Ford Richard (Canada)
Cheever J. (Bullet park)
Twain M. (Diarios de Adan y Eva)
Munro A. (Las lunas de Jupiter)
Carver R. (Tres rosas amarillas)
Cormac McCarthy (La carretera)
Gordimer N (El conservador)
Banville J (El mar)
Robertson Davies (El quinto en discordia)
Joyce Carol Oates (Mágico, sombrío, impenetrable)
Lawrence Durrell (El cuarteto de Alejandría)
Sherwood Anderson (Winesburg, Ohio)
Jerome David Salinger (El guardián entre el centeno)
Jack Kerouac (En el cámino)
Jim Thomson (1280 almas)

Autores en lengua italiana
Calvino (Las ciudades invisibles)
Leopardi (Cantos)
Sciascia L.( El mar del color del vino) (Todo modo)
Svevo I. (La conciencia de Zeno)
Manganelli (La ciénaga definitiva)
Magris C. (Danubio)
Vittorini Elio (Conversación en Sicilia)
Lampedusa (El Gatopardo)
Pirandello L. (Seis personajes en busca de autor)

Autores en lengua portuguesa
Eca de Queiros (La ilustre casa de Ramírez)
Pessoa (El Libro del desasosiego) Poemas)
Lispector (La hora de la estrella)
Piñón (La república de los sueños)
Cardoso Pires J. (La balada de la playa de los perros)
Saramago (El evangelio según Jesucristo, Historia del Cerco de Lisboa)
Virgilio Ferreira (En nombre de la tierra)

Autores en lengua checa
Kundera (La insoportable levedad del ser

Hrabal Bohumil (Yo que he servido al rey de Inglaterra)

Autores en lengua húngara
Marai S.(El último encuentro, La mujer justa).
Kertész (Liquidación)

Autores en lengua noruega
Ibsen (La casa de las muñecas)
Hamsun K. (Hambre)
August Strinberg: La señorita Julia

Autores en lengua rumana
Cartarescu M. (Nostálgia)

Autores en lengua japonesa
Kawabata (Mil grullas)
Murakami ( Kafka en la orilla)

Autores en lengua turca
Orham Pamuk (Me llamo rojo)

Autores en lengua serbia
Danilo Kiss (Salmo 44)


Autores en lengua castellana:

Pérez Galdos B.(Doña Perfecta, Nazarin)
Unamuno M. (Niebla)
Baroja P (La busca)
Jiménez J.R. (Platero y yo)
Cela C. (Madera de boj)
Marías J. (Corazón tan blanco, Mañana en la batalla piensa en mí, Los enamoramientos)
Muñoz Molina (Plenilunio, Sefarad, Invierno en Lisboa)
Mendoza ( La ciudad de los prodigios y Tocador de Señoras)
Delibes M. (El Hereje, Señora de rojo sobre una fondo gris)
Becquer G. (Rimas)
Salinas (La voz a ti debida)
Machado A ( Soledades, Juan de Mairena)
Lorca F. (Poeta en Nueva York, Cancionero Gitano)
Alberti, R. (Marinero en Tierra)
Guillen (Cánticos)
Cernuda L. (La realidad y el deseo)
Aleixandre V. (Espadas como labios)
Gerardo Diego (Canciones a Violante)
Dámaso Alonso (Hijos de la Ira)
Hernández (El Rayo que no cesa)
Caballero Bonald (Agata ojos de gato)
Parra Baños Jose J. ( Tratado de Poliorcética)
Mailard Chantal (Matar a Platón)
Salisachs M ( La voz del árbol)
Montero R. (La hija del Caníbal)
Prada Juan M ( La tempestad)
Sánchez del Águila José Manuel . (Ropa Vieja)
Lope Manuel de (Las perlas peregrinas)
Azua (Lecturas compulsivas)
Rivas Manuel (El lápiz del Carpintero, Llamadas perdidas)
Martin Garzo (Las historias de Marta y Fernando)
Jiménez Lozano (la boda de Ángela) 

Cercas J. (El soldado de Salamina)
Trapiello A. (Los amigos del crimen perfecto)
Vilas Mata E. (Viaje vertical)
Valle-Inclan Ramon del (Dívinas Palabras, Tirano Banderas)
Ruíz Safón (La sombra del viento)
Longares M. (Romanticismo)
Carrasco J. (Intemperie)
Gallardo Francisco (El rock de la calle Feria)
Granado Francisco Manuel (La cabeza de Diana)
Martín Santos L. (Tiempo de silencio)
Mihura M. (Tres sombreros de copa)
Wenceslao Fernández Flores (Volvoreta)
Álvaro Cunqueiro (Crónicas do sochantre)

Ángel Vázquez (La vida perra de Juanita Narboni)

Sara Mesa (La mala letra)

José María Vaz de Soto (Diálogos del anochecer)
Julio Manuel de la Rosa (Las guerras de Etruria)
Francisco García Pavón (Las hermanas coloradas)
Luis Berenguer (El mundo de Juan Lobón)
Manuel Barrios (Epitafio para un señorito)
José Luis Sampedro (Octubre, octubre)


Autores americanos en lengua castellana:
Borges, J.L. ( Poemas y Cuentos: El Aleph, La intrusa)
Fernández Macedonio (Museo de la novela eterna)
García Márquez G. (Cien años de soledad, noticias de un secuestro, El otoño del patriarca, El amor en los tiempos del cólera)
Vargas Llosa (Cuaderno de Rigoberto, La ciudad y los perros, La fiesta del Chivo)
Fuentes C. (La muerte de Artemio Cruz, Los años de Laura Díaz, Instinto de Inés).
Cortazar J. (Rayuela, Las armas secretas, Cronopios y Famas).
Roa Bastos A. ( Madam Sui)
Onetti, (Astilleros)
Cabrera Infantes G. (Tres tristes tigres)
Carpentier A. (El siglo de las luces)
Arlt (Siete locos),
Rulfo (Pedro Páramo)
Sábato E. (El tunel)
Piglia R.(El último lector, Respiración artificial, El camino de Ida)
Neruda, (Poemas de amor y una canción desesperada)
Quiroga (El almohadón de plumas)
Aira C. (Varamo)
Bolaños R. (Detectives salvajes)
Bayly J. (Yo amo a mi mami)
Bioy Casares (Crónicas de Bustos Domecq)
Belli Gioconda (Poemas)
Donoso ( El obsceno pajaro de la noche)
Padura L. (Máscaras)
Puig M (El beso de la mujer araña)
Di Benedetto A. (Zama)
Ribeyro J.R. (Los gallinazos sin plumas)

Alfred Brice Echenique (Un mundo para Julius)

 


jueves, 12 de junio de 2014

El Otoño del Patriarca de Gabiel García Márrquez


Para terminar este año se ha propuesta la lectura  de El otoño del patriarca de Gabriel García Márquez.
 
"...  Cuando García Márquez publica en 1975 El otoño del patriarca, ya Ramón del Valle Inclán había publicado en 1926 la que inicia el género de novela de dictador, Tirano Banderas, y ya había aparecido El señor presidente de Miguel Ángel Asturias (1946) y Alejo Carpentier había publicado El recurso del método (1974). La novela, que está considerada como una fábula sobre la soledad del poder, se desarrolla en un país ficticio a orillas del Mar Caribe. Este país es gobernado por un anciano dictador que recrea el prototipo de las dictaduras latinoamericanas del siglo XX. En una sola frase, Gabo definió esta novela: "Como un poema sobre la soledad del poder". Cuarenta y ocho horas antes de morir en un accidente aéreo (1981), el dictador panameño Omar Torrijos le dijo a Gabo: “Tu mejor libro es ‘El otoño del patriarca’. Todos somos así como tú dices”.
 Gabriel García Márquez tenía 30 años cuando comenzó El otoño del patriarca. Lo concluyó 17 años después, en 1975, tras dos versiones abandonadas y antes de encontrar “la que era la justa” y, para él, su trabajo más importante. García Márquez escribe su historia utilizando largos párrafos con escasos puntos seguidos o aparte, en los que logra entrelazar distintos puntos de vista narrativos; una especie de monólogo múltiple en el que intervienen varias voces sin identificarse, siendo su novela más compleja y elaborada. Se le considera un largo poema en prosa, y la obra que mejor representa al mítico tirano contemporáneo. En sus páginas reverbera el realismo mágico que García Márquez ha sabido moldear magistralmente en gran parte de su obra. El monólogo múltiple permite que intervengan numerosas voces sin identificarse, como sucede con la historia y con esas conspiraciones masivas del Caribe que están llenas de infinitos secretos y de voces. El autor intenta transmitir a sus lectores el sentimiento de soledad que embarga al dictador y poner en evidencia las atrocidades a que puede conducir un poder sin límites. Los hechos se narran en primera persona, tanto por parte del dictador como por otros personajes de la novela que toman respectivamente la palabra sin solución de continuidad. Esto y la escasez de puntos (ningún punto y aparte, excepto los de final de capítulo), hacen que la lectura resulte muchas veces difícil. No obstante el autor, con su estilo brillante, consigue dar vivacidad y colorido al relato y hacer llegar su mensaje al lector. García Márquez utiliza la voz de muchos para contar esa historia increíble, esa trágico-comedia que despierta una especie de compasión por un hombre “grande”, solo, fuerte, e ignorante enfrentado a manejar un país armado de su poder de mando y de la compasión que le brinda su pobre, noble, y anciana madre. García Márquez muestra en el dictador el retrato de un niño: caprichoso, tierno, cruel, y necesitado de amor. Todo eso en medio de sucesos exagerados, irreales, pero que no sería extraño encontrar en los libros de historia de algún país latinoamericano. El dictador es más grande que la vida misma: ve las carabelas llegar a América, muere dos veces, para diluvios, cura enfermos, y “hace que se arrepientan los eclipses”. Al mismo tiempo García Márquez nos muestra un anciano decrepito —un viejo guanabano— que arrastra sus pies de elefante por la casa presidencial, se orina en las reuniones, y literalmente, de vez en cuando, se caga cuando hace el amor.

   De todos sus libros, este es el más experimental y el que más poético. García Márquez reflexiona sobre el poder, un tema presente en toda su obra “porque siempre he creído que el poder absoluto es la realización más alta y compleja del ser humano, y que por eso a la vez resume toda su grandeza y toda su miseria”. Y si el poder corrompe, el poder absoluto corrompe de modo absoluto, lo cual “por fuerza es un tema apasionante para un escritor”. Del poder, aprendido desde la literatura, supo mucho García Márquez por Edipo Rey, además de Plutarco y de Suetonio, y de los biógrafos de Julio César. Un personaje, “que no sólo me fascina, sino que habría sido el que yo hubiese deseado crear en la literatura. Como no fue posible, tuve que contentarme con fabricar un dictador con los retazos de todos los dictadores que hemos tenido en América Latina”. Afirmó no haber escuchado nunca tanta música como cuando la escribió y el resultado fue una novela que pasaba de la poética (donde Rubén Darío era un personaje y su obra era una referencia), a las expresiones populares. Rompió con el lenguaje que había fijado en ‘Cien años de soledad’, con la sintaxis (largos párrafos sin puntos, por ejemplo), los tiempos y hasta con la historia, al unir elementos tan distantes como un barco de marines y las carabelas de Colón.

El dictador Zacarías, un anciano general que no recuerda su edad y no dispone de educación escolar, fue instalado en el poder tras un golpe militar financiado por los gringos. El pueblo lo ve como una leyenda. A través de sus recuerdos, el lector se entera de que es hijo de una mujer del pueblo, Bendición Alvarado, única persona a quien quiso de verdad; que no supo quién fue su padre; que su primera infancia transcurrió en la miseria y que llegó a dictador, después de varias contiendas y golpes de estado, por voluntad de los ingleses. Bendición Alvarado, madre del dictador, vivía en la pobreza y se ganaba la vida pintando pájaros para venderlos en el mercado, sin llegar a saber que era una de las mujeres más ricas del planeta, ya que su hijo registraba a nombre de ella cuanto adquiría con los negocios del gobierno. Al morir ésta, el general proclama su canonización civil y la nombra patrona de la nación, curadora de enfermos y maestra de los pájaros, decretándose fiesta nacional el día de su nacimiento, conocida desde entonces como Santa Bendición Alvarado de los pájaros. Se relata también la historia de su doble, Patricio Aragonés, que murió en un atentado, vengado sangrientamente; cómo su lugarteniente más fiel, el general Rodríguez de Aguilar, acaba traicionándole, por lo que él manda que lo maten y guisen y obliga a sus ministros a que se lo coman; y cómo ya en su ancianidad se casó con una novicia raptada, Leticia Nazareno, la única mujer que consiguió llevarle al matrimonio. Leticia Nazareno es una novicia elegida como amante y esposa por el general el día en que expulsa a todos los religiosos de la nación tras romper relaciones con el Vaticano y expropiar los bienes de la iglesia. Leticia llega a gozar de una gran influencia en las decisiones del general. Por ello termina ganándose la antipatía del círculo de poder y de la población en general, lo que conduce a que se arme una conspiración en su contra y sea devorada, junto a su pequeño hijo, por perros entrenados. Encarga la persecución delos traidores a José Ignacio Sáenz de la Barra, quien, como antes el general Rodríguez de Aguilar, gobierna con mano férrea y acaba cruelmente asesinado y mutilado durante un levantamiento instigado por el mismo dictador, que le teme. Ya en los últimos años de su vida, el endeudamiento del país le obliga a vender incluso el mar a los "gringos". Toda su vida es una continua zozobra para conservar el poder, cosa que hace sin contemplaciones, pues "el único error que no puede cometer ni una sola vez en toda su vida un hombre investido de autoridad y mando es impartir una orden que no esté seguro de que será cumplida". Sus represiones son crueles y totales, ya que "todo sobreviviente es un mal enemigo para toda la vida". Al final morirá de muerte natural y lo encontrarán medio comido por los gallinazos.::"

   Esta reseña es compendio y extracto de otras que se relacionan:
http://www.biografiasyvidas.com/reportaje/garcia_marquez/otono.htm
http://es.wikipedia.org/wiki/El_oto%C3%B1o_del_patriarca
http://www.diariodemallorca.es/sociedad-cultura/2014/04/18/garcia-marquez-reescribio-mallorca-otono/926651.html
 http://www.revistaarcadia.com/impresa/especial-arcadia-100/articulo/el-otono-del-patriarca-gabriel-garcia-marquez/35072
 http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-13846971
 http://www.lloversobremojado.com/2010/09/el-otono-del-patriarca.html
 http://www.milenio.com/firmas/irene_selser/Garcia-Marquez-dictador-patriarca_18_285151498.html