martes, 14 de abril de 2009

Milan Kundera: La insoportable levedad del ser

"...En 1984 veía la luz una de las obras de más alcance del autor checo Milan Kundera, ‘La insoportable levedad del ser‘, durante su exilio en París (ciudad donde aún reside). Kundera (1929), comunista en su juventud, no tardó en criticar duramente la política socialista de su país y de toda Europa del Este donde obviamente esta obra sufrió la censura esperada, a pesar de que el autor siempre rehuyó de admitir el contenido político de la misma. Ambientada en Praga en 1968, trata de un hombre y sus dudas existenciales en cuanto a las situaciones de pareja, tanto sexuales como amorosas. El libro relata escenas de la vida cotidiana, pero trazadas con un hondo sentido trascendental. Sobre un tema abstracto y milenario, el de la inutilidad de la existencia, la necesidad o no del eterno retorno de los momentos para dotar a la vida de sentido, el autor desarrolla una desgarrada historia de amor entre Tomas y Teresa. Además, está considerada una de las mejores obras representativas de la crítica comunista en Europa del Este. De acuerdo a Kundera, “el ser” está lleno de una “insoportable levedad” porque cada uno de nosotros tiene sólo una vida por vivir: “Einmal ist Keinmal” (”una vez es nunca”, esto es, “lo que sucedió una vez pudo no haber sucedido nunca”). Por lo tanto, cada vida es esencialmente insignificante, cada decisión esencialmente irrelevante. Luego, ya que las decisiones no importan, ellas son leves (ligeras, livianas): no nos atan. Pero al mismo tiempo, la insignificancia de nuestras decisiones (nuestras vidas o nuestro ser) es insoportable. De ahí la insoportable levedad del ser. Además de aspectos sentimentales y políticos en La insoportable levedad del ser se desarrollan algunas cuestiones filosóficas sobre la vida y el paso del tiempo que tiñen la obra de un existencialismo con cierta carga de esperanza. Durante toda la novela, en diversos momentos, se desarrolla la contradicción entre peso y levedad, sin que llegue a quedar claro cuál de los dos términos es el positivo y cuál el negativo. Al mismo tiempo se producen trasvases que dificultan aún más la interpretación: Tomás dice disfrutar de «la dulce levedad del ser» cuando Teresa le abandona en Zurich, pero en pocos días esa levedad pasa a convertirse en el peso del arrepentimiento y de la compasión, lo que le obliga a regresar a Praga junto a Teresa. Y aunque las muertes de los personajes son muy simbólicas al respecto ─Tomás y Teresa aplastados por el peso y Sabina queriendo ser incinerada para ser más leve que el aire─, finalmente parece que los polos se invierten y la levedad se llena de una angustia que remite de forma directa al existencialismo: «la vida es leve, insoportablemente leve, porque no se repite, porque sólo ocurre una vez». En cambio, es bajo el peso de la repetición donde reside la felicidad. La circularidad del tiempo, su peso, es fundamental dentro del contenido del libro y de su construcción. Al principio se alude a Nietzsche y a su teoría del eterno retorno planteando su inoperancia en una vida única, que es sólo un esbozo irrepetible, condenada a una levedad que planteada de forma consciente se hace insoportable. Pero la estructura es al mismo tiempo circular y al final de la novela se vuelve a Nietzsche, una vez más a la misma desoladora idea: «El tiempo humano no da vueltas en redondo, sino que sigue una trayectoria recta. Este es el motivo por el cual el hombre no puede ser feliz, porque la felicidad es el deseo de repetir». En cuanto a la técnica narrativa de Kundera habría que señalar la extrañeza que causa en el lector, ya que el narrador se introduce dentro de la historia a la manera de la novela decimonónica pero dando un paso más. El narrador no tiene ningún inconveniente en mostrar el entramado de artificios que compone la obra, desvelando los motivos y orígenes de algunos de los personajes. Llega a decir de sus propios personajes: «los personajes no nacen como los seres humanos, del cuerpo de su madre, sino de una situación, una frase, una metáfora en la que está depositada, como dentro de una nuez, una posibilidad humana fundamental que el autor cree que nadie ha descubierto aún o sobre la que nadie ha dicho aún nada esencial». Estos comentarios metanarrativos permiten descubrir algunos aspectos del concepto de novela de Kundera al mismo tiempo que crean un nuevo nivel ficcional. El narrador, parcialmente omnisciente, juega con los puntos de vista: narra ya desde la perspectiva de un personaje ya desde la de otro, dando incluso varias versiones de un mismo acontecimiento ─la primera parte corresponde a Tomás y la segunda a Teresa." Esta recensión es extracto y compendio de otra reseñas que se relacionan:

Giacomo Leopardi: Cantos

Una desconocida música hace su entrada
en la biblioteca donde estudio lo inaudito
del comportamiento humano.
Aunque a veces también investigo
el sentido que deja la luz en el alma
de unos versos.
Soy un erudito del silencio. Desde hace años
contemplo el mar y el amor en estos libros.
Aunque a veces soy más atrevido
y sigo en la noche el infinito rastro de los astros.
Y ahora esta música
en el pausado ritmo de sus pasos.
¡Qué ternura, Dios mío, qué ternura!
Ya conoces mis dudasy mis penas…
¿Es la tristeza mi destino?
Escucho la melodía mientras escribo.
Es un delirio la vida, un mal sueño.
(O quizá sea bueno y yo un extraño).
Señor, no creo en ti, pero te amo.
" ...El conde Giacomo Leopardi (1798-1837) es recordado como el mayor poeta italiano del s. XIX y como una de las figuras más importantes de la literatura mundial. Gran estudioso de los antiguos, hereda de ellos una simplicidad y una extrema claridad en las formas que le llevan a alcanzar prácticamente la perfección lírica. Sin embargo, la profundidad de sus reflexiones sobre la existencia hace de él también un filósofo que más tarde será considerado como un precursor del existencialismo. Entre sus principales obras publicadas en castellano se encuentran el Zibaldone de pensamientos (Tusquets), Cantos y pensamientos (Galaxia Gutemberg) y Discurso de un italiano en torno a la poesía romántica (Pre-Textos). En sus comienzos como escritor, Leopardi atrajo la atención del público a través de su oda patriótica Agli italiani (1818), pero hoy en día es reconocido, en cambio, por ser el mayor poeta lírico de la Italia del siglo XIX. Uno de los primeros poemas de Leopardi fue La aproximación de la muerte (1816), un trabajo visionario cuya versificación asemeja la de la lírica medieval. En él, el autor expresa la solitaria desesperación de su desgraciada infancia. Y si un rechazo amoroso fue lo que inspiró uno de los más importantes poemas de su primera etapa, A Silvia, del mismo modo otro desafortunado amor constituyó el origen de algunos de los más tristes versos que escribió hacia el final de su vida. Su obra poética se encuentra recogida en I Canti (Cantos, 1831). Por otro lado, también escribió ensayos filosóficos, como Opúsculos morales (1827), un escrito en forma de diálogo en el que aparecen expuestas las ideas de Leopardi acerca de la desesperación. Los escritos de Leopardi se caracterizan por un pesimismo profundo y sin lenitivos: es una voz que grita el desamparo del ser humano y la crueldad de una naturaralezas implacable, que le azuza desde su propio nacimiento hasta más allá de la muerte. Leopardi siente un profundo desprecio por los falsos consuelos del pensamiento progresista y por el contrario siente una piedad infinita por el deseo de felicidad que los mueve y la huérfana estirpe humana, que le lleva a la compasión y a la solidaridad.Sus poemas, recogidos en I Canti (Cantos, 1831) poseen una notable perfección formal, una forma neoclásica y un contenido romántico. Los Cantos tienen tres tramos muy diferenciados. Uno primero más neoclásico, muy influido por los clásicos grecolatinos y Dante y Petrarca; un segundo donde está el Leopardi más puro, más intenso, con los poemas más bellos, y un tercero marcado por el pensamiento y la poesía reflexiva. Esta tercera parte es la que más le interesó a Unamuno, quien tradujo «La retama», la flor del desierto, uno de los poemas más conocidos del poeta italiano. Es así que en su obra Del sentimiento trágico de la vida, Unamuno incluye aquella denominación que hace Leopardi de la naturaleza: «Madre en el parto, en el querer madrastra».Leopardi es triste, es pesimista, no siempre porque su malísima salud, su constitución débil de neurótico y giboso, le inclinen naturalmente a ello, sino porque su naturaleza es harto fina, harto sedienta de amor, de felicidad y de belleza, para que en el obligado roce con las impurezas de la realidad no padezca horriblemente. Su obra refleja pesimismo, melancolía y escepticismo, contenidos, sin embargo, por el pudor y un estilo expresivo de corte clásico. Supo analizar la pasión desgarrada y las sensaciones más recónditas del individuo y convertirlas en universales. Auténtico polígrafo, escribió tratados eruditos, crítica literaria, realizó traducciones y destacó, sobre todo, por sus composiciones poéticas, que le han merecido ser considerado uno de los máximos representantes de la lírica italiana. Sus Opúsculos morales (1827) recogen una serie de poemas meditativos, de excepcional musicalidad y nítida expresión, a través de los cuales analiza los grandes problemas que se le plantean al ser humano. Leopardi fue un impecable artista de la forma como demuestran sus más célebres y logradas composiciones, recopiladas en Cantos, y publicadas escalonadamente en 1831, 1835 y póstumamente en 1845. Entre sus principales poemas se incluyen: A Italia, Al pie del monumento de Dante, El Risorgimento, A Silvia, Recuerdos, El gorrión solitario, La calma después de la tempestad, El sábado del pueblo, Canto nocturno de un pastor errante de Asia, así como las cinco poesías producto del desafortunado amor por Fanny Targioni Tozzetti (El pensamiento dominante, Amor y muerte, Consalvo, A sí mismo y Aspasia) y sus últimas poesías, La retama, sobre el poder destructor de la naturaleza, y El ocaso de la luna. Fue autor además de Zibaldone (su diario de 1817 a 1832) y de un importante Epistolario (1849) póstumo. Y como dijo el gran poeta italiano: “Hermanos a la vez creó la suerte / al amor y a la muerte. / Otras cosas tan bellas / en el mundo no habrá ni en las estrellas”.
Esta recensión es extracto y compendio de otra reseñas que se relacionan:

lunes, 13 de abril de 2009

Thomas De Quincey: Confesiones de un opiófago inglés

"...Juan Sasturain nos dice que una de las virtudes más aparatosas del escritor inglés Thomas De Quincey (1785-1859) es el vigor con que titulaba. Textos como Confessions of an English Opium-Eater (“Confesiones de un opiófago inglés”) o On Murder Considered as One of the Fine Arts (“Del asesinato entendido como una de las bellas artes”) tienen la cualidad nada frecuente de ser inolvidables. Incluso para quienes no los hayan leído. Thomas De Quincey escribió en 1820 estas “Confesiones de un opiófago inglés” basándose en sus experiencias personales con el opio, del que fue consumidor a lo largo de toda su vida. Con tintes autobiográficos, esta pequeña novela nos describe, reseña Castro, la caída en la adición de un joven que abandona sus estudios en busca de una vida más libre pero acaba en la más absoluta indigencia. De resultas de esta vida desordenada, le quedan como secuela unos terribles dolores estomacales a los que acabará encontrando alivio gracias al láudano. Sin embargo, poco a poco se desliza por la pendiente que separa el remedio que sana del vicio que deleita, para acabar por convertirse en un adicto que consume altas dosis de opio cada día. La obra pretende ser un aviso para navegantes acerca del peligro que implica el consumo de opio, un mal de moda en la época. El propio narrador, con gran ironía, explica los muchos conceptos erróneos que rodean el consumo de dicha droga, y antes de arremeter contra ella y relatar los presuntos efectos adversos, elogia los resultados de su uso. Antes de que el abuso del opio le llevara a terribles desvaríos de la razón y mientras se contuvo en los límites de un uso esporádico y moderado del mismo, el opio era capaz de producir en el opiófago una sensación de claridad mental y vigor físico, capaz de sublimar hasta el éxtasis cualquier placer físico o intelectual. La imagen del consumidor de opio como un ser adormilado y laxo parece del todo inadecuada a nuestro hombre que, tras ingerir una dosis de la droga, sentía su intelecto revigorizarse y su cuerpo dispuesto a enfrentarse con cualquier labor sin sentir cansancio. Por desgracia, por motivos que el narrador no explica, nos dice Castro, aunque pide que el lector confíe en su palabra de que no descendió por las laderas del vicio de forma indolente, el consumo pasó de ser esporádico a convertirse en diario, aumentando cada día la dosis. Pronto el vigor físico dejo pasó al decaimiento y la claridad mental a los más horribles desvaríos.La relación de estos desvaríos viene a ser, en el fondo, el verdadero centro de una novela que se aprovecha de la descripción de los efectos del opio para adentrarse en ese mundo fantástico y atormentado de los sueños de la mente. Cuando la razón se adormece bajo los efectos de la droga, despierta un mundo onírico terrible que se alimenta de las pasadas experiencias y los anhelos más insospechados. Las Confesiones, reseña Mario Valdovinos, escritas como un exorcismo contra los efectos del opio, que atravesaron su existencia durante años, y publicadas en la revista 'London Magazine' el año 1821, aunque ampliadas y corregidas en 1856, siguen la huella de dos célebres delatores de sí mismos: San Agustín y J. J. Rousseau. De Quincey y Baudelaire terminaron por repudiar el opio y el hachís que apabullan y envilecen la imaginación. Los elixires del placer, si bien posibilitan vivir setenta o cien años en una sola noche, también embotan y anestesian la voluntad y el impulso creativo, hundiéndolos en una cárcel de sueños. Los ecos de las Confesiones de De Quincey fueron intensos, lejanos y resplandecientes, en no escasa medida por el exotismo y honestidad de sus propuestas. Las aspiraciones del opio inspiraron a Alfred de Musset; Héctor Berlioz y su Sinfonía fantástica; Gerard de Nerval voló más alto con los efluvios opiómanos y Flaubert mencionó a la obra como el espectáculo de 'un alma al desnudo'. " Esta recensión es extracto y compendio de otra reseñas que se relacionan:

domingo, 12 de abril de 2009

Juan Carlos Onetti: El astillero

"... Juan Carlos Onetti (Montevideo, 1 de julio, 1909 - Madrid, 30 de mayo, 1994), admirador tanto de la Biblia, como de Céline, Proust, Dostoievski, Faulkner, Camus o Cervantes, es uno de los grandes renovadores de la narrativa en español en general y latinoamericana en particular, evadiéndose del realismo mágico imperante entre los novelistas más populares del continente para trazar historias de corte más universal, expuestas en un tono sombrío y pesimista en la creación de de mundos foscos, opresivos y lastimeros, destiladores de una inquieta angustia vital. Una de las aportaciones fundamentales de Onetti ha sido la creación de un espacio mítico: Santa María, cuyos moradores alimentan gran parte de su producción novelística, desde Juntacadáveres a Dejemos hablar al viento.
En El astillero se cumple la culminación del ciclo de Santa María y de su héroe Larsen. Regresar a la alucinada ciudad de Santa María, emplearse en el astillero de Petrus y enamorar a la hija de éste es para Larsen la última oportunidad de encontrar un sentido. Sin embargo, muy pronto dicha tentativa se convierte en una rigurosa farsa: no hay nada que hacer en un astillero paralizado y en ruinas, ni es posible amar voluntariamente. A pesar de que la vida lo excluye, Larsen continúa impertérrito en su papel, como si no quisiera mirar a la cara a un mundo en vías de extinción, o tal vez porque fingir es la única salida posible contra la locura. En “El astillero” (1961), ubicado en Santa María, su Yoknapatawpha particular (Faulkner es uno de sus grandes maestros), se muestran sus habituales escenarios deslucidos, utilizados como símbolo psicológico, y la presencia de personajes aislados, con un antihéroe ajado que protagoniza un texto de enfoque existencialista, el cual tanto ahonda en la alienación individual o en la incomunicación como en la corrupta sociedad moderna. El estilo de Onetti es denso y su habilidad para crear ambientes, con una gran inventiva en la imaginería, introduce de manera intensa al lector en una historia deprimente en la que poco ocurre más allá de la consecución, estupenda, de esa atmósfera triste y lúgubre, sin esperanza. En El astillero Onetti se acerca según Mario Benedetti a un equilibrio casi perfecto, a una economía artística que resulta algo milagrosa. Onetti reseña Omar Delgado es artífice de una prosa densa y desesperanzadora, en la cual el lector tiene que ir a tientas para enfrentarse con frases largas, con muchos incisos, subordinadas y coordinadas, perfectamente manejadas y delimitadas por medio de la puntuación, profundamente descriptivas que también retratan, además de la escena, el estado de ánimo de los personajes que suelen utilizar pleonasmos dentro de los diálogos internos para denotar reflexiones y emociones de los mismos. Rodeado de literatura fantástica, el amargo uruguayo, nos dice Carlos Pascual fue rumiando una fantástica literatura urbana de desencuentros, vidas tortuosas y falsas promesas con tangos que se escuchan a la distancia. Onetti hizo de Santa María un lugar donde su poética –la de los miserables– podía articularse en estructuras complejas y simples a la vez, bajo un clima siempre ruin. Y era esa poética, y no él, quien condenaba a sus personajes a ese miasma existencial destinada al fracaso. Su prosa, en el astillero o fuera de él, no podía adentrarse en esas familias que decía Tolstoi que se parecen entre sí. Su escalpelo literario sólo podía trabajar donde la pudrición social era más obvia; ahí donde la condena de todos nosotros, con sus palabras, se hacía y hace más evidente. Es un hecho que, en materia de éxito comercial, Juan Carlos Onetti se quedó "en el andén de Santa María" mientras el resto de sus colegas durante el "boom latinoamericano" se subían a los barcos y a los aviones, como gráficamente describe Omar Prego Gadea. Pero para los escritores de esa generación, el autor uruguayo, del que se cumple este año el centenario de su nacimiento, sigue siendo palabras mayores. "Onetti construyó un mundo literario a partir de una experiencia universalmente practicada por los seres humanos: huir con la fantasía de la realidad en la que viven y refugiarse en otra, mejor o peor pero más afín a sus inclinaciones y apetencias". El autor de estas líneas es Mario Vargas Llosa, quien el año pasado publicó "El viaje a la ficción. El mundo de Juan Carlos Onetti", un ensayo sobre la vida del autor de El astillero. Además de una descripción de la obra de Onetti, a quien calificó del "primer autor moderno" de la lengua castellana, el escritor peruano analiza el contexto regional en que nacieron los libros y cuentos del uruguayo. "La frustración de Onetti se transforma en una metáfora del gran fracaso de América Latina en el siglo XX", sostuvo cuando presentó su ensayo. " Esta reseña es compendio y extracto de otras que se relacionan: http://www.elaleph.com/libros.cfm?item=9200255&style=libro_usado http://www.jornada.unam.mx/2006/12/03/sem-pascual.html http://www.elpais.com.uy/Suple/DS/09/03/29/sds_407352.asp http://www.solodelibros.es/04/01/2008/el-astillero-juan-carlos-onetti/ http://www.sololiteratura.com/one/onettientrseque.htm http://yoatecutli.blogspot.com/search?q=onetti

martes, 31 de marzo de 2009

José María Blanco White: Letters from Spain (la literatura del exilio)

Uno de los primeros representantes de lo que se ha convenido en llamar literatura del exilio es José María Blanco White (1775-1841), sacerdote y escritor sevillano, que viene suscitando un justificado interés por la rareza de su trayectoria, la calidad y variedad de su obra y, en particular, por la dureza y lucidez de su análisis de la realidad española desde que, después de 1810, se instalara en Londres y acometiera el proyecto vital de hacerse a sí mismo inglés. Fue un hombre que renegó de su religión y de su patria y que, según Juan Goytisolo, se convirtió para siempre en el paradigma de la España fugitiva y liberal, incompatible con el fanatismo ibérico. Ese interés ha venido también acompañado de malos entendidos, juicios muy severos e interpretaciones contradictorias, que han convertido a Blanco White en una pieza controvertida, pero imprescindible, del rompecabezas que supone la España contemporánea. Letters from Spain fueron publicadas en inglés en 1822 y no han sido vertidas al español hasta siglo y medio después. Esta preterición no ha sido porque se desconociera su valor histórico o literario sino más bien por la falsa imputación de furor antipatriótico. Fue Marcelino Menéndez Pelayo en 1882, en su juvenil y combativa Historia de los heterodoxos españoles, el primero que supo destacar las notables cualidades de José María Blanco White como escritor costumbrista, y refiriéndose a las Cartas de España de Blanco ponderaba que no había elogio digno de ellas si se toman en el concepto de pintura de costumbres españolas, y sobre todo andaluzas del siglo XVIII, y que nunca antes de las novelas de Fernán Caballero, han sido pintadas las costumbres andaluzas con tanta frescura y tanto color, con tal mezcla de ingenuidad popular y de delicadeza aristocrática. Formalmente nos dice Enrique Baltanas, las Letters from Spain cumplen los requisitos o marcas de género: el uso del pseudónimo -Leucadio Doblado-, el hecho de aparecer primeramente en la prensa periódica -durante el año 1821 en The New Monthly Magazine-, la enunciación en primera persona, el (aparentemente) leve andamio de una ficción vicaria... También, en cuanto al contenido, repasa Blanco los que habrían de ser los tópicos del género: diversiones y fiestas populares, la comida, el vestido, la casa, la religiosidad popular,... en suma, todo el amplio teatro de la vida cotidiana de los españoles. Escribir para ingleses resultó en la práctica una ventaja para el costumbrismo literario de Blanco, pues tuvo que describir las cosas con enorme minucia y claridad para que aquellos lectores suyos de entonces pudieran hacerse una idea cabal de aquello que se les contaba, lo que no podemos sino agradecer los lectores de hoy, incluidos los de lengua española. Aunque se puedan considerar, según Baltanas, como precedentes lejanos de las Cartas de España las Lettres persannes de Montesquieu o las Cartas Marruecas de Cadalso, lo cierto es que el texto más cercano del que partió Blanco fueron las Letters from England, publicadas a primeros de siglo por Robert Southey, quien en ellas describe y critica su propio país desde la perspectiva de un visitante extranjero, en este caso español. El libro de Southey constituye un demoledor ataque a las consecuencias sociales de la industrialización. Blanco no podía criticar esto en España, país atrasado en el que la revolución industrial aún no había tenido lugar, y por ello el objeto de sus críticas es sobre todo el oscurantismo y la intolerancia del Antiguo Régimen, vivo todavía en España. En el mundo intelectual hispánico el nombre de José María Blanco White ha representado, según señala Eduardo Subirats, un sonoro no-lugar. Tras su exilio a Inglaterra en los años de la ocupación napoleónica de la Península Ibérica, los propios liberales borraron sus rastros. El casticismo español, de Unamuno al nacionalcatolicismo, enterró su nombre a título de perpetuidad. Y sin embargo, hay pocos testimonios literarios tan reveladores en el contexto de las crisis políticas, sociales e intelectuales que atravesaron las sociedades hispánicas y el colonialismo americano durante el período comprendido, aproximadamente, entre la publicación de la Encyclopédie de Denis Diderot y los Desastres de la Guerra de Francisco Goya. Paradójica o sintomáticamente, la figura intelectual más desleída del siglo XIX hispánico constituye una clave esencial para la comprensión de su ilustración truncada, de su atraso, de su decadencia política e intelectual, de su precaria modernidad. La obra de este escritor es, sin embargo, breve: artículos políticos y un libro de crónicas costumbristas: sus Letters from Spain; tratados teológicos contra la Iglesia romana; algunos poemas y una novela; cartas y diarios, y su monumental autobiografía póstuma: The Life of the Rev. Joseph Blanco White, written by himself. Obras sin embargo significativas porque señalan una frontera intelectual del mundo cultural hispánico, un punto de inflexión, una crisis, una clave ocultada y olvidada. No existe en el mundo literario español y latinoamericano de la primera mitad del siglo otro intelectual tan familiarizado con el Enlightenment y el romanticismo británicos. No hay otro escritor español que conozca y cite en este momento a la escuela filosófica alemana, de Fichte a Feuerbach. Son pocos los ensayistas, si alguno, que en el siglo XIX, y aún en el XX, ahondaran las ambigüedades y limitaciones de la Independencia de la América hispana desde una posición tan excepcional como la de Blanco White: tan cerca y, al mismo tiempo, lejos del arcaico poder colonial español, que le exilió; tan lejos y tan cerca del moderno imperialismo británico, que le acogió. Blanco fue un ilustrado en el medio de la reacción antiilustrada que en España se desató a partir de los eventos de la Revolución francesa. Era un reformador religioso en una cultura que no había tolerado ninguna de las expresiones del cristianismo reformado florecientes en Europa desde el siglo XVI. Este intelectual único en el contexto hispánico del siglo XIX, se elevó, al mismo tiempo, al papel de testigo privilegiado de aquella progresiva corrupción moral y política que provisionalmente culminó con la ocupación napoleónica, para seguir su atribulado rumbo por lo menos hasta las guerras contra Cuba: tres buenas razones, nos dice Subirats para que varias generaciones de intelectuales españoles sellaran el exilio de Blanco White con un vergonzoso silencio.

lunes, 30 de marzo de 2009

Johann Wolfgang von Goethe: Fausto.

"... Fausto de Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832) es una obra trágica enteramente dialogada, concebida más para ser leída que para ser representada. Fue publicada en dos partes: Faust: der Tragödie erster Teil (Fausto: Primera parte de la tragedia) y Faust: der Tragödie zweiter Teil (Fausto: Segunda parte de la tragedia). Se trata de la obra más famosa de Goethe y está considerada como una de las grandes obras de la literatura universal, y una de las cimas de la narrativa romántica alemana del siglo XIX. Se inspira en “La trágica historia del doctor Fausto” (1604), del escritor inglés Christopher Marlowe (1564-1593), quien, a su vez, acudió a la leyenda medieval de Gregorius Faustus, un alquimista y astrólogo dispuesto a pactar con el diablo con tal de saciar su sed de saber absoluto.
En la obra de Goethe, dividida en dos partes, el pérfido Mefistófeles tienta al avejentado doctor Fausto con juventud, amor y los misterios del futuro a cambio de su alma.En un monólogo sobre las limitaciones de la sabiduría, desilusionado, Fausto decide suicidarse, pero renuncia al oír las campanas de Pascua deResurrección. Sale a pasear con su ayudante, Wagner, y vuelve a casa. Les ha acompañado un perro que se trasforma en Mefistófeles. Éste propone a Fausto aceptar una apuesta diabólica, a lo que accede Fausto. Tras desprestigiar a la universidad ante un alumno, Mefistófeles acude con Fausto a una taberna y después a casa de una bruja que rejuvenece a Fausto. Este se siente atraído por Margarita y pide a Mefistófeles que ayude a poseerla, lo que así sucede. Esa relación lleva aparejada la muerte de la madre de Margarita, de Valentín su hermano, y de su hijo recién nacido. Margarita será condenada a morir. Fausto abandona un aquelarre, con Mefisto, para intentar salvar de la muerte a la joven, pero Margarita, que siempre siente un horror intuitivo hacia Mefistófeles, prefiere morir pidiendo el perdón en Dios. Una voz, desde lo alto, salva a Margarita, que llama a su amigo.
La obra se divide de la siguiente manera:1. Comienza con una Invocación cargada de nostalgia por el paso del tiempo y la desaparición de los amigos. 2. El Prólogo en el teatro es una disertación dialogada en torno a los problemas del teatro de la época, entre Neoclasicismo y Romanticismo,y las relaciones con los espectadores y los actores.3. El Prólogo en el cielo muestra las relaciones entre las fuerzas celestiales y las infernales que confluyen en un acuerdo entre El Señor yMefistófeles.4. Un acto único con 25 escenas. Esta estructura es totalmente heterodoxa. La organización de la historia en un Acto único rompe con la división tradicional en tres o cinco actos. Las XXV escenas se desarrollan en lugar y encircunstancia diferente entre ellos. Goethe introduce avances importantísimos para la literatura alemana: La ruptura radical de la regla de tres unidades. La abundancia de personas y situaciones. La atracción por lo misterioso y lejano. El afán de totalidad. El sentimiento amoroso. La riqueza del lenguaje. La mezcla de prosa y verso. La mezcla de lo trágico y lo cómico.
Goethe trabajó prácticamente toda su vida sobre el mito de Fausto. En 1773 escribió una primera versión, conocida actualmente como el Urfaust' ('Fausto original') que no fue publicada hasta muchos años después de su muerte. La leyenda de Fausto fue la base para que Goethe llevara a cabo la creación de su obra dramática que tiene como título el apellido del mago. Sin embargo, el alemán no es el único en haber usado esta leyenda, pues aparte de Marlowe también Lenau, Heine, Peer Gynt, Louis Pauwels y Thomas Mann han manifestado su interés por este mítico personaje. Goethe explica que tomó la leyenda no para plasmarla a manera de crónica o testimonio. La función es hacer una obra en la cual se mezcle el aspecto real, biográfico del ocultista con la poesía, es decir, conferirle al texto un grado de esteticismo, de hacerlo ubérrimo en el campo literario sin dejar de lado el aspecto mítico-mágico. La historia de Fausto ha inspirado un gran número de obras literarias, musicales y pictóricas. La obra constituye una parábola sobre el conocimientos científico, la religión, la pasión y la seducción, la independencia y el amor, entre otros temas. En términos poéticos, Goethe sitúa la ciencia y el poder en el contexto de una metafísica moralmente interesada. Fausto es un científico empírico que se ve forzado a enfrentarse a cuestiones como el bien y el mal, Dios y el diablo, la sexualidad y la mortalidad."
Esta recensión es extracto y compendio de otra reseñas que se relacionan:

sábado, 28 de marzo de 2009

Marcelino Menéndez Pelayo: Historia de los heterodoxos españoles,

"... Marcelino Menéndez Pelayo (1856 – 1912) fue un polígrafo y erudito español, consagrado fundamentalmente a la historia de las ideas, la crítica e historia de la literatura española e hispanoamericana y la filología hispánica en general, aunque también cultivó la poesía, la traducción y la filosofía.De entre los más de 65 volúmenes que ocupa la edición de sus obras completas cabe destacar: Historia de los heterodoxos españoles, La ciencia española, Historia de las ideas estéticas en España, Antología de los poetas líricos castellanos. Marcelino Menéndez Pelayo es el padre del moderno pensamiento conservador español. Catedrático de Literatura, director de la Biblioteca Nacional, de la Real Academia de Historia y “católico a machamartillo” -como él mismo gustaba de definirse- fue autor de una gigantesca obra que recorre toda la historia y la cultura de España. Su obra es pura pasión y arte, pues a pesar de su erudición siempre primó el sentido artístico sobre el científico. Sin embargo, y en contra de lo que pudiera parecer, sus obras no pueden catalogarse como apologéticas, si bien, desde luego, se adscribió a las tesis providencialistas de la historia. Así, los Heterodoxos es el relato del intento de todas las herejías por arraigarse en España, lo cual les fue imposible porque estábamos llamados, según el autor, a ser «martillo de herejes, luz de Trento, espada de Roma…». Entre la ingente producción de Menéndez Pelayo, siempre tuvo un lugar destacado su Historia de los heterodoxos españoles, que fue la más popular de sus obras y, a la postre, la mejor defensa de la España católica, quizá sólo igualada por La defensa de la hispanidad, de Maeztu. La redacción de los Heterodoxos partió de la sugerencia de Gumersindo Laverde Ruiz, el principal impulsor de la historia de la filosofía española, que pretendía que Menéndez Pelayo redactase una serie de biografías de heterodoxos españoles. Sin embargo, don Marcelino excedió con creces este proyecto inicial, realizando una completa historia crítica filosófica. Es evidente que, leída ciento treinta años después, la Historia de los heterodoxos es una obra superada desde el punto de vista histórico, pero hay que juzgarla como un magnífico testimonio del genio de Menéndez Pelayo, en especial si se tiene presente el páramo que constituía en su época la ciencia española en general, y la historia en particular. Por ello, no puede uno sino admirarle y convenir en que se trata de una obra única y sorprendente, por muchos motivos. En primer lugar por su precocidad: terminada cuando contaba con sólo veintiún años, parece increíble que a esa edad el autor hubiese acumulado tanta erudición y tanta capacidad de crítica. En segundo lugar, por el ambiente en que fue escrita: él mismo dice, refiriéndose a la Universidad de su época, que «la enseñanza era pura farsa, un convenio tácito entre maestros y discípulos, fundado en la mutua ignorancia, dejadez y abandono casi criminal». Los heterodoxos es mucho más de lo que su título indica, es una verdadera historia de la Iglesia española desde los orígenes hasta 1876, fecha en que se aprobó en España la ley de libertad religiosa o de cultos que él lamenta y rechaza. Por ello se vio sumido en una profunda contradicción de la que nunca se liberó totalmente: el intento de hacer compatible una concepción moderna y racional de la historia con sus ideas y sentimientos religiosos y su deseo de no apartarse del magisterio eclesiástico. Esto no impide que sigamos considerando esta obra como un monumento de la historiografía española del siglo XIX y que nos siga cautivando su magnífico estilo literario que le hizo ser propuesto en 1905 para el Premio Nobel de literatura. Esta recensión es extracto y compendio de otra reseñas que se relacionan:

viernes, 27 de marzo de 2009

Oscar Wilde: De profundis

Extracto "El amor se alimenta de la imaginación, que nos hace más sabios que lo que sabemos, mejores de lo que sentimos, más nobles que lo que somos; que nos capacita para ver la Vida como un todo; que es lo único que nos permite comprender a los demás en sus relaciones así reales como ideales. Sólo lo bello, y bellamente concebido, alimenta el Amor. Pero el Odio se nutre de cualquier cosa” Los errores fatales de la vida no se deben a que seamos insensatos: un momento de insensatez puede ser nuestro mejor momento. Se deben a que somos lógicos. Hay una gran diferencia.” Cuando la Sabiduría me ha sido improvechosa, y la Filosofía estéril, y los proverbios y frases de los que pretendían darme consuelo han sido como polvo y cenizas en mi boca, la memoria de aquel pequeño gesto humilde y silencioso de Amor ha abierto para mí todos los pozos de la piedad, ha hecho al desierto florecer como una rosa, y me ha llevado de la amargura del exilio solitario a la armonía con el corazón herido, roto y grande del mundo. …teatro, novela, poema en rima, poema en prosa, diálogo sutil o fantástico, todo lo que tocaba lo hacía hermoso con un género nuevo de hermosura; a la verdad misma le di lo falso no menos que lo verdadero como legítimos dominios, y mostré que lo falso y lo verdadero no son sino formas de existencia intelectual. Traté el Arte como la realidad suprema, la vida como un mero modo de ficción; desperté la imaginación de mi siglo de suerte que crease mito y leyenda alrededor de mí; resumí todos los sistemas en una frase y toda la existencia en una agudeza… …me dejaba arrastrar a largas rachas de indolencia sensual y sin sentido. Me divertía ser un flaneur, un dandy, un personaje mundano. Me rodeaba de naturalezas mezquinas y de mentes inferiores. Vine a ser el manirroto de mi propio genio, y malbaratar una juventud eterna me proporcionaba un curioso gozo. Cansado de estar en las alturas, iba deliberadamente a las bajuras en busca de nuevas sensaciones. Lo que la paradoja era para mí en la esfera del pensamiento, eso vino a ser la perversidad en la esfera de la pasión. El deseo, al final, era una enfermedad, o una locura, o ambas cosas. Me hice desatento a las vidas de los demás. Tomaba el placer donde me placía y seguía de largo. Olvidé que cada pequeña acción de cada día hace o deshace el carácter, y que por lo tanto, lo que uno ha hecho en la cámara secreta lo tiene que vocear un día desde los tejados. Dejé de ser Señor de mí mismo. Ya no era el Capitán de mi Alma, y no lo sabía. Dejé que tú me dominaras, y que tu padre me atemorizara. Acabé en una espantosa deshonra. Ahora para mí sólo queda una cosa, la absoluta Humildad: lo mismo que para ti sólo queda una cosa, la absoluta Humildad. Te vendría bien bajar al polvo y aprenderla a mi lado."
Nos dice Jimarino que: " Desde la cárcel de Reading, Wilde escribió De profundis como un larga carta para Lord Alfred Douglas, y a pesar de censurar a lo largo de sus ciento veintiocho páginas las actitudes y el egoísmo del joven, a pesar de reprenderle por su silencio posterior, por la ausencia de noticias tras caer en desgracia (ni siquiera un puñado de cartas le envió más tarde), la intención del escritor fue más bien didáctica, trataba de provocar una reflexión en él. No se atisba odio contra Alfred, ni siquiera contra quienes lo llevaron a esa situación, al contrario, suena a aceptación de lo sucedido, a una recapitulación de su propia vida y los mecanismos que el pasado había ido generando a causa de su comportamiento para alcanzar un presente como el que vivía: humillado, sometido a la vejación psíquica y moral, a la vergüenza, la deshonra y la soledad más absoluta. Wilde trató de aprender a vivir con lo que le quedaba". "Deslumbra la conciencia de su destino de artista, el aprovechamiento vital que extrajo de todas su experiencias, y conmueve su dolor, su desgracia. Es el texto de un hombre humillado y envejecido. Es la verdad de una vida en medio de una historia que arrastra a los hombres. Aún así posee, nos dice Marino, el canto de la esperanza, la fuerza de un espíritu elevado, indómito y original, de un pensador lúcido y brillante, las palabras más cercanas que jamás compuso, el testimonio de un escritor magnífico. Cómo él dijo una vez: El filisteo es el que sostiene y secunda las fuerzas mecánicas, pesadas, lerdas y ciegas de la Sociedad, y no reconoce la fuerza dinámica cuando la ve en un hombre o en un movimiento". Quizás, éste sea el relato más impactante y vigoroso con el que Oscar Wilde hace posible la redención de sus fantasmas del pasado puestos en Lord Alfred Douglas. En De Profundis, única obra escrita en la cárcel, y la última de sus obras en prosa, también figura la redención de los sentimientos más profundos . La carta en De Profundis no fue escrita para llenar de amargura el corazón del joven Alfred, sino para vaciar el de Wilde. " Hasta que punto me encuentro aún lejos del equilibrio espiritual lo atestigua esta carta con sus talantes cambiantes e inseguros, su desprecio y su amargura, sus aspiraciones y su incapacidad para colmarlas. Pero no olvides en qué terrible escuela estoy realizando mi tarea. Y aunque sé que soy incompleto e imperfecto, puedes aprender mucho de mí. Viniste a mí para adiestrarte en los placeres de la vida y el arte. Quizá haya sido elegido para enseñarte algo más maravilloso: el significado del dolor, y su belleza. Tu afectísimo amigo, Oscar Wilde". Esta recensión es extracto y compendio de otras que se relacionan, y especialmente recomiendo http://jimarino.com/2008/09/26/oscar-wilde-de-profundis/ http://metamorfosis.itgo.com/deprofundis.html http://es.wikipedia.org/wiki/Oscar_Wilde http://es.geocities.com/biblio_e_1/wilde/profundis.pdf http://www.elmundo.es/elmundolibro/2002/07/28/anticuario/1027580567.html

jueves, 26 de marzo de 2009

Hermann Hesse: El juego de los abalorios

"... El juego de los abalorios es la obra culminante del escritor alemán Hermann Hesse (Stuttgart,1877- Basilea,1962), uno de los escritores en lengua alemana más importantes de siglo XX, junto con Thomas Mann y Franz Kafka. Algunas de sus obras son Peter Camenzind, su primera novela (1904), con tintes autobiográficos, Bajo las ruedas (1905), sobre las frustraciones de un estudiante, Demian (1919), obra completamente magistral, Siddharta (1922), novela de exploración psicológica ambientada en la India, El lobo estepario (1927), otra de las novelas más estremecedoras y profundas de Hesse, o Narciso y Goldmundo (1930). Escribió también notables ensayos, poesía y cuentos, todo con su característica profundidad psicológica y su exquisita y desarrollada sensibilidad, que le hizo merecedor del Premio Nobel de Literatura en 1946. El juego de los abalorios, ambientada en un futuro hipotético, muestra dos mundos opuestos, el "normal", el del "pueblo llano", por así decirlo, y Castalia, la orden integrada por jóvenes escogidos desde su más tierna edad para ser educados en los valores castalios: el orden, la cultura, la sabiduría, la castidad. Aprenden a jugar al "juego de los abalorios", que Hesse define como "el juego combinatorio de todos los saberes y valores de nuestra cultura", donde tienen especial relevancia la música y las matemáticas. El protagonista, Josef Knecht, Magister Ludi (Maestro del Juego), será quien, introduciéndose en la ciencia histórica, se dará cuenta de que ese país castalio, inamovible, intemporal, no podrá mantenerse eternamente imperturbable al exterior. La novela trata, en forma de crónica, la vida del alumno Josef Knecht en la escuela principal de maestros del juego de abalorios y del problema filosófico que se plantea en la sociedad respecto a si es lícito que exista una aristocracia del espíritu que viva por encima y al margen de la sociedad más corriente. El juego de los abalorios lleva el subtítulo de "Ensayo de descripción de la vida del maestro José Knecht, unido a todos los escritos legados por Knecht". La vida de la obra transcurre en un tiempo posterior a nuestro presente en algunos siglos. En ella describe la vida de Castalia.Se han superado el siglo XIX y el XX, con su individualismo sin autoridad, con sus guerras y con su decadencia moral. Desesperados por el ocaso de la cultura, se junta un grupo de hombres para formar una especie de orden laica que vive bajo estricta disciplina, renuncia a los éxitos externos, a la creación artística y se dedica especialmente al cultivo de la música, de la matemática y de la filología. Se persigue como fin una gran síntesis de todas las ciencias y de todas las culturas. La novela transcurre en el futuro, en 2400, pero es un retorno a esa Edad Media fantástica con la que soñaron Novalis o Hölderlin, universo reglamentado por el mago, el sacerdote y el guerrero. Pero una vez alcanzado el grado supremo, Magister Ludi del juego de los abalorios, Joseph Knecht renuncia. El adolescente se hace hombre renunciando a su formación. El juego de los abalorios fue la obra cumbre de Hermann Hesse. Libro enigmático quizá destinado a borrar su recuerdo como escritor didáctico, es una novela de tesis expresiva de la polivalencia, a ratos incongruente y siempre sincera, a la que llegó el viejo Hesse. Al mismo tiempo, en El juego de los abalorios, Hesse fue víctima consciente de su atracción pietista por las órdenes monásticas pero aclaró su pertenencia a Castalia, la escuela laica y masónica dedicada a la combinación de los saberes matemáticos y musicales. En ninguna novela de la tradición alemana se encuentra semejante caso de la pansofía. " Esta recensión es extracto y compendio de otra reseñas que se relacionan:

martes, 24 de marzo de 2009

Gustavo Adolfo Becquer: El rayo de luna (la poesía en el relato)

Extracto: Leyenda El rayo de luna "... Había visto flotar un instante y desaparecer el extremo del traje blanco, del traje blanco de la mujer de sus sueños, de la mujer que ya amaba como un loco. Corre, corre en su busca, llega al sitio en que la ha visto desaparecer; pero al llegar se detiene, fija los espantados ojos en el suelo, permanece un rato inmóvil; un ligero temblor nervioso agita sus miembros, un temblor que va creciendo, que va creciendo y ofrece los síntomas de una verdadera convulsión, y prorrumpe al fin una carcajada, una carcajada sonora, estridente, horrible. Aquella cosa blanca, ligera, flotante, había vuelto a brillar ante sus ojos, pero había brillado a sus pies un instante, no más que un instante. Era un rayo de luna, un rayo de luna que penetraba a intervalos por entre la verde bóveda de los árboles cuando el viento movía sus ramas. Habían pasado algunos años. Manrique, sentado en un sitial junto a la alta chimenea gótica de su castillo, inmóvil casi y con una mirada vaga e inquieta como la de un idiota, apenas prestaba atención ni a las caricias de su madre, ni a los consuelos de sus servidores. -Tú eres joven, tú eres hermoso -le decía aquélla;- ¿por qué te consumes en la soledad? ¿Por qué no buscas una mujer a quien ames, y que amándote pueda hacerte feliz? -¡El amor!... El amor es un rayo de luna -murmuraba el joven. -¿Por qué no despertáis de ese letargo? -le decía uno de sus escuderos;- os vestís de hierro de pies a cabeza, mandáis desplegar al aire vuestro pendón de ricohombre, y marchamos a la guerra: en la guerra se encuentra la gloria. -¡La gloria!... La gloria es un rayo de luna. -¿Queréis que os diga una cantiga, la última que ha compuesto mosén Arnaldo, el trovador provenzal? -¡No! ¡No! -exclamó el joven incorporándose colérico en su sitial-; no quiero nada... es decir, sí quiero... quiero que me dejéis solo... Cantigas... mujeres... glorias... felicidad... mentiras todo, fantasmas vanos que formamos en nuestra imaginación y vestimos a nuestro antojo, y los amamos y corremos tras ellos, ¿para qué?, ¿para qué?, para encontrar un rayo de luna. Manrique estaba loco: por lo menos, todo el mundo lo creía así. A mí, por el contrario, se me figuraba que lo que había hecho era recuperar el juicio". "...Gustavo Adolfo Domínguez Bastida , más conocido como Gustavo Adolfo Bécquer (Sevilla, 17 de febrero de 1836 – Madrid, 22 de diciembre de 1870), fue un poeta y narrador español, perteneciente al movimiento del Romanticismo. Los modelos poéticos de Bécquer fueron varios; en primer lugar, Heine; W. S. Hendrix señaló además a Byron y Dámaso Alonso a Alfred de Musset. Hay huellas de estos autores en su poesía. Fuera de su importante lírica, Gustavo Adolfo Bécquer fue también un gran narrador y periodista. Escribió veinticinco narraciones del género leyenda, muchas de ellas pertenecientes al género del relato gótico o de terror, otras, auténticos esbozos de poesía en prosa, y otras narraciones de aventuras.
La leyenda un rayo de luna está enmarcada por breve diálogo y bravísimo epílogo y conducida por el hilo protagónico de Manrique. La narración lineal está estructurada en cuatro momentos básicos: etopeya, alucinación, búsqueda y desengaño. Prólogo y epílogo, unidos por la aparición del yo narrativo en primera persona, son un testimonio del reconocimiento intelectual de la primacía de la realidad sobre la ensoñación. En Manrique se conjuga el ideal renacentista de las armas y las letras, aunque con acusada descompensación hacia las últimas. No solo siente Manrique inclinación hacia los viejos pergaminos donde aletean versos de trovador, sino también hacia el ejercicio solitario de la poesía y la ensoñación. Aquí se anticipa Bécquer a la afirmación rilqueana de que toda obra de arte es de infinita soledad. Manrique, “ loco soñador de quimeras e imposibles”, acierta a ver lo que solo puede vislumbrar un poeta: los mundos invisibles que se esconden bajo la apariencia. Las coordenadas espacio y tiempo están perfectamente definidas en esta leyenda: reloj de Postigo, murallas medievales, ribera del Duero, ermita de San Saturio, ámbito de la ciudad castellana. Recrea el escenario donde va a producirse la visión alucinada de Manrique, con inclusión de elementos precisos de arquitectura y naturaleza: ruinas a punto de desplomarse, virginidad y exuberancia de las vegetaciones. La acción narrativa se localiza al final del medioevo. Chimenea gótica del castillo manriqueño, ventana gótica del caserón de piedra, caballeros templarios que han abandonado sus fortalezas, de las que ya solo quedan ruinas. Aprovecha la ocasión par mostrarnos las costumbres medievales en el interior del castillo: pajes, soldados, halcones, lanzas... Además del marco temporal genérico, un tiempo muy característico del poeta: noche llena de sugerencias y, en su mitad, luna generadora de figuraciones y soporte de lo mágico:“La noche estaba serena y hermosa; la luna brillaba en toda su plenitud en lo más alto del cielo; y el viento suspiraba con un rumor dulcísimo entre las hojas de los árboles.” Es evidente la identificación entre Manrique y Bécquer, suspiradores ambos por lo inefable. En el primero el poeta proyecta sus ansias de ideal, su fibra de artista amante de la soledad y ensoñación, su aspiración y búsqueda de la belleza soñada, concretada en forma de mujer o esencia de poema. Manrique recorre las estrechas, oscuras y tortuosas calles sorianas y espera la llegada del alba para sufrir el primer desengaño. Prosigue la infatigable peregrinación en pos del ideal, mientras comienza a resquebrajarse el muro de su esperanza. En sus búsquedas posee inicialmente la certeza de la obstinación fanática. La conclusión del relato no puede ser más desoladora: todo, hasta la luz y el aire, es solo espejismo. El amor, la gloria, la felicidad son solo producto de la imaginación febril y desbocada. Siempre quedará al final la soledad descarnada y desnuda y el hueco de la luna despoblado de sintagmas."
Esta recensión es extracto y compendio de otra reseñas que se relacionan: