lunes, 16 de febrero de 2009

Claudio Magris: El Danubio (la novela-ensayo)

"... Danubio es una novela-ensayo del italiano Claudio Magris (1939). El hilo conductor del libro lo constituye un viaje a lo largo del Danubio, símbolo del crisol de pueblos y culturas que conforman la mitteleuropa, y que tuvieron su esplendor en el auge del imperio Austro-Húngaro. Sin aparente interconexión entre sí, Magris reúne anécdotas, impresiones, pensamientos y reflexiones, sucesos históricos, historiografía y personajes de lo más diverso, asociados a los lugares que va recorriendo. Este conjunto de miniaturas componen una gran sinfonía, acunada por el correr de las aguas del Danubio. Quizá el mayor mérito del germanista sea la unicidad de percepción que, como en un majestuoso mosaico, ofrece al lector a través de historias y paisajes aparentemente deslabazados. Danubio es, nos dice Carlos Ortiz de Landázuri, una novela fluvial, de frontera, metaliteraria, metahistórica, metafísica, teológica. Claudio Magris acometió este ambicioso proyecto narrativo como culminación de una trayectoria intelectual de especialista en literatura germánica, dando un salto creativo audaz que, sin duda, lo situó entre los grandes de la literatura mundial. La magnitud de la empresa en gran parte está motivada por una peculiar singularidad temática muy difícil de repetir. Se trata de una novela fluvial que describe los sucesivos tramos del río, desde su nacimiento en los canalones de un tejado a mediavertiente entre el Rin y el Danubio, hasta sus cinco desembocaduras, pasando por ocho regiones: Alemania, Wachau, Viena, Eslovaquia, Hungría, Banato y Transilvania, Bulgaria y Rumania. Pero simultáneamente también es una novela frontera con numerosos castillos característicos del peculiar conglomerado de pueblos diversos que formó el imperio absbúrgico o austro-hungaro en su lucha multisecular contra los turcos, con complejos problemas de identidad, con fronteras geográficas muy móviles, como el continuo fluir como el río que las recorre. También es una novela metaliteraria que rinde un homenaje a los autores y personajes más representativos de las diversas minorías étnicas y culturales danuvianas: Heidegger, Celine, Jean Paul, el Dr. Mengele, Mauthausen, Hitler, Schmid, Hoffman, Grillparzer, Stifter, la Canción de los Nibelungos, Kepler, Descartes, Napoleón, Francisco José, Wittgenstein, Freud, Wagner, el pintor Makart, Müsil, Schumpeter, los mas recientes Bernhard o Handke, Kafka, Lukacs, Arnold Hauser, Kadar, Tito, Drácula, Cioran, Chagal, Canetti; con personajes femeninos tan entrañables, como Marieluise Freissert, Agnes Bernauer, Maria Antonieta y Luis XVI, Bárbara Blomberg y Carlos V, María Vetsera y Wagner, la Marianne de Goethe, transformada en la bellísima Suleika en virtud de su portentoso diván oriental, la princesa Sisí, o la polifacética abuela Anka. Es una novela metahistórica donde los avatares del viejo imperio absbúrgico son una metáfora del calidoscopio hacia donde se dirige la historia mundial, necesitada cada vez más de una mirada omnicomprensiva que la acoja, sin por ello negar las diferencias insalvables existentes en su interior. Es una novela metafísica, que trata de expresar la totalidad cultural de un conjunto de pueblos a través de su literatura, tratando de rastrear a su vez el peculiar destino de comunicación y de lucha por la supervivencia que les ha venido dado por su pertenencia a la cuenca del Danubio, crisol de culturas y de complejas identidades individuales y colectivas, desde Trajano y Arriano hasta Soliman o Ceausescu. Finalmente es una novela teológica que recoge la presencia del profundo espíritu católico de su contrarreforma cultural, dando lugar a profundas paradojas de las que es testigo fiel su mejor literatura, aunque con manifestaciones artísticas y culturales verdaderamente deslumbrantes. Si se obedecen ciegamente las reglas de la preceptiva literaria, nos dice Julian Meza, El Danubio de Claudio Magris no es una novela. Si se dinamitan, en cambio, los contornos de esa reglas, corno lo hace Magris con su libro, éste si es una novela. Desde el punto de vista de los lectores y de los críticos literarios respetuosos de formas establecidas y gastadas, EI Danubio no parecerá una novela. Es una novela porque así lo quiere su autor y porque lo confirma la lectura del libro. El Danubio es, dice Magris, "una especie de novela sumergida" en la que escribe sobre la civilización danubiana, pero también sobre el ojo que la contempla; es decir, sobre la mirada del narrador que la observa y la describe. Otros críticos, que no se someten a la preceptiva literaria, afirman que El Danubio inaugura un nuevo género a caballo entre la novela y el ensayo, el diario y la autobiografía, la historia cultural y el libro de viajes. " Esta recensión es extracto y compedio de otras reseñas que se relacionan en los vinculos siguientes:

Por el placer de la lectura: José Luis Sampedro.

La S.G.A.E. (Sociedad General de Autores) ataca de nuevo ¡No consientas este atentado contra la cultura! Se pretende obligar a las bibliotecas públicas a pagar 20 céntimos por cada libro prestado en concepto de canon para 'resarcir' a los autores. No consientas tamaño atentado contra la cultura y pasa este mensaje a todos tus amigos. POR EL PLACER DE LA LECTURA: El escrito adjunto va firmado por José Luis Sampedro, escritor. POR LA LECTURA Cuando yo era un muchacho, en la España de 1931, vivía en Aranjuez un Maestro Nacional llamado D. Justo G. Escudero Lezamit. A punto de jubilarse, acudía a la escuela incluso los sábados por la mañana aunque no tenía clases, porque allí, en un despachito que le habían cedido, atendía su biblioteca circulante. Era suya porque la había creado él solo, con libros donados por amigos, instituciones y padres de alumnos. Sus 'clientes' éramos jóvenes y adultos, hombres y mujeres a quienes sólo cobraba cincuenta céntimos al mes por prestar a cada cual un libro a la semana. Allí descubrí a Dickens y a Baroja, leí a Salgari y a Karl May. Muchos años después hice una visita a un bibliotequita de un pueblo madrileño. No parecía haber sido muy frecuentada, pero se había hecho cargo recientemente una joven titulada quien había ideado crear un rincón exclusivo para los niños con un trozo de moqueta para sentarlos. Al principio las madres acogieron la idea con simpatía porque les servía de guardería. Tras recoger a sus hijos en el colegio los dejaban allí un rato mientras terminaban de hacer sus compras, pero cuando regresaban a por ellos, no era raro que los niños, intrigados por el final, pidieran quedarse un ratito más hasta terminar el cuento que estaban leyendo.. Durante la espera, las madres curioseaban, cogían algún libro, lo hojeaban y a veces también ellas quedaban prendadas. Tiempo después me enteré de que la experiencia había dado sus frutos: algunas lectoras eran mujeres que nunca habían leído antes de que una simple moqueta en manos de una joven bibliotecaria les descubriera otros mundos. Y aún más años después descubrí otro prodigio en un gran hospital de Valencia. La biblioteca de atención al paciente, con la que mitigan las largas esperas y angustias tanto de familiares como de los propios enfermos, fue creada por iniciativa y voluntarismo de una empleada. Con un carrito del supermercado cargado de libros donados, paseándose por las distintas plantas, con largas peregrinaciones y luchas con la administración intentando convencer a burócratas no siempre abiertos a otras consideraciones, de que el conocimiento y el placer que proporciona la lectura puede contribuir a la curación, al cabo de los años ha logrado dotar al hospital y sus usuarios de una biblioteca con un servicio de préstamos y unas actividades que le han valido, además del prestigio y admiración de cuantos hemos pasado por ahí, un premio del gremio de libreros en reconocimiento a su labor en favor del libro. Evoco ahora estos tres de entre los muchos ejemplos de tesón bibliotecario, al enterarme de que resurge la amenaza del préstamo de pago. Se pretende obligar a las bibliotecas a pagar 20 céntimos por cada libro prestado en concepto de canon para resarcir -eso dicen- a los autores del desgaste del préstamo. Me quedo confuso y no entiendo nada. En la vida corriente el que paga una suma es porque: a) obtiene algo a cambio. b) es objeto de una sanción. Y yo me pregunto: ¿qué obtiene una biblioteca pública, una vez pagada la adquisición del libro para prestarlo? ¿O es que debe ser multada por cumplir con su misión, que es precisamente ésa, la de prestar libros y fomentar la lectura? Por otro lado, ¿qué se les desgasta a los autores en la operación?.¿Acaso dejaron de cobrar por el libro?. ¿Se les leerá menos por ser lecturas prestadas?.¿Venderán menos o les servirá de publicidad el préstamo como cuando una fábrica regala muestras de sus productos? Pero, sobre todo: ¿Se quiere fomentar la lectura? ¿Europa prefiere autores más ricos pero menos leídos? No entiendo a esa Europa mercantil. Personalmente prefiero que me lean y soy yo quien se siente deudor con la labor bibliotecaria en la difusión de mi obra. Sépanlo quienes, sin preguntarme, pretenden defender mis intereses de autor cargándose a las bibliotecas. He firmado en contra de esa medida en diferentes ocasiones y me uno nuevamente a la campaña. ¡NO AL PRÉSTAMO DE PAGO EN BIBLIOTECAS! Jl Sanpedro

domingo, 15 de febrero de 2009

John Kennedy Toole: La conjura de los necios (El mito del hombre desubicado)

" ... La conjura de los necios (A Confederacy of Dunces, en inglés) es una novela de John Kennedy Toole (1937-1969), escrita en 1962 y considerada por la crítica como una ingeniosa sátira que inscribe al autor en una tradición que lo emparenta con Rabelais y Cervantes. Su título es una referencia a una cita de uno de los clásicos de la sátira, Jonathan Swift: "Cuando un verdadero genio aparece en el mundo, lo reconoceréis por este signo: todos los necios se conjuran contra él".
El principio de la novela constituye, reseña Carlos Fernández, la presentación del personaje principal con su andar elefántico y pesado: un hombre alto y obeso, de grandes orejas donde sobresalen pelos sin cortar, labios grasientos, gordos y bembones, con restos de papas fritas, un tupido bigote negro, ojos altaneros, azules y amarillos, vestido con su gorra verde de cazador con orejeras, voluminosos pantalones de tweed, camisa de franela, bufanda y eructando constantemente debido a un problema de su válvula pilórica; rasgos físicos que desde las primeras líneas se revelan como indicio del carácter sui géneris de este personaje que si bien presenta características pantagruescas y actitudes quijotescas, se encuentra alejado de cualquier arquetipo conocido, y sin par en la literatura del siglo xx. Ignatius J. Really: de treinta años, intelectual egresado de la universidad, lleva una vida sedentaria, la mayoría de las veces encerrado en su mugriento y desordenado cuarto, tramando y escribiendo en decenas de cuadernos una diatriba en contra del siglo que le tocó vivir. Vive con su madre, quien después de tener un accidente automovilístico, por conducir en estado de ebriedad, lo obliga a buscar trabajo para que contribuya con el pago de los daños. Ese incidente es el detonante de múltiples situaciones que a su vez desencadenarán una serie de hechos con los cuales se va construyendo la trama de la novela. Ignatius se muestra como un personaje con valores anacrónicos, medievalista, ultracatólico, partidario de una monarquía totalitaria, que mira perplejo los vicios, la mediocridad, superficialidad y banalidad del siglo xx, que ataca los principios de la ilustración y las ideas de progreso. Pero sus acciones lo revelan como un sujeto miserable, inmaduro, glotón, mezquino, egocéntrico, mitómano, cobarde, caprichoso y perezoso. Un sujeto iluso e inútil incapaz de resolver los más elementales problemas de la vida cotidiana, pero predispuesto a embarcarse en los más quijotescos y disparatados propósitos. Precisamente se han señalado algunas afinidades entre Ignatius y el personaje insignia de Cervantes, y es fácil determinar esas similitudes, sobre todo en los malentendidos que surgidos de la realidad parecen darle a Ignatius el piso que necesita para avanzar en sus erradas cavilaciones. La distancia entre la percepción de Ignatus y la realidad se hace aun más evidente cuando se contrastan los hechos con la visión que de ellos tiene tanto en las cartas a su enamorada Mirna Mynkoff como en sus múltiples diarios. Kennedy Toole, nos dice en su reseña Carlos Fernández, toma el espacio de Nueva Orleáns para construir un microcosmos, que transcurre en diversos lugares que van desde la calle Constantinopla hasta el Barrio Francés; donde además de la figura antiheroica de Ignatius aparecen otros personajes: el señor Robichaux, el patrullero Mancuso, Burma Jones, González, la señorita Trixie, Dorian Greene, Dana, Darlene, George, Gusv Levy, la señora Levy, el doctor Talc, la señora Amy, la señora Really, Santa Battaglia y Mirna Mynkoff; en su mayoría estereotipos que simbolizan de alguna manera los vicios de cada uno de los estamentos de la sociedad de la que da cuenta. Se hacen alusiones a la paranoia comunista, al afán del Estado y las autoridades por mostrar resultados y encontrar siempre un culpable, a la situación del proletariado, a la persecución racista y al subempleo, a la vida nocturna en bares y cantinas, a la prostitución, la pornografía, la homosexualidad, los delincuentes de poca monta, la banalización del arte y los medios masivos de comunicación, al despilfarro y a la inútil y absurda solidaridad de la clase alta, al medio académico universitario, al chismorreo de alcobas y de barrio, a la generación beat y al hipismo, entre otros. Estos personajes que aparecen en lugares y situaciones aparentemente aisladas luego se irán entrelazando en un nexo de causalidades que los conducen a todos hacia un destino común, que asemeja esta novela en cuanto a su estructura a algunas novelas de William Faulkner.
Juanfran Molina indica que Ignatius es un personaje basado en el devastador choque que supondría extraer alguna mente pensante de otra época, colocarla en medio del crepitar social de los barrios modestos de cualquier ciudad y confrontarla con todo tipo de personajes contemporáneos a la novela. Algo aún más delirante si el personaje no es de otra época: una ingeniosa muestra, llevada al extremo, del mito del hombre perplejo, desubicado e incómodo ante la sociedad en la que vive y a la que no quiere deberse”. John Kennedy Toole jamás vio publicada su obra en vida. Al parecer, envió el original de la novela a varias editoriales, y todas la rechazaron. Su madre, al encontrar el manuscrito años después, lo llevó a distintas editoriales, las cuales también volvieron a rechazarla. Empeñada en su publicación, ya que pensaba que la novela tenía una calidad notable, se puso en contacto con el escritor Walker Percy para que leyera la novela y consiguiera su publicación. Percy, tal y como él mismo cuenta en el prólogo de La Conjura de los Necios, al principio receló de leer el texto que le ofrecía. Pero, cuando tras mucho insistir aceptó leerlo, quedó maravillado: no le parecía posible que la novela fuera tan buena. La novela recibió el premio Pulitzer en 1981, y fue un éxito editorial. " Esta recensión es extracto y compedio de otras reseñas que se relacionan en los vínculos que siguen:

viernes, 13 de febrero de 2009

René de Chateaubriand : Memorias de ultratumba (el ensayo y la novela)

"... Obra de Chateaubriand, escrita a partir de 1809, con una mayor intensidad entre los años 1830 y 1841, y que apareció póstumamente (1849-1850) por entregas en el periódico "La Presse". Epopeya extraordinaria de unos tiempos convulsos que François de Chateaubriand vivió como testigo y protagonista, las Memorias de ultratumba son un documento literario atemporal. Melancólico y desengañado, aristócrata que presenció la Revolución Francesa, que viajó a la joven República americana y conoció el esplendor y la falsía del Imperio napoleónico, así como la Restauración, Chateaubriand fue un hombre polifacético, hábil y vehemente, cuyas Memorias—«un templo de la muerte erigido a la luz de mis recuerdos»—nacieron como confrontación personal con la Historia, como revancha contra el tiempo. Un escritor maravilloso y de culto capaz de construir, como el profesor Fumaroli dice «una reflexión profunda, de una actualidad sobrecogedora y de un alcance universal, sobre la era democrática inaugurada por la Revolución Americana y por la Revolución Francesa, sobre las grandes esperanzas que ella hizo nacer, sobre los peligros que llevaba en germen, y sobre las pruebas insólitas a las que exponía, en su expansión mundial, la libertad y la humanidad misma del hombre.» La narración está ambientada en las postrimerías del Antiguo Régimen y el principio del período moderno, época que Chateaubriand representa en un cuadro vivaz y polémico. Reminiscencias y meditaciones encuentran unidad en la presencia del autor, que transforma la narración en epopeya personal y monumento a sí mismo. Chateaubriand evoca, como si se tratase de un fresco, su vida de escritor, de soldado, de viajero, de político, y sus vivencias y sus pensamientos son dirigidos por una narración orientada a la posteridad. La obra está dividida en cuatro partes, que coinciden con los períodos más importantes de su vida: la primera parte (1768-1800) comprende desde el nacimiento del escritor hasta la emigración obligada por la Revolución; en la segunda parte (1800-1814) presenta su experiencia literaria hasta la Restauración; en la tercera (1814-1830) recuerda su activa carrera política; finalmente, en la cuarta parte trata sus últimos años. Baudelaire lo llamó "el gran aristócrata de las decadencias". Flaubert, Proust y otros grandes escritores lo admiraron. La derecha más conservadora lo repudió por liberal y Sartre dejó ver el desprecio de la izquierda hacia él orinando sobre su tumba. Aunque la obra tiene rasgos que la acercan del género literario de las "memorias" (en el significado clásico del término, como las "Memorias de Saint-Simon"), las "Memorias de ultratumba" también se inspiran en las Confesiones de Rousseau, en el sentido en que Chateaubriand trata (además de los acontecimientos políticos e históricos a los que asiste) de detalles de su vida privada y de sus aspiraciones personales. También en esta obra encontraremos algunos de los mejores ejemplos de prosa poética, un género en el que sobresalía Chateaubriand. Por otra parte, la melancolía de la obra ayudará a convertir a Chateaubriand en el ídolo de la joven generación de románticos franceses, entre los que hay que incluir a Víctor Hugo quien, siendo aún un niño, escribirá en un cuaderno: "Seré Chateaubriand o nada.". Fumaroli dice, en Poèsie et Terreur, que lo que Chateaubriand entiende por essai es lo que a partir de 1880 empezará a llamarse "monólogo interior", tensión entre la espiral de la historia y el derrotero del individuo. Y cuando se dice que escritores contemporáneos —como Claudio Magris y Roberto Calasso— han combinado en un nuevo género el ensayo y la novela, debe recordarse —y ellos lo admitirían con orgullo— que sólo han actualizado la doctrina retórica de las Memorias de ultratumba. «Me he encontrado a caballo de dos siglos como en la confluencia de dos ríos, me he sumergido en sus aguas turbulentas, alejándome a mi pesar de la orilla donde naciera, nadando esperanzado hacia la orilla desconocida donde va a abordar las nuevas generaciones». Cuando la «Revue de Deux Mondes» publicó este «Prefacio testamentario», René de Chateaubriand (1768-1848) era un hombre que venía del Antiguo Régimen, había padecido la Revolución Francesa, conocía la América virgen y sabía lo que era la defenestración del poder. El autor de «René» o el apologético «El genio del Cristianismo» pasaría a la Historia por una docena de tomos y 3.500 páginas manuscritas bautizadas con sombrías resonancias: «Memorias de Ultratumba».
Es extracto y compendio de otras reseñas que se relacionan:

jueves, 12 de febrero de 2009

Wilkie Collins: La piedra lunar ( la primera novela policiaca).

"... La piedra lunar (The Moonstone) es una novela escrita por Wilkie Collins(1824-1889) que esta considerada por la mayoría de los críticos como la precursora de la moderna novela de suspenso o misterio. T. S. Eliot se refiere a ella calificándola como "la primera, la más larga y la mejor de las modernas novelas detectivescas de Inglaterra", también la encomiaron Swinburne, Kipling, Chesterton, Scott Fitzgerald, Borges, entre otros. Catherine Peters bautizó al autor en 1991 como el 'Rey de la Invención' por su maestría en la arquitectura narrativa y la dosificación del suspenso; hace más de medio siglo, un degustador de las tramas perfectas, Jorge Luis Borges, sentenció: "Wilkie Collins es el maestro de la trama, la zozobra y los desenlaces imprevisibles". En lo relativo a la experimentación narrativa, basta señalar que Collins, y no Henry James, fue el primer novelista en usar varios narradores y puntos de vista, como hizo en las geniales novelas "La dama de blanco" (1860) y "La piedra lunar" (1868). Si Poe escribió los primeros cuentos policiales, Collins constituye el primer novelista del género policial. Inicialmente fue publicada en 1868 como una serie periódica en la revista "All the Year round" fundada y dirigida por Charles Dickens. Patricia Rondón señala que lo notable de esta esta novela es que, siguiendo las bases del género creado por Poe (un misterio insoluble, un investigador que se sirve de la lógica y una decena de sospechosos) Collins se sirve de una estructura narrativa completamente original para resolver el "caso". Una joya, que fuera robada en la India del ajuar de un dios por un soldado inglés, se convierte en el regalo de cumpleaños de una joven adinerada de la sociedad victoriana. Durante la noche, alguien roba la piedra del armario de su propia alcoba. A partir de ahí, Collins despliega un complejo cuadro de sospechosos, posibles motivaciones, historias secundarias y perspectivas diversas a través de una narración coral: cada uno de los involucrados debe escribir la información que tiene acerca del robo. Aquí es donde el autor muestra todo su talento como escritor: su manejo de las voces de los testigos demuestra un profundo conocimiento de la condición humana y hace que cada uno de los personajes se perfile nítidamente a través de la inolvidable trama. El mismo lo dice el prefacio: "Mi meta ha sido señalar aquí la influencia ejercida por el carácter sobre las circunstancias".
La narración sigue un esquema epistolar –como su anterior obra “La dama de blanco” (The Woman in White, 1860)- que Collins desarrolla brillantemente, y cada parte de la historia está contada por un testigo distinto de la misma –destacando la voz del criado Beteredge, con su afición por Robinson Crusoe, al que atribuye poderes adivinatorios o la de Miss Clack, tenaz solterona puritana, la más cómica- . Toda la información de los hechos vamos a recibirla desde perspectivas diferentes y cada uno de los personajes va a desarrollarse nítidamente a lo largo de una trama construída con gran minuciosidad. Historias secundarias, motivaciones ocultas, misterio, amor, crítica social, humor, aventura, melodrama, fantasía: todos los ingredientes necesarios para una buena historia combinados con gran maestría, que consiguen mantener la atención desde el principio hasta el final."

martes, 10 de febrero de 2009

LLÁMALO SUEÑO, de Henry Roth: Reseña de Constanza Mathe.

Henry Roth (1906-1995) es un clásico de la literatura norteamericana, autor de una de las más importantes novelas del siglo XX, según la crítica, y reconocido hoy como el maestro de autores como Salinger, Bellow, Malamud o Philip Roth. Henry Roth escribió Call it sleep (Llámalo sueño, en la traducción española) a los 28 años, en 1934. La novela abarca, en el tiempo de la narración, seis años de la vida en un guetto neoyorquino, allá por los años treinta del siglo pasado, de un niño judío, David Schearl. David llega con su madre, emigrados de Europa, a Estados Unidos, donde les espera el padre, un hombre frío y cruel que descargará sobre el pequeño toda su violencia. David se esconde en el calor de la madre del miedo, del ambiente hostil y degradado de su entorno, de la miseria y las dificultades de entenderse en otro idioma. Dice Mariano Antolín Rato (Babelia, 8-5-1999) que Llámalo sueño “es una obra en la que el arte trata de mantenerse por sí mismo en un mundo de tremendos problemas y luchas políticas y sociales, la amenaza del fascismo y el miedo a otra guerra mundial. Y nadie parecía más indicado para expresar con mayor viveza las inquietudes del momento que un niño judío de una familia inmigrante asediada por la miseria física y humana en la zona baja este de la isla de Manhattan”. La estructura familiar de los Schearl –padre-madre-hijo- desarrolla todo un análisis sociológico, un retrato de la vida de los inmigrantes de principios de siglo que alcanzaron la tierra dorada, un paraíso que curiosamente se iba a convertir años después en un infierno de pobreza en el que el vocabulario de la gente sencilla estaba limitado a una sola palabra: supervivencia. Sin embargo, a pesar de que una lectura superficial pudiera invitarnos a creer que Llámalo sueño es una novela de contenido social, no existe en toda la obra una crítica ni viso alguno de política panfletaria o diatriba amarillista contra el modo de ser de la sociedad norteamericana, sino, eso sí, una profunda introspección y análisis psicológico de los personajes, de los cuales nos muestra su interior en constante pugna consigo mismos, con los otros y con todo el infierno que representa la convivencia social forzada, hipócrita y vacía de (casi) toda la humanidad. En Llámalo sueño los críticos reconocen influencias de James Joyce y destacan el realismo y la imaginación de sus páginas y sus hallazgos lingüísticos, fruto del caos producido por el yiddish familiar e infantil y la vulgaridad posterior del lenguaje de la calle. Del autor irlandés toma especialmente el llamado monólogo interior, estrategia discursiva que pretende que el narrador desaparezca tras los pensamientos de los personajes, con lo que los lectores podemos acceder, sin que el personaje lo sepa, a su intimidad psicológica. Es precisamente a través de esta técnica que Roth nos muestra el interior psicológico de David, en constante pugna entre lo que cree que debe de ser, lo que es en apariencia, y lo que “verdaderamente” es. Así, Roth se convierte a través de Llámalo sueño en el introductor del monólogo interior en la novela norteamericana, lo que la coloca como una obra de vanguardia que inserta a la literatura estadounidense en la historia de las innovaciones narrativas de principios del siglo XX. Una historia urbana y proletaria que nada más publicarse cayó en el olvido. Del escritor Henry Roth nunca más se supo hasta la publicación, en 1964, de una edición de bolsillo de Call it sleep que descubrió la novela a la crítica y los lectores. Pero ni la venta de más de un millón de ejemplares ni el reconocimiento público ayudaron a Henry Roth, que durante 30 años se dedicó a empleos manuales en Nuevo York, Boston y Maine, desde leñador hasta empleado en un psiquiátrico. En cuanto su nombre se consagró, la demanda de un segundo libro se hizo insoportable para el escritor, que dijo: “No es que no quisiera escribir. El deseo de hacerlo no me abandonó nunca. Era que temía haberme quedado seco”. También pensaba que la generación intelectual de los años 30 a la que él pertenecía, tuvo miedo de escribir sin aportar nada a un mundo cambiante y en continuo movimiento. La ruptura con la poeta Eda Lou Walton, mentora de sus años mozos, tuvo también mucho que ver con su crisis creativa. Roth acabó refugiándose en su soledad y perdió contacto con el círculo literario de su juventud. La mejor situación económica le permitió, junto a su mujer, la compositora Muriel Parker, establecerse en Nuevo México. En 1967 recuperó el interés perdido por el judaísmo, gracias a la guerra árabe-israelí. En ese tiempo, dedicó seis meses de su vida a permanecer en Sevilla junto a su mujer “buscando las raíces de la diáspora y tratando de encontrar el lugar donde murieron los últimos judíos españoles”. El reencuentro con su identidad judía fue importante para volver a escribir. Durante los veinte años siguientes escribió unas 3.500 páginas que luego se ordenarían en cuatro volúmenes, con el nombre global de A merced de una corriente salvaje, el primero publicado en 1994, un año antes de su muerte, y los otros tres póstumos. De esta voluminosa obra dijo su autor que “abre todas las puertas que quedaron cerradas en Llámalo sueño”. Carlos Pineda concluye así un artículo dedicado a Henry Roth con motivo del centenario de su nacimiento: “Ahora, ante los malos presagios que se dejan entrever en el horizonte de la Historia, es necesario volver la mirada a las páginas de Call It Sleep, para obligar a la memoria, a través de la prosa devastadora de Roth, a mirar el presente (nuestro presente) como reflejo caduco y lamentable del pasado, de un pasado ignominioso que todos creíamos no iba a volver, pero que ya está de nuevo aquí. Así las cosas, más vale que nos digamos a nosotros mismos, a modo de cosuelo y para evitar la inevitable frustración, la frase con la que se cierra el libro de Roth: hubiera podido también llamarlo sueño.” Constanza Mathe. Bibliografía: Henry Roth. De Wikipedia, la enciclopedia libre. Críticas de Literatura universal. Wineruda. Carlos Fresneda: “Muere Henry Roth, el autor del silencio más inquietante del siglo”. El Mundo, 16-10-1995. Mariano Antolín Rato, El País, 8-5-1999. Carlos Pineda: “Tras los párpados del sueño, Henry Roth: cien años”. La Jornada semanal, 17-9-2006.

Nikolai Leskov: La pulga de acero

“... La pulga de acero” o “Relato sobre el zurdo bizco de Tula” y la pulga de acero es la obra maestra de Nikolai Leskov(Gorojovo, Rusia Central, 1831-San Petersburgo, 1895) . El relato narra el regalo que recibe el zar Alejandro I en un viaje a Inglaterra. Se trata de una prodigiosa pulga de acero que es capaz de danzar si se le da cuerda. Acompaña al zar Platov, un cosaco que no se deja asombrar por el ingenio de los ingleses y que está convencido de que cualquier ruso es capaz de superar. “Se mire como se mire lo que nosotros tenemos en casa es mejor” es uno de de sus comentarios. Pasa el tiempo y la pulga llega a manos del zar Nicolas I quien pide a Platov - “que estaba tumbado en el lecho del despecho”- que busque un artesano ruso capaz de emular esa obra. Aparece entonces un delicioso personaje “el zurco bizco de Tula” que perfecciona el invento. El mensaje es claro: el escritor quiere exaltar la autoestima del pueblo ruso, a la vez que fustiga la pobreza y la falta de oportunidades para desarrollar su talento. “La pulga de acero” a pesar de parecer un cuento tradicional, salta sus propias barreras desde el punto de vista estilístico. Los diálogos son agiles y divertidos, los personajes sencillos y con un encanto humano que provocan ternura. ¿Qué significa esta pequeña fábula? puede preguntarse el lector, después de disfrutar de una lectura que resulta tan divertida como tremendamente original. Hay quien quiso ver en ella una crítica despiadada contra cierta admiración desmedida que existía en la época hacia todo lo que no fuera ruso, mientras otros vieron, por el contrario, una jovial exaltación del indomeñable espíritu ruso, capaz de superar cualquier reto. Pero la lectura atenta de la novela nos enseña que Leskov, aun lejos de las formas y el estilo de otros rusos coetáneos que buscaron dejar testimonio de su época en sus obras, supo retratar a Rusia de una pieza, concentrada su esencia en esta breve historia. Benjamin Walter, unos de los críticos literarios que más ha reinvidicado al autor ruso, considera la obra de Leskov como el encuentro entre la tradición oral y la literatura popular, ponderando la pulga de acero como una artesanía en el cual “la huella del narrador queda adherida a la narración como las del alfarero a la superficie de su vasija de barro”. Pietro Citati señala que: "Quien abre los cuentos de Nikolái Leskov, se encuentra de viaje los infinitos caminos del mundo, como en el Quijote y en las novelas de Fielding. Empujados por no sé qué pasión, señores y campesinos, comerciantes y monjes, ladrones, gitanos, tártaros y vagabundos cruzan las llanuras de Rusia como un río turbulento, inquieto e irrefrenable. Pequeños grupos de peregrinos llegan a pie a los monasterios y a las ciudades sagradas [...] ¿Quién puede conocer en esas pobres hosterías llenas de humo en medio de la tórrida estepa o en las orillas del Caspio la lejanísima Europa? Alguna palabra inglesa o francesa llega hasta aquí deformada burlescamente, como la lengua de otro planeta. Nadie jamás ha visto Londres, París y las ciudades alemanas y austríacas, nadie ha leído Guerra y paz o Crimen y castigo, nadie ha pensado jamás en los problemas que dividen a los círculos intelectuales de Moscú y San Petesburgo [...] Con qué piedad se inclina Leskov sobre esta Rusia arcaica y vital que se está muriendo; con qué devoción y, al mismo tiempo, con qué toques de comicidad irónica cuenta eso que no podemos llamar de otro modo que la Santa Rusia". Esta reseña es compedio y extracto de otras que se relacionan en los vínculos que siguen: http://www.impedimenta.es/ficha_pulga_acero.htm http://apocalipticoseintegrados.blogspot.com/2008/03/la-pulga-de-acero-de-leskov.html http://www.letraslibres.com/index.php?art=12905 http://www.seleucid-project.net/index.php/2008/03/13/la-pulga-de-acero-de-nikolai-leskov/ http://www.literaturate.com/la-pulga-de-acero-de-nikolai-leskov/ http://www.solodelibros.es/19/10/2007/la-pulga-de-acero-nikolai-leskov/ http://es.wikipedia.org/wiki/Nikolái_Leskov

lunes, 9 de febrero de 2009

François Rabelais: Gargantúa y Pantagruel (la novela carnavalesca)

"... Gargantúa y Pantagruel son un conjunto de cinco novelas escritas en el siglo XVI por François Rabelais. Es la historia de dos gigantes, un padre (Gargantúa) y su hijo (Pantagruel) y sus aventuras, escritas de forma satírica, entretenida y extravagante El argumento de la obra se basa en el de una novela popular medieval. Comienza con el nacimiento del protagonista, un gigante llamado Gargantúa, hijo de Grandgousier y Gargamelle y heredero del reino de Utopía. Es educado en París según los principios escolásticos, motivo que usa el autor para parodiar este método. Tras diferentes episodios se casa con Badebec y fruto de la relación nace otro gigante, Pantagruel. Pantagruel traba amistad con Panurgo, un «clérigo vagante» con el que emprenderá innumerables aventuras. Este argumento le sirve a Rabelais para construir una figuración satírica del mundo, en la que los elementos dominantes son el humor, la parodia, la sátira y la fantasía, mezclados con elementos de exceso y desmesura. En la obra alterna una refinada erudición clásica y filosófica con un sentido del humor, a veces, obsceno. Rabelais profesó primero de monje franciscano y de benedictino más tarde, que fue médico y cirujano renombrado, profesor en la Facultad de Medicina de Montpellier, traductor de Hipócrates a partir del griego y, tras obtener perdón del Papa por huir de dos conventos, párroco de una aldea olvidada. Hombre de inagotable afán de saber, crítico independiente y misericorde conocedor de las flaquezas humanas, entretenía a los enfermos con historias que inventaba, pues defendía las propiedades curativas de la risa. Cuando decidió dar a la imprenta buena parte de sus terapéuticas ficciones, surgió la epopeya burlesca Gargantúa y Pantagruel, que tendría su continuación en tres nuevas partes, la última de las cuales se considera apócrifa.
Rabelais, refiere José Felix Tamayo, sintetiza tanto una larga tradición de literatura cómica popular como temas medievales, cuentos o facetia de gran difusión en la época, con unos grandes conocimientos de la cultura clásica, refranes, sucesos reales y observaciones propias. Auténtico artífice de la lengua, Rabelais domina numerosísimos registros. Capaz de satirizar la literatura humanística con la perfecta imitación de unos modos formalistas y rígidos, convence también en los vertiginosos diálogos en los que el pueblo queda retratado. Pulsa con igual maestría el estilo caduco de los libros de caballería, la retórica de los pedantes logicistas de la escolástica decadente o los "amañados" periodos de los predicadores onfaloscópicos. Con viveza denuncia por igual las tachas de clérigos mundanizados, políticos ambiciosos, guerreros cobardes o jueces inicuos. Rabelais resulta cáustico unas veces, desagradable e irrevente otras, emocionado y conmovido en ocasiones (baste recordar la descripción de Theleme, la abadía que, presidida por el lema "Haz lo que quieras", Gargantúa crea para fray Jean), pero siempre con matices de indulgencia y optimismo. Como imponente resumen y ampliación de toda una cultura, la obra es, nos dice Tamayo, un exponente del vital espíritu renacentista El gigante Gargantúa, prodigiosamente voraz, pero de temperamento pacífico y bondadoso, recibe una educación que muestra las ventajas de la pedagogía racional de los humanistas sobre los métodos tradicionales de la Sorbona; en los episodios de la lucha contra el ambicioso Picrochole, se condenan las guerras de conquista y se exalta la prudencia, el pacifismo y el espíritu conciliador de Grandgousier. Pantagruel narra la vida del hijo de Gargantúa. En él se satirizan las instituciones y costumbres francesas y se parodian las novelas de aventuras con un estilo desmesurado, ya que sus personajes llegan al Atlántico y a las Antillas (descubiertas hacía poco tiempo) y finalmente viajan a la Luna. Pantagruel opone su inalterable sentido común a todos los absurdos que encuentra a su paso dando pie a una sátira continuada.
El estilo de Rabelais mezcla la comicidad con la gravedad de las cuestiones que se tratan. Se tocan todos los temas: la guerra, el imperio, la lengua, la imprenta, la pólvora, el hambre, la sequía, el matrimonio, la ciencia, la justicia, la educación… Pero todo desde un punto de vista distorsionado que además se mezcla con situaciones grotescas que van sucediendo a lo largo de la historia. Ésta es la base de la comicidad que impregna toda la obra, donde lo grosero es sólo un componente más de un humor genial. Rabelais hace reír con la perversión del sentido común que resulta del choque del discurso de sus personajes y de la realidad.
Mijail Bajtín señala dos importantes subtextos en la obra de Rabelais: el primero es el carnaval, que Bajtín describe como una institución social, y la segunda es el realismo grotesco definido como un modo literario. Según Bajtín, durante el carnaval todos son iguales, un sentido único del tiempo y del espacio hace que el individuo se sienta parte de la colectividad, momento en el que cesa de ser él mismo. Lo grotesco es el término usado por Bajtín para describir el énfasis de los cambios corporales a través de la comida, la evacuación y el sexo.".

viernes, 6 de febrero de 2009

BORGES TRAS LA ESTELA DE KAFKA: Reseña de Francisco Granados.

Borges, dentro un artículo periodístico, publicado en conmemoración al centenario del nacimiento de Kafka, señala la presencia de éste en su obra: “Creo que los cuentos son superiores a sus novelas Las novelas, por otra parte, nunca concluyen. Tienen un número infinito de capítulos, porque su tema es de un número infinito de postulaciones. A mí me gustan más sus relatos breves y aunque no hay ahora ninguna razón para que elija a uno sobre otro, tomaría aquel cuento sobre la construcción de la muralla. Yo he escrito también algunos cuentos en los cuales traté ambiciosa e inútilmente de ser Kafka. Hay uno, titulado "La Biblioteca de Babel" y algún otro, que fueron ejercicios en donde traté de ser Kafka. Esos cuentos interesaron, pero yo me di cuenta que no había cumplido mi propósito y debía buscar otro camino. Kafka fue tranquilo y hasta un poco secreto y yo elegí ser escandaloso. Empecé siendo barroco, como todos los jóvenes escritores y ahora trato de no serlo. Intenté también ser anónimo pero cualquier cosa que escriba se conoce inmediatamente". Borges reconoce la influencia y la posterior imitación del modelo (traté ambiciosa e inútilmente de ser Kafka). También su predilección por el cuento, e incluso la imitación de temas y motivos, como el de lo infinito (su tema es de un número infinito de postulaciones). Ahora bien, ¿hasta qué punto se puede hablar de comparación o influencia de Kafka en Borges? En el mismo artículo, Borges dice: "Mi primer recuerdo de Kafka es del año 1916, cuando decidí aprender alemán. (...) Fue entonces cuando leí el primer libro de Kafka que, aunque no lo recuerdo ahora exactamente, creo que se llamaba Once cuentos. (...) Después tuve oportunidades de leer El proceso y a partir de entonces, lo he leído continuamente." En el ensayo "Kafka y sus precursores", dentro de Otras Inquisiciones, afirma que: "En el vocabulario crítico, la palabra "precursor" es indispensable, pero habría que tratar de purificarla de toda connotación de polémica o rivalidad. El hecho es que cada escritor crea a sus precursores. Su labor modifica nuestra concepción del pasado, como ha de modificar el futuro. En esta correlación nada importa la identidad o la pluralidad de los hombres. El primer Kafka de Betrachtung es menos precursor del Kafka de los mitos sombríos y de las instituciones atroces que Browning o Lord Dusany". Los cuentos de Borges, escritos ya en período de madurez, se parecen a Kafka: prosa aparentemente desnuda, fría, pero cargada de sentido y poderosamente sugeridora. Y al igual que Kafka, se detiene en los más inesperados detalles y en su cuidadoso registro hay mucho de técnica "realista": "Hacía unos dos años que su madre había muerto, y desde entonces, Georg vivía con su padre; por supuesto, el amigo se enteró de lo sucedído, y expresó sus condolencias con una carta tan fría que uno tenía forzosamente que deducir que el dolor causado por semejante pérdida era completamente incomprensible en el extranjero". Franz Kafka, La Condena. "Emma dejó caer el papel. Su primera impresión fue de malestar en el vientre y en las rodillas: luego de ciega culpa, de irrealidad, de frío, de temor; luego, quiso ya estar en el día siguiente. Acto continuo comprendió que esa voluntad era inútil porque la muerte de su padre era lo único que había sucedido en el mundo, y seguiría sucediendo sin fin." J.L. Borges, "Emma Zunz", en El Aleph. Pero Kafka teje sus parábolas con paradójica claridad (Kafka escribía en un alemán muy sencillo y delicado), y Borges a veces hace lo contrario: el estilo ensayístico o de disquisición filosófica, carece, en ocasiones de anécdota o nos lleva simplemente al motivo del que parte: "Una mañana, tras un sueño intranquilo, Gregor Samsa se despertó convertido en un monstruoso insecto. Estaba echado de espaldas sobre un duro caparazón, y al alzar la cabeza, vio su vientre convexo y oscuro, surcado por curvadas callosidades sobre el que casi no se aguantaba la colcha, que estaba a punto de escurrirse hasta el suelo". Franz Kafka, La Metamorfosis. "El final de la historia sólo es referible en metáforas, ya que pasa en el reino de los cielos, donde no hay tiempo. Tal vez cabría decir que Aureliano conversó con Dios y que Este se interesa tan poco en diferencias religiosas que lo tomó por Juan de Panonia. Ello, sin embargo, insinuaría una confusión de la mente divina". J.L.Borges, "Los Teólogos", en El Aleph. Según el mismo Borges, la recepción de Kafka, no sólo en él, sino también en el conjunto de la Literatura Universal se debe a la atemporalidad de su obra, lo cual le convierte en un clásico. La diferencia esencial con sus contemporáneos y hasta con los grandes escritores de otras épocas, Bernard Shaw o Chesterson, por ejemplo, es que con ellos uno está obligado a tomar la referencia ambiental, conocer el tiempo y el lugar. Es también el caso de Ibsen o Dickens. Kafka, en cambio, tiene textos, sobre todo en los cuentos, donde se establece algo eterno. A Kafka podemos leerlo y pesar que sus fábulas son tan antiguas como la historia, que estos sueños fueron soñados por hombres de otra época sin necesidad de vincularlos a Alemania o a Arabia. El hecho de haber escrito un texto que trasciende el momento en que se escribió es notable. Se puede pensar que se redactó en Persia o en China y ahí está su valor". La esencia narrativa kafkiana estaría en que en sus relatos se cuentan siempre dos historias, en paralelo, pues la historia secreta sería contada con sencillez y, en cambio, la visible aparecería relatada con sigilo. El cuento borgiano, al igual que el de Kafka, se nos presenta lleno de absurdas asociaciones. En ellos aparecen lo siniestro y lo fantástico, lo excepcional y lo insólito. En los cuentos y novelas de Kakfa pudo encontrar Borges ese laberinto kafkiano, que derivó en laberinto borgiano en obras como El muerto, La otra muerte, Abenjacán en el Bojarí, muerto en su laberinto...: el mundo es un caos, un laberinto absurdo por el que transita el hombre, pobre criatura incapaz de penetrar su destino o gobernarlo, y además, toda una nueva forma de narrar. Pero en Borges, la sensación de angustia o pesadilla que se siente al leer La Metamorfosis o El Castillo o El Proceso, no aparece por ninguna parte: "Luego le desató las ligaduras y lo abandonó en mitad del desierto, donde murió de hambre y de sed. La gloria sea con Aquel que no muere". Los dos reyes y los dos laberintos, El Aleph. La originalidad de los cuentos de Borges reside en que a menudo abandona la narración para filosofar, introduce datos y fechas truncadas, inventa libros, enfrenta tesis opuestas e igualmente falsas... y más recursos fruto de su imaginación y de admiración por la literatura clásica, entre la que se encontraría Franz Kafka. Siempre he oído que Borges ha inventado su propio género, a medio camino entre el cuento y el ensayo: "Yo afirmo que la Biblioteca es interminable. Los idealistas arguyen que las salas hexagonales son una forma necesaria del espacio absoluto y, por lo menos, de nuestra intuición del espacio. Razonan que es inconcebible una sala triangular o pentagonal. (Los místicos pretenden que el éxtasis les revela una cámara circular con un gran libro circular de lomo continuo, que da toda la vuelta de las paredes..." La Biblioteca de Babel. Las actuitudes de ambos escritores son opuestas. Kafka hace emerger sus ficciones de un drama personal con su tiempo y los absurdos anexos a la realidad de su tiempo y las ficciones de Borges representan un esfuerzo por trascender el tiempo y la realidad histórica y ver el drama humano en un plano abstracto y metafísico. Me parece que la temática de Kafka es más personal, más humana, fruto de la neurosis obsesiva del autor. Por otro lado, ambos autores jamás se interesaron por la historia o la sociología. No fueron escritores costumbristas ni mucho menos moralistas. Así, sus biografías pasan a ser exclusivamente literarias. La vida de ambos personajes está consagrada a la construcción lenta de una obra y será ya sólo literatura, una literatura que tiene en cada uno de ellos a sí mismos como personajes principales. Lo absurdo, la postergación infinita, el mundo como laberinto, la instancia de seres superiores...en obras como El Congreso o La Biblioteca de Babel, señalarían la presencia de Kafka y de la temática kafkiana en los cuentos de Borges mientras que Kafka aborda el tema desde un punto de vista más existencial, en Borges toda angustia aparece refrenada oponiendo al absurdo del mundo una elegante ironía. Francisco Granados.

Antonio Lobo Antunes: Manual de inquisidores (novela de tésis)

"... Manual de Inquisidores es una novela del médico y psiquiatra portugués António Lobo Antunes (Lisboa,1942) considerado por la crítica como candidato al Premio Nobel de Literatura. A partir de la figura de un ministro del dictador portugués Salazar, el escritor Lobo Antunes recorre minuciosamente los síntomas de disgregación de una época histórica a través de un desfile de múltiples personajes que hablan, se desdicen y se empeñan en dar vanamente a sus vidas un sitio y un sentido en un mundo que se derrumba. En una sociedad que es más circo que teatro, lo ridículo y lo trágico se reúnen para ser analizados por una mirada irónica que caricaturiza acciones y comportamientos a la vez que aprovecha para denunciar las formas inquisitoriales del poder. Con su prosa deslumbrante, Lobo Antunes despierta en los lectores la necesidad de crítica, de lucidez, de convertirse también ellos en inquisidores que indagan qué hay detrás de las máscaras que realmente ocultan los diversos nombres de la vida. Una dictadura concreta, la del profesor Salazar, instrumento literario de otros autores portugueses, como Cardoso Pires, da pie a Lobo Antunes para construir una sólida y magistral novela sobre el transcurso interno de la dictadura, de cualquier dictadura. A través de los despojos de la memoria de una caterva impagable de personajes -amantes, colegas, empresarios corruptos, el médico de la polícia política, viejos militantes descontentos-, que se relacionan con un ministro del dictador, una prosa magistral - y extraordinariamente musical- va llenando al lector de una indagación profunda que le hará reflexionar sobre el poder, sobre el poder del Estado. Sobre los estados de poder. Antonio Ruíz Vega refiere que la historia comienza con el protagonista Joâo, acudiendo al tribunal de justicia, en Lisboa, para tramitar su divorcio. Pronto vamos sabiendo cómo ha llegado a esta situación. Es el hijo del Doctor, a quien otros llaman Ministro, por haberlo sido del dictador Salazar y todavía más, su consejero. Joâo, un fin de estirpe, sin la presencia de ánimo de su padre ni su vocación de poder, se casó con una dama de la buena sociedad lisboeta en un matrimonio extraño, sin demasiado fundamento, que enseguida hizo aguas. Mientras la familia de Joâo era de terratenientes, "ancién régime", de la derecha coriácea, los familiares de Sofía, su mujer, son más avanzados, especuladores, bancarios, capitanes de empresa. A Joâo, a quien su suegra no dejaba de decir (y Antunes lo repite todo el tiempo) "¿usted es tonto o se lo hace?", le colocan en un banco, con ciertos poderes, pero él los delega en ejecutivos poco escrupulosos que, con su firma mediante, drenan a modo los recursos de la familia. El Doctor, el Ministro, un tipo duro, vivía en su finca de Palmela, rodeado de abundante servicio femenino a quien se calzaba sistemáticamente allá donde las pillaba, siempre con esta frase en la boca: "Hago todo lo que ellas quieren pero nunca me quito el sombrero para que se sepa quién es el patrón". Cuando se ven ante el juez ya ha pasado todo (que va saliendo en "flash backs"). La revolución ha dejado en bolas al Ministro, que, gagá, malvive en un asilo donde Joâo lo internó. Palmela es una ruina. La familia de Sofía, pese al agujero del que es culpable Joâo, han sabido muy bien recuperarse de la revolución, pese a lo cual, para resarcirse de Joâo intentan y consiguen despojarle de Palmela, donde piensan edificar una urbanización de narices. Los sucesivos capítulos, divididos en cinco RELATOS a su vez subdivididos en "relatos" menores y "comentarios" por donde van apareciendo los diversos personajes que, con un recurso que Antunes ha empleado en otros libros suyos, van describiendo las mismas situaciones desde su punto de vista, a veces contradictorio, a veces complementario. Jorge Munguía Espitia nos dice que el Lobo Antunez, como lo indica el título de la novela, hace un examen detallado de la forma de vida bajo una autocracia. El análisis que hace Lobo Antunez más que detenerse en los aparatos y personajes del poder, lo hace en las vivencias y apreciaciones de la gente. La conclusión a la que llega es que la fuerza de la tiranía no radica exclusivamente en el monopolio de violencia, sino que está presente en la ideología y los contactos cotidianos. De ahí su afirmación de que la revolución portuguesa de 1974 no haya sido tal, ya que lo único que cambió fueron las personas en el poder, porque los individuos comunes siguen su vida bajo la misma moral que determina su conducta y admiten las decisiones arbitrarias ahora de la oligarquía en el poder."