jueves, 19 de marzo de 2009

Aleksandr Pushkin: La Hija del Capitán.

"... La obra de ALEKSANDR PUSHKIN (1799-1837) -reconocido unánimemente como uno de los principales forjadores de la literatura moderna rusa- sirvió de crisol donde se fundieron la precisión de la lengua escrita con la fértil fantasía de la lengua hablada. En LA HIJA DEL CAPITÁN (1836), bajo la influencia de Walter Scott, Pushkin, con una sinceridad alejada de la exagerada afectación romántica, se sirve de un hecho histórico -la sublevación del caudillo cosaco Yemelián Pugachov- para explorar literariamente uno de los temas constantes en la historia de la sociedad rusa: el conflicto entre un sistema despótico e injusto y un pueblo sometido y humillado, proclive a utilizar la figura de falsos mesías para defender su honor y liberar su ira contra el poder opresor. En esta novela, escrita ya al final de la vida de su autor, Pushkin crea un lenguaje literario ruso y, al sentar las bases de la prosa, preludia la aparición de los grandes escritores rusos del siglo XIX. El joven alferez Aleksei Ivanich Griniov es destinado a una fortaleza en territorio cosaco. De camino, un campesino le evita extraviarse y él, pese a la oposición de su cuidadoso criado, le regala en agradecimiento un abrigo. En la fortaleza se enamora de la hija del capitán, Maria Ivanova, y se hace enemigo del ruin Shvabrin, que le hiere en un duelo por causa de la muchacha. Los cosacos de la zona se levantan contra el zar y atacan la pequeña guarnición. El capitán y su esposa son ejecutados y Maria se salva al refugiarse en casa de la popesa, que dice que es su sobrina. Griniov es inesperadamente salvado de la horca por el jefe de los asaltantes Pugachov, que resulta ser el campesino de quien recibió el abrigo y que quiere agradecerle el gesto. Griniov sale de la fortaleza y se refugia en una ciudad que será pronto sitiada por los rebeldes. Por una carta se entera de que su rival Shvabrin, que se ha pasado al otro bando, amenaza a Maria para que se case con él a cambio de no revelar que es la hija del capitán. Griniov se presenta de nuevo en la fortaleza y habla con Pugachov, que nuevamente falla a su favor y decide arrebatarle la chica al traidor y entregársela a él. Poco después, la guerra se va decantando en favor de los rusos y Pugachov acabará detenido y ejecutado. Pero Griniov es acusado de amistad con éste y tiene que afrontar un juicio. Para no implicar a Maria, se defiende sólo a medias y no evita ser condenado a prisión. Maria acude a la residencia veraniega de la emperatriz Catalina y consigue el perdón. Esta novela de Pushkin, cuyo argumento y exposición son bastante sencillos ofrece una mirada profunda y vibrante sobre un aspecto importante de la vida social: el honor. Éste era el valor fundamental en la época de Pushkin, tanto que por defenderlo el poeta perdió la vida. Si hay algo que atraviese y defina los móviles de los héroes de La hija del capitán es el honor visto como pilar de la estructura moral de la sociedad. El honor permite que existan relaciones, marca la línea entre el espacio público y el privado y se resuelve por medio del duelo. La hija del capitán es una novela llena de frases breves y contundentes que otorgan un ritmo rápido a la lectura que de repente se detiene y hace uso de la maravillosa extensión de las frases rusas que permiten concatenar una y otra idea a través de formas relativas, deteniendo así en contadas y muy precisas ocasiones el ritmo para entrar en descripciones profundas y sensitivas. El lenguaje, además de tener ese ritmo que atropella, es de una exactitud deslumbrante. El autor no desperdicia palabras ni giros. Se somete a la más exquisita economía de recursos que sólo es posible gracias al genio seguro y al profundo conocimiento de la lengua. Esta es, pues, una de las novela más importantes de las letras rusas del siglo XIX donde además de permitirnos echarle un vistazo divertido a las costumbres y formas de vida de la época y la Rusia campesina, somos testigos de una conmovedora historia de amor en cuya solución se mezcla el destino del reino.
Pushkin llegó demasiado tarde al lector español, sus innovaciones literarias sonreconocidas por los críticos literarios, pero casi no se reflejan en las traducciones. Dada la larga tradición de romantizar todas sus obras, una tradición ya arraigada en la conciencia dellector, es muy difícil que se haga moderna y actual su obra en la España de hoy. Ello se debe a que en España no existe una visión de conjunto de la obra del granpensador, psicólogo y lírico ruso, y sus traducciones están fuera del contexto del todo que essu obra completa, cuya parte más importante, la poética, sigue siendo casi desconocida. Los traductores de los últimos dos decenios se están esforzando por descubrir para el lector español a este Mozart de los escritores."
Es compendio y extracto de otra reseñas que se relacionan:

miércoles, 18 de marzo de 2009

Dante Alighieri: La Divina Comedia

"... La Divina Comedia es considerada la más grande obra de las letras italianas y una de las mayores obras de la literatura mundial. Se trata de un poema épico compuesto en el siglo XIV por el poeta florentino Dante Alighieri( 1265-1321). Su influencia es tan grande que finalmente sería el dialecto por él escogido el que unificaría a Italia. La obra maestra de Dante, la Divina Comedia, la debió de comenzar alrededor de 1307 y la concluyó poco antes de su muerte. Se trata de una narración alegórica en verso, de una gran precisión y fuerza dramática, en la que se describe el imaginario viaje del poeta a través del Infierno, el Purgatorio y el Paraíso. Está dividida en tres grandes secciones, que reciben su título de estas tres etapas del recorrido. En cada uno de estos tres mundos Dante se va encontrando con personajes mitológicos, históricos o contemporáneos suyos, que simbolizan cada uno un defecto o virtud, ya sea en el terreno de la política como en el de la religión. Así, los castigos o las recompensas que reciben por sus obras ilustran un esquema universal de valores morales. Durante su periplo a través del Infierno y el Purgatorio, el guía del poeta es Virgilio, alabado por Dante como el representante máximo de la razón. Beatriz, a quien Dante consideró siempre tanto la manifestación como el instrumento de la voluntad divina, le guía a través del Paraíso. Esta magna obra gira en torno al 3, que es el número divino, el de la Trinidad, el símbolo de la unidad dentro de la diversidad. Tres son los personajes principales: Dante, el hombre; Virgilio, la sabiduría, y Beatriz, la salvación. Tres son los cantos en los que está dividida la obra: Infierno, Purgatorio y Paraíso. Y, a su vez, cada canto comprende 33 poemas, que están escritos en tercetos (lo que suman 33 sílabas cada estrofa). Si a estos 33 cantos añadimos el inicial, suman 100, que es el número que representa la perfección divina. El Infierno tiene nueve círculos (tres por tres); el Purgatorio, nueve partes y el Paraíso, nueve cielos. Y los mortales que purgan sus pecados están divididos en tres bloques. El viaje se inicia al anochecer, que es el comienzo de la desesperación; se llega al Paraíso al alba, símbolo de la esperanza, y se entra en el mismo al mediodía, que significa la plenitud. El poema no está escrito en latín, como la literatura culta de su época, sino en toscano (dialecto que daría paso al italiano) con el fin de hacerlo más accesible. La Divina Comedia comienza con una visión de desasosiego. Dante se encuentra perdido en la selva, acechado por bestias salvajes; entonces llega en su auxilio el poeta Virgilio, quien le irá guiando por los nueve círculos en los que está dividido el Infierno. Aquí se contemplan los castigos a los que son sometidos los condenados, según la gravedad de sus pecados; cada uno de ellos está relacionado con la naturaleza de su falta y se repite eternamente. En su personal ajuste de cuentas, Dante se va topando con personajes antiguos, pero también con hombres de su época, quienes le cuentan brevemente su historia. Para el autor, el Infierno no es un lugar de llamas y fuego, según la imaginería cristiana, sino que son el frío y la oscuridad los que marcan estas visiones, a veces surrealistas y otras inpiradas en la ciudad medieval. Antes de entrar al Infierno, se puede leer la inscripción en la puerta, la cual hasta el día de hoy es recordada. Una de las frases célebres más importantes de la historia queda marcada en sus puertas. “Por mí se va a la ciudad del llanto; por mí se va al eterno dolor; por mí se llega al lugar en donde moran los que no tienen salvación; la justicia animó a mi sublime arquitecto; me hizo a la Divina Potestad, la Suprema Sabiduría y el primer Amor. Antes que yo no hubo nada creado, a excepción de lo inmortal, y yo duro eternamente. ¡Oh vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza!” Hay quien destaca, entre las excelencias de la Divina Comedia, su perfecta estructura, comparable a la de una inmensa catedral gótica donde todo cabe y se organiza en una rigurosa trabazón jerárquica, desde lo terreno a lo divino, desde la grotesca gárgola hasta la pura belleza de la Virgen Madre, y donde todas las líneas apuntan al cielo, como último sentido de su existencia; para otros, es la propia personalidad del poeta, con su extraordinaria capacidad de odio y de amor, de desdén y de entusiasmo, de serena contemplación y de intervención dramática en las cosas, lo que da unidad y densidad humana al poema. Y no puede negarse que así sea ; pero la Comedia no sería la obra genial que aún nos conmuueve al cabo de seis siglos, si Dante no hubiera sido un artista prodigioso, capaz de convertir en materia estética sus emociones, sus pensamientos, sus ideales, su vida interior, en suma, y de dar altísima expresión lírica o dramática, a los elementos que le facilitaba su circunstancia espiritual y física. Dante había heredado del siglo anterior, no sólo una doctrina intelectual, sino el gusto por la alegoría y el símbolo. Pero si éstos últimos suelen aparecer en el XIII como un producto excesivamente cerebral, en él adquieren tal animación poética, tal fuerza plástica y tal contenido humano, que hasta lo más abstracto cobra vida y se nos impone como algo auténtico donde se confunden los límites entre la existencia real y los más puros anhelos del espíritu. ¿Qué es, si no, la figura de Beatriz, tras la que adivinarnos un símbolo cambiante de la gracia de Dios, de los más altos y emnoblecedores impulsos, o simplemente « del eterno femenino», y al propio tiempo un trasunto de dulce e infinita belleza de la mujer que iluminó, desde la infancia hasta sus últimos años, la vida del poeta? Realidad y abstracción, razón y fe, dogma y experiencia personal, historia y leyenda, lo que ven los ojos y lo arrebata al espíritu; he aquí, pues, el contenido de esa gigantesca construcción, levantada, cuando comenzaba a cuartearse el mundo medieval, por uno de los más extraordinarios genios con que cuenta la Humanidad." 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martes, 17 de marzo de 2009

Fernando Pessoa: El Libro del desasosiego (la heteronimia en la narrativa)

"... Fernando Pessoa (Lisboa, 1888-1935) introdujo la noción de heterónimo en teoría literaria. El poeta fue en esencia uno, pero al menos cuatro por desdoblamiento (algunos de sus heterónimos son Ricardo Reis, Alberto Caeiro, Álvaro Campos y, como semi-heterónimo, Bernardo Soares). Es decir, que el lector se encuentra ante una conciencia poética fragmentada en diferentes personalidades, y ante un acto creativo que le ha permitido ser considerado uno de los poetas “más modernos y auténticos”, como señala Ángel Campos Pámpano, su antólogo y uno de los mayores expertos en la obra del gran poeta luso. Reconocido como uno de los genios del siglo XX, Fernando Pessoa escribió a lo largo de toda su vida un libro esencial para entenderle, y que constituye algo más que un diario, el Libro del desasosiego, que permaneció inédito hasta que se publicó en Lisboa en 1982, casi cincuenta años después de su muerte. Y es que no sólo Pessoa murió sin publicar este libro, sino, lo que es peor, sin haber pasado a limpio la inmensa mayoría de sus fragmentos, que tampoco llegó a estructurar ni a ordenar. Pessoa escribió este libro durante más de 20 años. Lo inició en 1913, pero estaba destinado a no terminarse nunca, salvo con la muerte del poeta en 1935, porque no es un libro común, sino el discurrir del pensamiento sin pasado ni futuro. "Si escribo lo que siento es porque así atempero la fiebre de sentir. Lo que confieso no tiene importancia, pues nada en verdad lo tiene. Hago paisajes con lo que siento. Ferias con mis sensaciones. Comprendo bien a las mujeres que bordan por amargura y a las que tejen, porque eso es la vida". El poeta empezó a escribir el Libro del desasosiego , anotando aquí y allá en papeles dispersos que se irían acumulando en ese famoso cofre o arcón donde se guardan todos sus textos y aún, se dice, quedan inéditos. Por lo mismo, a falta de referencias exactas, Libro del desasosiego se convirtió en el desafío de cómo ordenar el caos y aún más: en el reto de desentrañar esa Torre de Babel, porque no sólo el número de manuscritos era enorme, sino que había que establecer un orden e identificarlos, incluida la dificultad de entender la letra de Pessoa, que ha sido una de las labores más extenuantes para sus estudiosos más cercanos. Bernardo Soares, ayudante de tenedor de libreros de contabilidad de la ciudad de Lisboa, es el autor ficticio de este libro, según el propio Pessoa “un semi-heterónimo, porque, no siendo mía la personalidad, es, no diferente de la mía, sino una simple mutilación de ella”. También Pessoa dijo de él: “Soy yo, menos el raciocinio y la afectividad”. Inédito hasta 1982, el Libro del desasosiego es el diario íntimo de este ayudante de contable, en el que plasmó lo que el poeta sentía, sus sueños, sus divagaciones, zozobras y deseos y sus reflexiones estéticas, filosóficas, literarias y hasta algún fragmento poético. Todo un material que contrapuso a su cotidiana vida gris. Para Pessoa el Libro del desasosiego fue una manera de dar a conocer las tribulaciones, sensaciones y reflexiones de su semi-heterónimo Bernardo Soares, que como escribiría el propio poeta surgía en los momentos en que él se encontraba cansado o soñoliento. Aparece "cuando tengo un poco suspensas las cualidades de raciocinio y de inhibición", escribió en una misiva. "Propiamente hablando, Fernando Pessoa no existe." Quien esto dijo fue Álvaro de Campos, uno de los personajes inventados por Pessoa para que le ahorraran el esfuerzo y la incomodidad de vivir. Y para que le ahorraran el esfuerzo de organizar y publicar lo que de más rico hay en su prosa, Pessoa inventó el Libro del desasosiego, que propiamente hablando nunca existió, y que no podrá existir nunca. Lo que aquí se presenta no es un libro sino una subversión y una negación, el libro en potencia, el libro en plena ruina, el libro-sueño, el libro-desesperación, el anti-libro, más allá de cualquier literatura. Lo que tenemos en estas páginas es el genio de Pessoa en su punto más alto.” La cita pertenece al texto con el que Richard Zenith encabeza la edición del Libro del desasosiego que en 1998 preparó para la editorial portuguesa Assírio & Alvim. En realidad el Libro del desasosiego nunca existió como tal y fue sólo un registro cotidiano, un acta literaria del genio poético, una especie de diario literario, autobiografía "sin hechos", reflexiones fragmentarias iluminadas por el relámpago de algún aforismo o una máxima dejada al paso. Quizás podríamos decir que el Libro del Desasosiego es una anticipación de lo que podría ser el blog de cualquier autor del siglo XXI. " Esta recensión es extracto y compendio de otras reseñas que se relacionan:

Friedrich Nietzsche: Así hablo Zaratustra (la filosofía narrativa)

"... Libro escrito en 1883 por el filósofo alemán Friedrich Nietzsche, considerado uno de los mejores escritores alemanes, que describe las crónicas de los vagabundos y enseñanzas de un filósofo, Zaratustra que ha tomado el nombre del antiguo profeta persa que fundó el Zoroastrismo. El libro usa una forma poética de ficción y satiriza a menudo el Nuevo Testamento para explorar muchas de las ideas de Nietzsche, y se sirve de la figura semilegendaria del filósofo persa Zoroastro del s.-VI a.C. para desarrollar y enlazar los cuatro elementos principales sobre los que se asienta toda su obra y que son exhaustivamente tratados a lo largo de este libro: la muerte de Dios, el superhombre, la voluntad de poder y (aunque no lo desarrolla explícitamente) el eterno retorno de lo idéntico.
Zaratustra es un ermitaño que vive recluido en la montaña, donde a lo largo de su retiro reflexiona sobre la vida y la naturaleza del hombre. Una vez siente que es el momento adecuado, decide regresar al mundo para comunicarle el fruto de su conocimiento. En cierto modo, y como recursiva referencia a la Biblia y la tradición cristiana, presente a lo largo de toda la obra, Zaratustra es un mesías que lleva al hombre la noticia de su salvación; y al igual que Juan el Bautista anunció la llegada de Jesús, Zaratustra proclama el advenimiento del superhombre. Aunque el argumento principal es el del superhombre, Nietzsche considera la muerte de Dios un requisito previo a su concepción. En el primer encuentro que Zaratustra mantiene apenas ha abandonado su retiro en la montaña, con el que resulta ser un religioso, se sorprende:«¡Será posible! ¡Este viejo santo en su bosque no ha oído todavía nada de que Dios ha muerto!».La muerte de Dios supone el momento en que el hombre ha alcanzado la madurez necesaria para prescindir de un dios que establezca las pautas y los límites a la naturaleza humana, o sea, la moral. Para Nietzsche la moral ha de ser sustituida por la verdad, es decir, el hombre al servicio de sí mismo, su naturaleza: entregado a la consumación de su propia existencia.
El espíritu del estilo es poético y religioso, y en este último aspecto tiene un marcado talante evangélico de los sinópticos. Asi mismo muestra un elevado lirismo y gran fantasía. Con la misma intensidad como la atmósfera bíblica se advierten aires orientales. El legendario profeta Zaratustra -Zoroastro de los persas- no es elegido por casualidad. Sustentador de la moral del "bien" y del "mal" ha de venir ahora a destruirla. Para Nietzsche, el comienzo de la tragedia griega está marcado por lo dionisíaco: el espectador es parte activa de la representación, un personaje más, que neutraliza su conciencia para convertirse en otro. La sustitución de Dioniso por Zaratustra responde a la necesidad teórica de romper con toda la filosofía anterior, y personalizar en una nueva figura todas sus ideas. Tomando a Zaratustra como protagonista de su pensamiento, Nietzsche pretende desarrollar una filosofía propia y original, alejada de cualquier teorización de tipo metafísico. Así habló Zaratustra, la obra en la que Nietzsche nos presenta el mensaje del nuevo profeta, se convierte en la nueva Biblia nietzscheana, donde las referencias directas e indirectas a los textos sagrados son constantes, aunque el mensaje sea completamente opuesto. Los grandes referentes de la filosofía occidental han sido, para Nietzsche, sus grandes traidores, responsables de la corrupción que provoca el predominio de la razón sobre la vida. Sus críticas se dirigen contra Sócrates y Platón: Sócrates fue el encargado de que Apolo se impusiera sobre Dioniso, con lo que la razón dominó sobre la vida. Su discípulo Platón despreció el mundo que nos rodea, a la vez que se inventó uno nuevo, en el cual se encontraba la verdad y el bien. De entre todos los filósofos, sólo Heráclito se salva. La filosofía debe regresar a las tesis heraclíteas. La metafísica se equivoca al separar la apariencia y la esencia, el mundo aparente y el mundo verdadero. La única verdad es la apariencia y los conceptos metafísicos son obstáculos que nos separan de las cosas: el que quiera pensar con libertad debe deshacerse de ellos, destruirlos, para retomar el contacto directo con la realidad. A esta teoría fenomenista, le añade Nietzsche un tono claramente pragmático: la verdad va unida siempre al interés. Es verdadero para cada individuo lo que aumenta su voluntad de poder, lo que hace que la vida se expanda. Las consecuencias subjetivistas son inevitables, pero no preocupan demasiado al filósofo alemán, que reconoce abiertamente que “no hay hechos sino interpretaciones”. Todo es perspectiva, punto de vista ligado al interés propio. La verdad no existe, y su lugar es ocupado por la verdad de cada uno, aquella que a cada uno le interesa. La contundencia y radicalidad de la filosofía de Nietzsche revolucionaron la evolución posterior del pensamiento occidental. Su crítica a la filosofía y la moral es, en el fondo, un ataque a toda la modernidad: si el racionalismo trata de fundar el conocimiento en la razón, y la Ilustración aspira a realizar en el terreno moral y político algunos de sus ideales prácticos, Nietzsche viene a decirnos que todo este proyecto moderno es en realidad decadente, que niega la vida, y que debemos abandonarlo. El poder del planteamiento nietzscheano desborda lo puramente filosófico: la historia del siglo XX en occidente es, entre otras cosas, el relato de la pérdida de referentes absolutos: crisis de la religión, hundimiento de los valores tradicionales y la moral, ausencia de fundamentos sobre los que vivir. Esta situación es una confirmación de que las ideas de Nietzsche, formuladas quizás de un modo demasiado extremista, no iban tan desencaminadas. Pero si en la vida de nuestro tiempo podemos encontrar algunas de las tesis de Nietzsche, mucho más se percibe su huella en el campo de la filosofía. Su ataque a la modernidad y a sus valores asociados abre una nueva época en filosofía: la posmodenidad. Para filósofos tan dispares como Foucault, Derrida o Deleuze el proyecto moderno está acabado y es necesario plantear nuevas formas de vida y nuevas ideas que se escapen a la razón."

lunes, 16 de marzo de 2009

Anatole France: La Isla de los pingüinos.

"... Anatole France, (Seudónimo de Anatole François Thibault; 1844-1924) cuenta en «La isla de los pingüinos» la leyenda de su fundador, San Mael. Éste llega a una isla y, confundiendo a los pingüinos con salvajes, los bautiza. Para evitar el error, el cielo le concede milagrosamente convertirlos en seres humanos. Por la isla de los pingüinos van desfilando los personajes más destacados de Francia. En la última parte del relato, «Tiempos futuros, la historia interminable», el autor imagina que en la Pingüinia la endogamia envilece a la clase gobernante, mientras los obreros padecen a causa de la falta de alimentos. Una catástrofe se cierne sobre la población desapareciendo los isleños víctimas de sus propios vicios. Al fondo del túnel se enciende una luz: la utopía de «volver a empezar». Excelente parodia de la historia de la civilización. Anatole France ha elegido como protagonista a un animal gracioso y endomingado que recuerda a la caricatura de los burgueses de finales del XIX y principios del XX: los pingüinos. La isla de los pingüinos arranca con un episodio hilarante: el bautizo por error, a cargo de san Maël, de los pingüinos del ártico. A partir de ahí, Anatole France describe en forma novelada los rasgos más notables de la historia de la humanidad, mezclando el amor y la guerra, el poder absoluto y la revolución, la religión y la especulación financiera, incluso insinuando la guerra nuclear y denunciando los rasgos más característicos del actual proceso de globalización, que a lo que se ve, no son nada nuevos En 1921 fue galardonado con el premio Nobel de Literatura. Al año siguiente sus libros eran puestos en el Índice por la curia romana. Como crítico era impresionista, y afirmaba la inevitable subjetividad de cualquier juicio. Atacó la superstición, la intolerancia, la demagogia y la dictadura, y defendió la libertad de pensamiento, la ciencia y la educación liberal. Abogó también por la educación de las masas, la separación de la Iglesia y el Estado, la reforma social y los derechos de las minorías. Amigo del famoso socialista Jean Jaurès, denunció con él y con Émile Zola el fraude de la justicia en el asunto Dreyfus. Al leer a France es fácil advertir su fe en la anécdota y en el discurso. Para él no solo era importante tener algo que contar, sino, contar algo importante de un modo importante. Su estilo es falsamente sencillo, con una rusticidad construida con el máximo de atención. Tanto se esfuerza en hacer resplandecer su mensaje esencial que sus parlamentos resultan inverosímiles y barrocos. Cuando describe una situación dramática, sustrae toda introspección de sus personajes, los muestra actuando pero deja al lector los sentimientos de vergüenza y orgullo pisoteado. Ya sean ridículos o crueles, sus personajes son siempre inocentes. Ninguno padece por el “bailar desnudo delante de la gente” de Dostoievski. Tiene como autor-director más comunidad con Voltaire que con la mayoría de sus contemporáneos. Al colocarse muy lejos de la novela psicológica, produce una impresión de lectura arcaica, no ya comparado con Joyce o Kafka, sino con Sthendal e incluso Defoe. Es profusamente ingenioso, pero sus frases, demasiado agudas, no son pacíficamente evocadoras, son directas, de sentido admonitorio y moralizante. Sus personajes, como los de Homero, discurren y dialogan de la misma manera, y cuando ocurre un cambio en sus ideas, es más bien circunstancial que íntimo. El ingenio que despliega puede cansar al lector, y su estilo, elegante y erudito, disminuirlo. Pero France es un observador atento, y tras su cinismo, esconde ternura y compasión por los seres humanos y aunque sufren de irrealidad, sus personajes son siempre individuos. France es demasiado modesto para pretender amar y comprender a la Humanidad en superlativos y reserva el mayor sarcasmo para los Ideales totalizadores e integristas. «No late dentro de mí el germen de un dios, por insignificante que sea. Mi poquedad me hace dichoso, y veo en mis imperfecciones mi razón de ser.»

Eduardo Mendoza: La ciudad de los prodigios ( una novela picaresca)

".... En La ciudad de los prodigios de Eduardo Mendoza (1946) , publicada en 1986, se hace un retrato vivo de la evolución de la ciudad de Barcelona entre las exposiciones universales de 1888 y 1929. No se trata de una novela histórica al uso, como ya advierte su autor en el prólogo, sino de una transcripción de la memoria colectiva de una generación de barceloneses. Tomándose las licencias literarias necesarias para fraguar una historia novelada, Eduardo Mendoza nos muestra la evolución de una sociedad completa desde su estancamiento inicial hasta su desarrollo industrial, económico y social. Cada momento de la historia de una ciudad llamada a ser en el futuro una de las más europeas de las ciudades españolas.Mendoza es considerado, con toda justicia, el narrador de Barcelona, el escritor que más ha profundizado en la idiosincrasia de la ciudad condal y sus gentes. En el período comprendido entre las dos Exposiciones con el telón de fondo de una ciudad tumultuosa, agitada y pintoresca, real y ficticia, asistimos a las andanzas de Onofre Bouvila, inmigrante paupérrimo, repartidor de propaganda anarquista y vendedor ambulante de crecepelo, y su ascensión a la cima del poder financiero y delictivo. "Después de varios intentos comprendí, dice el autor, que el protagonista absoluto, sin mediación de terceros, tenía que ser Onofre Bouvila, que este personaje enérgico, fantástico y canalla, con sus facetas oscuras y despiadadas, encarnaba mejor que nadie el espíritu de la Barcelona que yo quería representar." Mendoza nos propone un nuevo y singularísimo avatar de la novela picaresca y un brillante carrusel imaginativo de los mitos y fastos locales. Eduardo Mendoza es una garantía en la literatura contemporánea. En esta novela ágil y divertida, no exenta por ello de rigor y documentación, se relatan las peripecias de un personaje, Onofre, quién de la nada asciende a las más altas capas de la sociedad barcelonesa de la época. Sus actividades, unas veces ingeniosas y otras delictivas, generan beneficios en forma de dinero y en forma de consideración y respeto de quienes le rodean. Sin desatender la ficción, Mendoza, envuelve la acción de innumerables datos y puntillismo histórico, convirtiendo el contexto en un valioso documento sobre Barcelona de aquellos años. La novela -en tanto narración de las aventuras y argucias de un muchacho pobre que busca prosperar en la vida- emparenta con la picaresca. Al igual que en estas obras, asistimos a la biografía de un joven que, a través del desempeño de varios oficios y mediante engaños y delitos peores, va labrando su prosperidad. Los pícaros eran marginados sin muchos escrúpulos que servían sucesivamente a varios amos, a los que engañaban y robaban para ascender en la escala social. Si trasladamos este argumento a la Barcelona de 1888, vemos una historia similar. Mendoza narra toda esta historia con finísima ironía que, a veces alcanza el sarcasmo. Es un maestro en el manejo del lenguaje para lograr este recurso literario y, por momentos, a pesar de la seriedad de la anécdota que cuenta, no podemos evitar la risa."
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jueves, 12 de marzo de 2009

Lawrence Durrell: Clea (El cuarteto de Alejandía)

"... Lawrence Durrell (1912-1990) es uno de los autores ingleses más influyentes de la segunda mitad del siglo veinte, siendo su obra más conocida y lograda El cuarteto de Alejandría. La historia se centra en la ciudad griega de Alejandría en los años treinta y cuarenta, es decir, antes y durante la Segunda Guerra Mundial. Está compuesto por cuatro volúmenes, con un orden de lectura recomendado: Justine, Balthazar, Montoulive y Clea. En cada uno de ellos, cambia el punto de vista de la historia, que es siempre la misma menos en el último de los volúmenes, Clea, donde el tiempo avanza y se nos ofrece un desenlace que cierra el ciclo. En este juego que establece en el Cuarteto, una misma historia narrada por cuatro personajes, se puede ver un intento de plasmar la teoría de la relatividad en la literatura, tal y como nos cuenta el propio Durrell: “Tres lados de espacio y uno de tiempo constituyen la receta para construir un continuo. Las cuatro novelas siguen este esquema”. En estas novelas investiga el amor en todas sus formas, y pasajes de gran belleza se mezclan con estudios sobre la corrupción y con una compleja investigación sensual. En el rico y completo mundo creado por "El Cuarteto de Alejandría", "Clea" aporta sobre todo la dimensión temporal en la vida de un entrañable grupo de personajes. Mnemjian, el barbero, llega a la isla con un mensaje de Nessim; Darley regresa a Alejandría, que no ha perdido su poder de fascinación pese a las dificultades a que deben someterse sus habitantes debido a la guerra, y Clea está esperándole sin saber a ciencia cierta qué espera. "Clea" ocupa un lugar esencial en el Cuarteto, y ayuda a comprender con mayor profundidad todo lo contado en los libros anteriores. Con esta novela culmina la que unánimemente se considera la obra capital del autor. El Cuarteto presenta una visión de la ciudad Alejandría que cautivó a muchos lectores y escritores que se acercaron a la ciudad griega buscando esa Alejandría eterna que no encontraron. Parte de la culpa de este encanto es la prosa de Durrell, densa y hermosa, muy visual y rica, lírica, con unas descripciones vívidas, tanto de personajes como de situaciones o paisajes. En El cuarteto de Alejandría aprovecha la experiencia de su estancia en Egipto durante la segunda guerra mundial. Darley, el narrador, de hecho el mismo Durrell, recordando a sus amigos Justine y Nessin, Balthazar, Melisa, Leila, Capodistria, Pusewarden y Clea, se recrea en mostrarnos a “La bien amada Alejandría” y el argumento que anima la novela desde los más distintos ángulos de vista, nos conduce a concluir, como Ortega y Gasset, que las distintas verdades sobre una misma cuestión, persona o historia, no se oponen, sino que se complementan. A través de esta obra impresionante, Durrell plantea la posibilidad de una nueva técnica de narrar, que es también una nueva y poética visión del mundo y el hombre. La intención del autor, como explica en la nota que abre “Balthazar”, el segundo de los libros, es construir una serie de novela que se desplieguen en el espacio sin constituir una serie; obras que se complementen unas a otras, entretejiéndose en una relación puramente espacial, sin referencia temporal alguna. Eso es lo que Durrell hace con los tres primeros volúmenes, mientras que el último sí que se revela como un sucesor de los anteriores y utiliza el tiempo (narrando hechos posteriores a los ya mostrados) para tejer una imagen última —que no definitiva— de los protagonistas. El cuarteto de Alejandría’ se apoya en el recurso del espacio-tiempo, acumulando facetas de los diferentes caracteres como si fueran capas de una cebolla que el lector va descubriendo a medida que avanza la lectura."
Esta recensión es extracto y compendio de otras que se relacionan:

Henry Miller:Trópico de Cáncer (la novela erótica)

"... Trópico de Cáncer (Tropic of Cancer) es una novela del escritor estadounidense Henry Miller (1891-1980), publicada en París en 1934. No se publicó en los Estados Unidos hasta 1961, pues fue censurada por las leyes norteamericanas de obscenidad y pornografía. Es famosa por su sincera y gráfica forma de describir el sexo, y es considerada una de las obras maestras de la literatura anglosajona del siglo XX. El libro se compone de quince episodios, en relativo orden cronológico, con el texto en primera persona como única forma de continuidad. En una versión de sí mismo, fundamentalmente veraz aunque también deformada por la imaginación del novelista, el supuesto narrador es el propio Miller. Su escenario es París, más miserable que excéntrico y bohemio, donde casi siempre en la mayor penuria reside entre 1938 y 1940, descontados dos viajes a Nueva York. Se relatan los encuentros y andanzas en París entremezclándose mediante el stream of consciousness, sus reflexiones sobre la vida, la gente, los trabajos que desempeña y la ciudad que le rodea.Su secuela, Trópico de Carpicornio fue publicada en 1938. La voz que narra es la de un escritor norteamericano sin un centavo para sobrevivir y dejándose adentrar en los mundos más sórdidos de París en los años 30. Entonces, París todavía le disputaba a New York ser la capital cultural del mundo occidental y en ella había espacio para los ambientes más nobles y también para los más marginales, aunque en primavera “nadie podía evitar la sensación de estar viviendo en el mismo paraíso”. La voz y el tiempo de la narración coinciden por entero con la estadía en la capital francesa del mismo Henry Miller que en los años de la quiebra en Wall Street se fue allá donde desarrolló su propia vocación de escritor. De hecho en Trópico de Cáncer, París termina pasando de ser el fondo, el contexto espacial, a ser casi el protagonista, convertida en una ciudad ideal donde se da cabida a lo mejor y lo peor del ser humano. Trópico habla del sexo de una forma tan descarnada que busca la provocación estética, cultural, religiosa y de todo orden a campo abierto. La intención, es clara: desnudar al sexo de los matices artísticos hipócritas y revelar la animalidad que subyace en el mismo, y en lo que lo hemos convertido en muchas ocasiones. Sí, así de directo y ofensivo para una sociedad, la de aquel tiempo, que no estaba acostumbrada a que les dijeran con palabras lo que les decía su pensamiento cohibido tantas veces. El placer fácil como sucedáneo de la vida, las palabras más soeces, las vulgaridades y la carnalidad no son más que pinceladas de un mundo sin sentido que iba a vomitar una segunda guerra mundial desoladora. Pero al lado, el libro contiene pasajes de pura poesía, donde el pensamiento de la voz narradora se contagia de la belleza de un París que siempre da esperanza y fluye como el Sena. En aquella ciudad, en la que residió durante diez años, llevó una vida bohemia, que describió en tres novelas eróticas de carácter autobiográfico, Trópico de Cáncer (1934), Primavera negra (1936) y Trópico de Capricornio (1939). Pasó un año en Grecia invitado por Lawrence Durrell y a su regreso en 1940 a los Estados Unidos y se instaló en Big Sur, California, desde donde rememoró su estancia helena en El coloso de Marussi (1941) original guía de Grecia, presentada como el lugar donde es posible recuperar lo que de divino tiene el ser humano. También publicó La pesadilla del aire acondicionado (1945-1947); una trilogía, La crucifixión rosada, formada por Sexus (1949), Plexus (1953) y Nexus (1960); Big Sur y las naranjas del Bosco (1957); y el estudio literario El mundo de D.H. Lawrence (1980). Por su vida y obras se convirtió en uno de los máximos defensores de la libertad tanto individual como literaria y su búsqueda de la "salvación" a través de experiencias intensas influyó enormemente en las ideas de la llamada Beat Generation. Los "Trópicos" están consideradas sus mejores novelas por su prosa fluida en la que funde obscenidad y espiritualismo, y salta con gran naturalidad del expresionismo más realista al divismo más simbólico." Es extracto y compendio de otras reseñas que se relacionan: http://es.wikipedia.org/wiki/Henry_Miller http://www.epdlp.com/escritor.php?id=2044http://historiasparaeltiempoyladistancia.wordpress.com/2008/10/11/henry-miller-tropico-de-cancer/ http://jackkerouac.webcindario.com/MillerTropicodeCancer.pdfhttp://archivo.elnuevodiario.com.ni/2004/febrero/28-febrero-2004/cultural/cultural4.html

miércoles, 11 de marzo de 2009

Giorgio Bassani: El jardín de los Finzi-Contini (el neorrealismo)

"... Giorgio Bassani (Bolonia 1916-2000) poeta y novelista judio vinculado al neorrealismo literario italiano está considerado uno de los escritores más populares de Italia de la segunda mitad del siglo XX. Se consagró por El jardín de los Finzi-Contini (1962), una novela que describía la burguesía judía de Ferrara (norte de Italia), antes de que el fascismo decretara las leyes racistas y de que estallara la Segunda guerra mundial. Revindicó Il Gattopardo, de Giuseppe di Lampedusa y lo rescató para la posteridad . Bassani fue, ante todo, un espléndido narrador y un notable poeta. Entre sus obras más notables, Cinco historias ferraresas (1956), Las gafas de oro (1958), El jardín de los Finzi-Contini (1962) -probablemente su novela más conocida-, La garza (1968) o El olor del heno (1972). En poesía, Historias de pobres amantes (1946), El alba en los cristales (1963), Epitafio (1974) y En gran secreto, de 1978. A partir de los primeros años 70, guiado por un fuerte afán perfeccionista, pero también por la sensación del talante unitario que siempre había sentido en su obra narrativa, Bassani se dedicó a reelaborar lo anterior, publicando toda su obra -todo lo que salvaba de su obra en prosa- en un grueso volumen, Il romanzo di Ferrara (La novela de Ferrara) que se dio por conclusa en la edición definitiva de 1980. En el jardín de los Finzi-Contini (Il giardino dei Finzi-Contini), Bassani, rememorando la Ferrara de su juventud, narra en primera persona la relación de amistad que un joven judío (en el que parece verse reflejado el autor) entabla con los hermanos Alberto y Micòl Finzi-Contini, pertenecientes éstos a una familia judía de la altaburguesía ferraresa que vivía de espaldas a la realidad política italiana, a pesar de sufrir las leyes raciales fascistas. Como en muchas obras neorrealistas, el argumento es sencillo y no suceden grandes acontecimientos durante la novela: sólo se muestra lo cotidiano. En este caso, las reuniones del narrador con Alberto, Micòl, el joven ingeniero comunista Malnate (amigo de Alberto) y otros en la extensa propiedad de los Finzi-Contini, en su "jardín", en su pista de tenis, en su casa, etc. El protagonista recuerda con nostalgia esa época en Ferrara: el jardín de los Finzi-Contini es para él símbolo de un tiempo feliz que ya no regresará; también es el lugar donde tuvo un amor imposible, Micòl, de ahí que la novela acabe cuando ya no la vuelve a ver más, al ser ésta enviada, junto a sus padres, a un campo de concentración, primero en Italia y luego en Alemania."

lunes, 9 de marzo de 2009

Émile Zola: La fortuna de los Rougon (la novela naturalista)

"... Asociado políticamente a la defensa de los derechos humanos en el célebre «asunto Dreyfus», el nombre de ÉMILE ZOLA (1840-1902) ha pasado a la historia de la literatura no sólo como fundador y teórico del naturalismo, sino también como vigoroso narrador del clima social y político de una época. En la extensísima serie denominada «Los Rougon-Macquart», en la que utilizó como laxo hilo conductor las vidas de los diferentes miembros de dos ramas dispares provenientes de un tronco común, alumbró un vasto fresco histórico y social de la Francia del Segundo Imperio, esto es, el período que transcurre entre la coronación de Luis Bonaparte como Napoleón III en 1852 y su destronamiento tras la guerra franco-prusiana de 1871. Situada en los revueltos tiempos que marcaron la efímera experiencia de la III República francesa, LA FORTUNA DE LOS ROUGON, primera de esta serie de novelas autónomas, establece el origen de esta frondosa saga y narra el ascenso social de la rama de los Rougon a favor de los vendavales políticos y la instauración del imperio. Inspirándose en “Comedia humana” de Balzac, tramó Zola el ciclo de los Rougon-Macquart, que había de ser una ‘historia natural y social de una familia bajo el Segundo Imperio”. La idea era describir cómo los miembros de esta familia, a lo largo de las generaciones, se diseminaba por el entramado social de la Francia de Carlos Luis Napoleón Bonaparte, ascendiendo unos y cayendo otros.Por otra parte, Zola, entusiasta seguidor de la fisiología, pretendía referir cómo los rasgos predominantes de la familia reaparecían una y otra vez, levemente modificados, en cada nueva generación. Y esos rasgos predominantes de los Rougon-Macquart son los relacionados con el desbordamiento de los apetitos. Los Rougon-Macquart se caracterizan por su voracidad, por la necesidad acuciante de satisfacer sus anhelos, si bien estos son de muy diferente índole en unos y otros.En palabras del propio autor: "Quiero explicar cómo una familia, un pequeño grupo de seres, se comporta en una sociedad, desarrollándose para engendrar diez, veinte individuos que parecen, en un primer vistazo, profundamente disímiles, pero que el análisis muestra íntimamente ligados unos con otros. La herencia tiene sus leyes, como la gravedad". En la Comedia humana Balzac había emprendido la tarea titánica de inventar un universo novelesco que fuese como un mundo en miniatura, y veinte años después de su muerte Zola se dedicó a una empresa semejante: la Francia del Segundo Imperio, entonces la historia más reciente del país, a través de una familia, los Rougon-Macquart. Serán veinte gruesos volúmenes (1871-1893) en los que quiso dar la explicación «natural y social» nada menos que de la vida. Su propósito era aplicar a la novela los métodos de las ciencias experimentales, descifrar los comportamientos y los caracteres por un determinismo en el que todo se rige por las leyes de la herencia y el medio ambiente; y así esta crónica, que se concibe como un apéndice de la medicina y de la historia natural, con más de mil personajes, viene a ser un estudio de estos condicionamientos fatales (por ejemplo, las taras hereditarias, como la locura y el alcoholismo) en cinco generaciones. Su aspiración era realizar una novela «fisiológica», a la que intentaba aplicar algunas de las teorías de Taine sobre la influencia de la raza y el medio sobre el individuo."