miércoles, 30 de enero de 2013

Javier Marías: Los enamoramientos



"... Javier Marías (Madrid, 1951), es el escritor español vivo con mayor proyección internacional. Perteneciente a la lo que se ha llamado la generación sociorealista del 68, que parte de una ruptura formal con la tradición literaria anterior y que tiene como a su principal mentor a Juan Benet. La singularidad narradora de Javier Marías estriba, justamente, en la configuración de un relator reflexivo y especulativo que despliega insistentemente su palabra para trazar unas historias que nunca son lineales y que sólo avanzan mediante los incisos digresivos del narrador. La disposición de estas novelas depende precisamente de las azarosas conexiones que se producen en la memoria del narrador, quien no cesa de encontrar paralelismos y asociaciones entre unos hechos y otros, a la vez que revela una estructura oculta de la realidad.

La narrativa de Javier Marías se caracteriza así por la divagación, la digresión, el inciso continuado: de hecho, lo importante es el acontecer de la narración más que lo narrado en sí mismo o los hechos a los que se hace referencia. Al considerar en muchas ocasiones la anécdota como una excusa para proseguir el curso de los pensamientos, el sentido de las novelas debe buscarse en primer lugar en el discurso en sí mismo, en su capacidad de expresar y explicar las reflexiones que surgen a borbotones de la mente del narrador. De hecho, importa más cómo se cuenta que lo que se cuenta, el propio pasar de la narración.

Marías perfecciona el empleo de la voz narradora en primera persona cuya característica principal, es su necesidad de contar para esclarecer los hechos del pasado. También los grandes temas de la narrativa de Marías se repiten insistentemente en las ficciones largas y en las breves: el poder de las palabras,el peligro del conocimiento, el pasado como elemento turbador del presente, el misterio que rodea a lo cotidiano y la tragedia de la pasión que desemboca irremediablemente en muerte.
Su novela Los enamoramientos empieza, como por azar, con la muerte de un empresario acuchillado por un aparcacoches. La narradora, María Dolz, conocía al muerto por coincidir con él y con su esposa en los desayunos. Y lo que comienza como uno de tantos crímenes perpetrado en la persona de un ejecutivo va transformándose gradualmente desde lo que pudo ser un homicidio más, con diversas posibilidades en su explicación, hasta el asesinato planeado por un amigo interesado en sustituir al difunto e incluso la muerte violenta por suicidio asistido solicitada por el enfermo terminal. En este proceso hay una extraordinaria riqueza semántica, por sus múltiples ángulos de interpretación, y literaria, tanto por los referentes de otros textos que funcionan como complementos que iluminan la situación presente, como por la constante autocrítica de la mente narradora en el examen de conjeturas y refutaciones que puedan esclarecer la verdad de lo ocurrido. Pero esta verdad, lejos de ser unívoca, resulta compleja e irreductible a simplificación. Y así la que parecía una obra sobre el amor, la amistad, las relaciones de pareja, el azar, la muerte, la memoria y la culpa, lo cual ya es mucho, ensancha su sentido hasta convertirse en una novela sobre la radical inaprehensibilidad de la realidad, la impunidad y la extrema dificultad de conocer la verdad.

En su minuciosa exploración de la cotidianidad, el autor ha sabido enriquecer la introspección psicológica de sus criaturas con el concurso de otros textos en los que se plantean situaciones y problemas similares, como alguna frase de Macbeth (Shakespeare es habitual en las novelas de Marías), la novela corta El coronel Chabert, de Balzac, y el pasado matrimonial de Athos en Los tres mosqueteros. No son referencias gratuitas, sino hipotextos cuya recurrencia perdura porque complementan la interpretación de lo contado. Nada es gratuito, pues todo está motivado en un texto muy pensado en cada frase. Y aun cabe añadir alguna referencia cervantina en su recreación particular del drama esbozado en la novela ejemplar El curioso impertinente.

Los enamoramientos, título que recoge los que se fraguan en el matrimonio de Luisa y Miguel, entre la narradora y Díaz-Varela, entre Díaz-Varela y Luisa, es novela que va creciendo en intensidad, tanto en la observación de lo cotidiano y la complejidad psicólogica de sus personajes como en la gradual ponderación de nuevas posibilidades por sabia distribución de la información. También es novela que vamos viendo hacerse a sí misma, con lúcido análisis de los problemas que su desarrollo va planteando. Es admirable, por ejemplo, la narración del último encuentro entre la narradora y Díaz-Varela en casa de éste, donde ella actúa como interlocutor crítico del asombroso relato de él. Y para examinar con detenimiento y exhaustividad lo que se está contando, el tiempo se ralentiza en las ocho últimas secuencias de la tercera parte (pp. 279-350) hasta el punto de durar más el discurso que el tiempo real.

Estamos ante una una novela ensayo, tal vez la modalidad más importante en la narrativa europea actual, que, además de comentarse a sí misma, señala los peligros a los que se enfrenta: tener un final previsible y quedar reducida a un melodrama protagonizado por el clásico triángulo amoroso o a una novela policíaca. Tales retos han sido superados con acierto. Pues el reproche de lo previsible lo desmonta la narradora con sus digresiones; el riesgo de melodrama queda superado por la indagación en las pasiones y flaquezas humanas; y el peligro de novela policíaca desaparece al no denunciar la narradora lo que sabe, por lo cual no hay investigación y, al cabo, Díaz-Varela encarna una metáfora de nuestro tiempo en su figura de arribista sin escrúpulos que triunfa sin reparar en los medios.

A lo largo de la novela meditaremos sobre el amor y sobre el estado del enamoramiento: sobre las trampas que una mujer enamorada puede tenderse, sobre los esquivos encuentros con quien es objeto de esa pasión intermitente. Meditaremos sobre la traición y la amistad, sobre la delación y la impunidad, sobre lo que sabemos o no sabemos, sobre lo que retenemos y extraviamos cuando los otros ya no están, sobre la muerte.

El personaje principal de Los enamoramientos, María Dolz, cree vivir una experiencia de la que sabe lo básico, pero la pareja con la que no trata, los asuntos de los que hablan y los avatares de que participan son confusos, imprecisos, de significado incierto. Al menos para ella y por tanto para nosotros, dado que María es quien nos precisa los hechos y su interpretación. No es un problema de la novela. Es el objetivo de la novela. En este sentido, es una obra de gran realismo. La narradora será informada por su partenaire con sinceridad o con doblez, sin que nunca ella pueda asegurar la verdad del relato recibido.La novela es, pues, un relato posible, una reconstrucción virtual de lo que pudo ocurrir.

La narradora confiesa y expone, parafrasea a otros personajes y reproduce conversaciones. Pero sobre todo reconstruye hipotéticamente los actos, los pensamientos y los sentimientos de terceros: conjetura sobre lo que ellos mismos han podido conjeturar, de modo que nos hace ingresar en un mundo evanescente de círculos concéntricos; en un mundo hecho de posibilidades y de probabilidades...."


Esta recensión es extracto y compendio de otras reseñas que se relacionan:
http://www.revistafabula.com/11/documents/11sandraNavarro.pdf
http://globedia.com/enamoramientos-javier-marias
http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/28975/Los_enamoramientos/
http://www.alfaguara.com/es/video/video-presentacion-de-los-enamoramientos-de-javier-marias/