jueves, 2 de mayo de 2013

Leonardo Padura: Máscaras.

"...La novela Máscaras del autor cubano Leonardo Padura ( La Habana, 1955) es la tercera entrega de la tetralogía “Las cuatro estaciones” protagonizada por el teniente detective Mario Conde, también es conocida como “El cuarteto de la Habana”. El resto de la serie lo forman Pasado perfecto, Vientos de cuaresma y Paisaje de otoño. Cada libro está ambientado en una estación diferente. En Máscaras estamos en verano. “El calor es una plaga maligna que lo invade todo”. Al igual que en el resto del cuarteto la acción se desarrolla en el 1989. Durante los últimos tres meses, Mario Conde ha estado llevando a cabo tareas burocráticas. Fue suspendido por seis meses tras una pelea con el teniente Fabricio. Para entonces su caso será revisado de nuevo para decidir si va a poder regresar al servicio activo. Debido a la escasez de personal, su superior, el mayor Antonio Rangel, levanta temporalmente la sanción a Conde y lo manda a investigar la muerte de un travesti en el Bosque de La Habana, junto con el sargento Manuel Palacios

Las novelas policiacas de Padura tienen también elementos de crítica a la sociedad cubana. Al respecto, el escritor ha dicho: "Aprendí de Hammett, Chandler, Vázquez Montalbán y Sciascia que es posible una novela policial que tenga una relación real con el ambiente del país, que denuncie o toque realidades concretas y no sólo imaginarias". Su personaje Conde —desordenado, frecuentemente borracho, descontento y desencantado, "que arrastra una melancolía", según el mismo Padura— es un policía que hubiera querido ser escritor y que siente solidaridad por los escritores, locos y borrachos.

Pese a una obra narrativa y ensayística muy notable, ya reconocida no sólo en su país sino también en Hispanoamérica, sólo ahora llega a los lectores españoles Máscaras, la cuarta novela de Leonardo Padura, galardonada con el Premio Café Gijón de Novela 1995. Máscaras forma parte de una tetralogía de novelas policiacas, protagonizadas por el mismo personaje, el teniente de policía Conde, hombre solitario y desencantado, sancionado en la Central por una antigua insubordinación, y a quien vuelven a llamar para investigar los casos más extraños y menos lucidos. Este entrañable personaje, y el género novelesco en el que se enmarca, le sirven a Padura para abrirse a un horizonte más amplio: sus historias trazan, de hecho, un fresco a la vez risueño y sombrío de las pequeñas grandezas y grandes miserias de la vida cotidiana en la Cuba actual y las someten, como de pasada, a una brillante y profunda reflexión. En la tupida arboleda del Bosque de La Habana aparece un 6 de agosto, día en que la Iglesia celebra la transfiguración de Jesús, el cuerpo de un travesti con el lazo de seda roja de la muerte aún al cuello. Para mayor zozobra del Conde, aquella mujer «sin los beneficios de la naturaleza», vestida de rojo, resulta ser Alexis Arayán, hijo de un respetado diplomático del régimen cubano. La investigación se inicia con la visita del Conde al impresionante personaje del Marqués, hombre de letras y de teatro, homosexual desterrado en su propia tierra en una casona desvencijada, especie de excéntrico santo y brujo a la vez, culto, inteligente, astuto y dotado de la más refinada ironía. Poco a poco, el Conde va adentrándose en el mundo hosco en el que le introduce ladinamente el Marqués, poblado de seres que parecen todos portadores de la verdad de Alexis Arayán…

La víctima, Alexis Arayán, fue estrangulada con una cinta de seda roja. Lo más extraño es que fue asesinado de frente y no ofreció resistencia alguna. Incluso ni intentó escapar, a juzgar por las huellas encontradas. Alexis era hijo de Faustino Arayán, un diplomático de alto rango, el último representante de Cuba en la Unicef y con mucha influencia entre los altos funcionarios del régimen. El Mayor Rangel ha recibido instrucciones de no molestar a la familia y ha exigido la máxima discreción a sus subordinados. Como es habitual en Padura, la investigación policial es sólo una excusa para la crítica social. Los dos temas principales de este libro son la homosexualidad en Cuba y la llamada política de “parametrización” que se utilizó para excluir a muchos intelectuales de la vida cultural cubana, por razones ideológicas y religiosas o por preferencias sexuales. Uno de los aspectos más interesantes de este libro es la evolución de Mario Conde, que va desde una actitud abiertamente homofóba asta su aceptación de lo que sólo es una preferencia sexual diferente.

Como todas las novelas de la tetralogía, la acción de Máscaras transcurre durante 1989, el año del fusilamiento de Arnaldo Ochoa y otros altos funcionarios del gobierno, un año lleno de incertidumbre que Padura Fuentes ha llamado "muy significativo para los cambios que se han producido en Cuba" ("Entrevista" 58). La trama de la novela en sí es bastante tradicional y ofrece pocas sorpresas al nivel narrativo. El día 6 de agosto de 1989 – día de la fiesta de la Transfiguración, según explica el propio Conde – amanece muerto un homosexual llamado Alexis Arayán, hijo de Matilde y Faustino Arayán. El padre es el "último representante cubano en la Unicef, diplomático de largas misiones, personaje de altas esferas" que vive en una casa con vidrios "milagrosamente enteros en la ciudad de los vidrios rotos" (Máscaras 38). Mario Conde, a quien nunca le han gustado los homosexuales , es el policía encargado de resolver el misterio de la muerte de Alexis. A pesar de que Alexis nunca fue travesti, su cadáver se encuentra vestido con el traje de rojo vivo diseñado para el personaje de Electra Garrigó por Alberto Marqués, amigo de Alexis, para una representación de la obra teatral del mismo nombre escrita por Virgilio Piñera. Además de su curioso atuendo, hay otro dato sobre el cadáver que sale a relucir luego: alguien, presumiblemente el asesino, le introdujo dos monedas de oro por la vía rectal.

A través de varias conversaciones con Marqués, Conde se entera de cómo la construcción de una heterosexualidad normativa revolucionaria afectó a Marqués y a otros homosexuales. Marqués le revela a Conde los pormenores de la parametración de intelectuales a comienzos de los años setenta. Como señala Padura Fuentes, la parametración fue una especie de censura que surgió poco después del caso de Heberto Padilla, y fue aplicada a quien "no cumplía con determinados parámetros"; en algunos casos, la parametración también resultó en la persecución y el encarcelamiento de individuos. El culpable de la muerte de Alexis resulta ser no un parametrado, sin embargo, sino su propio padre, Faustino, quien es arrestado a pesar de su posición dentro del gobierno. Arrestado finalmente Arayán, Marqués le revela a Conde el motivo por el cual éste mató a Alexis: en 1959, Faustino Arayán falsificó documentos para aparentar que él había luchado contra Batista. "Así fue como Faustino", explica Marqués, "se montó en el carro de la Revolución, con un pasado que le garantizaba ser considerado un hombre de confianza que merecía su recompensa" (228).

Si bien al revelarse el hecho que el culpable no es ni nunca fue realmente un revolucionario se disminuye la acusación implícita a todos los revolucionarios que se había ido tejiendo a lo largo de la obra, se debe destacar que el propio personaje de Conde, a pesar de ser el encargado de la investigación, también mediatiza las críticas hechas al régimen castrista en la novela..."

Es extracto y compendio de otras reseñas que se relacionan

lunes, 15 de abril de 2013

Manuel Longares: Romanticismo

"...Madrid es un territorio literario cuya imagen se ha multiplicado en la mirada de grandes escritores. Sin remontarnos hasta Galdós, sólo en el último medio siglo este espacio plural ha dado materia para novelas importantes en nuestra historia literaria. Dos, al menos, son emblemáticas: La colmena (1951), con su lírica expresión de la incertidumbre existencial de los vencidos en aquel tierno acuario de desdichas en unos días de 1943; y Tiempo de silencio (1962), por su rabiosa interpretación intelectual y su barroca plasmación estilística del atraso y la injusticia en la sociedad de posguerra en 1949. Después Madrid y el franquismo han concitado la atención de escritores tan relevantes como García Hortelano, Umbral o Isaac Montero, que han explorado este territorio y aquel período en sus mejores, si bien con actitudes ideológicas y estéticas diferentes. También en la transición Madrid ha seguido dando un escenario fértil para novelar el cambio político y sus transformaciones en la sociedad española. Son muchas las novelas que han acometido este proceso, algunas con alcance generacional ideado por autores del 68. Dos muy recientes abordan, en su dimensión colectiva, aquel intenso periodo de la transición en distintos ámbitos de la sociedad madrileña: La caída de Madrid (2000), de Rafael Chirbes, atenta a diferentes sectores sociales en el día postrero de vida de Franco; y Romanticismo, de Manuel Longares (Madrid, 1943), centrada en la burguesía del barrio de Salamanca.

Romanticismo es una excelente novela que aborda con actitud lírica y mirada irónica el momento histórico del cambio de régimen de la ditadura a la democracia de aquella burguesía improductiva, poseída por el miedo a los cambios que se avecinan con la muerte del dictador. y dispuesta a abrir sus ojos a sectores de la clase media para acomodarse a los nuevos usos sociales, sin ceder ni un palmo en la defensa de sus intereses económicos. Al mismo tiempo los personajes de la clase media que por su trabajo entran en el reducto privilegiado del barrio de Salamanca comprenden que, a pesar de los cambios en las costumbres y en la moral de la burguesía adinerada, aquel territorio sigue siendo inexpugnable para los nacidos fuera de aquellas familias. Romanticismo descubre la inagotable capacidad de la burguesía para acomodarse a cada situación en defensa de sus privilegios.

Romanticismo comienza en los últimos días de vida del caudillo y termina con la victoria de la derecha en las elecciones de 1996 aunque, ocasionalmente, el narrador nos lleva a los años de posguerra, donde se enraízan muchos de los interrogantes que habrán de desvelarse en las páginas ulteriores.Longares teje una crónica de la Transición desde la óptica de un colectivo, los habitantes del barrio de Salamanca, pocas veces abordado en primera persona, y logra la proeza de rescatar el ambiente de aquellos años a través de las frases hechas, las cafeterías, restaurantes y costumbres de entonces. La historia novelada gira en torno a una familia del barrio de Salamanca a lo largo de tres generaciones, con especial hincapié en las tres mujeres más representativas de la casa en cada momento. Su estructura narrativa está organizada en tres partes que se corresponden con tres momentos de la historia y que, en buena medida, siguiendo una cronología lineal con muchas retrospecciones temporales, reproducen el clásico esquema de planteamiento, nudo y desenlace. La primera parte, “Sepulcro de la memoria”, se centra en los veinte días anteriores a la muerte de Franco en noviembre de 1975. La incertidumbre de aquella burguesía, lastrada por el peso inútil de su pasado y preocupada por su patrimonio, se manifiesta en estas páginas con ironía y humor aprendidos en Cervantes, hasta dar cabida a dosis bien controladas de parodia, caricatura y deformación esperpéntica, por ejemplo en el soberbio padre Altuna o en la grotesca sexualidad de Javo Chicheri y otros componentes de su comando fascista. En la segunda parte, “Desajustes”, se novelan más de dos años de rápidos cambios producidos entre 1975 y 1978. Si antes todo se circunscribía al barrio de Salamanca (“el cogollito” en el habla de Serrano), con sus tiendas, cafés y restaurantes, y unas vacaciones de tres meses entre el chalet de San Rafael (“Sanra”) y la playa de la Concha (Donosti), sin más contactos que los clandestinos con los rojos (“rogelios”), ahora en la transición los miembros de estas familias empiezan a moverse desconcertados por el aluvión de la democracia. Pero aprenden rápido y se adaptan incluso a las libertades sexuales de la nueva etapa, sin compartir de verdad ni su grandeza ni sus finanzas. La tercera parte, “Restauración”, más fragmentaria y elíptica, apura su resumen del paso de esta clase social por la travesía de los gobiernos socialistas hasta la victoria del PP en 1996. Muchas cosas cambiaron en el barrio, que sigue siendo inexpugnable porque el dinero está en las mismas manos. Y con el dibujo de sus transformaciones internas Longares ha dado cima a una espléndida novela de la vida cotidiana de la burguesía madrileña en la transición. En la intraliteratura de esta novela se encuentran secuencias magistrales como la del encuentro en Viena Capellanes o la muerte de Máxima.

Una novela que entra sin miedos en la realidad y en la emoción y además lo hace con un humor inteligente. Rafael Azcona ha dicho que Romanticismo es una novela que recuerda a Galdós, 'pero es mucho más divertida', y el novelista Luis Mateo Díez afirmó que Manuel Longares (Madrid, 1943) conecta con la gran tradición de la novela española del siglo XIX y demuestra a las puertas del siglo XXI que 'el mundo se puede contar de otra manera..."

Es extracto y compendio de otras reseñas que se relacionan:
http://jaimealejandre.blogspot.com.es/2012/04/manuel-longares-romanticismo.html

miércoles, 6 de marzo de 2013

Julio Cortázar: Rayuela (la contranovela)


"... La aparición de Rayuela en 1963 conmocionó el panorama cultural de su tiempo y supuso una verdadera revolución en la narrativa en lengua castellana: por primera vez un escritor llevaba hasta las últimas consecuencias la voluntad de transgredir el orden tradicional de una historia y el lenguaje para contarla. Cortázar empieza por proponer un acercamiento activo al libro y ofrece varias posibilidades de lectura: el lector ha de decidir. Después lo lleva a dos lugares distintos. «Del lado de allá», París, la relación de Oliveira y la Maga, el club de la serpiente, el primer descenso de Horacio a los infiernos; y «Del lado de acá», Buenos Aires, el encuentro de Tráveler y Talita, el circo, el manicomio, el segundo descenso. La novela tiene un total de 155 capítulos, que pueden ser leídos de diferente forma: a la lectura tradicional, es decir, empezando por la primera página y siguiendo el físico del texto hasta llegar al capítulo 56, y además el Tablero de dirección propone una lectura completamente distinta, saltando y alternando capítulos.
Para el funcionamiento de este conjunto semiótico, Cortázar diseña un programa narrativo, una estrategia innovadora vinculados con los procesos anteriores de ruptura. El primer eslabón son los Chants de Maldoror, del Conde de Lautréamont, con la adaptación de este principio dislocador: «No tener miedo al encuentro fortuito (que no lo será) de un paraguas y una máquina de coser en una mesa de disección». El Ulysses de James Joyce, citado varias veces por el novelista argentino, es otro modelo imitado: Horacio Oliveira recuerda los itinerarios de Leopoldo Bloom por el laberinto urbano dublinés y sus descontroladas fluencias psíquicas.Otra revelación es Alfred Jarry; precursor del surrealismo y del teatrodel absurdo. Más efectiva es la influencia del surrealismo. Cortázar alude a Eluard y Clével; se impresiona con la lectura de Opium, de Cocteau. Pero, sobre todo, utiliza a André Breton e incorpora a Rayuela algunos de sus procedimientos estructurales y psíquicos: -la inconexión, la ruptura del orden, la des construcción estructural.
No es posible hablar del argumento de Rayuela sin caer en inevitables reduccionismos que nos alejan del sentido de la obra, ya que lo relevante de esta novela no es lo intrincado o novedoso de la trama, sino el vasto universo psicológico de cada personaje y la relación que, desde este universo, establecen con el amor, la muerte, los celos y el arte.
La primera parte, Del lado de allá nos cuenta la vida de Horacio Oliveira, un argentino durante su estancia en París y la relación que tiene con la Maga, además de su grupo de amigos que forman el Club de la Serpiente, con los que entablan memorables conversaciones y discusiones que nos entregan la visión de Cortázar sobre diferentes aspectos del arte en la vida y de la vida en el arte, simultáneamente.
La segunda, Del lado de acá, el regreso de Oliveira a Buenos Aires, donde vive con su antigua novia; allí pasa largas horas con sus amigos Traveller y Talita; en el primero se ve a sí mismo antes de partir, en la segunda ve a la Maga, inolvidable y siempre presente.
Finalmente De otros lados, que agrupa materiales heterogéneos: complementos de la historia anterior, recortes de periódico, citas de libros y textos autocríticos atribuidos a Morelli, un viejo escritor (alter ego de Cortázar). Estas páginas, si bien en ocasiones se relacionan con los capítulos que las preceden, muchas veces no son más que estímulos imprecisos que Cortázar nos presenta para ayudarnos de alguna forma a alejarnos de la linealidad clásica de la literatura y sumergirnos en subtextos y subtextos de subtextos.
En su fondo y en su forma, Rayuela reivindica la importancia del lector y hasta cierta forma lo empuja a una actividad y protagonismo negado por la novela clásica en la que éste era llevado por la linealidad de una historia en la que lo más importante era «lo que pasaría al final». En Rayuela el argumento no importa o sólo importa en tanto es el escenario en que los personajes habitan y se desenvuelven, en una libre y profunda vitalidad que el autor les otorga y de la que él mismo dice no hacerse responsable. Lo que plantea este libro es la negación de la cotidianidad, para poder abrirse a otras realidades, donde las situaciones más absurdas se toman con total ligereza hasta lo más trágico es, tal vez, tomado con sentido del humor. Estos caminos que se plantean, y son un camino más para llegar al cielo de la Rayuela.
Muchos críticos se refieren a Rayuela como una antinovela, por el carácter innovador, ya que rompe con todos los cánones preestablecidos en la época de su edición. Sin embargo, no puede decirse lo mismo por parte del autor. Cortázar afirma en una entrevista que el término «antinovela» le parece una «tentativa un poco venenosa de destruir a la novela como género» por lo que prefiere el término contranovela. Cortázar busca con esta obra «ver de otra manera el contacto entre la novela y el lector», incitando a éste a que modifique su actitud pasiva frente a la obra, para tomar parte activa y crítica..."

Esta reseña es extracto y compendio de otras que se relacionan:
http://ruc.udc.es/dspace/bitstream/2183/8566/1/CC-05art11ocr.pdf

miércoles, 30 de enero de 2013

Javier Marías: Los enamoramientos



"... Javier Marías (Madrid, 1951), es el escritor español vivo con mayor proyección internacional. Perteneciente a la lo que se ha llamado la generación sociorealista del 68, que parte de una ruptura formal con la tradición literaria anterior y que tiene como a su principal mentor a Juan Benet. La singularidad narradora de Javier Marías estriba, justamente, en la configuración de un relator reflexivo y especulativo que despliega insistentemente su palabra para trazar unas historias que nunca son lineales y que sólo avanzan mediante los incisos digresivos del narrador. La disposición de estas novelas depende precisamente de las azarosas conexiones que se producen en la memoria del narrador, quien no cesa de encontrar paralelismos y asociaciones entre unos hechos y otros, a la vez que revela una estructura oculta de la realidad.

La narrativa de Javier Marías se caracteriza así por la divagación, la digresión, el inciso continuado: de hecho, lo importante es el acontecer de la narración más que lo narrado en sí mismo o los hechos a los que se hace referencia. Al considerar en muchas ocasiones la anécdota como una excusa para proseguir el curso de los pensamientos, el sentido de las novelas debe buscarse en primer lugar en el discurso en sí mismo, en su capacidad de expresar y explicar las reflexiones que surgen a borbotones de la mente del narrador. De hecho, importa más cómo se cuenta que lo que se cuenta, el propio pasar de la narración.

Marías perfecciona el empleo de la voz narradora en primera persona cuya característica principal, es su necesidad de contar para esclarecer los hechos del pasado. También los grandes temas de la narrativa de Marías se repiten insistentemente en las ficciones largas y en las breves: el poder de las palabras,el peligro del conocimiento, el pasado como elemento turbador del presente, el misterio que rodea a lo cotidiano y la tragedia de la pasión que desemboca irremediablemente en muerte.
Su novela Los enamoramientos empieza, como por azar, con la muerte de un empresario acuchillado por un aparcacoches. La narradora, María Dolz, conocía al muerto por coincidir con él y con su esposa en los desayunos. Y lo que comienza como uno de tantos crímenes perpetrado en la persona de un ejecutivo va transformándose gradualmente desde lo que pudo ser un homicidio más, con diversas posibilidades en su explicación, hasta el asesinato planeado por un amigo interesado en sustituir al difunto e incluso la muerte violenta por suicidio asistido solicitada por el enfermo terminal. En este proceso hay una extraordinaria riqueza semántica, por sus múltiples ángulos de interpretación, y literaria, tanto por los referentes de otros textos que funcionan como complementos que iluminan la situación presente, como por la constante autocrítica de la mente narradora en el examen de conjeturas y refutaciones que puedan esclarecer la verdad de lo ocurrido. Pero esta verdad, lejos de ser unívoca, resulta compleja e irreductible a simplificación. Y así la que parecía una obra sobre el amor, la amistad, las relaciones de pareja, el azar, la muerte, la memoria y la culpa, lo cual ya es mucho, ensancha su sentido hasta convertirse en una novela sobre la radical inaprehensibilidad de la realidad, la impunidad y la extrema dificultad de conocer la verdad.

En su minuciosa exploración de la cotidianidad, el autor ha sabido enriquecer la introspección psicológica de sus criaturas con el concurso de otros textos en los que se plantean situaciones y problemas similares, como alguna frase de Macbeth (Shakespeare es habitual en las novelas de Marías), la novela corta El coronel Chabert, de Balzac, y el pasado matrimonial de Athos en Los tres mosqueteros. No son referencias gratuitas, sino hipotextos cuya recurrencia perdura porque complementan la interpretación de lo contado. Nada es gratuito, pues todo está motivado en un texto muy pensado en cada frase. Y aun cabe añadir alguna referencia cervantina en su recreación particular del drama esbozado en la novela ejemplar El curioso impertinente.

Los enamoramientos, título que recoge los que se fraguan en el matrimonio de Luisa y Miguel, entre la narradora y Díaz-Varela, entre Díaz-Varela y Luisa, es novela que va creciendo en intensidad, tanto en la observación de lo cotidiano y la complejidad psicólogica de sus personajes como en la gradual ponderación de nuevas posibilidades por sabia distribución de la información. También es novela que vamos viendo hacerse a sí misma, con lúcido análisis de los problemas que su desarrollo va planteando. Es admirable, por ejemplo, la narración del último encuentro entre la narradora y Díaz-Varela en casa de éste, donde ella actúa como interlocutor crítico del asombroso relato de él. Y para examinar con detenimiento y exhaustividad lo que se está contando, el tiempo se ralentiza en las ocho últimas secuencias de la tercera parte (pp. 279-350) hasta el punto de durar más el discurso que el tiempo real.

Estamos ante una una novela ensayo, tal vez la modalidad más importante en la narrativa europea actual, que, además de comentarse a sí misma, señala los peligros a los que se enfrenta: tener un final previsible y quedar reducida a un melodrama protagonizado por el clásico triángulo amoroso o a una novela policíaca. Tales retos han sido superados con acierto. Pues el reproche de lo previsible lo desmonta la narradora con sus digresiones; el riesgo de melodrama queda superado por la indagación en las pasiones y flaquezas humanas; y el peligro de novela policíaca desaparece al no denunciar la narradora lo que sabe, por lo cual no hay investigación y, al cabo, Díaz-Varela encarna una metáfora de nuestro tiempo en su figura de arribista sin escrúpulos que triunfa sin reparar en los medios.

A lo largo de la novela meditaremos sobre el amor y sobre el estado del enamoramiento: sobre las trampas que una mujer enamorada puede tenderse, sobre los esquivos encuentros con quien es objeto de esa pasión intermitente. Meditaremos sobre la traición y la amistad, sobre la delación y la impunidad, sobre lo que sabemos o no sabemos, sobre lo que retenemos y extraviamos cuando los otros ya no están, sobre la muerte.

El personaje principal de Los enamoramientos, María Dolz, cree vivir una experiencia de la que sabe lo básico, pero la pareja con la que no trata, los asuntos de los que hablan y los avatares de que participan son confusos, imprecisos, de significado incierto. Al menos para ella y por tanto para nosotros, dado que María es quien nos precisa los hechos y su interpretación. No es un problema de la novela. Es el objetivo de la novela. En este sentido, es una obra de gran realismo. La narradora será informada por su partenaire con sinceridad o con doblez, sin que nunca ella pueda asegurar la verdad del relato recibido.La novela es, pues, un relato posible, una reconstrucción virtual de lo que pudo ocurrir.

La narradora confiesa y expone, parafrasea a otros personajes y reproduce conversaciones. Pero sobre todo reconstruye hipotéticamente los actos, los pensamientos y los sentimientos de terceros: conjetura sobre lo que ellos mismos han podido conjeturar, de modo que nos hace ingresar en un mundo evanescente de círculos concéntricos; en un mundo hecho de posibilidades y de probabilidades...."


Esta recensión es extracto y compendio de otras reseñas que se relacionan:
http://www.revistafabula.com/11/documents/11sandraNavarro.pdf
http://globedia.com/enamoramientos-javier-marias
http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/28975/Los_enamoramientos/
http://www.alfaguara.com/es/video/video-presentacion-de-los-enamoramientos-de-javier-marias/

miércoles, 26 de diciembre de 2012

LAS VÍRGENES SUICIDAS, de Jeffrey Eugenides. Reseña de Emilio Piqueras Gómez.


LAS VÍRGENES SUICIDAS, de Jeffrey Eugenides
Editorial Anagrama
Traducción de Roser Berdagué. 
Reseña de Emilio Piqueras Gómez

La presente obra representa el aterrizaje del escritor estadounidense en el mundo de la narrativa, una novela con atmósfera de cuento que se desarrolla en un barrio residencial de las afueras de Michigan, contextualizada en la década de los setenta y protagonizada por una familia católica con cinco hijas, quienes representan el secreto objeto de deseo de los muchachos, las Lisbon.

El argumento gira alrededor de la visión de los adolescentes sobre el mundo del amor, el erotismo y la sexualidad. Está escrita en clave iniciática. Parece narrar una fase de aprendizaje de un mundo vedado para los chicos adolescentes quienes nos transmiten la historia desde su particular visión. Cada uno de los muchachos que tuvieron algún tipo de relación con las Lisbon van contando su recuerdo, su interpretación sobre lo que era el mundo del despertar adolescente en una época en que existían en Estados Unidos demasiadas cortapisas, en donde el aprendizaje les resultó arduo y difícil, pues su única referencia parecía ser cuando esporádicamente veían las pelirrojas melenas de las Lisbon lucir al viento a bastante distancia, cuando las espiaban en la finca de la mansión en donde vivían. Además trata otros temas, no secundarios, en donde certifica ciertos logros: como sacar a relucir algunas de las inconsistencias de la pretendida clase media americana, y también, a ratos, consigue retrotraernos a las percepciones cuasi mitológicas que, en edades adolescentes, los chicos de aquella época podían tener sobre algunas chicas. El contexto que se nos ofrece es el de la asfixiante atmósfera protectora en donde se encuentran encerradas unas “princesas” que no dejan de enfermar. La relación interior-exterior parece que representa uno de los motores que consiguen darle vida a la historia y, por descontado, el responsable último del trágico final. Esa dicotomía parece corresponderse con la de permitido-prohibido, algo que establece una envenenada sociología en las juveniles mentes, pero con el matiz de que toda la historia está contada desde fuera, desde las voces narrativas de los muchachos.

En cuanto a la técnica, ya se ha comentado que posee una atmósfera especial en forma de relato en donde diferentes voces narrativas van tomando la palabra. Se agradecen conseguidas las metáforas de situación como las que utiliza en las llegadas de la ambulancia cada vez que hay un suicidio, con sus dos flemáticos conductores-camilleros. Asimismo, consigue excelentes momentos de intriga mediante algunas escenas en donde las Lisbon van dejando extrañas notas por las casas, y como colofón, utiliza una especie de terrenales cacofonías a través de un teléfono, en donde el grupo de chicos que cuentan la historia intentan mandar sinceros mensajes, a través de las letras de ciertas canciones que van sonando en un cassete, en tanto que las hermanas, por su parte, van contestando con otras desde una actitud extravagante. Y consigue poner la guinda ya casi al final, en los momentos previos a mostrarnos el insoportable y lacerante desenlace.

La novela está montada desde una voz narrativa en plural, perteneciente a un grupo de adolescentes que se van haciendo eco de la serie de extravagancias y, a la vez, de la atracción que en ellos suscitan las pelirrojas hijas que son las protagonistas. El texto pretende culpabilizar de los suicidios a una educación rígida y anticuada que los padres intentan imponer, aunque este motivo no siempre logra hacerse creíble.

A los personajes principales no termina de hacerlos consistentes porque no profundiza lo suficiente en ellos, ni siquiera a una de las hijas, la única promiscua, Lux, de quien a veces, nos llega más la extravagancia o los sueños delirantes sobre el sexo que pudiera tener un escritor adolescente. A los únicos protagonistas que consigue hacer más creíbles es a algunos secundarios, como es el caso de los conductores de la ambulancia. Quizás, en su disculpa, habría que reseñar que utiliza un auténtico laberinto de personajes secundarios, quizás más de cincuenta. En ellos se emborracha con las expresiones de el Sr. Y vio (…) o la Sra X dijo (…)

Por otra parte, los diálogos no los ha particularizado, aunque lo cierto es que ni siquiera lo ha intentado. De hecho, a veces da la impresión de que más que una novela está escribiendo un documental en donde los personajes dan fe de lo que pasó. Su estructura viene a ser la de tres o cuatro páginas narradas, a continuación de las cuáles aparece una única frase dialogada de uno de los personajes.

Solo citaré una de las obras que me ha recordado, “La casa de Bernarda Alba” de Lorca.

En fin, la novela puede tener un atractivo considerable, se salva de calificarla como “de luces y sombras” al ser la primera escrita por el autor, circunstancia que limita la oportunidad de ser demasiado exigente. Personalmente, entiendo que esta novela alcanzó más renombre por el argumento tan sensacionalista y llamativo que posee, que le sirvió para que fuera llevada a la gran pantalla, elegida por la hija de Coppola para su primera película como directora cinematográfica. La formidable promoción y el reparto que tuvo hizo que el filme fuera conocido y con ello la novela, que entiendo le debe a la película una buena parte de su popularidad. Y también es necesario destacar, para que el lector termine de entender la emoción que suscita la propuesta, que la visión de aquella historia está contada por unos personajes ya adultos, y que al hacerlo les subyace cierta parte de nostalgia o de añoranza por tiempos pasados y, en muchas ocasiones, todo queda imbuido en un cierto mundo peterpanesco.


EMILIO PIQUERAS

lunes, 24 de diciembre de 2012

Mircea Cartarescu: Nostalgia.


"... Mircea Cărtărescu nació en Bucarest el 1 de junio de 1956. Es un poeta, prosista y crítico literario. Está casado con la poetisa Ioana Nicolaie. Es considerado por la crítica literaria el más importante poeta rumano de la generación de 1980. Es conferenciante universitario, doctor en la Cátedra de Literatura Rumana de la Facultad de Letras de la Universidad de Bucarest. Es el escritor rumano más apreciado en el extranjero por el momento, y algunos críticos literarios consideran que podría ser el primer rumano ganador del Premio Nobel para la literatura. Nostalgia, la obra que consagró a Mircea Cărtărescu como la voz más potente de las actuales letras rumanas, constituye una auténtica revolución literaria. Los lectores que abran las páginas de Nostalgia deberán prepararse para una onda de marea verbal de la imaginación que lavará las ideas previas de lo que una novela es o debería ser. Aunque cada uno de sus cinco capítulos está separado y es independiente, una armonía temática, incluso hipnótica se encuentra en los juegos infantiles, la música de las esferas, la humanidad primordial, la creación de mitos, los orígenes del universo, y en los bloques de viviendas ruinosas de un apocalíptico Bucarest durante los años de la dictadura comunista.

El volumen se abre con El Ruletista, una parábola asombrosa sobre la vida y la muerte, la pulsión creativa y la pasión humana; y que narra la improbable historia de un hombre al que nunca le ha sonreído la suerte, pero que, sorprendentemente, hace fortuna participando en letales sesiones de ruleta rusa. Sin embargo, inesperadamente, encuentra en los escarceos con la muerte (a través del juego de la ruleta rusa) una forma de afrontar la asunción de su propia identidad. Como explica el autor, “el Ruletista apostaba contra sí mismo. Cuando se llevaba la pistola a la sien, él se desdoblaba. Su voluntad se volvía en su contra y lo condenaba a muerte. [...] Pero puesto que su mala suerte era absoluta, lo único que podía hacer era fracasar siempre en todos y cada uno de sus intentos de suicidarse”. Y solo corresponderá al lector decidir, tras la lectura de la historia completa, si en verdad el protagonista fracasa o no…: “porque los personajes no mueren jamás, viven siempre que su mundo es leído”.Hay un lugar en el mundo donde lo imposible es posible, se trata de la ficción, es decir, la literatura. Allí las leyes del cálculo de probabilidades pueden ser infringidas, allí puede aparecer un hombre más poderoso que el azar.

En El Mendébil, un mesías impúber de aires proustianos pierde sus poderes mágicos con el advenimiento de su propia sexualidad, y se ve perseguido por una legión de jóvenes acólitos. En Los gemelos, Cărtărescu se entrega a la bizarra exploración de la ira juvenil, hasta desembocar en la pieza central del libro y compone un romance adolescente bastante banal situado entre largas descripciones de un hombre vistiendo vestido de mujer, REM, considerada su mejor pieza corta, que narra la historia de Nana, una mujer de mediana edad, enamorada de un estudiante de instituto en una Bucarest pesadillesca, enciclopédica, que se eleva a la categoría de ciudad universal. En el sueño de los humanos existe una fase en la que los ojos se mueven a mayor velocidad y, según indican los estudios científicos, es aquélla en la que más sueños se producen. Son esos momentos los que Cărtărescu reproduce de forma magistral en este cuento, a base de círculos concéntricos formados por escenas que a su vez se componen de imágenes aisladas, retazos de vida real y fantasía entremezclados de los que surge una sinfonía perfecta que sólo puede contemplarse en su totalidad una vez se ha caminado por el borde de cada una de esas esferas perfectas situadas en algún lugar fuera del mundo. “REM” es un relato cuya cadencia es capaz de usurpar el espíritu del lector y tomar las riendas de su voluntad, una habitación de espejos, un recorrido por la Vía Láctea dentro de una burbuja. Nadie como Cărtărescu hasta ahora había sido capaz de plasmar con tanto acierto las cotas de crueldad y de demencia que pueden alcanzar los juegos infantiles que, analizados bajo su particular mirada trastornan al lector consiguiendo que en ocasiones no sepa si está soñando, o si son los niños quienes sueñan.

La principal aportación de Cărtărescu a la literatura es su original manera de introducirse en el subconsciente, como nadie lo había hecho antes: plantea un mundo onírico y orgánico a partes iguales, desgarrador pero pulcramente detallado, con una precisión casi escatológica y la costumbre de no omitir el más mínimo detalle. Además de entremezclar como un hechicero lo onírico y lo orgánico, lo hace al igual con lo real y lo fantasioso pero también con los miedos atávicos y con los infantiles. Nada escapa a su magia. Se pasea como un vampiro funambulista entre los temas recurrentes que compactan y dan coherencia a su literatura: los recuerdos precisos de la infancia, del mundo del sueño, las prolija composición del cuerpo humano y de los animales, la sexualidad andrógina y la constante confusión y mutación de los seres vivos.

Se considera que Cărtărescu es uno de los más importantes teóricos del posmodernismo rumano, y se trata de un autor que goza de gran predicamento tanto dentro como fuera de las fronteras de Rumanía. Se consagró con el volumen de cuentos Nostalgia (1993), en el que destaca, de manera indiscutible, «El Ruletista», publicado por Impedimenta en 2010. Siguió Lulu (1994), novela tortuosa y genial que indaga en el misterio del doble, y que le valió el Premio ASPRO. Su proyecto Orbitor (1996-2007), una críptica trilogía de tema onírico, de complicada lectura, adopta la forma de una mariposa, y se considera su obra más madura, y es de una dificultad estilística notable, tanto que se considera de difícil traducción a otros idiomas, y de difícil lectura. Contiene tres volúmenes, Aripa stângă (“El ala izquierda”), Corpul (“El cuerpo”) y Aripa dreaptă (“El ala derecha”). Recientemente ha publicado el volumen de cuentos “Frumoasele străine” La bella extranjera (2010, de próxima aparición en Impedimenta), una sátira rayana en lo grotesco que narra secuencias de la vida literaria genuinamente rumanas pero también cosmopolitas. Tres historias unidas por una sola voz narrativa.


En El Ruletista observamos ya algunos rasgos que cobrarán fuerza renovada en el resto de historias presentes en Nostalgia (El Mendébil, Los gemelos, REM y El arquitecto): escenarios descritos de una forma absolutamente plástica, personajes cargados de problemas en su relación consigo mismos y, sobre todo, un especial uso del tiempo -que Cartarescu domina con especial maestría- que nos sitúa en un contexto de apariencia real pero que siempre colinda con el terreno onírico, con la evanescencia de los sueños. Esta última particularidad, una de las notas que convierten en especialmente atractiva la literatura de este rumano en el ecuador de la cincuentena, nos hace recapacitar de forma casi armoniosa, sin grandes sinsabores pero sin tampoco olvidar los aspectos menos amables de la vida, sobre el viejo adagio latino: tempus fugit. Y es que, si algo les ocurre a los personajes de Nostalgia, es que sienten con especial sensibilidad la huida del tiempo, lo que empuja, a todos y cada uno de ellos, a vivir con gran intensidad los recuerdos del pasado, siempre en contraste con las expectativas de futuro. De esta manera, todos deambulan casi errantes en busca de un equilibrio que solo puede llegar al precio de poner en orden lo fijo (lo inquebrantable por pasado) y lo aún por modificar. Cartarescu confiesa a través de uno de los protagonistas de Los Gemelos: “Pero, en primer lugar, odiaba mi mentalidad de soñador negligente que -lo sabía- me impediría sin duda llevar la vida que me habría gustado”.

Esta descompensación entre la condición frágil de nuestro ánimo y la necesidad de imponerse a las pruebas del destino, conduce en ocasiones a los personajes a un estado en el que ni siquiera saben si reír o llorar. Esta tesitura ambivalente, siempre incómoda, entre la náusea y la alegría voraz, es otro de los fortines de la literatura de Cartarescu, que explica por boca de uno de los protagonistas de Nostalgia: “Me asusta un poco la pasividad con que he empezado a aceptar la situación pero incluso este temor es, de hecho, más bien lo que debería sentir que lo que verdaderamente siento (lo que de verdad siento es un deseo de reír hasta las lágrimas, todo me parece un carnaval, una farsa cómica)”..."


Esta recensión es un extracto y compendio de otras reseñas:





jueves, 6 de diciembre de 2012

“Mientras agonizo”,de William Faulkner: Reseña de Emilio Piquera Gómez.

“Mientras agonizo”,
de William Faulkner
Traducción de Jesús Zulaica.
“El extravagante último paseo”
Reseña de Emilio Piqueras Gómez

La presente obra del ya legendario autor estadounidense es una atípica novela en donde aparecen muchos personajes narradores –hasta quince distintos –, que hacen que el lector obtenga una heterogénea perspectiva de la historia, lo cual repercute en que el ritmo se aminore y puedan ser cuestionadas las reflexiones aportadas por cada una de las voces narrativas.

Es una novela ambientada en un condado imaginario del Missisipi de principios del siglo pasado. La trama principal gira alrededor de la muerte de una humilde madre, Addie Bundren, que tiene dicho a los suyos que, tras su deceso, la han de llevar a enterrar a su pueblo de origen. Para ese viaje, la familia intentará transportar a la difunta mediante una miserable carreta dentro de un ataúd fabricado por uno de los hijos. Durante el periplo, otro de sus vástagos, Jewell, la salvará de una riada mientras la familia se empeña en cruzar un río a pesar de no haber puente, y, posteriormente, lo volverá a hacer en un incendio provocado por otro de los hijos a quien la gente le supone ciertos dones misteriosos. La figura del padre, como figura de autoridad contemporizada en el tiempo literario, aparece muy bien llevada, dibujada como una mente primitiva y generacionalmente trasnochada.

En el texto está, asimismo, mostrada de forma sobresaliente la subcultura de una familia rural, pudiendo ser ese otro de los subtemas de la novela. También, la figura de Dios aparece permanentemente en las páginas de la obra, mediante giros en los diálogos –igualmente muy americanos –, como «que me condene sí…», «que Dios me castigue»…. Aparte de la figura de autoridad ya comentada, también destaca la ingenuidad del pequeño de la familia, mostrada a través de su propia voz narrativa, mediante la técnica del fluir de conciencia, donde a su madre la imagina convertida en pez y niega cualquier atribución negativa hacia ella o hacia cualquiera de los suyos: «¿cómo va a oler así mi madre?». Asímismo, es de destacar el espíritu de solidaridad entre vecinos, que se evidencia a pesar de la incómoda situación que suponía la aparición a lo largo del camino de la familia numerosa con un cadáver en plena descomposición, transportado en la ruinosa carreta.

El género se podría considerar dentro del drama, aunque la trama aporta cierta parte de sarcasmo, pues la imagen de la carreta rodando haciendo huir a quienes tienen la desdicha de coincidir con ella o en los lugares donde deciden comprar o pasar la noche, tiene cierta parte de esperpento y crea una atmósfera muy especial a lo largo de toda la obra. Aparte de eso, el autor utiliza en la obra técnicas novedosas, como la comentada del fluir de conciencia ya tratada en “La señora Dalloway” por Wolf, o en el “Ulises”, de Joyce; también es innovador en la utilización de tantas voces narrativas, en donde el lector ha de seleccionar cuáles encuentra fiables para al menos intuir el próximo hito en la trama, técnica originaria de Henry James y que posteriormente Nabokov perfeccionaría más.

Los personajes están bien creados, consiguiendo en ellos suficiente consistencia. Además, al darles a todos voz narrativa con el Flujo de Conciencia, hace que se profundice más en cada uno de ellos, y resulten más logrados. En cuanto a los diálogos, se muestran bastante particularizados, con expresiones propias de cada uno de ellos: «mi madre es un pez», del pequeño, «que me condene», del médico…«si madre estuviera lo aprobaría», del padre… El lenguaje empleado, según la voz narrativa que utiliza, lo va acomodando a la propia idiosincrasia del personaje tanto en los monólogos como en los diálogos, los cuales existen en abundancia. Quizás, algunas veces los pronombres personales, sobre todo “él”, llega a confundirse, pues no queda claro en la voz narrativa a quién se refiere, y en más de una ocasión hay que volver atrás y releer contextualizándolo según las costumbres de cada protagonista. En cualquier caso, exhibe un lenguaje llano, fácil de entender y sin ningún intento de florituras, aunque sin concesiones.

En resumen, la novela parte de un ritmo más lento, mientras el lector va haciéndose con la trama a través de las diferentes voces narrativas y va identificando a los personajes que hablan, para posteriormente aumentar esa cadencia. Extraña un poco no tener una fuente narrativa única y fiable, pero a esa cuestión, también el lector acaba acostumbrándose, y si se reflexiona un poco, se convendrá con el autor en que es una técnica que se asemeja más a la vida real, donde suelen coexistir múltiples puntos de vista, de entre los cuales hemos de forjarnos el nuestro propio. En cuanto a las descripciones, las de los personajes están bastante conseguidas, pues es a ellos a quienes les ha dedicado la mayor parte de la focalización durante toda la obra.

En fin, una novela diferente en un momento en que suponía toda una innovación el uso de las múltiples voces narrativas y el prolífero uso del Flujo de conciencia; y también una obra con un argumento original donde los haya, que consigue que el lector imagine y disfrute con la respuesta de todos los personajes con quienes se cruza la extraña comitiva. Y, por supuesto, una propuesta que, por su estilo y aportaciones técnicas se engloban dentro de esa original obra representativa de autores experimentales europeos como Wolf, Joyce o Proust, que, junto con Faulkner, influyeron tan decisivamente en la novela del boom hispanoamericano y posteriormente en toda la novela contemporánea.

EMILIO PIQUERAS

viernes, 23 de noviembre de 2012

El astillero de Juan Carlos Onetti. Reseña de Emilio Piqueras Gómez.

“El astillero”,

de Juan Carlos Onetti. Ed. Seix Barral 1983

Reseña de Emilio Piqueras Gómez


El astillero es la obra cumbre del uruguayo Juan Carlos Oneti y una de las más prestigiadas de toda la literatura hispanoamericana. Una novela lúgubre, oscura y triste que trasluce un trasfondo de angustia, de falta de motivación o carencia de expectativas de futuro que sitúan la propuesta dentro de la línea existencialista, siguiendo los pasos a otros literatos como Sastre, Heidegeber o Camus. Con el fin de poder realizar una reflexión sobre esas profundas raíces de la obra, voy a ahondar en tres distintas líneas: una primera, donde se analizará el tema de la obra; una segunda que se ocupará de estudiar el perfil de los personajes –ya que en la novela no es solo Larsen quien se ve inmerso en la crisis existencial –; y una tercera, en donde se analizarán los factores que evidencian esa crisis.

Uruguay a comienzos de los 80, momento en que se escribió la obra, es un país gris hundido en la miseria a que les había llevado la dictadura militar. Onetti refleja en su obra esa decadencia que se extendía a todas las parcelas, regiones y estamentos del país. La obra comienza con la descripción de la población de Santa María y de la empresa El Astillero, con su puerto, a pocos kilómetros de la localidad, que serán los lugares en donde va a transcurrir la trama. Todos los paisajes y estructuras que se describen son oscuros, degradados y solitarios donde la miseria es la protagonista.

Larsen retorna al lugar de donde fue desterrado unos años atrás, y es reconocido por los asombrados ojos de los vecinos. Petrus, el dueño del Astillero, le propone un absurdo trabajo como Gerente de la fábrica, cargo que acepta tras una, no menos absurda, discusión sobre los términos de su sueldo con dos que se suponen serán sus subordinados, Khun y Gálvez. La trama girará alrededor de la mentira del empleo, de la soledad del gerente, del irrealismo de la situación… y se complicará al aparecer un documento falsificado por el propietario, que puede llevar a la cárcel a Petrus y que Gálvez posee. Cuando el temido encarcelamiento se produce, Larsen visita al dueño en la prisión, enterándose posteriormente que el administrativo que entregó las pruebas se había suicidado en el río. El desenlace comienza con su regreso a Puerto Astillero y la noche de amor con la criada de su idiota novia, lo demás habéis de leerlo para sacar vuestras propias conclusiones.

La obra es una auténtica tragedia de principio a fin, una historia de fracaso en un ambiente de degradación en donde no se salva nadie. La propuesta contiene muchos componentes filosóficos, Onetti pone los anteojos en la realidad de la existencia humana. Dibuja, al igual que Sastre, a los personajes como seres solitarios, angustiados, desilusionados… hombres cuya vida no tiene sentido y que, al no anhelar ningún horizonte, esperan la muerte sin más. Se nos presenta la realidad de una sociedad pobre, en declive, que se ha denigrado hasta límites insospechados; pero no la inventa, quizás solo la extrapola, pues parece un espejo de la realidad uruguaya de la década de los 80, una sociedad en donde el pesimismo reina impregnándolo todo, porque, sin duda, la crisis económica se refleja en la miseria, en los lugares degradantes, insalubres… Por todo ello hay que afirmar que el tema principal de la obra es esa vida sin sentido de los protagonistas, que no solo se desenvuelven por lugares sucios y decadentes, sino que nos muestra que también sus acciones son miserables, signo de la degradación y desesperación, lo cual nos sugiere el carácter incierto y precario del hombre en el mundo. Y todo lo expuesto, en su conjunto, es lo que demuestra ese vacío existencial y convierte la obra en un auténtico tratado novelado sobre la crisis existencialista.

En cuanto a los personajes, casi todos ellos aparecen –y no solo Larsen, como ya he adelantado antes– marcados por una vida desnortada, insatisfecha y falta de esperanza. Así, si hacemos un repaso de los protagonistas, vemos a un Larsen, individualista y depresivo, que tuvo que irse expulsado del pueblo y que vuelve queriendo sacarse la espina, que acepta rápidamente un cargo que podría ser el icono de su triunfo, pero que cuando descubre de qué se trata, ante la visión de la realidad, reacciona de manera fantasiosa e irrealista y muestra sus artes de manipulador; en fin, una persona que, en pocos meses que dura la trama, se degrada en todos los niveles –físico, moral y anímico– hasta acabar destrozándose. Petrus, el dueño, es mentiroso, muy manipulador e irrealista, capaz de estar afirmando en cada momento que ya han llegado las ayudas del gobierno, que se van a hacer casas para los empleados o que faltan escasas semanas para reflotar la empresa, cuestiones que Larsen apoyará al instante. Gálvez miente todo el rato con su sonrisa –aunque eso a veces no deja de tener mérito–, pero luego es muy individualista y se muestra indiferente, sobre todo hacia su familia. Kunz, el técnico, quizás sea el único que salva un poco el perfil: es trabajador, serio, prudente… Luego, podríamos hablar de alguna de las mujeres: Angélica Inés, una pobre idiota a quien no hace falta adornar de ningún calificativo más; o la mujer de Gálvez, despreocupada, infiel, que no le importa nada su imagen… Y bueno, hasta un médico de Santa María que interviene en la obra se ve una persona infeliz, que ha fracasado, que está en fase decadente. Como vemos todo el elenco de personajes está cortado por un patrón bastante decadente, todos pueden pertenecer a un submundo donde la crisis existencial ha convertido a las personas en despojos de sí mismos, pero lo que es peor, no es solo su perfil, su imagen, su yo, lo que está desnortado y falta de vida, sino que encima son miserables todas las acciones que emprenden. Por salvar algo el álbum, citaré al mucamo que a pesar de que se le pueda tildar de cobarde por no abandonar la población, parece ser el único que acepta su situación sin llevarlo mal y que habla a las claras a Petrus, sin mentiras ni fantasías.

En cuanto a los factores que evidencian esta crisis existencialista, citaré, los siguientes: “El vacío existencial” que trasciende a la mayoría de los personajes;” la vida sin sentido” que se ve en sus trayectorias individuales; la “degradación personal” que día a día van sufriendo, desde el dueño que acaba en la cárcel, Gálvez que se suicida… o en la miseria de sus acciones, así Larsen pierde la compostura en el trato con las mujeres de la obra, progresivamente se va viendo físicamente gordo y torpe, y ya al final, en su último viaje en la lancha, observa su degradación física al mirarse las manos llenas de arrugas y venas hinchadas; y “el individualismo”, como cuando el propio Larsen, a los pocos capítulos del inicio, comienza a darse cuenta de la situación y se convence de que solo debe preocuparse por él mismo; y “la soledad”, como en el caso de Gálvez que no deseaba ir a trabajar y se recostó en su cama, mirando a la pared, pues quería estar solo y no compartir los problemas, o cuando el personaje principal, el gerente, manifiesta reproches y desprecio hacia el pueblo de Santa María, lo cual, en sí es una forma de darse valor y justificar su profunda soledad; también, “la miseria” que impregna todas las escenas: “calles de tierra o barro, sin huellas de vehículos, fragmentados por las promesas…” o cuando el gerente observa los zapatos de hombre, atados con cables de la luz, que lleva la mujer de Gálvez; y “la fantasía”, como cuando Larsen pronostica el resurgimiento de la fábrica sin tener en cuenta las dificultades económicas y sociales que se pueda encontrar, contribuyendo también a ello todos los demás, como Kunz o Petrus; y “la frustración”: también el gerente extraña muchas cuestiones que no ha podido conseguir en la vida, como es la carencia de familia o amigos, o de un futuro claro; y “la angustia” de la mayoría de ellos por estar viviendo una vida en la que no creen y donde todo se les hace cuesta arriba; y ese “irrealismo” que sobre todo alimentan Larsen y Petrus; y “el fracaso”, situación en la que incluyo hasta al propio doctor; y “la infidelidad”, que parece que responde a una carencia de valores personales y queda escenificada en la de Larson para con su novia, en las carnes de la mujer de Gálvez y de Josefina, la criada.

En fin, El Astillero muestra una clara orientación existencialista, presentando a lo largo de sus capítulos una pormenorizada exposición de ambientes y detalles, y una descripción psicológica de personajes que lo certifican, así como unos elementos temáticos –ya descritos– sobre los que se puede analizar y comprobar esa crisis existencialista que inunda la novela. Y en ella existe una clara alegoría que se dibuja en dos símbolos, por una parte la del país en declive que se refleja en “El Astillero” y, por otra, la del ser humano degradado que se simboliza en Larsen. Creo que Onetti ha elegido bien los medios para inducirnos a la reflexión que pretendía al objeto de desenmascarar los vicios y pecados que carcomían al país. Y he de decir que, después de haber vivido una historia tan triste, quizás lo más sugerente de la obra es que de alguna forma quedamos advertidos –y ya quisiéramos los lectores, vacunados – para estar alerta en aras de evitar caer en ese abismo.



EMILIO PIQUERAS

lunes, 12 de noviembre de 2012

Vidas y opiniones del caballero Tristram Shandy.

" "No voy a discutir sobre esta cuestión: el Tiempo se desvanece con demasiada rapidez: cada letra que escribo me habla de la velocidad con que la vida sigue a mi pluma; sus días y sus horas [...] vuelan por encima de nuestras cabezas como nubes ligeras de un día ventoso, para nunca más volver; todo se precipita: mientras tú te rizas ese mechón, ¡mira!, se hace gris; y cada vez que te beso la mano para decirte adiós, y cada ausencia que sigue, son preludios de esa separación eterna que pronto habremos de padecer". ... (Fragmento de Tristram Shandy de Laurence Sterne).


Laurence Sterne (1713-1768), irlandés de nacimiento, admirador de Cervantes, Rabelais y Montaigne, pasó de ser un pobre vicario de Yorkshire a convertirse en 1760, con cuarenta y siete años de edad, a raíz de la publicación de su obra maestra, La vida y opiniones del caballero Tristram Shandy, en una de las figuras literarias más famosas y celebradas de toda Europa. Autor poco prolífico debido a sus tardíos inicios y a su delicada salud, constituye sin embargo un vínculo imprescindible entre los grandes satíricos de la literatura universal —precursores de la novela moderna como Cervantes, Rabelais o Swift— y la más arriesgada narrativa del siglo XX, representada entre otros por Joyce, Beckett, o Kundera, descendientes directos y confesos de Sterne.

Su título original es La vida y opiniones del caballero Tristram Shandy (The life and opinions of Tristram Shandy, gentleman) y se trata de una novela de Lawrence Sterne publicada en nueve volúmenes, entre 1759 y 1769. Trata acerca de las aventuras de la familia Shandy del título, así como sus amigos más cercanos, aunque hablar de una historia sea un exceso en Tristram Shandy: en realidad la novela es el conjunto de interminables digresiones que se ramifican de una a otra, sin concluir con ninguna de las anécdotas, al menos no de la forma tradicional. Es hilarante como el narrador intenta una y otra vez contar historias, a la manera de la novela tradicional, pero su esfuerzo siempre se trunca por una nueva digresión. Hay numerosos juegos visuales, tipográficos, páginas en blanco, en negro y hasta los diagramas de la narración, que se alejan mucho de la línea recta, por lo que podría pensarse que debido a su renovación Tristram Shandy fue un libro poco leído, una curiosidad para escritores, pero en su momento tuvo gran éxito.

Javier Mariás, autor de una de sus mejores traducciones, nos dice que es la novela más cervantina posterior al Quijote y el precedente más claro y directo del Ulises de Joyce: por la complejidad de su estructura y su excéntrica ambición, su carácter innovador e irrespetuoso, la dificultad de su lenguaje, sus endiablados juegos de palabras y su disparatada erudición, por sus atrevimientos sintácticos, tipográficos y de puntuación, por su incesante humor para muchos "intraducible". El lector actual que se acerca a la obra más famosa de Sterne descubre con asombro cómo la veta subversiva que alienta la narración desborda los límites de la peripecia para contaminar las mismas convenciones del género. La autorreferencia, la paradoja y el subjetivismo se alían con la explotación de los recursos tipográficos para crear, además, una de las novelas más divertidas de la literatura inglesa.

Importantes acontecimientos del texto quedan separados por años, por el ritmo en que se fueron publicando los volúmenes, por lo que desde su edición el libro revela su naturaleza: más que una voluntad narrativa lo mueve un afán lúdico. Trata acerca de las aventuras de la familia Shandy del título, así como sus amigos más cercanos, aunque hablar de una historia sea un exceso en Tristram Shandy: en realidad la novela es el conjunto de interminables digresiones que se ramifican de una a otra, sin concluir con ninguna de las anécdotas, al menos no de la forma tradicional. Es hilarante como el narrador intenta una y otra vez contar historias, a la manera de la novela tradicional, pero su esfuerzo siempre se trunca por una nueva digresión. Hay numerosos juegos visuales, tipográficos, páginas en blanco, en negro y hasta los diagramas de la narración, que se alejan mucho de la línea recta, por lo que podría pensarse que debido a su renovación Tristram Shandy fue un libro poco leído, una curiosidad para escritores, pero en su momento tuvo gran éxito.

Es una novela en gran medida intertextual, y lo es deliberada y declaradamente sobre todo con dos autores a los que Sterne evidentemente reverencia, Cervantes y Rabelais, y a sus más universales novelas, El Quijote y Gargantua y Pantagruel. Sterne amplifica la incorrección de Rabelais, la locura del Quijote y la forma de narrar de Cervantes, logrando una obra terriblemente personal e innovadora que supone un punto de inflexión en la historia de la narrativa. Nos encontramos ante una narración endiabladamente no lineal que al mismo tiempo está estructurada con una lógica interna que le proporciona una continuidad temporal interna. Una de las constantes en toda la novela, la continua mención a Locke , las apelaciones al lector, despiadadas réplicas a los críticos, historias dentro de historias, o narraciones postergadas o interrumpidas constituyen el laberinto shandyano que construyó Sterne para la posteridad.

Espíritu original y de criterios abiertos, anticonvencional, irreverente, maestro de la digresión y experimentalista. Sterne se enfrenta a los prejuicios y las opiniones trilladas forzando el lenguaje y las construcciones habituales para desmontar las formas lingüísticas que en cada persona determinan la construcción de una realidad cerrada, incomunicable, y opone a esa cerrazón e incomunicabilidad las armas del juego tipográfico, el sentimentalismo y el humor..."

Nos dice Javier Marías: ".. . Vi desde dentro, literalmente desde su interior, cómo se hacía la novela "más libre" de todos los tiempos, según palabras de Nietzsche. Asistí, nos dice, a su creación y me encargué de su recreación. Vi cómo se podía suspender el tiempo una y otra vez, cómo se podían aplazar o diferir los acontecimientos, la historia, sin perder por ello interés; cómo era factible incorporar al lector al texto e interpelarlo, crearle la ilusión de intervenir cuando en realidad se lo estaba llevando de la nariz en mayor medida que en cualquier novela tradicional; cómo cabía ser grave y bromista al mismo tiempo, declaradamente imitador y profundamente original; cómo el ritmo de la prosa lo es casi todo a la hora de envolver y arrastrar al lector, la mayor lección junto con esta otra: hay que ser osado, pero no por serlo gratuitamente y para llamar la atención, sino porque siempre es uno quien manda en lo que escribe. Hay que andarse con cuidado, sin embargo, en la frecuentación de Tristram Shandy, porque ese libro hace al instante viejas cuantas obras se presentan hoy como voluntariosamente innovadoras o "rompedoras". Demasiadas las envía al desván, nada más nacer..."


Es extracto y compendio de otras reseñas:
http://elpais.com/diario/2011/12/31/babelia/1325293970_850215.html
http://ellamentodeportnoy.blogspot.com/
http://perrolobo.wordpress.com/2007/05/21/tristram-shandy/ http://blogs.laverdad.es/franciscoarias/2008/12/27/laurence-ste
rne-francisco-arias-solis
http://es.wikipedia.org/wiki/Laurence_Sterne
http://www.emboscados.com/foro/viewtopic.php?TopicID=839
http://www.filo.uba.ar/contenidos/carreras/letras/catedras/litinglesa/sitio/tristamshandy2.pdf
http://palabrablanca.blogspot.com.es/2007/08/vida-y-opiniones-del-caballero-tristram.html
http://epdlp.com/escritor.php?id=2729


viernes, 9 de noviembre de 2012

El mismo mar. Un relato diferente de Amos Oz. Reseña de Emilio Piqueras Gómez.

Un relato diferente
EL MISMO MAR,
de Amos Oz. Ed. Siruela. Trad. Raquel García
Reseña de Emilio Piqueras Gómez


Para quien ya conociera la letra de este escritor y pacifista hebreo, mi envidia más sana, y para quien no la haya descubierto todavía, os recuerdo que compartió cartel junto a Philips Roth y Paul Auster en una reciente convocatoria del Príncipe de Asturias, aunque la balanza cayera incomprensiblemente del lado de Auster. Y sirva esta reseña como una invitación a sumergirse en los prodigios de su pluma, pues tras la lectura de cada uno de sus poemas deja un suculento poso de satisfacción en el lector, una sensación de estar enriqueciéndose y de saberse en manos de un gran maestro. Tal vez de uno de los mejores del momento, de quien ya hemos podido degustar de obras como “Mi querido Mijail”.

El mismo mar es una osada y fascinante obra en donde el autor juega con las palabras dentro de un estilo narrativo de difícil catalogación, aunque se podría describir como una lírica fundamentalmente prosaica muy conseguida, brillante y audaz. En ella, se profundiza en la búsqueda de los cimientos de cada personaje más que en redondear el argumento en sí. Es su obra formalmente más peculiar. Pero ha de ser leída despacio, saboreando y digiriendo cada frase, pues posee una especial atmósfera, a veces fragmentaria, pero que termina por pertenecer a un mosaico.

La trama gira en torno a Bat, un suburbio de Tel Aviv preñado de desconfianza, en donde un asesor fiscal, Albert Dannon, padece de dos ausencias, por una parte la de su mujer Nadia, muerta recientemente, y por otra, la de su hijo Rico, de viaje por el Nepal en busca de no se sabe bien qué identidad, tal vez solamente por nostalgia hacia la madre, mientras comparte sus días con una veterana prostituta portuguesa. Entretanto, Dita, novia del hijo, va a pasar a ser una musa inalcanzable para Albert, quien tiene que darle cobijo en su casa. Ella hará de amiga, hija y esposa con el viejo asesor –aunque tal vez solo sea en la fantasía de este –, y a la vez llevará su propia vida, externa a la vivienda, en donde aparecen involucrados otros personajes, como un amante y un promotor de cine. También intervendrá como personaje el mismo Amos Oz, mediante la denominación de El narrador. En el relato se le da vida a la difunta Nadia, concediéndole voz e influencia sobre el hijo, parece que por una costumbre judía, en la cual, una madre, aún después de muerta sigue ejerciendo ascendiente sobre los hijos. La historia carece de un final integrador, no manda mensajes de falsos optimismos, aunque no deja de pincelar cierta gratitud en cada uno de los personajes por el simple hecho de la existencia.

La obra está dividida en una especie de poemas, donde lo normal es que vayan escritos en prosa poética, siempre emotiva y sabia, aunque a veces introduzca alguno de métrica regular (eneasílabos en la mayoría de los casos) sin rima, y asimismo, en ocasiones también aparecen capítulos en prosa. Destacaría muchos poemas, pero por el apremio de resumir hablaré de “Una ardilla”, en donde intenta definir cómo vive la menarquia la mujer, poniendo las palabras en boca de Nadia: «red de espinas telarañas de un orden femenino…laberintos de mentiras costuras de artimañas…»; para después desarrollar una espléndida explicación de los ardides femeninos en aras de conseguir gustar al hombre. En este capítulo en prosa prolifera la reduplicación «ojos ojos», y como se ve, cada vez que utiliza el lenguaje libre directo del monólogo, prescinde de la puntuación. También es impresionante “Brasas”, donde mediante sugerentes metáforas y comparaciones, poniendo la voz en boca de Albert, habla apasionadamente del «deseo de mujer», anhelando el personaje que le retorne ese preciado apetito. En fin, sería imposible destacar todos los que me impactaron como “Cierra los ojos y vigila” o “Viene y va”…

El libro no es fácil de definir, pues a su compleja mezcla de estilos literarios, donde integra magistralmente la lírica y el relato, se va a unir una búsqueda de otro estilo muy propio, el de Amos Oz, en el cual, por momentos, parece recuperar los grandes relatos en verso tipo Espronceda. En fin, no es fácil catalogarlo: si como una novela, poesía, autobiografía… Según sus propias palabras, «busca estrechar los espacios entre poesía y prosa, entre ficción y confesión, entre literatura y música…» Es un libro triste que rompe muchos moldes. Parece describir el Israel del día a día, el de la vida cotidiana que nunca sale en la prensa ni la televisión, el de la mayoría de los israelíes, cuyo hogar –cuatro de cada cinco – lo tienen afincado en la costa. Y a la vez, mediante las andanzas del hijo Rico, nos va entremezclando ciertos mitos pertenecientes al Nepal. Pero es esencial destacar que en los textos suele ser muy ambiguo dejando bastante juego a la imaginación del lector. Según Juan Cierco, en El mismo mar « los muertos regañan a los vivos, los vivos preguntan a los muertos, los personajes hablan entre sí aunque estén separados a miles de kilómetros…». En fin, es un relato con mucho componente fantástico donde se traspasan multitud de barreras.

A los personajes los elabora de manera muy consistente y profundiza con esmero de cirujano en ellos, consiguiendo adaptarlos bastante bien al contexto que habitan. En varias ocasiones los dota de la palabra y construye los poemas en primera persona, en otras los pone en voz del narrador. Es una historia contada por distintos personajes, conectados entre ellos por algún tipo de relación, aunque solo sea en la imaginación, pero, en donde todos los protagonistas se encuentran separados de su objeto de amor por algún tipo de impedimento, desde la cruel distancia hasta, en ocasiones, la inevitable y misteriosa muerte.

En definitiva, no puedo imaginarme “El mismo mar” escrito con otro formato. Si el autor hubiera utilizado el estilo estándar de la narrativa, de la novela como siempre la hemos leído, seguro que no hubiera causado en mí los mismos efectos. Por ello os emplazo a que no dejéis de echarle una ojeada a esta revolucionaria obra que rompe tantos moldes como méritos tiene, y os aseguro que, si abrís una rendija de la misma, vuestros experimentados ojos quedarán imantados por lo que allí descubriréis.



EMILIO PIQUERAS